Sindicato de millonarios, huelga de capitales

Es mil veces más fácil y más efectivo creer que los pueblos le deben la justicia social y el progreso material a un puñado de multimillonarios que creer que el calentamiento global y la desaparición de los insectos le deben algo a los humanos.

Es mil veces más fácil y más efectivo organizar una huelga de capitales que una huelga de trabajadores. Es mil veces más fácil organizar un sindicato de millonarios para presionar, a su antojo, a los pueblos y a sus gobiernos, que un sindicato de maestros, de obreros, de empleados de un supermercado o de peones rurales. Cuando a un trabajador no le gusta su trabajo o su salario tiene la libertad de irse sin su trabajo y sin su salario a otra parte. Cuando a un inversor no le gusta el trabajo ajeno o los salarios ajenos, tiene la libertad de irse con su dinero a otra parte.

En los países donde es al revés, es porque la huelga de capitales ya ha ocurrido de una forma masiva y el país se encuentra quebrado o acosado por quienes gobiernan el sistema económico que nos gobierna a todos los demás.

En los países donde es al revés, las inundaciones son responsables de la lluvia y los trabajadores son responsables de la miseria y de las crisis sociales.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general, la solidaridad social de programas de educación, de salud o de desarrollo equitativo puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no deja claro que reconoce la sacralidad de las transnacionales y sus escribas.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no se inclina ante aquellos inversores que juegan con miles de millones (de dólares y de personas) con la misma responsabilidad con la que beben whisky y le tocan el culo a una empleada de hotel.

Ningún gobierno que reconozca que todo el progreso social y económico del mundo presente no es el producto de un puñado de exitosos millonarios sino de siglos de luchas sociales y de miles de contribuciones de pensadores y de modestos genios de las ciencias y la tecnología, casi siempre asalariados, tiene posibilidades de continuidad.

Todos los gobiernos del mundo, sean de derecha o de izquierda, de arriba o de abajo, deben proteger, como perros rabiosos, la libertad absoluta de los capitales para aterrizar en sus países y para volar a sus paraísos seguros (safe havens) cuando se les plazca, que es siempre cuando a las sociedades se les ocurre realizar algún reclamo sobre su contribución a la riqueza. Es ahí cuando las sociedades quiebran y los pueblos entienden que con las limosnas vivían mejor.

Es decir, a los grandes capitales no solo se los debe adular, en la práctica y en los cuentos de hadas, sino que también se les debe garantizar el derecho privado a la extorción universal.

Está de más decir que este sistema, organizado y gobernado por un puñado de multimillonarios, padres fundadores y protectores de todo el progreso de cada país (desarrollado o subdesarrollado, exitoso o arruinado), padres sacrificados e incomprendidos protectores de la humanidad, de una humanidad irresponsable, no tiene un ápice de democrático.

Razón por la cual la Libertad y la Democracia son sus banderas, esas mismas que ondean como péndulos ante los ojos de los pueblos que luego irán a linchar a quienes no están de acuerdo con este estado de hipnosis colectiva.

 

JM, marzo 2019.

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Cándido y el Elogio de la locura

(La Cultura Pooph II, diez años después)

En el pasado, equivocados o no, por lo general quienes opinaban sobre política italiana o congoleña se habían leído la historia de Italia, del imperio romano, tenían alguna idea sobre la belga, sabían algo de la vida y obra de Leopold II y qué había pasado con Lumumba. Ahora el mundo está lleno de genios que opinan primero y luego intentan informarse. Si alguien se atreve a criticar el optimismo en curso, es etiquetado y desautorizado como un viejo que no entiende el presente. Como si los adultos no fuesen parte del presente. Como si los más jóvenes entendieran mejor algo del pasado, ese tiempo que, de alguna forma, produjo este presente. Como si las nuevas generaciones no pudiesen ser radicalmente reaccionarias. 

Antes no era necesario ser un estudiante universitario para poseer este tipo de cultura amplia y profunda. Ahora ni siquiera los estudiantes universitarios alcanzan un mínimo de aquel conocimiento que servía a la libertad de conciencia y no únicamente a los propósitos del dinero, el consumo y el confort de “un mundo más eficiente”.

Es verdad, aquella “gente culta” solía ser (aun suelen serlo), gente por los de abajo. No se trata de una simple cuestión gramciana, como gustan apuntar desde el otro lado. Se trata de una reacción natural ante el poder social. De la misma forma que las universidades en todo el mundo, desde Argentina hasta Japón, desde Mozambique hasta Estados Unidos eran y siguen siendo bastiones progresistas, el resto de las grandes instituciones que dominan el poder social están dominados por conservadores elitistas y reaccionarios: empresas transnacionales, inversionistas, medios de comunicación dominantes, ejércitos, iglesias de todo tipo.

De la misma forma que la cultura solía ser (y aún lo es, en términos generales) el reducto de la izquierda, las redes sociales lo son ahora de la derecha. Lo primero ya lo explicamos. ¿Cómo se explica lo segundo? Creo que se explica de la misma forma que se explica la antigua practica de esclavos negros castigando con latigazos a sus hermanos esclavos, a los negros, a los indios más rebeldes. A los malos negros, a los malos indios. Es decir, por la falsa conciencia, por la moral parasitaria, aquella moral adoptada para beneficiar los intereses ajenos. 

Tal vez en unas pocas décadas, como siempre cuando la verdad ya no interese o sea inofensiva, descubriremos cómo funcionan de verdad los algoritmos de las redes sociales, así como descubrimos, décadas después cómo la propaganda inaugurada por Edward Bernays en Estados Unidos y continuada brevemente por los nazis en Europa y por muchas más décadas por el estalinismo, manipuló la opinión y la realidad del mundo durante el siglo XX de una forma más científica de lo que lo había hecho en los siglos anteriores, desde los más pequeños hábitos consumistas a las mayores tragedias de la gran política, como las guerras y los golpes de Estado en África y en América Latina.

Por entonces, los gobiernos del mundo y las elites financieras tomaron una amplia ventaja de los nuevos medios de comunicación masivos e inmediatos (la radio, el cine y la televisión) como en el siglo XIX lo habían hecho con la prensa escrita, mientras los libros quedaron en manos de intelectuales del otro lado del espectro del poder. Nótese cómo la misma palabra “intelectual” fue desprestigiada y desmoralizada por la propaganda, hasta el extremo de que hoy se precia y se paga más la estupidez que la cultura. Nadie se hace viral por genial sino por idiota, y tanto Youtube como las otras mega aldeas dominadas por un puñado de manipuladores (otra vez, en nombre de la liberad y la democracia), recompensa esta idiotez con miles de dólares, lo cual para ellos no llega a ser ni siquiera una propina. Si antes, apenas unas pocas décadas atrás era necesario ser Roberta Flack cantando Killing Me Softly With His Song para llamar la atención del mundo, hoy vale más una pobre mujer sentada en el inodoro y cantando sin armonía alguna “Sitting in tha Toilet” para hacerse una celebridad global, para recaudar una fortuna e inspirar a cientos de millones de jóvenes a lograr la misma hazaña.

 Algunos de estos prestigiosos modelos de conducta social, paradigmas del antiintelctualismo, son llamados, en múltiples idiomas pero con la misma gracia y la misma palabra del inglés, “influencers”. Claro, eso sin contar los millones de pobres aspirantes que cada día trabajan gratis para estas megacorporciones tirándose de una escalera, rompiéndose la nariz, filmándose en el baño sin llegar siquiera a rescatar cincuenta centavos con los nuevos subscribers, pero aportando definitivamente a esa cultura de la estupidez, del odio neo tribal y otras naturales frustraciones individuales y colectivas.

No lo sabemos todavía, no tenemos pruebas (más allá de la lectura de los patrones históricos que se parecen a la tabla periódica de Mendeleev con vacíos significativos), porque así es como funciona, según reconoció el mismo Bernays en los años noventa, al final de su vida: esa es la naturaleza del poder, estar en otro lado, no allí donde se supone que está, protegido por el anonimato y la ignorancia de quienes lo sufren o lo defienden.

La evidencia, el incontestable hecho de que el 0,01 por ciento de la población mundial ha secuestrado casi todos los progresos de la humanidad hasta el día de hoy, no se ve o no importa. Porque para eso, no por casualidad, está la nueva cultura. Y los esclavos continúan peleándose y odiándose entre sí, repitiendo las narrativas funcionales del poder y adoptando fervorosamente sus valores, elogiando las cadenas que los protegen contra el frío.

JM, marzo 2019

 

That Question

true friends cannot be forgotten ever

by Eduardo Galeano

 

The Uruguayan dictatorship had the Majfud family cornered. They suffered prison and torture and humiliations, and were dispossessed of everything they had.

One morning the children were playing in an old cart when a gunshot rang out. They were some distance away, but the sound traveled across the fields of Tacuarembó and they knew, who knows how or why, that the report came from the bed of their most beloved aunt, Marta.

Ever since that morning, Nolo, the youngest in the family, has wondered out loud: “Why be born, if we have to die?”

Jorge, his older brother, tries to help him.

He searches for an answer.

The years flow on, the way trees slides past the windows of a train, and Jorge is still searching for the answer.

 

From Hunter of Stories, by Eduardo Galeano.

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La entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

 

“Secretario” de la OEA Luis Almagro: más fácil que recaudar 100 millones de dólares de “ayuda humanitaria” para Venezuela, es no castigarla con 10.000 millones de dólares de sanciones económicas.

La siguiente entrevista nunca fué publicada por el periodista que la requirió. Para salvar las respuestas del significativo silencio, el entrevistado ha reescrito las preguntas conservando el orden y la intención original.

Entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

P: ¿Cómo evalúa la grave situación que está viviendo Venezuela hoy?

JM: Como grave.

P: ¿Puede haber una mayor demostración de crueldad que la quema de ayuda humanitaria por parte del régimen de Nicolás Maduro?

JM: Eso es lo que han dicho los medios y los políticos de la derecha estadounidense y latinoamericana. Hay versiones encontradas sobre ese hecho. Todavía es necesaria una investigación. Mire, en lugar de consumir los cuentos de Disney del senador Merco Rubio, no sería mala idea escuchar lo que tiene para decir otro político, republicano pero mucho más inteligente y mejor informado, como lo es Ron Paul. (*)

P: Pero usted estará de acuerdo que el régimen chavista es una calamidad que ha hundido a Venezuela en la miseria.

JM: El problema de Venezuela no es solo Nicolás Maduro. Si los muchachos de Miami finalmente lograsen asesinarlo y la oposición tomase el gobierno, Venezuela seguiría con serios problemas, aunque Estados Unidos y la gran prensa le daría un gran alivio económico. Otro problema que impedirá una solución razonable en el mediano plazo es el odio político que permea a gran parte de la población. Si Maduro es autoritario, la oposición ha dado repetidas muestras de intolerancia desde el golpe de Estado de 2002.

P: Ha sido el régimen chavista el que destruyó el país, no la oposición.

JM: Chávez no llegó al poder por un golpe de Estado, aunque lo intentó en 1992, sino por “la situación del país”, sobre todo del país de los de abajo. Más allá de que en lo personal nunca me gustaron los líderes personalistas como Perón o como Chávez, la insistencia mediática de llamarlos “dictadores” no tiene sustento: ambos fueron presidentes por voto popular y sufrieron golpes militares de la oligarquía enquistada en el verdadero poder social. Cuando defienden los intereses del gran capital, los dictadores no son llamados dictadores por la gran prensa y los dueños del mundo. Durante casi todo el siglo XX Venezuela vivió sobre el petróleo y bajo dictaduras o con democracias formales, pero con terribles crisis sociales, como la que terminó con el Caracazo, la matanza de cientos de venezolanos en 1989, una década después del boom del petróleo. Por entonces el gobierno de Estados Unidos salió a rescatar a uno de sus presidentes favoritos, Carlos Andrés Pérez, con otra lluvia de dólares, no con sanciones económicas ni apoyando a la oposición que participó en las protestas.

P: Los políticos de izquierda siempre se han perpetuado en el poder.

JM: Aquí en Florida existe la risible pero comprensible creencia universal de que América Latina ha sido un mar de dictaduras comunistas. Los presidentes de izquierda han sido una ínfima minoría en la larga tradición latinoamericana de déspotas de derecha, de dictaduras de corte nazi y agresivamente pro capitalistas. Claro, cuando los pocos líderes de izquierda llegaron al poder, muchas veces continuaron esa cultura enferma del continente (que no inventaron ellos) que ha potenciado la corrupción en beneficio de las mismas elites de siempre. Es el lado negativo que le veo a Evo Morales y a Daniel Ortega. Claro, en los 80 a Nicaragua se la acosó con grupos terroristas llamados “luchadores por la libertad” y financiados por Washington con dinero sucio de Irán, por intermediación de Israel. Pregúntele al ahora encargado de la estrategia para Venezuela, Elliott Abrams, que de ese tema sabe mucho porque es un ex convicto. En el caso de Bolivia hoy nadie habla del permanente crecimiento del cuatro por ciento anual de su economía. Y si Franklin Roosevelt fue presidente de Estados Unidos por cuatro períodos y lo mismo Merkel en Alemania o Netanyahu en Israel, está bien. A esos no se los puede criticar…

P: Los bolivianos que vienen de allá, que conocen la realidad de sus países, saben que Evo es un dictador.

JM: “…los que vienen de allá”. Ningún estadounidense viajaría por el mundo diciendo que sabe lo que dice de su presidente Trump “porque vive en Estados Unidos”. Esos son argumentos que revelan inmediatamente el nivel intelectual de la discusión. Cada latinoamericano que viaja por el mundo se cree autorizado a “hablar de la realidad” de sus países con ese típico e ingenuo argumento de “yo sé lo que digo porque lo viví”, como si no hubiese millones que vivieron y viven los mismos hechos y piensan radicalmente diferente. Como decía un funcionario estadounidense de la embajada de República Dominicana en tiempos del dictador Trujillo: todos nuestros informes sobre este país están basados en lo que dicen los dominicanos que visten trajes y hablan inglés. Así ha sido siempre. No son pocos los “campeones de la democracia” que se van de sus países porque no les permiten expresarse libremente, llegan aquí y apenas escuchan una opinión diferente a la de ellos, te dicen que te vayas de este país para mantener la coherencia. Nunca han entendido qué es eso de la “democracia”.

P: ¿Por qué culpar siempre a Estados Unidos? ¿No hay suficientes pruebas de que el socialismo nunca funcionó en ninguna parte?

JM: Independientemente de su ideología, si un país no está alineado a la voluntad de la superpotencia, va a fracasar siempre, al menos en su economía. Nadie dice que China o Vietnam son pruebas de que el comunismo no funciona. China tiene un pésimo record en derechos humanos, pero su régimen comunista protege los capitales y eso es suficiente para no intentar destruir su economía con un bloqueo estilo Cuba. Lo mismo regímenes terribles como Arabia Saudita. Ahora hasta Corea del Norte tiene “relaciones amorosas” con el gobierno de Estados Unidos ¿Se imagina usted una manifestación pública de algún opositor en alguno de esos países amigos? No, pero a Venezuela se le impone sanciones económicas, se le bloquea la venta de su principal recurso, el petróleo, y se le prohíbe retirar sus propios ahorros de un banco de Londres. Solo en los últimos tres años estas sanciones le han quitado a ese país, no a Maduro, 8.000 millones al tiempo que se intenta introducir “ayuda humanitaria” a la fuerza por unas decenas de millones. Ese tipo de hipocresía es una vieja tradición. Todos los presidentes democráticamente electos como Mosaddegh en Iran, Arbenz en Guatemala, Lumumba en el Congo o Allende en Chile han sido económicamente estrangulados para generar desesperación en sus pueblos (esto no es una mera opinión; ha sido confirmado por los documentos desclasificados de las superpotencias). Todos fueron derrotados y reemplazados por crueles dictaduras militares que protegieron los recursos que las grandes compañías internacionales explotaban en esos países. ¿Quiere más detalles? Todas esas y otras decenas de brutales “dictaduras amigas” que secuestraron, violaron y asesinaron a cientos de miles de personas recibieron como premio multimillonarias ayudas del gobierno estadounidense. Así cualquiera demuestra que “el socialismo no funciona”. Pero a pesar de las ayudas financieras, narrativas y geopolíticas, la mayoría de esos “modelos” de países capitalistas fracasaron estrepitosamente. Recientemente Argentina volvió a implementar un modelo de capitalismo salvaje y volvió a fracasar como en la gran crisis del 2001. Pero el FMI ha salido al rescate del gobierno de Macri con 30 mil millones de dólares y el exitoso modelo sigue fracasando. ¿Por qué tantos países centroamericanos, más capitalistas que Estados Unidos, también son modelos de fracaso económico y social? ¿Qué hay del racismo y la violencia brutal en Brasil? ¿Qué hay de los cientos de líderes sociales ejecutados en Colombia en los últimos años? ¿Qué hay de las grandes empresas, entre ellas estadounidenses, que financiaron grupos terroristas en ese país y como castigo le pagaron una compensación económica al gobierno de Estados Unidos, no a las víctimas? ¿Por qué Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, es el país con más bases militares del mayor consumidor de droga del mundo, pero se acusa a los vecinos de “narcoestados”? ¿Por qué no hay tantos artículos y entrevistas sobre la calamidad en Haití…? Pues, sí, claro que Estados Unidos tiene una cuota gigantesca en la destrucción de la economía venezolana como de la cubana. Es parte de una vieja estrategia que los pueblos olvidan fácilmente o simplemente ignoran. Es necesario tomar en serio e investigar más las denuncias de tortura y ejecuciones por parte de la policía venezolana, las que pueden ser más graves de lo que se sabe hoy. En lo personal, quisiera ver a Maduro irse del poder. Ahora ¿harían lo mismo los dueños del mundo? Una pregunta retórica que no necesita respuesta, lamentablemente.

 

JM, febrero 2019

 

(*) Una reciente investigación del New York Times probó que la quema de camiones con ayuda humanitaria se debió a una bomba molotov de los manifestantes del lado colombiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo de nuestros padres

Siempre me ha llamado la atención la delgadez de los actores en las películas estadounidenses hasta los 70s. En este video de Mocedades compitiendo en Eurovision 1973, no es diferente. La cantante principal debía considerarse pasada de peso al lado de sus compañeros que parecen más cabeza que cuerpo –quisiera pensar que eran tan felices como parecen, pero eso ya es otra historia.

(A pesar de haber salido segunda en el certamen Euroisión de 1973, en 2004 fue elegida por votación popular en Holanda como el mejor tema de la historia de Eurovisión. El tiempo es el mejor juez, y es implacable.)

 

 

 

¿Son comunistas los militares del ejército estadounidense?

En la barra, una joven con acento mexicano se quejó de un nuevo recorte a la educación pública, propuesta por el presidente Donald Trump. Seguir sacándole dinero a los servicios sociales para dárselos al ejército, dijo, se parecía mucho a los recortes de impuestos que beneficiaban a los super ricos y dejaban limosnas a los trabajadores, aparte de una deuda impagable.

A su lado, con gorra de beisbol, un joven delgado con acento caribeño le preguntó, como si viese al mismo diablo: “¿Eres comunista?” Esa debió ser la única palabra que entendió un señor, tipo Homero Simpson pero con pelos y bigotes, que reflexionaba sobre un enorme vaso de cerveza, porque se giró para mirar a los jóvenes que, a partir de ahí, comenzaron una acalorada discusión.

“Te están lavando la cabeza”, confirmó el muchacho, “es por eso que nuestro presidente les va a recortar fondos”.

Cuando pasaron al tema Venezuela, como si se tratase de un algoritmo inevitable, me di cuenta de que aquella incipiente amistad no iba a cicatrizar fácilmente. Las sofisticaciones argumentales de la Guerra fría dejaron una marca indeleble en muchos patriotas, sobre todo en América Latina.

La mañana siguiente, mientras esperaba que se disipara un atasco en la autopista debido a un conductor apurado que le arrancó el farol trasero a otro, escuché en la radio pública una entrevista al almirante retirado James Stavridis sobre el mismo presupuesto que la joven mexicana había comentado la noche anterior.

El presupuesto que el presidente Donald Trump envió al Congreso para el 2019/2020 incluyó recortes multi millonarios para todo tipo de servicios sociales, desde la salud hasta el cuidado de preescolares (diversos estudios cuantitativos ya han probado que los millonarios no sienten lo mismo que el resto cuando ven a un ser humano caminando por la calle).

Los recortes han sido masivos, con una sola excepción: el nuevo presupuesto incluye un notable aumento en el gasto militar de treinta mil millones de dólares, el cual irá a aumentar un déficit récord alimentado por los recortes de impuestos del año pasado, como forma tradicional de burlarse de las promesas electorales que llevaron al presidente de turno al poder. Who cares, right?

 Según el almirante retirado James Stavridis y otros catorce comandantes de operaciones alrededor del mundo, el nuevo presupuesto de Trump no tiene sentido, y lo han puesto claro en una reciente carta abierta y en entrevistas: no necesitamos todo ese dinero. “Sabemos que nadie puede mantener la seguridad de un país sólo con la fuerza militar”. Pero el presidente Trump ha recortado fondos para el desarrollo y los ha transferido al ejército.

En la entrevista a la radio pública, NPR, Stavridis insistió que en lugar de seguir inyectando millones de dólares en las fuerzas armadas se debería invertir más en el cuerpo diplomático. Invertir en fuerza militar, dijo, es como realizar una cirugía: es doloroso y altamente riesgoso. Siempre es mejor llevar las cosas por el camino diplomático y, mejor aún, invertir en cooperación y desarrollo como forma de prevenir problemas mayores. Como ejemplo concreto, mencionó el hecho que todos saben: Estados Unidos tiene más gente en uno solo de los 12 portaviones que navegan por el mundo que en todo su cuerpo diplomático. Hasta el ministro de defensa, Robert Gates, lo ha reconocido. Incluso el anterior ministro, Jim Mattis, reconoció lo obvio: “Podemos gastar fortunas en operaciones militares, pero si no invertimos en desarrollo y diplomacia vamos a tener que comprar cada vez más municiones”. Hasta los halcones tienen un momento de racionalidad o de simples lapsus.

Más allá de las naturales suspicacias basadas en hechos históricos sobre la labor de los diplomáticos de las grandes potencias, no deja de ser un progreso que los mismos altos militares de la superpotencia se atrevan a reconocer los trágicos errores de las decisiones políticas en el abuso de la fuerza bruta.

 Stavridis concluyó: “Sin duda alguna, los navíos más importantes que dirigí fueron aquellos que llevaron ayuda hospitalaria al Caribe y a otras partes de América Latina. Estos barcos participaron en miles de tratamientos y puedo decirle que el impacto sobre la seguridad de Estados Unidos, a largo plazo, ha sido muy superior al resto de operaciones militares. […] Apostando a la fuerza, lo único que logras es perjudicarte a ti mismo”, reconoció.

Desde hace décadas, diversos ex agentes de la CIA, como el marine y paramilitar John Stockwell, luego de una experiencia de treinta años en América Central, África y Asia, reconoció que la arrogancia de querer imponer “nuestros intereses” en otros pueblos no produjo ningún progreso sino que les llevó muerte y miseria y “no nos creó ningún amigo, se los puedo asegurar”. Más o menos el mismo caso de otros marines, ex agentes de la CIA que participaron en engañar al pueblo centroamericano con historia fabricadas sobre el comunismo para mantener la antigua presencia económica y militar estadounidense, como Philip Roettinger, quien terminó retirándose en México para dedicarse a su familia y a la pintura.

No por casualidad, diversos generales latinoamericanos planearon asesinatos al estilo Orlando Letelier en Estados Unidos cuando la administración Carter comenzó a recortar la tradicional “ayuda militar” a las dictaduras amigas del sur. No solo el gigantesco, peligroso y criminal lobby de la industria armamentística mundial (en el cual las empresas estadounidenses han sido accionistas mayores) tenía intereses en “la seguridad” de esos países sino también sus servidores, que nunca lo reconocieron y, de hecho, hasta hoy se golpean el pecho llenos de argullo por sus crímenes, sus excusas infantiles y un honor que no vale el cobre de las medallas que se cuelgan ellos mismos.

Después de diversos conflictos nacionales, Costa Rica abolió su ejército en 1948. Desde entonces nunca tuvo una dictadura militar como sus vecinos. Tal vez por eso las grandes potencias mundiales no aterrizaron en ese pequeño país como lo hicieron en casi todos los otros países de la región donde contaban con un aparato represivo local. Tal vez por eso hoy no existe una crisis de migrantes costarricenses a Estados Unidos, como es el caso de los demás países de la región que sufrieron continuas intervenciones militares y “dictaduras amigas”. 

Tal vez por eso ni los militares estadounidenses se creen el discurso que en el pasado exportaron sus políticos y estrategas. Tal vez por eso ni ellos mismos confían en la fuerza bruta de sus propios super ejércitos como forma de asegurar la paz en su propio país.

 

JM, marzo 2019.

Mártires de cartón

A lo largo de los últimos años, el Comandante del Ejército de Uruguay, Manini Ríos, ha insistido en acumular méritos para ser destituido por el presidente de la República. Hasta un ciegosordomudo podía ver y escuchar sus ruegos en tal sentido, lo que podía presentarlo como un mártir de cartón del “régimen uruguayo”. Una mezcla de militar de alto ranguito de las antiguas repúblicas bananeras y las nuevas arrogancias autoritarias al estilo Jair Bolsonaro que tanto seduce a los neonazis latinoamericanos. Las ambiciones políticas de este general eran por demás obvias y siempre estuvieron protegidas por esa conocida y popular sensación de impunidad que ha cubierto a nuestros países desde las dictaduras miliares hasta hoy.

Desde Francisco Franco, pasando por Augusto Pinochet y tantos otros, existe una larga, asquerosa, obscena y cobarde historia de generales nombrados por gobiernos democráticos que les pica la comezón golpista y se vuelven contra sus legítimos y democráticos presidentes bajo excusas que no difieren demasiado a pesar del gastado río de la historia. Algunos lo logran.

 

JM, marzo 2019.

Hipocresía internacional

Según Forbes, Argentina está a un paso del colapso. Para muchos, el colapso ya está instalado: la pobreza se disparó a niveles no vistos desde la gran crisis del 2001, lo mismo la inflación, el dólar, la desocupación, el déficit, la dependencia financiera y la verguenza (si es que esto último vale de algo en un mundo prostibulario).

Todo a pesar de que no es un país bloqueado, boicoteado y no hace un año recibió 50 billones de dólares de apoyo solidario del FMI.

Ese hermoso país es otro ejemplo de la flagrante, histórica, previsible, criminal hipocrecía internacional.

 

marzo 2019

An Open Letter to the Washington Office on Latin America About Its Stance on US Effort to Overthrow Venezuelan Government

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We believe that the Trump administration’s regime change effort in Venezuela is wrong in every way: morally, legally, and politically.

U.S. Vice President of United States Mike Pence and Venezuelan opposition leader and declared acting president by the National Assembly Juan Guaidó meet during the Lima Group Summit on February 25, 2019 in Bogota, Colombia. The meeting occurs after Nicolás Maduro blocked humanitarian aid in the border with Colombia in Cúcuta. (Photo: Luis Ramirez/Vizzor Image/Getty Images)

 

The following open letter, signed by 124 academics from around the globe, is addressed to the Washington Office on Latin America and voices serious concerns over WOLA’s support for various components of the Trump administration’s policy towards Venezuela.

We write out of concern for the direction that WOLA has taken with regard to a matter of life and death, and possibly war and peace, in Latin America. This letter is an attempt to engage with WOLA about your support for various components of the Trump administration’s efforts to topple the government of Venezuela.

We believe that the Trump administration’s regime change effort in Venezuela is wrong in every way: morally, legally, and politically. Since war has been openly threatened repeatedly by Trump himself and his top officials, this effort also runs a high risk in terms of the loss of human life and limb, and other unforeseen consequences of war and political violence.

For these reasons and more, WOLA should oppose this regime change effort unequivocally, just as progressives throughout the world opposed the Iraq War of 2003. But it has not done so. Rather, it has endorsed much of it. People may have differing personal opinions regarding the internal politics of Venezuela or how Venezuelans might best resolve their differences. But there is no doubt that the Trump administration’s illegal regime change operation is greatly worsening the situation and should be opposed by all who care about human life and international law.

“WOLA should oppose this regime change effort unequivocally, just as progressives throughout the world opposed the Iraq War of 2003.”

Most dangerous is WOLA’s opposition to the offers of mediation by Pope Francis as well as the neutral governments of Mexico and Uruguay. WOLA has referred to these offers ― which have been called the Montevideo mechanism ― as a “non-starter.” Instead, WOLA has chosen the European Contact Group, which is dominated by Washington and governments allied with its illegal sanctions and regime change effort, as the only legitimate place for negotiations to take place.

Since the Trump administration clearly has no desire to negotiate, and has openly stated this, WOLA’s choice implies that there will be no real negotiations until the other (European and Latin American) governments in the group are willing to make a clean break with Washington. This is not impossible, but it is unlikely in the foreseeable future. WOLA’s choice of a Trump-dominated negotiating group therefore aids Trump and his team of extremists (John Bolton, Marco Rubio, and Elliott Abrams), in their rejection of dialogue or negotiation.

WOLA even rejects the involvement of the UN in negotiations, which the UN Secretary-General Antonio Guterres has proposed, claiming that their role should be limited to overseeing a transition. The UN is the international body that has accumulated the most experience and knowledge in mediating inter- and intra-national crises. This includes successfully mediating the end to even seemingly intractable civil wars, such as in El Salvador in the 1990s. This expertise, alongside the moral authority the UN has as the most representative international body, means that a mediation process overseen by them would carry much more legitimacy than one led by the Trump administration and its political allies.

WOLA has been ambiguous about whether it supports the recognition of Juan Guaidó as “interim president,” a move that automatically creates a trade embargo on top of the current financial embargo. This is because the source of almost all of the country’s foreign exchange is from oil exports, about three-quarters of which goes to countries that have joined the Trump recognition of a parallel government, and therefore will not be expected to pay the current government of Venezuela for its oil.[1] 

This will deprive the economy of billions of dollars of foreign exchange, thus accelerating the increase in mortality (including infant and child mortality) from lack of medicines and health care, as well as worsening shortages of food ― an impact that is widely acknowledged. This is profoundly immoral. It also breaches international law, including Article 19 of the OAS Charter, the UN charter, and many other international treaties that the US has signed.

WOLA has also taken an ambivalent position on the August 2017 Trump sanctions, offering some criticisms but also offering suggestions for improvement. These sanctions imposed an illegal (for the same reasons as above) financial embargo that has been devastating, crippling oil production and thereby depriving the economy of billions of dollars for foreign exchange needed for vital imports. It also prevented any debt restructuring, as well as most other measures that would be necessary to exit from the country’s depression and hyperinflation.

WOLA defended these sanctions by arguing that “they complicate the Maduro government’s finances in such a way that they will not have an immediate impact on the population (although in the longer term, they likely would).” This is false, as anyone familiar with the sanctions and the Venezuelan economy knows. The Venezuelan economy ― not just the government ― depends on oil exports for almost the entirety of its foreign exchange. That is what pays for imports of medicine, food, and other vital necessities ― whether from government or the private sector.

“It is good that WOLA has distinguished itself from these people by opposing US military intervention and the manipulation of humanitarian aid for political purposes. But that is not enough.”

These positions are not defensible from a human point of view, and neither is the Trump administration’s apparent goal of extra-legal regime change. Why does the Trump team reject negotiation? Because they do not want a compromise solution which is necessary for the opposing political forces in a polarized country to co-exist. They are not concerned with the human costs of a winner-take-all solution; indeed it is possible that for people like Elliott Abrams and John Bolton, violence may be seen as an integral part of their strategy for vanquishing Chavismo and its followers, or gaining the control that both Trump and Bolton have stated that they want to have over the world’s largest oil reserves.

It is good that WOLA has distinguished itself from these people by opposing US military intervention and the manipulation of humanitarian aid for political purposes. But that is not enough. It should unequivocally oppose the whole sordid regime change operation, the violations of international law, and the illegal sanctions that are causing so much suffering.

WOLA should not pretend that this external regime change operation led by violence-prone extremists is actually a legitimate effort by the “international community” to help resolve Venezuela’s political and economic crisis. And most importantly, WOLA should abandon the implausible assertion that the only viable negotiation process is one that is controlled by the Trump administration and its allies, i.e., the European Contact Group.

 [1] The Trump administration subsequently carved out some temporary exceptions for some oil companies.

Signed (affiliations used for identification purposes only):

  1. Greg Grandin, Professor of History, New York University
  2. Noam Chomsky, Emeritus Professor, MIT
  3. Sujatha Fernandes, Professor of Political Economy and Sociology, University of Sydney
  4. Daniel Hellinger, Professor Emeritus of International Relations, Webster University
  5. John Womack Jr., Robert Woods Bliss Professor of Latin American History and Economics, emeritus, Harvard University
  6. Steve Ellner, Associate Managing Editor of Latin American Perspectives
  7. Richard Falk, Professor of International Law Emeritus, Princeton University
  8. Marisol de la Cadena, Professor of Anthropology, University of California-Davis
  9. Julio Yao, Professor of Public International Law, Agent of Panama to the International Court of Justice and Foreign Policy Advisor of General Omar Torrijos during Canal Negotiations
  10. Emir Simão Sader, Professor of Sociology, University of the State of Rio de Janeiro
  11. Gerardo Renique, Associate Professor, Department of History, City College of the City University of New York
  12. Mark Weisbrot, Co-Director, Center for Economic and Policy Research
  13. Sinclair S. Thomson, Associate Professor of History, New York University
  14. Brad Simpson, Associate Professor of History, University of Connecticut
  15. Thomas C. Field Jr., Associate Professor, Embry-Riddle College of Security and Intelligence
  16. Marc Becker, Professor of History, Truman State University
  17. Fred Rosen, Retired editor and director, NACLA
  18. Forrest Hylton, Associate Professor of History, Universidad Nacional de Colombia-Medellín
  19. Rosaura Sanchez, Professor of Literature, UCSD
  20. Suyapa Portillo, Associate Professor, Pitzer College
  21. Jocelyn Olcott, Professor, History, International Comparative Studies, Gender, Sexuality & Feminist Studies, Duke University
  22. John Mill Ackerman, Law Professor, National Autonomous University of Mexico (UNAM)
  23. Paul Ortiz, Associate Professor of History, University of Florida
  24. Bret Gustafson, Associate Professor of Anthropology, Washington University in St Louis
  25. Alexander Aviña, PhD, Associate Professor of History, Arizona State University
  26. Julie A. Charlip, Professor of History, Whitman College
  27. Richard Stahler-Sholk, Professor of Political Science, Eastern Michigan University
  28. Alex Dupuy, John E. Andrus Professor of Sociology Emeritus, Wesleyan University
  29. José Antonio Lucero, Associate Professor of International Studies, University of Washington
  30. Francine Masiello, Ancker Professor Emerita, UC Berkeley
  31. Elizabeth Monasterios, Professor of Latin American Literatures and Andean Studies and Co-editor, Bolivian Studies Journal, Department of Hispanic Languages and Literatures, University of Pittsburgh
  32. Roxanne Dunbar-Ortiz, Professor Emerita, California State University
  33. Guadalupe Correa-Cabrera, Associate Professor, George Mason University
  34. Christian Parenti, Associate Professor, Economics, John Jay College CUNY
  35. James Krippner, Professor of Latin American History at Haverford College
  36. William I. Robinson, Professor of Sociology and Global and International Studies, University of California-Santa Barbara
  37. James Cohen, University of Paris 3 Sorbonne Nouvelle
  38. Naomi Schiller, Assistant Professor of Anthropology, Brooklyn College, CUNY
  39. Jeb Sprague, University of Virginia
  40. Victor Silverman, Professor, Department of History, Pomona College
  41. Aviva Chomsky, Professor of History and Coordinator of Latin American Studies, Salem State University
  42. Jorge Majfud, Associate Professor of Spanish, Latin American Literature & International Studies, Jacksonville University
  43. Maryclen Stelling, Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Latinoamericano, Celarg,  Analista político y de Medios de Comunicación
  44. Jeffrey L. Gould, Rudy Professor of History, Indiana University
  45. Jules Boykoff, Professor of Political Science, Pacific University
  46. Gavin Fridell, Canada Research Chair in International Development Studies, Saint Mary’s University
  47. Margaret Power, Professor of History, Illinois Institute of Technology
  48. Dr. Jerise Fogel, Classics & Humanities Dept, Montclair State University
  49. Clara Irazábal, Professor, University of Missouri— Kansas City
  50. Heather Williams, Associate Professor of Politics, Pomona College
  51. Kevin A. Young, Assistant Professor of History, University of Massachusetts Amherst
  52. Robert Austin, Honorary Associate, Department of History, School of Philosophical & Historical Inquiry , University of Sydney
  53. Bill Bollinger, Latin American Studies, California State University, Los Angeles
  54. Susan Spronk, Associate Professor, University of Ottawa
  55. Gregory S Kealey, CM, FRSC, Professor Emeritus of History, University of New Brunswick
  56. Rosalind Bresnahan, California State University San Bernardino (retired)
  57. Rich Potter, PhD, Assistant Professor, Chair, Department of Media Arts, The American Jewish University
  58. Silvia M. Arrom, Jane’s Professor of Latin American Studies, Emerita, History Dept, Brandeis University
  59. Christopher Helali, Graduate Student, Dartmouth College
  60. Van Gosse, Professor of History, Franklin and Marshall College
  61. Charles Bergquist, Professor Emeritus of History, University of Washington
  62. Bob Buchanan Ph.D., Faculty, Goddard College
  63. Francis Shor, Emeritus Professor, History, Wayne State University
  64. Barbara Weinstein, New York University
  65. Jessica K. Taft, Associate Professor, Latin American and Latino Studies, University of California at Santa Cruz
  66. Renate Bridenthal, emerita Professor of History, Brooklyn College, CUNY
  67. Hannah Gurman, Clinical Associate Professor, Gallatin School, New York University
  68. Pamela S. Murray, Professor, History Department, The University of Alabama at Birmingham
  69. Guillermo Calvo Mahe, Writer and political commentator; former Chair, Political Science, Government and International Relations at the Universidad Autónoma de Manizales
  70. Raymond Craib, Professor of History, Cornell University
  71. Shari Orisich, Ph.D., Assistant Professor, Department of History, Coastal Carolina University
  72. Fernando Leiva, Associate Professor, Department of Latin American and Latino Studies, University of California Santa Cruz
  73. William Smaldone, Professor of History, Willamette University
  74. Robert C. H. Sweeny, Honourary Research Professor, Department of History, Memorial University of Newfoundland
  75. Joan Paluzzi, Ph.D. Medical Anthropologist
  76. Robert Hannigan, Scholar in Residence, History, Suffolk University
  77. Elizabeth Dore, Professor of Latin American Studies, University of Southampton, UK
  78. Sanford Kelson, attorney-at-law and labor arbitrator, past president of Veterans For Peace
  79. Marian Mollin, Ph.D., Associate Professor of History, Virginia Tech
  80. Osamah Khalil, Assoc. Prof., History, Syracuse University, Maxwell School of Citizenship and Public Affairs
  81. Bruce Levine, J.G. Randall Distinguished Professor, Emeritus of History, University of Illinois at Urbana-Champaign
  82. Gabriela F. Arredondo, Associate Professor and Department Chair, Latin American & Latino Studies, University of California at Santa Cruz
  83. Patricia de Santana Pinho, Associate Professor, Department of Latin American & Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  84. Lewis Siegelbaum, Jack and Margaret Sweet Professor Emeritus, Department of History, Michigan State University
  85. Sylvanna Falcón, Associate Professor of Latin American & Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  86. John Marciano, Professor Emeritus, SUNY Cortland
  87. Shanti Marie Singham, Professor of History and Africana Studies, Williams College
  88. Ronald Grele, Columbia University
  89. Sandi E. Cooper, Professor Emerita, History, City University of New York
  90. Robert Samet, Assistant Professor, Department of Anthropology, Union College
  91. Keith Brooks, UFT, NWU
  92. Enrique Davalos, Chicana/o Studies Professor and Department Chair, San Diego City College
  93. Naoko Shibusawa, Associate Professor of History and American Studies, Brown University
  94. Celia E. Naylor, Associate Professor of Africana Studies and History, Barnard College, Columbia University
  95. Arnold J. Oliver, Ph.D., Emeritus Professor of Political Science, Heidelberg University
  96. Jeff Cooper, Professor of History, Santa Monica College (retired)
  97. John Munro, Associate Professor, St. Mary’s University
  98. Tanalis Padilla, Associate Professor of History, Massachusetts Institute of Technology
  99. Karen Breda, Professor, University of Hartford
  100. Pat Lauderdale, Professor and Honors Faculty, Faculty of Justice and Social Inquiry, SST, Arizona State University
  101. Pennee Bender, Acting Director, American Social History Project/Center for Media and Learning, City University of New York—The Graduate Center
  102. Dale L. Johnson, Professor Emeritus, Sociology, Rutgers University
  103. John Beverley, Emeritus Distinguished Professor of Hispanic Languages and Literatures at the University of Pittsburgh, and a founding member of Democratic Socialists of America
  104. Rachel Elfenbein, Ph.D., author, Engendering Revolution: Women, Unpaid Labor, and Maternalism in Bolivarian Venezuela
  105. Judy Ancel, President, The Cross Border Network
  106. Guy Aronoff, Lecturer at Humboldt State University
  107. Jeffrey Erbig, Assistant Professor of Latin American and Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  108. Paul Alexander, English Professor, San Diego City College
  109. Liisa L. North, Professor Emeritus, York University, Toronto
  110. Daniel Kovalik, Adjunct Professor of Law, University of Pittsburgh
  111. Frederick B. Mills, Professor of Philosophy, Bowie State University
  112. Brooke Larson, Professor, Department of History, Affiliated Faculty, Center for Latin American and Caribbean Studies and Associated Faculty, Department of Women, Gender, and Sexuality Studies, Stony Brook University
  113. Howard Brick, Louis Evans Professor of History, University of Michigan
  114. Viviana Ramírez, BA (Hons), Dip. Ed., Senior Teacher of Spanish (retired) Queensland Dept. of Education (1994-2016), Australia
  115. Amy Chazkel, Columbia University
  116. Teishan Latner, Assistant Professor Thomas Jefferson University
  117. Richard Grossman, Instructor, Department of History, Northeastern Illinois University
  118. Chris Carlsson, author, co-director, Shaping San Francisco
  119. Tina Braxton, PhD Candidate in History, Georgetown University
  120. Emilie Vardaman, ESL Instructor, Retired
  121. Rupa Shah MD, FACC
  122. Jodie Evans, CODEPINK
  123. Roger Leisner, Radio Free Maine
  124. Frank Brodhead, Peace activist
  125. Miguel Ramirez, Professor of Economics, Trinity College