La paradoja de las clases sociales II

Elecciones, protestas y la ecuación narrativa en el Cono Sur

En sus discursos, los políticos progresistas asumen que la igualdad es siempre un factor deseado por la mayoría de los pueblos. Se equivocan (vamos a repetir algo en lo que venimos insistiendo hace muchos años): lo es cuando los países están en crisis económica. Entonces, el deseo social predomina sobre los instintos más primitivos del individuo. Cuando los países han logrado alguna estabilidad y crecimiento en base a la igualdad y a la moderación social, el individuo va detrás de su mayor deseo: el éxito individual. Toda idea de éxito se define en términos sociales, y el más común de los éxitos concebibles en las últimas generaciones se mide y se experimenta en relación a la posición relativa que ocupa un individuo en la pirámide socioeconómica: es decir, dinero y notoriedad, es decir, desigualdad. Pero como no todos son Einstein o Bill Gates, es necesario echar mano a recursos de fe en ciertos grupos con delirios de superioridad: la raza, la clase social, la nación, la bandera, la tribu, la empresa, etcétera.

Entonces, empiezan las explicaciones de mi fracaso: “la culpa es de los inmigrantes pobres”, “el gobierno me roba redistribuyendo mis impuestos”, “todo lo que he logrado lo he hecho yo solo”. Obviamente, existen los trabajadores sacrificados y los holgazanes, pero ese es un factor universal que no cambia la ecuación narrativa que intentamos entender ahora. Empecemos por entender que todo sistema económico es un sistema de redistribución de riqueza. Unos redistribuyen para beneficiar a unos pocos y otros a unos muchos.

El equilibrio en la distribución de parte del producto social es una política conveniente por muchas razones. Según varios estudios, las desigualdades causan depresión en sociedades desarrolladas, como Europa, cuando el individuo se percibe (en términos económicos y de prestigio) muy por debajo de la media. Por otro lado, otros estudios cuantitativos demuestran que a mayor desigualdad mayor criminalidad (dejemos de lado que las desigualdades son violencia per se). En Estados Unidos existe una proporción directa entre desigualdad de ingresos y los homicidios cuando se compara las estadísticas de cada uno de los cincuenta Estados. Más allá de los factores culturales que importan, lo mismo ocurre en Europa y en otros continentes. América latina es la región mundial más desigual del mundo y es, también, la que sufre los índices de homicidios más altos. Esto es una constante histórica, aunque en la primera década del siglo XXI  la desigualdad disminuyó para volver a incrementarse recientemente. Incluso dentro de esta región, los países más desiguales (América Central, Caribe) son los más violentos, más que los países menos desiguales (Cono Sur, Cuba).

Pero en América latina también hay dos notables excepciones: Chile, un país rico y con notorias desigualdades, no tanto en los ingresos de la clase media sino en los servicios básicos en general (sólo el índice GINI no es suficiente para explicar estos fenómenos; hay que recurrir a otros como el índice Atkinson), tiene una tasa de criminalidad baja, mientras que el país más equilibrado de América Latina, Uruguay, ha experimentado un ascenso en la criminalidad. Estas excepciones a la regla mundial se pueden explicar de muchas formas como, por ejemplo, el aislamiento geográfico de Chile y la fuerte influencia del crimen organizado regional por una frontera permeable (gran parte de los homicidios son entre los mismos miembros del crimen organizado) en Uruguay.

El equilibrio social y la redistribución de los beneficios previene, además, de estallidos sociales, desde la Revolución francesa hasta los más reciente de Chile y Ecuador. Pero no previene de la inconformidad. Los progresistas uruguayos cometen un error cuando confían en que un discurso en favor de la igualdad y la redistribución de los ingresos es suficiente para ganar elecciones. Por el contrario, en este momento tiene un efecto opuesto para muchos. 

Luego de la masiva crisis producida por la ola neoliberal de los 90, las políticas progresistas en Uruguay han logrado reducir la pobreza y la indigencia a mínimos históricos en todo el continente. Incluso en un contexto regional negativo de recesiones y brutales conflictos sociales (Brasil, Argentina, ahora Chile), ha logrado mantener una economía en permanente crecimiento (con un 4% de promedio anual) durante quince años y pese a una población estable y envejecida (Australia supera este período sin recesión debido a su permanente flujo de inmigrantes en edad productiva); ha logrado universalizar el acceso a internet y desde 2006 ha sido capaz de proveer a todos sus estudiantes en edad escolar de una laptop, extendiendo más tarde ese beneficio a los jubilados. El ingreso per cápita se ha ubicado en el punto más alto de toda América Latina, al tiempo que es el país con la clase media más grande del continente; ha logrado (o está en el proceso de) descentralizar su universidad gratuita, proeza ya centenaria que iguala las oportunidades de desarrollo de sus ciudadanos jóvenes, sean ricos o pobres.

Ha fallado en reformas más radicales en educación y no ha logrado resolver el problema de la criminalidad la que, pese a todo, es la misma que tiene hoy Miami y está muy por debajo de muchas ciudades que algunos de sus visitantes admiran de Estados Unidos como país “seguro”. Ha fracasado en su intento de cambiar el carácter triste de los uruguayos, característica que se arrastra desde hace un siglo atrás, probablemente herencia de cierta inmigración.

En el caso chileno ya analizamos, un mes antes del estallido social, sus problemas de inestabilidad debido a las desigualdades promovidas por su modelo económico. Lo mismo en el caso de Argentina, solo que años antes: la clase media y asalariada busca “el éxito” (la desigualdad) cuando ha alcanzado cierta estabilidad y vota por la igualdad y el equilibrio cuando el país ya se encuentra en una nueva crisis, económica y social.

Cuando las sociedades se encuentran estabilizadas y hasta prosperas, los individuos comienzan a compararse con los demás. Y quieren más. Es humano y comprensible. El problema es cuando, desde un punto de vista meramente psicológico, el individuo cuyo país no se encuentra en crisis siente que él se merece una mejor suerte que la de su vecino. Entonces, el individuo no vota por la igualdad sino por la desigualdad, es decir, por ubicarse por encima del resto. Sin embargo (mucho menos en un país con una tradición como Uruguay) nadie reconoce que está contra la igualdad. Ni siquiera a sí mismos. En su lugar, procede con lo que en psicología se llamaría un “desplazamiento”: busca otras razones, sean reales (como el problema de la criminalidad) o sean ficticias (como el discurso de un candidato militar vinculado a torturadores de la pasada dictadura de “luchar contra la corrupción”, lo cual es una broma histórica de mal gusto).

La igualdad en los derechos es un principio casi universal desde hace un par de siglos, poco tiempo en términos históricos. Por su edad, y solo como concepto, es la hermana menor de la libertad, como deseo. Pero sin igual-libertad no existe la justicia social y sin justicia no hay libertad posible que se sostenga en el tiempo.

 

JM, Octubre 25, 2019

GINI vs Atkinson

Cuando se intenta entender un fenómeno social no basta con echarle la culpa a la gente o recurrir a simples coeficientes como se recurre al garrote y al fusil. El coeficiente GINI es muy útil, pero no siempre lo explica todo. Cualquier estudiante de introducción a la economía debería saberlo.

JM

 

UNITED NATIONS DEVELOPMENT PROGRAMME

Human Development Reports

Is the Gini coefficient not a sufficient measure of inequality? What is the difference between Gini and Atkinson measures of inequality?

The Gini coefficient is commonly used as a measure of inequality of income, consumption or wealth. There was an attempt to apply the Gini index to measure inequality in the HDI distribution (Hicks, 1998).
The choice of the Atkinson inequality measure was guided by three factors: (i) subgroup consistency, (ii) sensitivity to the inequality in the lower end of distribution, and (iii) simplicity of computation and mathematical elegance of the resulting composite Inequality-adjusted Human Development Index.

Subgroup consistency means that if inequality declines in one subgroup (region, ethnic group, etc.) and remains unchanged in the rest of population, then the overall inequality declines. The Gini coefficient does not have this property.
By its construction, the Gini coefficient puts equal weights to the entire distribution, while the Atkinson inequality measure puts more weight to the lower end, thus it accounts better for child mortality, illiteracy, and income poverty.
Finally, the geometric form of the HDI in combination with the Atkinson index provides a simple and elegant composite IHDI, obtained by first computing inequality for each dimension and then across dimensions, which further implies that it can be computed by combining data from different sources (life tables and different surveys for education and income).

 

hdr.undp.org/en/content/gin

América Latina, hoy y los años por venir

Syriza

Por Dimitris Givis para Syriza.org

http://epohi.gr/synenteuxh-me-ton-xorxe-maxfount-kathghth-latinoamerikanikhs-logotexnias-kai-diethnwn-spoudwn-sto-panepisthmio-tzaksonvil

 

Entrevista con Jorge Majfud: América Latina, hoy y los años por venir

 

  1. ¿Cómo evalúa usted la situación actual de América Latina en términos generales?

América Latina tuvo una de sus mejores décadas de su historia, aproximadamente entre 2005 y 2015, la que coincidió con un giro político de sus gobiernos electos hacia la izquierda con diversos grados de cambio y estilos de gobiernos. Faltaron muchas reformas (educación, infraestructura) pero se redujo la pobreza como nunca antes. Aunque el precio de las comodities ayudó, es falso que esto explique por sí solo la bonanza esa década, ya que en el pasado hubo mayores bonanzas de las exportaciones de materias primas con un efecto contrario: a medida que crecía el PIB crecía también la pobreza y la marginación. Sin embargo, el retorno de la región a la derecha conservadora y neoliberal se debe a (1) un contexto mundial (nuevos nacionalismos medievales y descontento del Primer mundo con la Globalización y las democracias liberales) y (2) el despertar de la vieja cultura colonialista, la tradición del hacendado, del peonaje, y una mentalidad militarista propia de la larga historia de dictaduras y otros abusos tradicionales.

Esta reacción de la derecha tribalística (amplificada por las leyes propias de las redes sociales) no es otra cosa que una reacción a un proceso histórico mayor, reiniciada siglos atrás, hacia la liberación de las mayorías marginales (negros, mujeres, homosexuales, pobres de todo tipo). Se trata de una reacción iniciada en Europa y Estados Unidos por su pérdida de poder relativo y por su pérdida de autoestima (cultural y racial) y por el cambio de roles (de invasores reales a supuestos invadidos, de victimarios a victimizados). Es, también, una reacción diseñada por la elite multimillonaria que es capaz de convencer hasta los esclavos que, de no ser por ella, todos estaríamos peor y no se hubiese inventado ni la rueda ni el cero.

  1. ¿Se podría decir que la reacción de esa derecho ha perdido su momento en América Latina demostrando la incapacidad de las políticas neoliberales para obtener un respaldo popular o es demasiado temprano para sacar ese tipo de conclusiones?

JM: En parte sí, es una reacción que ha perdido fuerza, pero al matrimonio de conservadores y neoliberales aún le queda algunos años en el poder político (Brasil, por ejemplo) y muchas décadas en la mentalidad de la clase dirigente tradicional latinoamericana sostenidas por sus tradicionales servidores. Lo que Malcom X llamaba “los negros de la casa”. Las raíces clasistas y autoritarias, el odio por los pobres, el desprecio por los negros y los indios en América Latina son tan difíciles de extirpar como el racismo, el sentido de superioridad racial y la paranoia armamentística en Estados Unidos.

  1. ¿Cómo podrían los movimientos sociales y sus posibles nuevas tácticas darles alguna esperanza al pueblo latinoamericano, considerando el retroceso de los gobiernos progresistas en el continente? ¿Qué perspectivas o posibilidades les ve usted?

JM. Casi todos los progresos sociales que ocurrieron en Estados Unidos en el siglo XX se debieron a los demonizados grupos de resistencia a la Guerra de Vietnam en los años 60s. Hoy los estadounidenses han aprendido a ser mucho más dóciles y, por eso, el 0,1 por ciento más rico puede continuar secuestrándole más riqueza al resto de la sociedad sin que haya reacciones significativas. Pero una reacción histórica es cuestión de tiempo.

En América Latina no es diferente, aunque en ese continente no se imprime el dólar ni sus países tienen cientos de bases militares alrededor del mundo para presionar, intimidar y cerrar buenos negocios. Pero sus múltiples movimientos populares, muchos continuadores de una antigua tradición de resistencia indígena, sean de resistencia (como en Ecuador) o de organización política (como en Uruguay) son no sólo una barrera para los abusos del poder sino, también, la razón de cualquier conquista popular. Todo lo que cae desde arriba es sólo anestesia social.

  1. ¿Qué dilemas le plantean las próximas elecciones en Argentina, Uruguay y Bolivia?

JM: En mi modesta opinión, el caso argentino es el más claro: es urgente detener las políticas neoliberales que, a través del actual presidente Macri y sus creyentes, empezaron por desestabilizar la sociedad imponiéndoles el pago de casi todo el esfuerzo social, subiendo los precios de los servicios básicos a fuerza de insensibilidad exitista, quebrando el tejido social y, como consecuencia, arruinando la misma economía nacional que los neoliberales se jactan de conocer muy bien; endeudando un país y la generación siguiente con el viejo y maldito recurso de los préstamos del FMI, sin siquiera lograr una reversión de la catástrofe, sino el agravamiento de la deuda y de la pobreza colectiva.

En cuanto a Uruguay, por ahora el objetivo es continuar resistiendo un contexto regional prolongado de recesiones, de crisis sociales, de violencia civil, de narcotráfico. Al mismo tiempo, resistir y evitar el regreso de los salvadores neoliberales que ya quebraron el país en el 2001, en sintonía con otros neoliberales más agresivos, como la Argentina de Carlos Menem. Uruguay debe, también, evitar las tentaciones militaristas, las que afirman saber cómo resolver cada problema a los tiros y a las patadas, tal como propuso en Brasil el capitán apologista de las pasadas dictaduras militares, Jair Bolsonaro. Brasil, el eterno país del futuro, ya tuvo una década dorada gracias a un presidente sindicalista, sin titulo de doctor o de general, y eso no lo soportan las viejas elites, acostumbradas a humillar y oprimir a los de abajo.

En el caso de Bolivia, Evo Morales es uno de los presidentes más exitosos de América del Sur, como lo fuera Rafael Correa en Ecuador, y por eso la gran prensa mundial casi nunca habla de él sino de Nicolás Maduro. Evo tiene mucho que corregir de sus administraciones anteriores, como por ejemplo no creerse imprescindible. Sin embargo, la idea de que “Evo es un dictador” porque es el clásico líder latinoamericano que se enamora del poder, deja de lado la consideración de hechos simples como que Franklin D. Roosevelt fue presidente de Estados Unidos cuatro veces consecutivas, o que Angela Merkel en Alemania o Benjamín Netanyahu en Israel han sido reelectos múltiples veces y el centro del mundo nunca se atrevería a llamarlos autoritarios y, mucho menos, dictadores. En la narración hegemónica de la realidad está el germen del autoritarismo, del colonialismo y del racismo que, por sutil, no deja de ser menos efectivo y menos brutal.

  1. ¿Cómo evalúa usted las políticas neoliberales que fueran impuestas sobre América latina y que aún predominan en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia y otros? ¿Podemos decir que el neoliberalismo ha fallado en el continente latinoamericano?

 JM: La idea de fracaso es como la idea de éxito. Todo depende del propósito de cada uno. El neoliberalismo no ha fracasado en el sentido de que ha impuesto sus objetivos en muchas partes del mundo, especialmente desde el trabajo de hormiga que el profesor de la Universidad de Chicago, Milton Friedman, comenzó en los años 50s para contrarrestar el “socialismo” que sacó a Estados Unidos de la Depresión. En América Latina el gran experimento fue Chile: se acosó al gobierno socialista de Salvador Allende (como se hizo con Irán en 1953, con Guatemala en 1954, con Cuba en los 60s) hasta destruir su economía. Una vez instalado en su lugar el general Augusto Pinochet, un dictador de perfil Nazi, los campeones del neoliberalismo no tuvieron ninguna resistencia para hacer y deshacer. Como ocurriese con dictaduras anteriores en otros países, Estados Unidos inundó ese país con créditos y ayudas económicas y morales para que tuviese éxito y así mostrar al mundo un buen ejemplo. Es el mismo método que se sigue usando en diversas partes del mundo: acoso a cualquier opción al capitalismo salvaje y ayuda ilimitada a sus aduladores.

Obviamente, desde el punto de vista de la población y de las promesas de sus sacerdotes, el neoliberalismo ha fracasado repetidas veces, con una frecuencia que asombra y no habla bien de una parte significativa de la población que lo sufre y lo apoya con fanatismo.

15 de octubre 2019

Συνέντευξη με τον Χόρχε Μαχφούντ , καθηγητή λατινοαμερικανικής λογοτεχνίας και διεθνών σπουδών στο πανεπιστήμιο Τζακσονβιλ

 

Στη Λατινική Αμερική το μεγάλο πείραμα ήταν η Χιλή

 

** Στη Λατινική Αμερική, η ταξικότητα, ο αυταρχισμός, το μίσος για τους φτωχούς, η περιφρόνηση για τους μαύρους και τους ινδιάνους, είναι τόσο δύσκολο να καταργηθούν, όπως είναι ο ρατσισμός, η αίσθηση της φυλετικής υπεροχής, και η παράνοια των όπλων στις ΗΠΑ.

Τη συνέντευξη πήρε
ο Δημήτρης Γκιβίσης

Ποια είναι η γενική εικόνα που έχεις για τις εξελίξεις στην Λατινική Αμερική;
Η Λατινική Αμερική είχε μία από τις καλύτερες δεκαετίες στην ιστορία περίπου μεταξύ 2004 και 2014, που συνέπεσε με μια πολιτική στροφή προς τα αριστερά με ποικίλους βαθμούς αλλαγών και μορφών κυβερνήσεων. Απέτυχαν σε πολλές μεταρρυθμίσεις (εκπαίδευση, υποδομή), αλλά πολλά πολιτικά δικαιώματα προστατεύθηκαν από νέους νόμους, και η φτώχεια μειώθηκε όσο ποτέ πριν. Αν και η υψηλή τιμή των εμπορευμάτων βοήθησε, είναι λάθος να το αποδίδουμε αυτό μόνο στην περίοδο της ανθηρής οικονομίας λόγω των μεγάλων εξαγωγών, καθώς στο παρελθόν υπήρχαν μεγαλύτερες τέτοιες περίοδοι με το αντίθετο αποτέλεσμα: καθώς τα ΑΕΠ των χωρών αυξήθηκαν, αυξήθηκαν επίσης η φτώχεια και η περιθωριοποίηση. Τώρα, η επιστροφή της περιοχής στις συντηρητικές και νεοφιλελεύθερες πολιτικές οφείλεται πρώτον σε ένα νέο παγκόσμιο πλαίσιο (νεομεσαιωνική ρητορική, εθνικισμοί, και δυσαρέσκεια τόσο με την παγκοσμιοποίηση όσο και με τις φιλελεύθερες δημοκρατίες στον Πρώτο Κόσμο), και δεύτερον στην αφύπνιση της παλιάς αποικιοκρατικής κουλτούρας, της παράδοσης του γαιοκτήμονα και των εργατών γης, και μιας παλιάς μιλιταριστικής νοοτροπίας, χαρακτηριστική της μακράς ιστορίας της δικτατορίας και του ξένου παρεμβατισμού στο όνομα της «εθνικής ασφάλειας». Αυτή η αντίδραση της φυλετικής δεξιάς πτέρυγας, ενισχυμένη από τους νόμους των ΜΜΕ, δεν είναι παρά μια αντίδραση σε μια μεγαλύτερη ιστορική διαδικασία, στην απελευθέρωση των περιθωριοποιημένων πλειοψηφιών (μαύροι, γυναίκες, ομοφυλόφιλοι, φτωχοί). Πρόκειται για μια αντίδραση που ξεκίνησε στην Ευρώπη και στις ΗΠΑ για την απώλεια της σχετικής εξουσίας τους και της αυτοεκτίμησής τους (πολιτιστική και φυλετική), και την αλλαγή των ρόλων (από εισβολείς σε κατακτημένους, από θύτες σε θύματα). Είναι επίσης μια αντίδραση που χρησιμοποιείται από τις ελίτ των δισεκατομμυριούχων, οι οποίοι είναι ικανοί να πείσουν ακόμα και τους σκλάβους ότι αν δεν ήταν αυτοί θα ήμασταν όλοι χειρότερα, και ούτε ο τροχός ούτε το παραμικρό θα είχαν εφευρεθεί.

Θέμα χρόνου

Θεωρείς ότι η δεξιά αντεπίθεση έχει χάσει τη δυναμική της στη Λατινική Αμερική;
Εν μέρει, ναι, είναι μια αντίδραση που έχει χάσει τη δύναμή της. Αλλά ο ετερόκλητος γάμος συντηρητικών και νεοφιλελεύθερων, θρησκειών και εμπόρων, έχει ακόμα αρκετά χρόνια στην πολιτική εξουσία (π.χ. στη Βραζιλία), και πολλές δεκαετίες στη νοοτροπία των παραδοσιακών λατινικοαμερικανικών αρχουσών τάξεων, και έχει ριζώσει σε ένα σημαντικό τμήμα των ανθρώπων. Είναι αυτό που ο Μάλκολμ X αποκάλεσε «the House Negro» (σημ: είναι ένας ιστορικός όρος για τον σκλάβο σπιτιού αφρικανικής καταγωγής). Στη Λατινική Αμερική, η ταξικότητα, ο αυταρχισμός, το μίσος για τους φτωχούς, η περιφρόνηση για τους μαύρους και τους ινδιάνους, είναι τόσο δύσκολο να καταργηθούν, όπως είναι ο ρατσισμός, η αίσθηση της φυλετικής υπεροχής, και η παράνοια των όπλων στις ΗΠΑ.

Μπορούν σήμερα τα κοινωνικά κινήματα και οι νέες χειραφετητικές πρακτικές να ξαναδώσουν την ελπίδα στους λαούς της Λατινικής Αμερικής, απέναντι στην εξάντληση του κρατικού προοδευτισμού;
Σχεδόν όλη η κοινωνική πρόοδος που σημειώθηκε στις ΗΠΑ στον 20ο αιώνα, οφειλόταν στις δαιμονοποιημένες ομάδες αντίστασης στον πόλεμο του Βιετνάμ τη δεκαετία του ‘60. Σήμερα οι Αμερικανοί έχουν μάθει να είναι πιο υπάκουοι και, ως εκ τούτου, το πλουσιότερο 0,1% μπορεί να συνεχίζει να απαγάγει περισσότερο πλούτο από την υπόλοιπη κοινωνία χωρίς σημαντικές αντιδράσεις. Αλλά μια ιστορική απάντηση είναι θέμα χρόνου. Στη Λατινική Αμερική δεν είναι διαφορετικά, αν και δεν μπορεί να εκτυπώσει δολάρια, ούτε να έχει εκατοντάδες στρατιωτικές βάσεις σε όλο τον κόσμο, για να πιέζει, να εκφοβίζει, και να κλείνει καλές συμφωνίες. Όμως τα πολυάριθμα λαϊκά κινήματα, όπως στον Ισημερινό, και οι πολιτικές οργανώσεις, όπως στην Ουρουγουάη, δεν αποτελούν μόνο εμπόδιο στις καταχρήσεις της εξουσίας, αλλά και ο λόγος για το κάθε λαϊκό επίτευγμα. Μόνο η βροχή και η κοινωνική αναισθησία πέφτουν φυσικά από πάνω.

Για τις εκλογές σε Βολιβία, Αργεντινή και Ουρουγουάη

Ποια είναι τα διλήμματα που αναδύονται ενόψει των σημερινών εκλογών στη Βολιβία, και αυτών της επόμενης Κυριακής στην Αργεντινή και την Ουρουγουάη;
Κατά τη γνώμη μου, η περίπτωση της Αργεντινής είναι η πιο ξεκάθαρη: επείγει να σταματήσουν οι νεοφιλελεύθερες πολιτικές, που με τον σημερινό πρόεδρο επιχειρηματία και τους πιστούς του αποσταθεροποίησαν την κοινωνία στο όνομα της «υπευθυνότητας και του ρεαλισμού», αυξάνοντας τις τιμές των βασικών κοινωνικών υπηρεσιών, συγχέοντας μια χώρα με μια ιδιωτική επιχείρηση, σπάζοντας τον κοινωνικό ιστό, και καταστρέφοντας την ίδια την οικονομία που οι νεοφιλελεύθεροι καυχώνται ότι γνωρίζουν πολύ καλά: επιστροφή στο ΔΝΤ, αστρονομικό χρέος που θα πληρωθεί από την επόμενη γενιά, αυξανόμενη φτώχεια. Όσον αφορά την Ουρουγουάη, προς το παρόν, ο στόχος είναι να συνεχιστεί η αντίσταση σε ένα παρατεταμένο περιφερειακό πλαίσιο ύφεσης, κοινωνικών κρίσεων, πολιτικής βίας, και διακίνησης ναρκωτικών. Ταυτόχρονα, να αντέξει και να αποφύγει την επιστροφή των ίδιων νεοφιλελεύθερων σωτήρων που διέλυσαν τη χώρα το 2001, σε συμφωνία με άλλους πιο επιθετικούς νεοφιλελεύθερους, όπως την Αργεντινή του Κάρλος Μένεμ. Η Ουρουγουάη πρέπει επίσης να αποφύγει τους μιλιταριστικούς πειρασμούς, που ισχυρίζονται ότι γνωρίζουν πως να λύσουν το κάθε πρόβλημα μόνο φωνάζοντας και πυροβολώντας, όπως πρότεινε στη Βραζιλία ο Ζαΐρ Μπολσονάρο, ο θαυμαστής των στρατιωτικών δικτατοριών. Όσον αφορά τη Βολιβία, ο Έβο Μοράλες είναι ένας από τους πιο επιτυχημένους προέδρους της Νότιας Αμερικής, όπως ήταν στον Ισημερινό ο Ραφαέλ Κορέα, και αυτός είναι ο λόγος για τον οποίο τα μεγάλα παγκόσμια μέσα ενημέρωσης δεν μιλάνε σχεδόν ποτέ για αυτόν, παρά μόνο για τον Νικολάς Μαδούρο. Ο Έβο έχει πολλά να διορθώσει από τις προηγούμενες διοικήσεις του, όπως το να μη θεωρεί τον εαυτό του απαραίτητο. Ωστόσο, η ιδέα ότι «ο Έβο είναι δικτάτορας», επειδή είναι ο κλασσικός ηγέτης της Λατινικής Αμερικής που επανεκλέγεται πολλές φορές, παραβλέπει το γεγονός ότι ο Φραγκλίνος Ρούσβελτ ήταν πρόεδρος των ΗΠΑ για τέσσερις συνεχόμενες θητείες, και ότι η Άνγκελα Μέρκελ στη Γερμανία ή ο Μπενιαμίν Νετανιάχου στο Ισραήλ έχουν επανεκλεγεί επίσης πολλές φορές. Το κέντρο του κόσμου δεν θα τολμούσε ποτέ να τους αποκαλέσει αυταρχικούς και, πόσο μάλλον, δικτάτορες. Αυτό είναι το ηγεμονικό αφήγημα, όπου υπάρχει ο πραγματικός αυταρχισμός.

Έχοντας υπόψη τα αποτελέσματα των νεοφιλελεύθερων πολιτικών που εφαρμόστηκαν στην περιοχή, και συνεχίζονται σε Αργεντινή, Χιλή, Βραζιλία, Κολομβία κλπ, μπορούμε να πούμε ότι ο νεοφιλελευθερισμός απέτυχε στη Λατινική Αμερική;
Η ιδέα της αποτυχίας είναι σαν την ιδέα της επιτυχίας. Όλα εξαρτώνται από τον σκοπό του καθενός. Ο νεοφιλελευθερισμός δεν έχει αποτύχει, με την έννοια ότι έχει επιβάλει τους στόχους του σε πολλά μέρη του κόσμου, ειδικά αφότου το έργο του Μίλτον Φρίντμαν ξεκίνησε στη δεκαετία του ‘50 για να εξουδετερώσει τον «σοσιαλισμό» που έβγαλε τις ΗΠΑ από την ύφεση. Στη Λατινική Αμερική το μεγάλο πείραμα ήταν η Χιλή: η σοσιαλιστική κυβέρνηση του Σαλβαδόρ Αλιέντε παρενοχλήθηκε, όπως έγινε με το Ιράν το 1953, τη Γουατεμάλα το 1954, την Κούβα τη δεκαετία του ΄60, κλπ, μέχρι την καταστροφή της οικονομίας της. Αυτό είχε προγραμματιστεί πολύ πριν ο Αουγκούστο Πινοσέτ, ένας ναζί – δικτάτορας, γίνει ο πρωταθλητής του νεοφιλελευθερισμού. Όπως συνέβη και με τις προηγούμενες δικτατορίες, για παράδειγμα τη Βραζιλία, οι ΗΠΑ πλημμύρισαν τη χώρα με πιστώσεις και οικονομικά και ηθικά βοηθήματα, ώστε να πετύχει και έτσι να δείξουν στον κόσμο ότι είναι ένα καλό παράδειγμα. Είναι η ίδια μέθοδος που χρησιμοποιείται ακόμα σε διάφορα μέρη του κόσμου: παρενόχληση της οποιασδήποτε επιλογής απέναντι στον άγριο καπιταλισμό, και απεριόριστη βοήθεια στους κόλακές του. Προφανώς, από την άποψη του πληθυσμού και των υποσχέσεων των κηρύκων του ο νεοφιλελευθερισμός έχει επανειλημμένα αποτύχει, με μια συχνότητα και επανάληψη που εκπλήσσει, και δεν εκφράζει σωστά ένα σημαντικό μέρος του πληθυσμού που υποφέρει και τον υποστηρίζει με φανατισμό.

Σημ: Ο Χόρχε Μαχφούντ γεννήθηκε στην Ουρουγουάη, και είναι ένας από τους σημαντικότερους συγγραφείς μιας νέας γενιάς λατινοαμερικάνων διανοούμενων. Έχει εκδώσει διάφορα βιβλία, αρκετά από αυτά σε συνεργασία με συγγραφείς όπως ο Ζοζέ Σαραμάγκου, ο Εδουάρδο Γκαλεάνο, ο Σλαβόι Ζίζεκ, και ο Μάριο Βάργκας Λιόσα, μεταξύ άλλων.

El fracasado discurso del éxito. Turno de Ecuador

¿Cómo lograr que una micro minoría del uno por ciento continúe, década tras década acumulando más riqueza que el restante noventa y nueve por ciento de una sociedad? Quienes lo han hecho lo saben bien: (1) propaganda masiva y ubicua, invisible pero real, como el aumento de CO2 en la atmósfera, y (2) acoso político, económico y militar de cualquier otra opción que contradiga el asalto.

Otra forma es enlazar disputas y axiomas diversos sin una necesaria relación lógica: la religión de las armas y el amor religioso, el aborto y la baja de impuestos a los más ricos, la negación del cambio climático y el odio a los inmigrantes, la libre circulación del capital y el patriotismo, etc.

De esta forma, el uno por ciento continúa recogiendo los frutos de toda una sociedad y de toda una historia, con el apoyo necesario de una elite criolla dominante o, incluso (cuando existen elecciones) de un número significativo de quienes no pertenecen al uno por ciento.

Así, en América Latina, las opciones al neoliberalismo, cuando han fracasado, han fracasado por errores propios y, sobre todo, por el criminal bloqueo económico de la superpotencia del mundo. Eso cuando no han recurrido a los más tradicionales golpes militares para defender la libertad del capital de la minoría criolla (clasista y racista) aliada a las más poderosas transnacionales. 

Así, por otro lado, en América Latina las imposiciones neoliberales han fracasado a pesar de repetidas inundaciones de capitales en formas de créditos multimillonarios que no dejaron en sus países ni progreso ni desarrollo sino deudas masivas y más pobreza. 

Para el neoliberalismo, solo el éxito económico cuenta como éxito. No obstante, este mito del éxito económico ni siquiera ha tenido éxito en la economía de los países colonizados por el mito del éxito económico. No, por el contrario, se insiste en “el probado fracaso” de sus otras opciones apuntando a países acosados, bloqueados y en ruinas, lo cual es un patrón de acción y de narración política.  

América Latina es parte de esta ola que, a falta de mejor nombre, se suele denominar neoliberalismo. Esa ola que arrasa, quema y destruye cualquier malla de contención social y ambiental hasta poner en riesgo la propia supervivencia planetaria y cuyas consecuencias económicas y sociales volvemos a presenciar en todo el continente como una historia que se repite de forma cíclica.

Si bien en estos días la atención está mayormente concentrada en el vergonzoso estado de sitio en Ecuador y la consecuente represión de las movilizaciones contra las medidas antipopulares del gobierno de Lenin Moreno, una amplia mayoría de países vive en estado de permanente amenaza e incertidumbre al mismo tiempo que los inversores presionan, amenazan y aumentan sus ganancias.

No habrá que soslayar que mientras escribimos estas líneas la respuesta gubernamental ecuatoriana viene cobrándose muertos, heridos y detenidos y aún inciertos por el ejercicio de la censura y el toque de queda. Pero las movilizaciones que comienzan a resistir esta crisis humanitaria, producto de políticas adulatorias del poder mundial y generadoras de miseria, se extienden de norte a sur. Como en Colombia (sede de la mayor cantidad de bases militares de Estados Unidos en el hemisferio y sede del narcotráfico mundial y del paramilitarismo impune) se opone al único proceso de paz concreto propuesto en cincuenta años. Como en Perú, donde idéntico desconocimiento mutuo entre dos poderes fundamentales del Estado (ejecutivo y legislativo), es considerado una opinable cuestión constitucionalista mientras que en Venezuela (no se lea este manifiesto como un apoyo a su gobierno) la mafia hegemónica llama a la intervención militar. Argentina vive envuelta en piquetes frente a la aceleración exponencial de la pobreza y el endeudamiento súbito, mientras en Chile y en Brasil se sigue profundizando la inequidad social, la desprotección, el narcotráfico y la violencia civil y policial que ya amenazan hasta países como Uruguay por razones de proximidad.

Diferentes procesos electorales aún están pendientes en Argentina, Bolivia y Uruguay en lo que resta del año. Otros seguirán en los años por venir. La disyuntiva continúa siendo entre la narrativa del uno por ciento (el autoritarismo de las elites, el militarismo reaccionario, el odio de los racistas, de los nacionalistas, de los clasistas, del machismo que se resiste a ceder paso, del neomedievalismo, de la destrucción del medio ambiente a cambio de unos dólares) y la construcción de una democracia progresiva, solidaria, no consumista, que ponga el énfasis en el ser humano y no en las riquezas de unos pocos a costa de unos muchos. Una sociedad capaz de construir un mundo para todos y no sólo para una minoría elegida por un dios que nunca la eligió.

 

Emilio Cafassi, Manuel Castells, Noam Chomsky y Jorge Majfud

octubre 10-12, 2019