El asalto perfecto y la nueva crisis por venir

Permítanme comenzar por una obviedad (no reconocida por la mayoría): el masivo recorte de impuestos aprobados por el Congreso de Estados Unidos en 2017 benefició principalmente a la elite económica y financiera. Según todas las estadísticas, esta elite viene beneficiándose de forma aún más acelerada desde hace medio siglo, fundamentalmente desde que las políticas neoliberales comenzaron a ser impuestas por los gobiernos de los países ricos y pobres. Como es sabido, la teoría, el dogma y el sentimiento inoculado radica en que son los superricos quienes crean trabajo y bienestar (ellos inventaron el cero, los algoritmos, la circulación de la sangre, la democracia y los derechos humanos), por lo cual cuanto mejor estén, puede que algo de toda esa riqueza gotee a los de abajo, a los trabajadores. En la Biblia una cananea convence a Jesús de ayudar a un no judío diciendo que “también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”, por lo cual los neoliberales debieron retocar la metáfora inventando eso de las copas (con champagne) y le dieron el elegante nombre de Trickle-down theory. Los superricos nunca reconocerán que su principal interés es su único interés, por lo cual deben ficcionar con distracciones y atraer a los votantes con anzuelos y zanahorias (aquí la religión juega un papel inestimable) o amenazarlos amablemente como hacen en Halloween esos niños tan simpáticos e inocentes ofreciendo a sus vecinos trick or treat (trato o truco).

En el caso específico de los masivos recortes de 2017, los de abajo recibieron un dulce para niños: se ahorraron aproximadamente un 2% en los impuestos anuales. Los impuestos no son buenos ni son malos. Todo depende de cómo un gobierno los invierte. Si bien es cierto que en algunas actividades los privados “lo hacen mejor y más barato”, también es cierto que toda empresa privada no solo cobra por su trabajo sino que además son “for profit”, es decir, que el consumidor no solo paga por el producto o el servicio sino también paga por el beneficio de la compañía, que suele explicar los desorbitantes costos de la salud en Estados Unidos. Alguien que no puede pagar un seguro médico, debe pagar mil dólares por mes en cualquier medicina con receta médica.

Muchos jornaleros y pequeños empresarios festejaron este dulce impositivo como un logro del presidente Trump. Por supuesto que el mayor beneficio fue para la elite de multimillonarios como él, al tiempo que se amplió el déficit y la deuda (1.500 billones extra) que irán a pagar los hijos y nietos de esos trabajadores. Si la pagan, porque siempre queda la vieja opción de imprimir más dólares aquí, respaldados en la fe, y succionar valor de los ahorros de los fieles allá, en la Argentina y en la Cochinchina.

A eso hay que agregarle la euforia siempre renovada y desmemoriada de los votantes: la economía creció 3.2 % el último trimestre, el desempleo está en 3.6 %, su mínimo de los últimos cincuenta años. Por supuesto que durante el periodo anterior de Obama la economía nunca dejó de crecer y el desempleo nunca dejó de bajar. Obama recibió una crisis masiva mientras Trump recibió una economía estable, según el estándar clásico.

Ahora, este estado de euforia económica procede de no mirar toda la foto sino un solo detalle. Por todas partes escuchamos todo tipo de gente hablar de que, diferente al período anterior, “los fundamentos de la economía son sólidos”. Exactamente lo mismo que decía George Bush un año antes de la Gran recesión de 2008.

Aunque se puede decir que hoy hay más trabajo y la economía continua creciendo, es un pecado de miopía. Si miramos más allá, tanto hacia el pasado como hacia el futuro, veremos signos preocupantes. Cada vez que ha habido crisis económicas se han revertido todas las ganancias de los trabajadores al tiempo que se han multiplicado los beneficios de los superricos. En tiempos de crisis se les pedirá a la clase media más sacrificios (menos servicios o más impuestos) y más paciencia (más años para recuperar lo perdido de la “bonanza”), mientras los dueños del dinero y de la política incrementarán sus fortunas comprando acciones y propiedades al precio miserable de la necesidad ajena.

Esa es una lógica que ha ocurrido siempre y que volverá a ocurrir. No por mera casualidad, desde los años 80s la clase trabajadora en Estados Unidos apenas ha hecho algún progreso salarial, alrededor de un 5%, mientras el 5% de la población (que ya acumula el 65% de todas las riquezas de este país) ha multiplicado varias veces sus fortunas. (La criminalización de los trabajadores en este país construido por una fuerte tradición de trabajadores y de organizaciones laborales, comenzó a principios del siglo XX, pero ese es tema de otro capítulo.)

En el caso de Estados Unidos, la posibilidad de imprimir dólares (por ahora) sin generar inflación desorbitante y el hecho de poseer cientos de bases militares alrededor del mundo para presionar países e imponer sus intereses es claramente diferente al de cualquier otro país dependiente o marginal. Sin embargo, en todos los casos el modelo neoliberal ha funcionado de la siguiente forma (en su dimensión doméstica; ya analizamos su dinámica internacional en otro capítulo):

1) El nuevo presidente recorta los impuestos (sobre todo a quienes pueden pagarlo) para impulsar la economía, como prometió antes de ganar las elecciones. Nadie ama los impuestos, ni siquiera aquellos que reciben grandes beneficios del Estado.

2) Los más beneficiados por estos recortes son los más ricos, quienes se supone que cran trabajo y benefician al resto, no al revés.

3) Como hay menos recaudación, los servicios públicos no funcionan como se espera, por lo cual se debe privatizar la mayor cantidad posible de servicios ofrecidos por el Estado.

4) En sus números globales, la economía crece y se generan empleos por un breve tiempo, lo que produce euforia en los de abajo.

5) Cuando los efectos narcóticos del recorte de impuestos y el efectivo derivado de la venta de activos pasa, la economía vuelve a su estado anterior. Pero esta vez el Estado posee menos recursos (el rey está desnudo) para enfrentar una crisis económica y social.

6) La crisis ya está instalada. La clase media vuelve a ceder terreno, se endeuda o malvende lo que tiene.

7) Los dueños del gran capital se capitalizan más comprando a precio de liquidación. El pueblo se queja y se prepara para sepultar su memoria bajo toneladas de nuevas esperanzas.

Como se puede ver, al principio del proceso los más ricos se benefician de recortes de impuestos y de la compra de empresas estatales y, al final, se vuelven a beneficiar comprando por nada lo que quedaba en mano de los pequeños privados.

Este modelo se reprodujo múltiples veces. Podríamos mencionar los últimos y más conocidos, todos dibujando una curva de campana que se repetirá después de un tiempo, cuando el olvido popular complete el trabajo, como en la Argentina de Saúl Menem en los 90s, los Estados Unidos de George Bush en los 2000s, la Argentina de Mauricio Macri en los 10s y, muy probablemente, los Estados Unidos de Trump en los 20s.

 

 

JM, mayo 2019

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La vraie fraude financière

La logique circulaire de l’impérialisme judiciaire

par Jorge Majfud *

Le premier décembre 2018 Meng Wanzhou, dirigeante de l’entreprise chinoise de télécommunications Huawei et fille de son fondateur, a été arrêtée au Canada tandis qu’elle était en transit vers le Mexique par des agents étasuniens sous l’accusation d’avoir fait des affaires avec l’Iran (et ensuite pour fraude financière) ce pour quoi elle pourrait encourir une peine de prison de plus de dix ans sans avoir violé aucune loi ni Canadienne ni des Etats-Unis d’Amerique.

Avant que les États-Unis se retirent de façon unilatérale de l’accord signé avec l’Iran, faire des affaires avec ce pays n’était pas illégal. Bien entendu quand nous parlons d’une légalité nous nous référons aux lois d’un seul pays, non aux lois internationales, qui ont été systématiquement violées par le même pays. Les États-Unis dictent non seulement les lois mais ils peuvent de façon abrupte les changer selon leur intérêt et selon l’état d’humeur du nouveau président, ce qui transforme la salutaire « alternance du pouvoir » en joker de jeu de cartes. L’accord qu’un président signe de sa main le suivant le gomme avec le coude.

Mais rien de cela n’est capricieux mais fait partie d’une logique d’intérêts financiers et économiques, organisés par la propagande et la guerre idéologique. Le Venezuela et Cuba sont bloqués d’une forme on ne peut plus brutale au nom de la démocratie et des droits de l’homme pour démontrer que le « socialisme ne fonctionne pas » (et au passage sans parler des cas où oui il a fonctionné) tandis qu’ils protègent les dictatures absolutistes comme l’Arabie Saoudite pour la simple raison qu’elle pourvoit l’Occident en pétrole et est l’un des principaux acheteurs d’ armes de la puissante industrie militaire. À d’autres dictatures puissantes, comme la Chine , ils ne leur demande jamais des comptes sur les Droits de l’homme mais en revanche pour quelque tarif (les champions de la démocratie ne critiquent jamais ni poursuivent les dictatures qui protègent les grands capitaux, qu’elles soient de gauche ou de droite).

Ce comportement extraterritorial (qui est colonialiste et illégitime en soi parce que jamais réciproque) est justifié par la « lutte contre la corruption ». Dans de nombreux cas ponctuels et connus il est en ainsi, comme quand des juges des Etats-Unis ont condamné à des amendes plusieurs banques européennes pour faciliter le blanchiment d’argent, par exemple, du trafic de stupéfiants. Laissons de côté la participation des États-Unis dans le trafic de drogues et d’armes, mais voyons que cette extraterritorialité est non seulement illégitime mais de plus tient par la simple force de la corruption légalisée du pouvoir financier. Comment ? Les exécutifs de banques et des grandes multinationales non étasuniennes craignent ce type de sanctions multimillionnaires. Nombre d’entreprises ont fait faillite ou ont du être liquidées ou vendues. Non par le simple hasard le pôle Énergie d’Alstom de la France a été vendu au groupe affaibli Général Electric après avoir été accusé par des juges étasuniens de payer des pots de vin en Indonésie, Égypte, Taiwan et d’autres pays, malgré le décret émis le gouvernement français un an auparavant. Plus récemment, avec l’allemande Siemens l’Union Européenne a mis son veto à l’association avec Alstom. Une récente investigation de The Economist a signalé que : les juges étasuniens réduisent les peines des « entreprises corrompues » quand elles promettent de se vendre à une autre entreprise des Etats-Unis.

Comme cela a été expliqué, il suffit que deux personnes partout dans le monde s’envoient un courriel par Gmail (ou par presque tous autres médias électroniques) pour qu’un juge aux États-Unis considère que le cas traité se trouve sous sa juridiction, puisque Google est un groupe basé en Californie.

Mais l’extraterritorialité d’un pays est non seulement illégitime mais fait partie de la corruption même qu’elle dit combattre. Rappelons que les juges, en dehors de leurs propres critères pour appliquer les lois (de là les luttes politiques ouvertes pour nommer les représentants de la Cour Suprême), doivent aussi appliquer les lois approuvées. Pour approuver une loi, il faut d’abord l’écrire. Qui écrit les lois ? Supposons, dans le meilleur des cas d’ingénuité démocratique, que le peuple des Etats-Unis d’Amérique les écrive. Cependant cela devraient être des lois applicables seulement au territoire US. Mais il faut être très ingénu pour croire que les lois des États-Unis sont écrites par le peuple. De plus, les parlementaires ne l’écrivent même pas. Les parlementaires les votent, souvent et malgré la propagande massive médiatique, contre l’opinion du peuple des Etats-Unis, comme différentes études l’ont déjà démontré, dont celle de Princeton University. Mais comme ceci n’est pas suffisant, les lois sont rédigées par les comités composés d’hommes politiques et de représentants de grandes compagnies privées, qui sont normalement leurs plus grands donateurs (d’où le fait qu’ils donnent de l’argent à deux candidats opposés qui se disputent un siège au sénat). Les grands investisseurs n’ont d’idéologie ou de principes moraux que ceux de leurs intérêts privés — au nom de l’intérêt général, bien sûr.

L’existence de ces cas de corruption légale, qui font de la corruption illégale un dérivé presque insignifiant, voire inutile pour poursuivre la concurrence, ont été toujours niés par ceux qui considèrent que critiquer un gouvernement ou un pays est une forme de trahison patriotique et non un service rendu à la vérité et à la justice. Diaboliser les critiques fait partie de la logique tandis que les requins continuent leur chemin heureux. Récemment, USA Today a démontré, dans une grande enquête détaillée, qu’au cours des dernières années tous les congrès de l’union [US] ont passé des milliers de lois (au moins 2100) et toutes ont été de grossiers « copié-collé » dictés par les représentants des grandes compagnies privées. Les parlementaires des états et de la nation sont noyés dans cette logique et ce trafic (légal) d’influences, relevant presque tous des dits « intérêts spéciaux » et de lobbies financiers puissants (les syndicats pourraient être considérés comme les lobbies de ceux d’en bas, mais ce n’est pas un hasard qu’ils aient été affaiblis depuis les années 80 jusqu’à devenir quasi insignifiant). Tout ceci explique que 40 % de la population US n’est pas même propriétaire d’un pour cent de toute la richesse, mais défend fanatiquement l’idée que cinq pour cent possède plus de 60% de tout, parce qu’il l’a obtenu « par son propre mérite » et non par une corruption légale mondialisée et systématique. Bien que, bien sûr, convaincre un peuple qui est attaqué par son propre intérêt ne cesse d’être un mérite.

Ainsi, les heureux propriétaires du grand capital écrivent les lois aux États-Unis pour leur propre bien, lois qu’ensuite les juges appliqueront de façon extraterritoriale pour lutter contre la corruption, lois qu’ensuite le puissant Exécutif national imposera au niveau mondial sous la pression et le harcèlement (narratif, économique, et militaire).

Bien entendu ce n’est pas mon intérêt, même pas de loin, de défendre quelque entreprise, ni aucun multimillionnaire chinois, ni le gouvernement chinois, ni celui d’Iran ni personne d’autre mais, tout simplement, la vérité. Surtout cette vérité ne se laisse pas apercevoir derrière tant de drapeaux que les fanatiques médiévaux agitent au bénéfice de l’ inaccessible aristocratie financière.

Jorge Majfud, mai 2019.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par  : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. Paris, le 26 mai 2019

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El verdadero fraude financiero

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La lógica circular del imperialismo judicial

 

El primero de diciembre de 2018 Meng Wanzhou, ejecutiva de la empresa china de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá en tránsito hacia México por agentes estadounidenses bajo la acusación de haber hecho negocios con Irán (y luego por fraude financiero) por lo cual podría enfrentar una pena de cárcel por más de una década sin haber violado ninguna ley ni canadiense ni estadounidense.

Antes que Estados Unidos rompiera de forma unilateral el acuerdo firmado con Irán, hacer negocios con aquel país no era ilegal. Por supuesto que cuando hablamos de legalidad nos referimos a las leyes de un solo país, no a las leyes internacionales, que han sido sistemáticamente violadas por ese mismo país. Estados Unidos no solo dicta las leyes sino que las puede cambiar abruptamente según su conveniencia y según el estado de humor del nuevo presidente, lo que convierte la saludable “alternancia en el poder” en el comodín (joker) de un juego de naipes. El acuerdo que firma un presidente con la mano lo borra el próximo con el codo.

Pero nada de esto es caprichoso sino parte de una lógica de intereses financieros y económicos, organizados por la propaganda y la guerra ideológica. A Venezuela y a Cuba se los bloquea de las formas más brutales en nombre de la democracia y los derechos humanos para demostrar que el “socialismo no funciona” (y de paso no hablar de los casos donde sí ha funcionado) mientras a dictaduras absolutas como Arabia Saudita se las protege por la simple razón de proveer a Occidente con petróleo y ser uno de los principales consumidores de armamentos de la poderosa industria militar. A otras dictaduras poderosas como China nunca se les reclama por los Derechos Humanos sino por alguna que otra tarifa (los campeones de la democracia nunca critican ni acosan a las dictaduras que protegen los grandes capitales, sean de izquierda o de derecha).

Esta actuación extraterritorial (que es colonialista e ilegítima de por sí porque nunca es recíproca) es justificada por la “lucha contra la corrupción”. En muchos casos puntuales y publicitados es así, como cuando jueces estadounidenses han multado a diferentes bancos europeos por permitir el lavado de dinero de, por ejemplo, el narcotráfico. Dejemos de lado la participación de Estados Unidos en el tráfico de drogas y de armas, pero veamos que esta extraterritorialidad no solo es ilegítima sino que además se sostiene por la mera fuerza de la corrupción legalizada del poder financiero. ¿Cómo? Los ejecutivos de bancos y de grandes transnacionales no estadounidenses temen este tipo de sanciones multimillonarias. Muchas empresas han quebrado o han tenido que ser liquidadas o venidas. No por mera casualidad la división de Energía de Alstom de Francia fue venida a la alicaída General Electric luego de ser acusada por jueces estadounidenses de pagar coimas en Indonesia, Egipto, Taiwán y otros países, pese al decreto en contra que había emitido el gobierno francés un año antes. Más recientemente, la asociación de Alstom con la alemana Siemens fue vetada por la Unión Europea. Una reciente investigación de The Economist ha señalado un patrón curioso: los jueces estadounidenses reducen las penas de las “compañías corruptas” cuando prometen vendérselas a alguna otra compañía estadounidense.

Como alguien ha notado, basta que dos personas en cualquier parte del mundo se envíen un correo por Gmail (o por casi cualquier otro medio electrónico) para que un juez en Estados Unidos considere el caso tratado bajo su jurisdicción, ya que Google es una compañía con base en California.

Pero la extraterritorialidad de un país no solo es ilegítima sino parte de la corrupción misma que dice combatir. Recordemos que los jueces, aparte de su propios criterios para aplicar las leyes (por algo las abiertas luchas políticas para nominar a los representantes de la Suprema Corte), también deben aplicar las leyes aprobadas. Para aprobar una ley primero hay que escribirla. ¿Quiénes escriben las leyes? Supongamos, en el mejor caso de ingenuidad democrática, que la escribe el pueblo estadounidense. Aun así deberían ser leyes aplicables solo al territorio estadounidense. Pero es necesario ser muy ingenuo para creer que las leyes en Estados Unidos las escribe el pueblo. Es más, ni siquiera la escriben los legisladores. Los legisladores votan, muchas veces y a pesar de la masiva propaganda mediática, contra la opinión del pueblo estadounidense, como ya lo han demostrado diferentes estudios, entre ellos el de Princeton University. Pero como esto no es suficiente, las leyes las redactan comités integrados por políticos y por representantes de grandes compañías privadas, las que normalmente son sus mayores donantes (de ahí que donen dinero a dos candidatos opuestos que se disputan una banca en el senado). Los grandes inversores no tienen más ideología ni principios morales que las de sus intereses privados –en nombre del interés general, claro.

La existencia de estos casos de corrupción legal, que hacen de la corrupción ilegal un derivado casi irrelevante, cuando no útil para perseguir a la competencia, han sido siempre negados por aquellos que consideran que criticar un gobierno o un país es una forma de traición patriótica y no un servicio a la verdad y la justicia. El patriotismo es la distracción de quienes han perdio la patria que habitan. Demonizar a los críticos es parte de la lógica mientras los tiburones continúan su exitoso camino. Recientemente, el USA Today demostró, en una extensa y detallada investigación, que en los últimos años todos los congresos de la unión pasaron miles de leyes (por lo menos 2100) y todas fueron burdas “copia y pega” digitadas por los representantes de las grandes compañías privadas. Tanto los legisladores estatales como los nacionales están sumergidos en esta lógica y tráfico (legal) de influencias, casi todos procedentes de los llamados “intereses especiales” y de poderosos lobbies financieros (los sindicatos podrían ser considerados los lobbies de los de abajo, pero no por casualidad desde los 80s han sido debilitados hasta su casi irrelevancia). Todo lo cual explica que el 40 por ciento de la población estadounidense no sea dueña ni del uno por ciento de toda su riqueza, pero fanáticamente defiende la idea de que el cinco por ciento posea más del 60 por ciento de todo, porque lo ha logrado “por mérito propio” y no por una sistemática y globalizada corrupción legal. Aunque, claro, convencer a un pueblo que es asaltado por su propio interés no deja de ser un mérito.

Así, los exitosos dueños del gran capital escriben las leyes en Estados Unidos en su beneficio propio, las que luego irán a aplicar los jueces de forma extraterritorial para luchar contra la corrupción, las que luego el poderoso Ejecutivo nacional impondrá a nivel global bajo presión y acoso (narrativo, económico, y militar).

Por supuesto que no es mi interés, ni por lejos, defender ninguna empresa, ningún multimillonario chino, ni al gobierno chino, ni al de Irán ni a nadie sino, lisa y llanamente, la verdad. Sobre todo esa verdad que no se deja ver debajo de tantas banderas que flamean los fanáticos medievales en beneficio de la ya inalcanzable aristocracia financiera.

 

 JM, mayo 2019.

 

Ideología reversa

La cultura de las máscaras III

Ideología reversa

Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (alguno de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).

Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.

Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.

Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.

Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.

Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.

Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.

Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.

Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.

Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.

Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.

El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años…

 

JM, mayo 2019

 

Miénteme suavemente

Una señora participante por videoconferencia (le había prometido a su esposo hacer esta valiente pregunta):

–¿Por qué usted está siempre criticando todo?

–Porque siempre nos están mintiendo.

–Uno no puede vivir así todo el tiempo. Va a terminar enfermo y nos va a enfermar a todos.

–Si usted quiere le miento. Seguro que me cree. No me curaría yo pero sin duda sería un alivio para usted.

–Usted viviría mejor.

–Sí, sin duda, es el camino más seguro.

El Ecce Homo uruguayo

Ahora Uruguay tiene su “Ecce Homo”. En nuestros tiempos donde se premia el esperpento, no es un mérito menor. En mi época de arquitecto, cualquier estudiante hubiese sido excomulgado de la universidad por semejante despropósito. Debe dar miedo sentarse siquiera, por lo funerario, por el abismo a las espaldas, y por lo descontextualizado. Del dinero gastado ni hablar, aunque, considerando la cultura pooph actual, puede ser una fuente de recursos turísticos. 
Por otro lado, cuando miro a otras partes, pienso que ojalá todos los países del mundo estuviesen ocupados con este tipo de debates y sus problemas fuesen tan terribles como estos.

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Somos nuestros abuelos

“Mis dos hijas son mellizas”, me dijo una señora de Colombia, “y son el día y la noche; una es tranquila y la otra un manojo de nervios; una no puede con las matemáticas y la otra es una luz; una es sociable por demás y la otra no tiene amigos”. Sin embargo, durante el embarazo la madre comió lo mismo y sufrió el mismo estrés para ambas, nacieron el mismo día (no perdamos el tiempo con especulaciones astrológicas), tuvieron los mismos padres y la misma educación.

En el siglo XIX se hicieron populares las tesis raciales sobre el carácter de los individuos y de los pueblos. Estas teorías surgieron en Europa, no por casualidad. Siglos antes, las explicaciones dominantes sobre la creación de la Humanidad y su diversidad procedían de las teorías religiosas (también llamadas Fe o Evidencia de los textos sagrados) según las cuales María, Jesús y los angelitos eran todos rubios y los africanos habían sido teñidos de negro por el pecado de ser negros. El pecado de Adán y Eva los expulsó del Edén pero les permitió prosperar, cosa que no se veía en los bárbaros africanos, sobre todo después de la colonización europea.

En el siglo XIX las teorías religiosas sobre la creación debieron convivir con las teorías científicas, como la teoría de la Evolución. Otra vez, estas visiones del mundo surgidas en Europa explicaban cómo los blancos eran el resultado de una larga evolución detrás de la cual habían quedado los africanos y un poco más atrás los monos. Bien, Darwin nunca escribió esto, ni su teoría apoya semejante interpretación, pero las ideas más populares sobre la Evolución humana justificaban no sólo la superioridad de la raza blanca sino su brutal explotación del resto del mundo que los racistas de antes llamaban “proceso civilizatorio” y los de ahora llaman “progreso y prosperidad”.

Estas teorías cayeron en desgracia gracias al desgaste analítico de algunos escritores, como lo fueron en América Latina el cubano José Martí y el peruano González Prada a finales del siglo XIX y principios del XX.

A principios del siglo XX las teorías psicoanalíticas se expandieron para reemplazar el fisiologismo (un mal sueño era solo la consecuencia de una mala digestión) por la creencia en las experiencias psicológicas (de la infancia) y verbales (de la adultez) como creadoras de toda la realidad humana. Gracias a este abuso, a finales del siglo XX ya no quedaban hijos sin culpar a los padres de sus propios fracasos ni padres sin sentimiento de culpa por los fracasos ajenos.

A principios del siglo XXI los avances de la genética y la neurología volvieron a poner el foco en el factor biológico, pero esta vez liberados de la ficción arbitraria de las razas (irónicamente, este camino lo inauguró el genetista y racista James Watson en los 50s).

Si en la Edad Antigua características como la depresión o la homosexualidad eran atribuidos a los “humores”, si en la Edad Madia a los demonios, si en el siglo XX, el sigo del psicoanálisis, se los atribuía a los traumas de la niñez, en el siglo XXI las explicaciones se desplazaron sobre el material genético heredado de los padres (lo cual es casi, casi una absolución).

De forma paralela a las investigaciones sobre los individuos, la investigación de los problemas psicológicos se extendió sobre los grupos y sobre los pueblos. Paradójicamente, las teorías sobre el “carácter de las naciones” tan populares entre los ensayistas de principios de siglo XX y superadas por sus colegas de las generaciones posteriores, han vuelto con una vestimenta diferente.

Múltiples estudios recientes (sería imposible incluir una bibliografía mínima en este espacio) han analizado, utilizando métodos cuantitativos y de big data los efectos en las olas migratorias de los últimos siglos. Algunos, por ejemplo, han demostrado que los inmigrantes con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) de un determinado pueblo (judíos) emigraron a países más lejanos que el resto. Otros, analizando los nombres comunes en oposición a los nombres raros (más que causas de sus nombres, consecuencias de sus padres), descubrieron que los segundos emigraron más y los primeros se quedaron (Escandinavia), produciendo tendencias políticas claras, generaciones después: los descendientes de quienes se quedaron hoy apoyan más sistemas de salud universal y los que se fueron, más individualistas, menos. Otros estudios apuntan a la dinámica de la “auto selección” de los inmigrantes: quienes emigran (Europa, América latina) son aquellos dispuestos a tomar riesgos, lo cual en países como Estados Unidos habría producido una sociedad de emprendedores. Etc. Así, los inmigrantes pasarían el material genético a su descendencia, es decir, a los futuros pobladores de ese país.

A partir de aquí solo podemos comenzar a especular. Por ejemplo, eso explicaría el grado de ansiedad y competencia de una parte fundamental de la población estadounidense, con un exceso de testosterona y, por ende, su necesidad de ganar sobre el impulso de solidaridad.

Otra región poblada en su mayoría por inmigrantes, como Uruguay y Argentina, posee sus propias características que podríamos sospechar desde esta perspectiva. Por ejemplo, el carácter melancólico, la pérdida o la ausencia representados en las letras de tango. Estas características son culturales (como la impronta igualitaria trazada por José Artigas y ciertas costumbres charrúas) y no necesitan recurrir a la genética para explicarse, pero tampoco pueden excluir la posibilidad, como ya no podemos decir que la depresión, la bipolaridad, la euforia y casi todas las condicionantes más importantes de un individuo no tienen una base genética. Las historias de decisiones intempestivas por las cuales nuestros abuelos decidieron emigrar no son raras. Es decir, no se trata sólo del traspaso de las características culturales de cada país sino de la selección de individuos por sus características genéticas.

Tal vez podríamos agregar el impulso amplificado de una condición humana que puede ser universal pero que en países como Uruguay y Argentina es un deporte nacional, que se expresa por todas partes aunque de formas muy subterráneas: la necesidad de descargar culpas en otros, aunque sean nuestros afectos; de aliviar frustraciones propias por el sentimiento de culpa ajeno. ¿Se trata de una herencia cultural, genética o de ambas?

Claro que, pese a estos nuevos descubrimientos, la cultura y la educación siguen siendo los instrumentos decisivos para cambiar lo que somos. Es decir, para la libertad de los individuos y de los pueblos y para su propia opresión también.

Bueno, creo que en mis novelas he hecho un trabajo algo más decente que estas brevísimas notas a un costado del camino, pero la idea central es simplemente esa: de formas diferentes revivimos las vidas de nuestros antepasados creyendo que hacemos algo fundamentalmente nuevo.

Ellos pensaban igual.

 

JM, Profesor uruguayo estadounidense. Tequila y El mismo fuego son sus dos últimas novelas; también este año ha publicado el libro de ensayos The Autumn of the West.

 

El mismo fuego 5

Sumergidos y Emergentes

La economía y la sociedad argentina se sumergen en una larga crisis y Morgan Stanley Capital International la califica, oficialmente, como “mercado emergente”. Otra prueba de que para los dueños del capital y del mundo no importan ni la economía ni los habitantes de un país tanto como la “libertad de los capitales” (En 2009, con una economía harto más estable, se le había quitado a Argentina ese mismo status, por la mala idea de ejercer su soberanía imponiéndole a los capitales extranjeros un límites de tiempo para entrar, extorsionar y fugarse cuando se les de la gana).

Claro que bastará esta resemantización de la realidad para darle el alivio que los amigos se merecen por tanta obediencia.

 

JM, mayo 2019

 

 

 

El mismo fuego (2019)

El mismo fuego 5

Contratapa:

El mismo fuego es una novela y es una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la pasada dictadura militar en su país. Los hechos reales, los nombres,el país y la posterior evolución de diferentes tragedias han sido alterados para proteger la verdad. Con una estructura sintáctica que carece del pronombre relativo que, la novela expresa en el lenguaje las mismas ausencias funcionales que existen en la memoria absoluta de su protagonista, el niño José Gabriel, sin por ello impedirle representar un mundo que su exagerada memoria registra en detalle pero su comprensión no puede abarcar en su totalidad. “Una mañana, los niños jugaban en una vieja carreta cuando sonó un balazo. ¿Por qué nacemos, si tenemos que morir? Los años van pasando, como pasan los árboles ante la ventana del tren; y Jorge sigue buscando la respuesta”. Eduardo Galeano.

El mismo fuego 2

Primeras páginas El mismo fuego inicio (abrir PDF)

 

Ediciones papel de tapa blanda:

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Mexico (eBook)

 

 

“EXCLUSIVO: EMPEZÁ A LEER EL MISMO FUEGO, DE MAJFUD”, MDZ WWW.MDZOL.COM

 

Venezuela enferma: soluciones (im)posibles

En distintos ensayos hemos analizado la recurrencia del patrón histórico de acoso a toda opción política no alineada con las superpotencias hegemónicas (no hay que ser muy despierto; las pruebas y evidencias están por todas partes): el caos diseñado en múltiples países en los últimos cien años, el financiamiento de grupos armados o desestabilizadores con nombres bonitos como Freedom fighters (“Luchadores por la libertad”), la promoción y financiación de golpes de Estado y el posterior apoyo ideológico, mediático, militar y económico a los regímenes amigos que luego se llaman “restauración de la democracia” y no “libertad para mis negocios”.

Sin embargo, nada de esto debería significar (vamos a repetirlo una vez más) un apoyo al actual gobierno de Nicolás Maduro. No debería, pero así es la dinámica de la pasión política desde hace siglos: como en el ajedrez, los peones son los primeros en morir luchando por una pasión (una religión, una ideología, unos valores morales) mientras detrás la aristocracia sobrevive para llevarse los beneficios (las tierras en el Feudalismo, el oro, la plata y el cobre en la Era de las conquistas, el petróleo en nuestro tiempo). Como si se tratase de un partido de futbol donde los fanáticos se aman y se odian según la banderita que los cubre mientras alguien más se lleva los millones a sus cuentas bancarias.

En el caso venezolano ocurre un fenómeno que podíamos llamar “mazo de naipes”. Tenemos dos grupos de cartas: uno ideológico y otro humanitario. Mezclamos los naipes y repartimos a dos jugadores que resultan uno “a derecha” y el otro “a izquierda”. Vemos los jugadores, pero no vemos los naipes y nos posicionamos de un lado o del otro como si no hubiese otras posibilidades.

En lo personal y desde el punto de vista ideológico, para mí el gobierno de Maduro está lejos de lo que podría aspirar como una sociedad sin las obscenas diferencias sociales entre ricos y pobres, entre inversionistas y trabajadores, entre beneficiados y beneficiarios. Pero también hay que recordar que desde los primeros años de la experiencia de su predecesor, Hugo Chávez, el propósito golpista y el bloqueo ideológico estuvo siempre presente por razones obvias y tradicionales que no vamos a enumerar ahora.

Aunque esto pone furioso a muchos, voy a repetirlo: la oposición es Nicolás Maduro con otros intereses y en otro rol. A Maduro le quedó grande el rol de presidente y a la derecha (herederos de los Pérez Jiménez y los Andrés Pérez) le quedó chico el rol de oposición.

Como sea, y como dijo el congresista y candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Ron Paul: “déjenme decirles por qué tenemos problemas en América Central y en América del Sur: porque hemos estado metidos en sus asuntos internos hace tanto tiempo, nos hemos metido en sus negocios y así creamos a los Chávez, hemos creado a los Castros de este mundo, interfiriendo y llevando caos en sus países y ellos han respondido sacando a sus líderes constituidos”. El público de Miami lo hizo callar con sus abucheos. Porque no hay peores inquisidores que los conversos.

 Ahora, dejando de lado las raíces del problema, es lícito considerar los frutos, casi todos amargos. Uno de esos frutos, del cual han participado Tirios y Troyanos, es la crisis humanitaria creada dentro y fuera de Venezuela.

Adentro está la grave escasez de los productos más elementales, como lo son los alimentos y las medicinas (no es necesario intentar introducir camiones por la fuerza cuando, desde mucho antes, hemos estado donando toneladas de medicamentos a través de Unicef USA y muchos otros medios más pacíficos y menos propagandísticos). Tampoco debemos minimizar la excesiva represión del gobierno, aunque algunos la considerarán una consecuencia legitima, no una causa del problema. Cierto, muchos disidentes, como el autoproclamado presidente (más allá de los 30 días constitucionales) Juan Guaido, hablan y organizan actos públicos llamando a la rebelión en las calles sin ser detenidos ni torturados ni desaparecidos. Desaparecer era la norma en las decenas de dictaduras militares que la oligarquía criolla, aliada a Estados Unidos, diseñó y apoyó en América Latina por más de un siglo. Todavía es la norma en países incuestionados por Occidente, como lo son los “regímenes aliados” de Arabia Saudí, Israel, China y tantos otros. Incluso en muchos países considerados “democráticos” por mucho menos muchos fueron enviados a la cárcel.

Pero aun así (sobre todo aquellos que sufrimos dictaduras de otros signos) no podemos ignorar que en Venezuela existen denuncias y testimonios de abusos a los derechos humanos que deben ser tomados en serio y que, considerando la situación anómala, no me extrañaría que pudiesen ser de mayor gravedad.

Para completar, también tenemos la masiva emigración de venezolanos desesperados que, como casi todos los emigrantes sin privilegios, no sólo deben sufrir el desgarro de dejar su tierra sino las dificultades de adaptarse cultural, laboral y socialmente a un nuevo país que no siempre los recibe con la solidaridad humana (no ideológica) que se merecen.

Una solución, para nada radical, apenas moderada, sería que el presidente Nicolás Maduro renuncie y deje su cargo (¿hay alguien indispensable?), no en manos de la oposición sino del segundo o del cuarto en línea de su partido hasta que se normalice el proceso electoral y legislativo. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

La otra solución, para nada radical, apenas moderada, sería que la oposición renuncie a sus contactos en Estados Unidos y Colombia y se concentre en la Asamblea Nacional y en cualquier elección. Por más limitada que sean las “garantías del gobierno”, si se puede llamar a la rebelión y al levantamiento armado del ejército en múltiples actos callejeros (o flirteando con una invasión estadounidense, una más de cien, solución que sólo llevaría a un golpe de Estado que deslegitime cualquier pretensión de cambio), también podría ocupar el lugar para el cual fueron elegidos en elecciones. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

Como siempre, me dirán que no puedo opinar porque no vivo en Venezuela. La respuesta es la misma que venimos repitiendo desde hace treinta años: si vivir en un lugar y en un tiempo fuesen suficiente para tener las cosas claras, no habría ninguna razón para que la gente de ese país se odiase ni tuviese lecturas tan radicalmente diferentes de los mismos hechos. Venir de o vivir en un lugar no significa que alguien sepa lo que ocurre en cada una de sus instituciones (nacionales o extranjeras) que deciden su suerte. De hecho, rara vez alguien sabe lo que está ocurriendo en su propia casa mientras lanzan esa genialidad de “yo sé lo que digo porque vivo allí”.

De hecho, resulta doblemente paradójico recibir este tipo de acusaciones (cuando no amenazas) de gente que, como solución, promueve intervenciones militares y económicas de otros países, como si el gobierno de Estados Unidos pudiese intervenir cuando quiera, pero sus ciudadanos no pudiesen pensar fuera del dogma porque “no viven la realidad”.

 

JM, 5 de mayo de 2019

 

El mismo fuego

 

TapaTequilaEl mismo fuego 5