Money, money, money

Algunos estudios recientes señalan que, en Estados Unidos, de 1980 a 2006, el aumento del narcisismo y la importancia de ser “rico y famoso” como valores centrales (que ya era altísimo en esta cultura), aumentó en un 30 por ciento. En este mismo período, la mayoría de los jóvenes mencionaron que su mayor motivación para hacer una carrera universitaria era el dinero y no el “enriquecimiento intelectual”.

Paradójicamente, esta obsesión, que ha sido muy buena para la economía del país (como el tabaco y las sodas), no lo ha sido para su gente. Por al menos dos razones.

Primero, porque, como lo muestra el estudio de Richard Wilkinson y Kate Pickett (The Inner Level), la mayor desigualdad creada en la sociedad estadounidense a partir de 1980 ha incrementado el estrés y la infelicidad de sus habitantes, lo que no se mide por sus altos ingresos sino por su posición relativa en la sociedad de consumo, que basa su percepción de éxito en los bienes y capitales poseídos en comparación a sus semejantes.

Segundo, porque este estrés social ha derivado en un incremento del abuso del alcohol y de las drogas, legales e ilegales, y del número de suicidios. Actualmente, cada año mueren más estadounidenses por estos factores que en cualquier guerra, que para este país es mucho decir.

Por no entrar a hablar de otros efectos laterales, como el incremento logarítmico del racismo, la xenofobia, el machismo y otras reacciones violentas, propias de la frustración individual y colectiva.

 

JM, julio 2018.

 

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Ética artificial

En 2017, el gigante de Internet Google firmó un contrato con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para proveer con inteligencia artificial a sus drones militares. Durante años, el uso de drones similares había sido criticado y denunciado por sus devastadores efectos colaterales, tanto por los muertos no previstos como por sus efectos psicológicos, culturales e ideológicos a largo plazo. En consecuencia, varios técnicos pioneros, como el ingeniero Jeff Dean, firmaron una protesta contra el uso de armas autónomas provistas con inteligencia artificial. Doce de ellos renunciaron a sus cargos.

El primero de junio de 2018, Diane Greene anunció que Google no renovaría el contrato con el gobierno de Estados Unidos. En cambio, se firmaron unos principios de trabajo, alguno de los cuales mencionaban el “beneficio social” o la “seguridad” como alguno de sus principios éticos. Según Jeremy Howard, fundador de fast.ai, y según otros analistas, esta crítica y posterior rectificación de Google se debe a que casi todos los técnicos y expertos en Inteligencia Artificial en la actualidad son formados en las universidades estadounidenses, las cuales son bastiones liberales y antibélicos. En estas universidades todavía sobrevive la tradición de las llamadas libeal arts, según la cual cualquier técnico debe educarse en humanidades tanto como los humanistas deben tomar cursos de ciencias y tecnología.

En los últimos años, entre otros factores por el ascenso de la ideología dominante de los negocios, las humanidades han estado bajo ataque, no sólo a través de una creciente mitología utilitarista sino por sucesivos recortes de presupuestos, tanto en las universidades como en los medios públicos que priorizan las artes y las ciencias sobre la popularidad de la vulgaridad y los talk shows.

Como esta estrategia no ha sido suficiente, las corporaciones están tomando cartas en el asunto de forma más directa. Para evitar inconvenientes como los producidos por los técnicos disidentes de Google, están produciendo programas que preparen sus propios técnicos sin los inconvenientes ni la pérdida de tiempo de las humanidades y otras distracciones. Expertos funcionales, funcionarios más eficaces y dóciles, individuos expertos en robótica e inteligencia artificial que cada vez se parezcan más a robots y menos a individuos.

Al fin y al cabo, los robots con inteligencia artificial también pueden tomar decisiones éticas, y mucho más rápido, Para Un Mundo Más Eficiente.

JM, julio 2018.

 

Etica artificiale

Translated by  Alba Canelli

Nel 2017, il gigante di Internet Google ha firmato un contratto con il Dipartimento della Difesa statunitense per fornire un’intelligenza artificiale ai suoi droni militari. Per anni, l’uso di tali droni è stato criticato e denunciato per i suoi devastanti effetti collaterali, sia in termini di morti non programmati che di effetti psicologici, culturali e ideologici a lungo termine. Di conseguenza, diversi tecnici all’avanguardia, come l’ingegnere Jeff Dean, avevano firmato una protesta contro l’uso di armi autonome con intelligenza artificiale. Dodici di loro si sono dimessi dalle loro posizioni.

Il 1° giugno 2018, Diane Greene ha annunciato che Google non rinnoverà il contratto con il governo degli Stati Uniti. D’altra parte, sono stati firmati i principi di lavoro, alcuni dei quali menzionano “benefici sociali” o “sicurezza” come una delle loro basi etiche. Secondo Jeremy Howard, fondatore di fast.ai, ed altri analisti, questa critica e la successiva rettifica di Google sono dovute al fatto che quasi tutti i tecnici e gli esperti di intelligenza artificiale sono ora formati nelle università statunitensi, che sono Bastioni liberali e contro la guerra. In queste università sopravvive la tradizione delle cosiddette arti liberali, secondo cui ogni tecnico deve essere formato nelle scienze umane proprio come gli umanisti devono seguire corsi di scienza e tecnologia.

Negli ultimi anni, tra gli altri fattori dovuti all’aumento dell’ideologia dominante del business, le scienze umane sono state attaccate non solo dall’aumento della mitologia utilitaristica, ma anche da successivi tagli di bilancio, sia nelle università che nei media pubblici che favoriscono le arti e le scienze rispetto alla popolarità della volgarità e dei talk show.

Poiché questa strategia non è stata sufficiente, le aziende stanno adottando azioni più dirette. Per evitare gli inconvenienti, come quelli prodotti dai tecnici dissidenti di Google, producono programmi che preparano i propri tecnici senza l’inconveniente o il tempo sprecato nelle scienze umane e in altre distrazioni. Esperti funzionali, funzionari più efficienti e docili, individui esperti in robotica e intelligenza artificiale e che assomigliano sempre più ai robot e sempre meno a individui.

Dopotutto, i robot con intelligenza artificiale possono anche prendere decisioni etiche e molto più velocemente. Per un mondo più efficiente.

 

 

Artificial ethics

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

In 2017, Internet giant Google signed a contract with the U.S. Department of Defence to provide artificial intelligence to its military drones. For years, the use of similar drones had been criticized and denounced for their devastating collateral effects, both in terms of unexpected deaths and long-term psychological, cultural and ideological effects. Consequently, several pioneering technicians, such as engineer Jeff Dean, signed a protest against the use of autonomous weapons equipped with artificial intelligence. Twelve of them resigned their positions.

On June 1, 2018, Diane Greene announced that Google would not renew the contract with the U.S. government. On the other hand, working principles were signed, some of which mentioned “social benefit” or “security” as one of their ethical principles. According to Jeremy Howard, founder of fast.ai, and other analysts, this criticism and subsequent rectification of Google is due to the fact that almost all technicians and experts in Artificial Intelligence today are trained in US universities, which are liberal and anti-war bastions. In these universities, the tradition of the so-called liberal arts still survives, according to which any technician must be educated in the humanities as much as humanists must take courses in science and technology.

In recent years, among other factors due to the rise of the dominant business ideology, the humanities have been under attack, not only through a growing utilitarian mythology but also through successive budget cuts, both in universities and in public media that prioritize the arts and sciences over the popularity of vulgarity and talk shows.

As this strategy has not been enough, corporations are taking more direct action. To avoid inconveniences such as those produced by dissident Google technicians, they are producing programs that prepare their own technicians without the inconvenience or loss of time of humanities and other distractions. Functional experts, more efficient and docile officials, individuals who are experts in robotics and artificial intelligence and who increasingly look like robots and less like individuals.

After all, robots with artificial intelligence can also make ethical decisions, and much faster. For A More Efficient World.

 

 

Éthique artificielle

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

En 2017, le géant de l’Internet Google a signé un contrat avec le Département de la Défense des USA pour fournir une intelligence artificielle à ses drones militaires. Pendant des années, l’utilisation de tels drones avait été critiquée et dénoncée pour ses effets collatéraux dévastateurs, tant en termes de morts imprévues que d’effets psychologiques, culturels et idéologiques à long terme. En conséquence, plusieurs techniciens pionniers, comme l’ingénieur Jeff Dean, aviaent signé une protestation contre l’utilisation d’armes autonomes dotées d’intelligence artificielle. Douze d’entre eux ont démissionné de leurs postes.

Le 1er juin 2018, Diane Greene a annoncé que Google ne renouvellerait pas le contrat avec le gouvernement US. En revanche, des principes de travail ont été signés, dont certains mentionnent le “bénéfice social” ou la “sécurité” comme l’une de leurs bases éthiques. Selon Jeremy Howard, fondateur de fast.ai, et d’autres analystes, cette critique et la rectification ultérieure de Google est due au fait que presque tous les techniciens et experts en intelligence artificielle sont aujourd’hui formés dans des universités US, qui sont des bastions libéraux et anti-guerre. Dans ces universités, la tradition des arts dits libéraux survit encore, selon laquelle tout technicien doit être formé en sciences humaines tout comme les humanistes doivent suivre des cours de science et de technologie.

Ces dernières années, parmi d’autres facteurs dus à la montée de l’idéologie dominante du business, les sciences humaines ont été attaquées, non seulement par une mythologie utilitariste montante, mais aussi par des coupes budgétaires successives, tant dans les universités que dans les médias publics qui privilégient les arts et les sciences par rapport à la popularité de la vulgarité et des talk-shows.

Comme cette stratégie n’a pas été suffisante, les entreprises sont en train de prendre des mesures plus directes. Pour éviter les inconvénients tels que ceux produits par les techniciens dissidents de Google, elles produisent des programmes qui préparent leurs propres techniciens sans l’inconvénient ou la perte de temps des sciences humaines et autres distractions. Des experts fonctionnels, des fonctionnaires plus efficaces et dociles, des individus qui sont des experts en robotique et en intelligence artificielle et qui ressemblent de plus en plus à des robots et toujours moins à des individus.

Après tout, les robots dotés d’intelligence artificielle peuvent aussi prendre des décisions éthiques, et beaucoup plus rapidement. Pour Un Monde Plus Efficace.

 

 

Inteligencia artificial

Cuando aprendimos a cultivar la tierra, descubrimos que el arado lo hacía mejor que nuestras manos desnudas. Por entonces, nos pareció bueno, porque nos aliviaba el trabajo de agacharnos para abrir la tierra, aunque ya no pudimos dejar de caminar por muchas horas cada día, tambaleándonos, detrás de ese maravilloso instrumento de hierro y madera.

Cuando aprendimos a hilar para cubrir nuestra desnudez y abrigarnos del frío, descubrimos la rueca. Por entonces, nos pareció bueno, aunque nos sirvió para dejar a nuestras mujeres sentadas por interminables horas cada día.

Cuando descubrimos que el algodón era mejor y más económico que la lana, debimos esclavizar razas inferiores para que produjesen suficiente de esas flores fibrosas para alimentar las insaciables máquinas textiles.

Cuando aprendimos a calcular y descubrimos las maravillas de las matemáticas superiores, el cálculo diferencial y el cálculo infinitesimal, descubrimos las calculadoras. Por entonces nos pareció bueno, porque nuestra inteligencia se había liberado para realizar operaciones menos mecánicas, aunque ya no supimos cómo dividir un número de tres cifras sin echar mano a alguno de esos prodigios de la electrónica.

Cuando las máquinas fueron capaces de hacer cualquier trabajo monótono, ya sea físico o intelectual, y finalmente nos quedó tiempo para pensar de verdad, como lo habían hecho los antiguos filósofos griegos, descubrimos la inteligencia artificial. Por entonces nos pareció bueno, aunque ya no recuerdo qué pasó después.

 

JM

Guerra comercial: no es el comercio, es la guerra.

La lógica histórica indica que los países, sobre todo las grandes potencias económicas, no realizan cambios de políticas dramáticas al menos que exista una crisis en curso de la que se quiere salir desesperadamente o se haya realizado una previsión de un escenario indeseado a largo plazo.

Aunque en Estados Unidos deberíamos aprontarnos para una recesión en un par de años, no se puede decir que una recesión es una crisis. Por el contrario, tanto el presidente Trump como todos los economistas del gobierno y de los think tanks más reconocidos (expertos en equivocarse, pero esa es otra discusión), sólo insisten en augurar la continuidad del crecimiento económico, más o menos al ritmo que lo había hecho durante los años de Obama e, incluso, algo más. Es cierto que Estados Unidos tiene un notable déficit comercial con China, es cierto que podemos imaginar que Trump no es tan cínico y de verdad quiere beneficiar a esos granjeros, mineros y proletarios del Medio oeste, pero cualquiera puede entender que, en relaciones internacionales, no hay acción sin reacción, y que tanto la reacción arancelaria y comercial de Europa como la de China golpeará, precisamente, a ese grupo de votantes de Trump. Estados Unidos todavía es más fuerte que China, pero el presidente chino, Xi Jinping, por razones políticas y culturales, tiene mucho menos que temer de una crisis económica que cualquier presidente del mundo occidental.

No es la economía, al menos no a corto y mediano plazo, la razón que motiva estos cambios en política económica. Es algo que está más allá del horizonte. En geopolítica siempre (y, tal vez, únicamente) se debe leer entrelíneas cada declaración de intención.

En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.

Pero, en cualquier caso, los recursos, por astronómicos que sean, son siempre limitados. Es interesante que el presidente Trump haya propuesto la creación de una costosa División Espacial, para diferenciarla de la Fuerza Aérea, en el entendido de que las futuras guerras se liberarán en el espacio, y a los pocos días haya propuesto la fusión del Ministerio de Educación con el Ministerio de Trabajo. Más claro es imposible. Lo cual no quiere decir que estas sutiles revelaciones del proyecto principal sean las mejores respuestas a una evaluación de la realidad futura donde (probablemente estén pensando en el 2035) China se ha convertido en la primera potencia económica del mundo y, consecuentemente, caminará hacia convertirse en la primera potencia militar.

Sin embargo, la propuesta de una “guerra espacial” todavía es parte de la fantasía de la Guerra de las Galaxias. Por muchas décadas más, sino siglos, la clave del control mundial estará en los viejos mares, en esos territorios de nadie que conectan a la mayoría de los países del mundo. El Imperio japonés no fue derrotado en Hiroshima y Nagasaki (por entonces Japón ya estaba derrotado y negociando su rendición; las bombas atómicas sobre tantos inocentes fue un movimiento para evitar una invasión soviética a la isla). Japón fue derrotado en Pearl Harbor, cuatro años antes. Al menos allí comenzó su derrota como imperio.

En el océano Pacífico surgió la hegemonía militar estadounidense y en el mismo océano, o en alguno de sus mares, comenzará otra, un siglo después.

En pocas palabras, la repetida “guerra comercial” entre China y Estados Unidos no es comercial sino militar. En un momento de supuesta fortaleza económica en Estados Unidos, es un recurso geopolítico, no una necesidad del mercado. El objetivo es distraer recursos económicos de la potencia en ascenso y su presencia marítima. Es decir, retrasar el mayor tiempo posible una realidad que un grupo de analistas militares, en algún lugar luminoso pero discreto del mundo, asume como inevitable.

Sólo queda por esperar nuevos capítulos de la misma telenovela. Todo, o casi todo, depende de sus creativos escritores.

 

JM

 

La guerre commerciale : ce n’est pas le commerce, c’est la guerre

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

La logique historique veut que les pays, en particulier les grandes puissances économiques, ne procèdent  pas à des  changements politiques spectaculaires à moins qu’il n’y ait une crise en cours dont ils veulent désespérément sortir ou qu’un scénario indésirable à long ne se soit réalisé.

Même si, aux USA, nous devrions nous devrions nous préparer à une récession dans quelques années, on ne peut pas dire qu’une récession est une crise. Au contraire, le président Trump, ainsi que tous les économistes  et  think tanks gouvernementaux les plus renommés (experts en erreurs, mais c’est un autre débat), n’insistent que pour prédire la continuité de la croissance économique, plus ou moins au rythme qu’elle avait connu pendant les années Obama et même plus. Il est vrai que les USA ont un déficit commercial notable avec la Chine, il est vrai que nous pouvons imaginer que Trump n’est pas si cynique et veut vraiment favoriser  ces agriculteurs, mineurs et prolétaires du Midwest, mais n’importe qui peut comprendre que, dans les relations internationales, il n’y a pas d’action sans réaction, et que la réaction tarifaire et commerciale en Europe et en Chine frappera précisément ce groupe d’électeurs de Trump. Les USA  sont toujours plus forts que la Chine, mais le président chinois Xi Jinping, pour des raisons politiques et culturelles, a beaucoup moins à craindre d’une crise économique que n’importe quel président du monde occidental.

Ce n’est pas l’économie, du moins pas à court et moyen terme, qui motive ces changements de politique économique. C’est quelque chose qui se situe au-delà de l’horizon. En géopolitique, chaque déclaration d’intention devrait toujours (et peut-être seulement) être lue entre les lignes.

Dans la logique des superpuissances, le pouvoir économique et le pouvoir militaire sont étroitement liés. Il n’y a pas de superpuissance militaire sans dépenses économiques astronomiques, pas plus qu’il n’y a de puissance économique sans hégémonie militaire.

Mais, de toute façon, les ressources, aussi astronomiques soient-elles, sont toujours limitées. Il est intéressant de noter que le président Trump a proposé la création d’une division spatiale coûteuse pour la différencier de l’armée de l’air, étant sous- entendu que les guerres futures se dérouleront dans l’espace, et quelques jours plus tard, il a proposé la fusion du ministère de l’Éducation avec le ministère du Travail. On ne peut pas être plus clair. Cela ne veut pas dire que ces subtiles révélations du grand projet sont les meilleures réponses à une évaluation de la réalité future où (probablement en 2035) la Chine sera devenue la première puissance économique mondiale et, par conséquent, la première puissance militaire mondiale.

Cependant, la proposition d’une “guerre de l’espace” fait toujours partie de la fantaisie de la Guerre des Étoiles.  Pendant encore de nombreuses décennies, voire des siècles, la clé du contrôle mondial se situera dans vieux océans, dans ces  territoires de personne qui relient la plupart des pays du monde. L’Empire japonais n’a pas été vaincu à Hiroshima et Nagasaki (à ce moment-là, le Japon était déjà vaincu et négociait sa reddition ; les bombes atomiques sur tant d’innocents étaient un moyen d’empêcher une invasion soviétique de l’île). Le Japon a été vaincu à Pearl Harbor quatre ans plus tôt. Du  moins, c’est là que sa déroute en tant qu’empire a commencé.

Dans l’océan Pacifique, l’hégémonie militaire US est apparue et dans le même océan, ou dans l’une de ses mers, une autre commencera un siècle plus tard.

Bref, la “guerre commerciale” répétée entre la Chine et les USA n’est pas une guerre commerciale mais une guerre militaire. À une époque de force économique supposée des USA, il s’agit d’une ressource géopolitique et non d’une nécessité du marché. L’objectif est de détourner les ressources économiques de la puissance montante et de sa présence maritime. C’est-à-dire, retarder le plus longtemps possible une réalité qu’un groupe d’analystes militaires, dans quelque lieu lumineux mais discret du monde, suppose inévitable.

Tout ce que nous avons à faire est d’attendre de nouveaux chapitres du même feuilleton. Tout, ou presque, dépend de la créativité de ses auteurs.

 

JM