Divide et impera

Un desamparado se salvó

Por causa de una buena acción

Y hoy nadie lo repudia, aleluya

Y un hambriento hoy tiene de comer 

Y hoy donaron a una iglesia una fortuna

Aleluya…

(Versión castellana de “Hallelujah”)

 

La globalización explotó. Como en un Big Bang, su realidad todavía existe, pero ha generado una estela de micro fragmentos que se van alejando unos de otros, creando mundos, sistemas solares que se ven, pero se desconocen entre sí. Como el Big Bang, esta hiper fragmentación es reversible, sólo que el mundo humano suele desafiar las leyes de la física y esperamos que la reversión no sea un Big Crunch, una gran implosión.

Para aquellos que estamos a favor de la revolución humanista iniciada en el siglo XV (no confundir humanismo con ateísmo), con sus ideas herejes de libertad individual, de progreso de la historia a través de la educación (proceso que se aceleró con la revolución científica del siglo XVII y el Iluminismo en el silo XVIII) lo que estamos presenciando hoy es un regreso a la Edad Media, a un Neomedievalismo superpuesto a un progreso tecnológico que no se detiene y que pareciera seguir sus propias leyes, independiente de las leyes sociales.

Como en la Edad Media, la verdad y la justicia ya no depende de la razón y la investigación de los hechos (quizás el único aporte positivo de la inquisición), sino de la fuerza del brazo del vencedor, como en el torneo medieval. Como en la justa medieval, quien tiene los medios, la lanza y el caballo, son los caballeros, no los plebeyos de a pie, razón por la cual el ganador, es decir el dueño de la razón y la verdad, es siempre el noble, el aristócrata. El vasallo, el buen vasallo, se doblega ante la verdad dominante—cuando no la defiende a muerte.

El espíritu de partido no es diferente al espíritu del fútbol moderno y de cualquier otro torneo antiguo. Como en la guerra, el soldado no se detiene, ni puede detenerse a pensar si está del lado de los justos o del otro lado. Su objetivo es vencer y sobrevivir. Lo mismo con la política tradicional, con las luchas de fanáticos deportivos o religiosos. Los hechos no importan en ningún caso. ¿Cuándo alguien cambió de religión o de equipo de fútbol en base a un hecho, por dramático que fuese? En política partidaria suele ocurrir lo mismo. Los únicos hechos que pueden conmover a un votante del partido X, del candidato Y, son los económicos. Especialmente cuando la economía golpea de forma dramática su propio bolsillo, que es el órgano más sensible de un votante. Pero esto ocurre cuando los golpes son violentos, como en una recesión. Si su bolsillo está herido y desangra lentamente, año tras año, las narrativas de consuelo suelen anestesiar el dolor y el fiel votante se aferra a la bandera como un hincha de fútbol, como un creyente fanático. Esa es la función de la gran narrativa del poder: encubrir, consolar: ir a la guerra con fervor; atacar al peligroso pobre, a la temida chusma, mientras se defiende la estabilidad de la sociedad a través de la seguridad y protección del uno por ciento que posee la mayor parte de los beneficios de un país, de una sociedad, del progreso de la historia, como si ellos fuesen los responsables del bienestar del resto de la población.

Por la dinámica de esta fidelidad del consumidor, es que se explica cómo, por ejemplo, en Estados Unidos aquellos que defienden la vida oponiéndose al aborto sin restricciones son amantes de las armas. Aquellos que se dicen “cristianos compasivos” son los primeros en apoyar las guerras económicas y militares contra otros países, con ese espíritu de cruzada, propio de muchas otras sectas. Son enemigos de los impuestos, partidarios acérrimos del beneficio de una elite privada sobre una minúscula redistribución de la riqueza de una sociedad entre sus miembros menos favorecidos. Son religiosos defensores de las leyes de Darwin al tiempo que demonizan a Darwin. Y así un largo etcétera.

La razón radica en que un partido (una “fracción”), en el fondo es una trampa para las causas. Los partidos crean divisiones dualísticas, paquetes ideológicos, como en los torneos medievales, y todo lo que caiga de este lado debe ser definido, y atacado todo lo que caiga del otro. Así, si estoy contra el aborto y a favor de la redistribución de la riqueza, tarde o temprano voy a terminar, dependiendo del partido, estando a favor o en contra del aborto, cuando el mismo concepto es una trampa: nadie, con excepciones, está a favor del aborto per se; nadie es “anti vida”. Todos somos “pro vida”. El problema es que concebimos diferentes soluciones. Lo que para unos es el mal menor, para los otros (los “pro vida”) es el mal, a secas.

Y así seguimos atrapados. Porque no sólo los partidos políticos son trampas. Las mismas palabras (como ideoléxicos) lo son. Todos somos liberales y conservadores al mismo tiempo, en diversos grados y en diversos temas, pero las definiciones nos meten en uno de los dos paquetes y nosotros mismos terminamos, por ese espíritu de partido, defendiendo el paquete completo sin cuestionamientos, temiendo “traicionar la causa”.

La fragmentación y la compartimentación del pueblo siempre fue una técnica del poder. No voy a volver sobre Trump, pero consideremos la promoción por escrito, menos hipócrita, del racismo del gobernador de Carolina del Sur, James Glen, en el siglo XVIII, para mantener a diferentes grupos raciales odiándose unos a otros con el solo objetivo de asegurar la paz y la estabilidad—de aquellos en el poder de turno. O las prácticas administrativas de los sistemas fascistas y del sistema soviético. O la retórica del presidente venezolano Nicolás Maduro. O las viejas prácticas de las más importantes multinacionales de los países “democráticos”, gobernadas por un CEO (un “gerente ejecutivo”) quien es, por definición, un dictador—puede ser una persona buena o mala, pero es siempre un dictador que, cuando se convierte en presidente de un país no deja de serlo, aunque limitado por algunas instituciones.

Actualmente, la hiper fragmentación, apoyada por las tecnologías, se está dando en las sociedades y en el individuo mismo. Es más: el individuo ya no posee una identidad sino muchas y contradictorias. Ante la percepción de la hiper fragmentación, el individuo se impone una unión a la fuerza, a través de la eliminación de la diversidad, del odio al otro. Es un síntoma esquizofrénico, tal vez neurótico, de nuestra realidad intercultural. De esto ya nos ocupamos hace más de diez años.

Paradójicamente, la aceptación de la diversidad implica una unión mayor, mientras las uniones corporativas, nacionalistas, implican una división. Por lo pronto, y aunque pueda parecer una idea algo utópica, una de las soluciones es la eliminación gradual de los partidos políticos (o de su predominancia), la sustitución de esas instituciones rígidas y maniqueístas por “Las causas”, lo cual no implica la eliminación de los conflictos, pero sí de la aniquilación.

Más o menos, estas eran nuestras ideas en los años 90. El presente se ha movido en dirección contraria. No obstante, podemos creer que tanto el bien como la posibilidad están del otro lado: en democracias más directas, liberadas de patriotismos anacrónicos y criminales, en beneficio de una conciencia y un interés más global y no sólo para los ricos.

 

JM, mayo 2018

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Uribe y los “Negocios legítimos con narcotraficantes”

​Nuevos documentos ​desclasificados relacionan al expresidente Álvaro Uribe con el narcotráfico colombiano.

Uribe

National Security Archive de la Universidad George Washington, 26 de mayo de 2018.

Electronic Briefing Book No. 631

 

En el año 1993, un senador colombiano informó a la Embajada de Estados Unidos que los fundadores del cartel de Medellín habían financiado la campaña electoral del entonces senador Álvaro Uribe Vélez, según revelan los documentos desclasificados y publicados hoy por el National Security Archive de la Universidad George Washington.

Los cables publicados describen casi una década de interacciones de la Embajada de Estados Unidos con Álvaro Uribe y muestran que los diplomáticos estadounidenses tenían preocupaciones persistentes sobre los vínculos de Uribe con el narcotráfico, incluso cuando los funcionarios de la embajada desarrollaron una relación de trabajo con este mismo político, por entonces en ascenso.

En una reunión con un funcionario de la Embajada de los EE. UU., en febrero de 1993, el senador Luis Guillermo Vélez Trujillo, aliado político de Uribe, dijo que la familia Ochoa Vásquez había financiado la campaña política de Uribe y agregó que éste era primo de los Ochoa Vásquez, fundadores del conocido grupo de narcotraficantes.

Vélez Trujillo dijo a la Embajada que los lazos familiares y financieros de Uribe con los Ochoas explicaban por qué Uribe y otros dos se habían reunido en secreto con la esposa del fugitivo líder del Cartel de Medellín Pablo Escobar en diciembre de 1992 en un esfuerzo infructuoso por negociar su rendición a las autoridades colombianas. Agregó que Escobar, a través de Ochoas, le exigió luego a Uribe que devolviese los favores recibidos abriendo un canal de comunicación con el presidente colombiano César Gaviria, según un cable de la Embajada de Estados Unidos que describe el encuentro con Vélez Trujillo.

En ese momento, tanto Vélez Trujillo como Uribe eran senadores del Partido Liberal del departamento de Antioquia. Vélez fue, más tarde, miembro fundador del partido político pro Uribe, el Partido de la U.

Otro contacto de la Embajada citado en el cable, el ex senador del Partido Liberal Alejandro González, “reiteró las acusaciones de [Luis Guillermo] Vélez de que Uribe teme por su vida porque no pudo cumplir con sus mentores del cartel de Medellín”, según el cable.

Como presidente, Uribe forjó fuertes lazos con los Estados Unidos, se aseguró miles de millones en asistencia en seguridad, extraditó un número récord de sospechosos de tráfico de drogas y, a través de una campaña militar agresiva, redujo en más de la mitad el número de insurgentes guerrilleros armados en el país. En 2014, Uribe fue nuevamente electo al Senado de Colombia, esta vez representando al Partido del Centro Democrático.

Durante la presidencia de Uribe, hubo un aumento masivo en las ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejército colombiano (como en el escándalo de los “falsos positivos”). Los miembros de su gobierno, a través de la agencia de inteligencia del DAS, vigilaron e intimidaron ilegalmente a una larga lista de opositores políticos, incluidos periodistas, jueces y activistas de derechos humanos. Actualmente, e primo de Uribe, Mario Uribe Escobar, está cumpliendo una condena por su participación en grupos paramilitares, mientras que su hermano, Santiago Uribe Vélez, está siendo juzgado por liderar un escuadrón de la muerte conocido como Los 12 Apóstoles.

Recientemente se reveló que la Suprema Corte colombiana está investigando al propio Álvaro Uribe por asesinato e intimidación de testigos relacionados con una investigación de crímenes cometidos por miembros del Bloque Metro, un grupo ilegal de milicias paramilitares supuestamente formado por Uribe y miembros de su familia.

En 2004, el National Security Archive de la Universidad George Washington reveló un informe de inteligencia militar de Estados Unidos de 1991 que incluye a Uribe entre las principales figuras del narcotráfico en Colombia, junto con Pablo Escobar, el jefe narcoparamilitar Fidel Castaño y más de 100 figuras del crimen organizado. Uribe era un “amigo personal cercano de Pablo Escobar”, según el informe de la Oficina del Agregado de Defensa de Estados Unidos (DAO) en Colombia, y estaba “dedicado a la colaboración con el Cartel de Medellín a altos niveles gubernamentales”.

El gobierno colombiano negó varias acusaciones específicas en el informe de inteligencia de 1991, pero no intentó refutar las aseveraciones más importantes que se revelaron en el documento: que Uribe tenía una relación personal cercana con Pablo Escobar y negocios con el Cartel de Medellín.

Hasta ahora, ha habido poca documentación adicional disponible sobre cómo se evaluó Estados Unidos las supuestas relaciones de Uribe con los narcotraficantes durante los años anteriores y desde ese informe. En una entrevista de 2009 con El Nuevo Herald, el ex embajador de los Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette (1994-1997), había dicho que le había preguntado a Uribe sobre algunos de estos rumores, pero que no había quedao satisfecho con su explicación.

En marzo de 1995, un cable de la Embajada de Estados Unidos firmado por Frechette, resumió la gama de denuncias que vinculan a Uribe, entonces el recién instalado gobernador de Antioquia, con el tráfico de drogas. La parte del cable que describe las acusaciones fue redactada de una versión publicada anteriormente del cable.

Frechette escribió que Uribe, “como muchos políticos prominentes colombianos”, era “sospechoso de haber tenido una participación periférica con la industria del narcotráfico en Colombia”. Según el informe de la embajada de Estados Unidos, en 1992, en una reunión de su partido, Uribe intentó nombrar candidato para alcalde de Medellín a un miembro de una conocida familia de narcotraficantes. Como no tuvo éxito, propuso al tío de Pablo Escobar Gaviria, también sin éxito. Según otro informe de la Embajada, en 1993 Uribe y otros dos se reunieron con la esposa del narcotraficante Pablo Escobar para tratar de negociar su rendición, una reunión facilitada por el supuesto contacto de Uribe con la familia.

Un cable de 1988 firmado por el subjefe de la misión estadounidense (DCM) J. Phillip McLean afirma que la “información incompleta disponible” sobre los rumores de que el entonces senador Uribe tenía vínculos con narcóticos fue “compensada” durante una larga entrevista en la que Uribe presentó documentación y explicaciones sobre sus presuntos contactos con los narcotraficantes “.

En enero de 1992, pocos meses después del informe DIA de septiembre de 1991, la Embajada de Estados Unidos cuestionó la inclusión de Uribe en una lista similar de “posibles narcopols” en Colombia, considerando que si la única transgresión de Uribe es pertenecer a una familia que ha hecho negocios legítimos con narcos, su inclusión en esta lista no debería darse por segura.

Otros registros citados en una “versión actualizada” del mismo informe dice que la familia de Uribe tenía “extensas posesiones de tierras y negocios en Antioquia” y que hicieron “negocios legítimos, como la ganadería, con conocidos traficantes de Antioquia”. En junio de 1992, David L. Hobbs, de la embajada de Estados Unidos, escribió que “con cada reunión nos inclinamos menos a creer en las narraciones de Uribe.

Aproximadamente seis meses después, luego que informes de que Uribe y otras dos personas se habían reunido secretamente con la esposa de Escobar, otro cable de la Embajada registra una conversación con Uribe, quien “llamó al [Oficial Político] en la Embajada el 26 de enero para explicar su versión de los hechos y aclarar su papel “en el episodio, que también se informó en el momento.

Uribe dijo a funcionarios de la embajada de Estados Unidos que él y otros dos se habían reunido con la esposa de Escobar, María Victoria Henao Vallejo, para transmitir el mensaje de que, en palabras de la Embajada, “estaría más que dispuesto a actuar como garante de la seguridad de Escobar” si ese fuese el único obstáculo para su rendición a las autoridades colombianas. Escobar escapó de su arresto domiciliario en julio de 1992 y pasó los siguientes 16 meses prófugo de las autoridades colombianas y estadounidenses antes de ser asesinado en una operación policial en diciembre de 1993.

Según Uribe, la reunión fue organizada por Iván Velásquez Gómez, quien era entonces el inspector general del departamento de Antioquia y actualmente es el jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Según Uribe, Velásquez había dicho que podía arreglar una reunión con la madre de Escobar, Hermilda de los Dolores Gaviria Berrío, pero en su lugar organizó una reunión con Henao.

“Uribe dijo que no se dio cuenta de que estaban tratando con la esposa de Escobar hasta después de varios minutos de conversación. Dijo que le había informado a la señora Escobar que no tenía autoridad para negociar. Expresó su profunda preocupación por la violencia y que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para garantizar que Escobar se rindiera pacíficamente.”

Uribe “estaba visiblemente agitado” durante su reunión con el funcionario de la embajada de Estados Unidos, y “constantemente paseaba por la pequeña oficina”, según el sumario. Uribe “dijo que quería que la Embajada tuviera conocimiento de su papel exacto en el asunto y entendiera que todo era transparente.” Uribe negó enfáticamente los rumores de que el propio Escobar estaba en la reunión y dijo que rechaza absolutamente cualquier pensamiento de diálogo o concesiones a Escobar”.

El delegado político de la Embajada dijo que el Senador Vélez Trujillo le había dicho que “él cree que fue Uribe quien inició el contacto con la madre de Escobar”, y le recordó “que Uribe es primo de la familia de narcotraficantes Vásquez de Ochoas [sic] …la que ha financiado su campaña política”. Vélez Trujillo dijo que “Escobar, a través de los Ochoas, está ahora exigiendo a Uribe que devuelva los favores tratando de abrir un canal de comunicación con [el presidente colombiano César] Gaviria”.

Alejandro González, el ex senador liberal de Antioquia, le dijo a la Embajada que Uribe temía “por su vida porque no pudo retribuir a sus mentores del cartel de Medellín”. González fue asesinado el año siguiente.

Los funcionarios de la Embajada de los EE. UU. Estaban “convencidos de que la reunión no fue ordenada por la administración Gaviria y que nada salió de ella”, según el cable de febrero de 1993. Uribe y los otros dos “actuaban de acuerdo con lo que consideraban su propio interés individual”, dice el informe, y “la participación de Uribe bien podría tener algo que ver con su relación con los Ochoas” mientras la Embajada negaba tener información reciente sobre el vínculo con los narcotraficantes.

Algunas de las acusaciones que vinculan a Uribe con el tráfico de drogas provienen de sus lazos políticos con Ernesto Samper Pizano, cuya administración presidencial (1994-1998) fue obstaculizada por la evidencia de que su campaña recibió contribuciones del Cártel de Cali, y de César Villegas Arciniegas, un amigo cercano y confidente de Samper que fue condenado en 1998 por su papel en el escándalo y asesinado más tarde en 2002.

En marzo de 1993, uno de los cables de Busby a Washington dijo que la Embajada creía que había “sustancia en los rumores” de que Samper, Villegas Arciniegas y Uribe, a quienes calificó como “un partidario clave de Samper”, tenían vínculos con el narcotráfico.

Los rumores se debieron en parte a la evidencia de que Villegas Arciniegas, como director de planificación de la Administración de Aviación Civil de Colombia a principios de la década de 1980, había otorgado licencias de operación a narcotraficantes conocidos. Uribe, que era entonces director de la organización, lo nombró para el puesto.

Frechette, quien reemplazó a Busby como embajador de Estados Unidos, le dijo a El Nuevo Herald en 2009 que nunca estuvo satisfecho con la explicación de Uribe sobre por qué nombró a Villegas Arciniegas para el cargo. “¿Cómo viniste a contratar a Villegas?”, le preguntó a Uribe. “¿Sabes que Villegas sin duda dio esas licencias a los narcos?”

Un cable de la Embajada de julio de 1993 decía que Uribe era “el único político de Medellín que se declaró incondicional de Samper” por lo que “será el hombre de Samper en Medellín, un distrito clave para cualquiera que quiera ser presidente de Colombia”. Pero Uribe había “demostrado” ser un enigma para la Embajada “, según el cable, y el alcance de sus conexiones reales con los narcotraficantes seguía sin estar claro.

Según la Embajada de Estados Unidos de la época, la donación de dinero por parte del narco a los políticos era “una práctica casi universal en la política colombiana”.

25 de mayo de 2008

Traducción y edición de Jorge Majfud

 

El deseo

Esta historia no la inventé yo. Es una historia que antiguamente se contaba de muchas formas, pero siempre contaba, más o menos, lo mismo. Luego, por la urgencia de los últimos siglos, cayó en el olvido. Como las historias que importan, tal vez no sea cierta, pero es verdadera.

Cuentan que hace dos mil quinientos años había un hombre muy bueno que una noche oscura recibió la visita de Dios. No pudo verlo, pero pudo escucharlo.

El hombre se asustó porque la voz no era de este mundo. Enseguida supo que era Dios que había escuchado sus plegarias y había, por fin, decidido hablarle.

El buen hombre había enfermado y se encontraba solo, abandonado, por lo que Dios le ofreció cumplirle un deseo.

Su corazón se agitó, pero antes de que dijese nada, Dios continuó: “Siempre has sido un hombre compasivo. En tus oraciones nunca han faltado los hombres y las mujeres de tu aldea. Así que, todo lo que pidas para ti, se lo daré dos veces a cada uno de ellos”.

El hombre enmudeció y, luego de pensarlo un instante dijo:

“Está bien. Quítame un ojo”.

 

 

JM, Mayo 2018

 

Caribeños inmigrantes en el Cono Sur

Cómo los pobres siempre sacan lo peor de nosotros mismos

 

Después de la ola neoliberal de los 90, que prometió modernizar y terminar con la corrupción (de los neoliberales anteriores) en los países del Sur, y después que terminase, como suelen terminar estas promesas, “realistas y responsables”, en una catástrofe financiera, económica, y, sobre todo, social, Argentina y Uruguay desangraron una gran parte de sus poblaciones.

En el 2002, casi no tenía compañeros de la universidad que no estuviesen planeando buscar trabajo en Europa o en Estados Unidos. La mayoría emigraron antes que mi esposa y yo. Por entonces, éramos profesionales jóvenes y de un día para el otro habíamos perdido nuestros clientes y en los trabajos públicos, como en mi caso en la educación, no era raro trabajar cinco o seis meses sin recibir un sueldo completo. Nuestra heladera era blanca por fuera y por dentro. No pocas veces, y por no recurrir, por dignidad, al auxilio de algún familiar o de algún préstamo, nos íbamos a dormir con el estómago vacío.

Al igual que Argentina, Uruguay siempre fue un país de inmigrantes, con una fuerte conciencia personal y cultural de que nuestras raíces estaban en otros países lejanos. Pero por entonces, se había convertido, otra vez, en un país de emigrantes.

Por algún tiempo, esta emigración masiva, aunque nada en comparación con los países centroamericanos, aparte de aliviar la presión social y económica de la desocupación, aportó millones de dólares en remesas que palearon en algo de la Gran crisis, detalle que hoy se encuentra totalmente en el olvido gracias a una larga prosperidad de más de quince años y una aún más larga campaña de descrédito político y olvido histórico. Uno se acostumbra rápido a cualquier mejoría.

Desde hace por lo menos cuatro o cinco años, aunque en una escala menor, Uruguay ha vuelto a ser un país receptor de inmigrantes, sobre todo de algunos países andinos y de la región del Caribe. Aunque no masiva (como a principios del siglo pasado, cuando casi todos llegaban escapando de las tragedias y de la pobreza de Europa o de Medio Oriente) ahora muchos cubanos, venezolanos, dominicanos y de otros países tropicales han decidido emigrar a los inviernos fríos de Uruguay.

Ese es el caso de Elizabeth, una madre dominicana que desde hace cuatro años envía parte de su magro salario a sus hijos en República Dominicana. El 4 de mayo de 2018, sus hijos tomaron un avión con una de sus amigas y llegaron al aeropuerto de Carrasco a la medianoche. Allí un funcionario observó que sus visas de entrada habían sido emitidas 63 días antes, es decir, estaban tres días vencidas, ya que la entrada debió realizarse dentro de los 60 días establecidos por la ley del país. Este funcionario, al parecer, desconocía la ley internacional, la misma que suelen desconocer los funcionarios de aduana en Estados Unidos y en varios países de Europa: nadie puede detener a un menor de edad en una frontera procedente de un país no limítrofe. Este tema ya lo analizamos años atrás con respecto a la crisis de 2014 en la frontera de México y Estados Unidos.

El funcionario de inmigración de Uruguay devolvió a los dos menores, de 13 y 16 años, a la Republica Dominicana. Con un sentido humanitario básico, el gobierno uruguayo revertió esa decisión, invitando a los dos adolescentes a volver al país para reunirse con su madre, la que no ven desde hace cuatro años. Como el gobierno teme la crítica de la oposición (algo para nada negativo), no se hizo cargo de los pasajes, lo cual tampoco hubiese sido absurdo (considerando que el error fue realizado por un funcionario del gobierno) sino que solicitó a la aerolínea que se haga cargo del costo, seguramente irrelevante para cualquier compañía aérea que suele volar con asientos vacíos.

El hecho y la decisión del gobierno uruguayo desataron una ola de insultos racistas y xenófobos en la clásica sección al pie de página del principal diario conservador de ese país, es decir, en esas secciones frecuentemente cloacales que los diarios del mundo reservan como vomitaderas de las frustraciones personales de millones de individuos.

Aunque, como lector, evito rigurosamente pasar del final de cada artículo, ya sea informativo o de opinión, para no encontrarme con los comentarios anónimos, por alguna razón terminé en esas redes subterráneas. En pocas palabras: por lo menos el noventa por ciento de estos comentarios eran abiertamente racistas y xenófobos. Ninguna sorpresa, ¿verdad? Lo mismo está ocurriendo con los inmigrantes haitianos en Chile. Demasiado negros y demasiado pobres como para no perder la paciencia y no sacar a relucir alguna buena razón de indignado –por razones equivocadas, claro.

Me quedé reflexionando en este simple hecho. Normalmente le digo a mis estudiantes en Estados Unidos que, si bien en todos los países del mundo existe racismo y xenofobia, la diferencia significativa está en el grado de esas enfermedades humanas. Es muy difícil comparar el grado y la brutal historia racista de Estados Unidos con la de muchos otros países, como Uruguay y Argentina, por citar sólo dos ejemplos, donde el clasismo siempre fue más importante que el racismo. En esos países existe un racismo estructural, mientras que el racismo ideológico, más fácil de encontrarlo en Europa o en Estados Unidos, es mucho menor. En el Sur no tenemos fuertes grupos neonazis ni organizaciones como el Ku Klux Klan ni presidentes como Donald Trump, aunque tengamos otros líderes igualmente enfermos.

Sin embargo, leyendo los pies de página de los diarios conservadores de Uruguay o de Argentina, cualquiera diría que el 95 por ciento de la población de esos países es racista, no sólo de forma inadvertida sino de forma totalmente consciente, es decir, racistas ideológicos. ¿Podría ser esta una conclusión razonable?

Al menos que estudios serios en la materia me muestren lo contrario, yo diría que esta afirmación no tiene ningún sentido.

¿Entonces?

Bueno, entonces la explicación es la misma que hemos sugerido para explicar las olas fascistas, racistas, xenófobas y nacionalistas en el mundo rico (ya no me atrevo a decir “desarrollado”): las nuevas tecnologías de las redes sociales, de la interacción anónima y directa han amplificado por mil, por millones lo peor de la naturaleza humana. No lo mejor. Aquellos que están en paz consigo mismos no se toman tanto tiempo tratando de escupir, vomitar y defecar en el muro del vecino. En su abrumadora mayoría, los comentarios anónimos y algunos no tan anónimos a pie de página, la mayoría de las reacciones que se ven en las redes sociales como si fuesen sustitutos de la antigua ingesta de alcohol (cuyas consecuencias no pasaban del ámbito doméstico) son millones de horas de trabajo gratuito de gente que se siente frustrada, desesperada, desesperanzada, desestimulada. Cada adjetivo denigrante, como el clásico estadounidense “loser” (“perdedor”), debe ser entendido como una profunda confesión psicoanalítica ante el espejo de quien lo escribe.

¿Alguien puede siquiera imaginar que esta práctica, que esta nueva realidad reproducida de forma exponencial no iba a tener una traducción social y política en cada país? ¿alguien todavía se pregunta por qué este estado de fascismo e intolerancia que vive el mundo hoy?

Sí, las utopías han muerto. Al menos por ahora. Viva la cloaca.

JM

 

 

Por que simplesmente não copiamos os Estados Unidos?

Algumas semanas atrás, tive o gosto de visitar a Freie Universitat de Berlin para dar uma palestra e, de passagem, aceitar um velho convite da Deutsche Welle (a televisão pública alemã que costumava ver quando criança, não sem um certo sagrado pavor, com seus programas dedicados a pintores, escultores e todo tipo de gente rara mas fascinante).

O edifício em que atualmente funciona o Lateinamerika-Institut da Freie Universitat foi um projeto de Max Taut e Franz Hoffmann, duas celebridades da Bauhaus. O espírito da escola de Weimar, a única na história moderna, só se sente, e com intensidade comovedora, ao caminhar por seus corredores .

Os nazistas a fecharam nos anos 1930, por considerá-la um reduto de degenerados e mais ou menos isso também pensava Stálin da arte de um comunista chamado Pablo Picasso. Não obstante, enquanto a destrutiva história do Terceiro Reich já morreu, ou quase, a desaparecida Bauhaus ainda vive nas coisas que nos rodeiam. Embora não saibamos.

A viagem de egresso foi esgotadora, como sempre. No moderno aeroporto de Dublin, tive que esperar horas infinitas. Em uma mesa de um café que estava fechado, às 2:30 da madrugada, comecei a ler os jornais no meu velho tablet.

Até que um senhor grisalho que estava passando reconheceu a página de um jornal argentino.

— Argentino? — perguntou.

— Não. Uruguaio.

Mais pra baixo do Brasil e mais ou menos a mesma coisa. Sentou-se na cadeira vazia e se apresentou. Não me lembro de seu nome; naquele momento me debatia entre ir pedir outro capuchino ou dormir sentado.

— Gosto muito do Uruguai — disse, antes de esclarecer quem era e o que pensava da América Latina e do mundo. Embora os uruguaios tenham um governo socialista, ou algo assim, não lhe caia mal. Pelo menos não são corruptos.

Os uruguaios somos o garoto tranquilo da rua.

O homem grisalho era, ou tinha sido, um vereador na província de Buenos Aires. Em menos de uma hora me informou sobre toda a corrupção do governo anterior, da limpeza do atual, das decisões difíceis que tinham que tomar na província e no país para por ordem nas coisas.

— Ontem, o governo anunciou que vai liberar o preço da gasolina para que flutue de acordo com a hora e as localidades. Dessa forma, cada posto de serviço poderá fixar o preço de acordo com a demanda, como nos Estados Unidos. O que você acha?

— Não sei, mais isso de liberar me parece bom.

— O melhor, como sempre, é copiar os estadunidenses. O que você acha do sistema de preços dos combustíveis deles?

— Não sei, repeti, me parece divertido ter que ir de um lado para outro procurando economizar uns centavos. Dá essa sensação de liberdade que a gente tem quando atravessa o Vale da Morte. Lá, parece que funciona.

— Não duvide — disse o homem grisalho —. Nós deveríamos copiar os americanos.

— Algumas coisas. Como PBS, a televisão pública. Ou como os sanitários na Alemanha.

— Como?

Em Berlim os sanitários têm o tanque de água com dois botões. Um botão para cada necessidade. O um e o dois. Assim se economiza água. Vi também no Oriente Médio, faz já um quarto de século. Aprender algumas coisas concretas me parece razoável. Agora, copiar… Copiar literalmente… é um suicídio.

— Não, imagine! Se tivéssemos copiado os ianques muito antes, hoje seríamos como eles!

— Não o fizemos antes? Com resultados diferentes. Contudo isso tem muitas faces. Como por exemplo, a ideia de êxito.

— Não. Não dê muita corda à coisa ou vai ter enjoo.

— Bom. Suponhamos que êxito é ter dinheiro e ser famoso. Mesmo assim, seja qual for, a cópia ignora as características culturais de cada povo, o que faz com que cada cópia seja sempre imperfeita, até mesmo ridícula, e com consequências imprevisíveis.

— Não, não. Você está complicando muito. As coisas são bem mais simples.

— Tá bom, esqueça o anterior. Porém, pense que, para ser um dia tão próspero como os Estados Unidos, a Argentina terá que copiar alguma coisa que Estados Unidos nunca deixarão que copiem.

— Como por exemplo…

— Primeiro, Argentina teria que se converter num Império.

— Ah! Tinha que ser. Esse discursos dos anos 1960. Porém, o mundo mudou.

— Sim, claro, mas nem tanto. O Império estadunidense ainda está aí. Chamemos de hegemonia, para que não se sinta incômodo. Cultura hegemônica, capitais hegemônicos, ideologia da não ideologia, como a do livre mercado…

— Vocês, os esquerdistas (te falo com respeito), se perdem num emaranhado de argumentos.

— Oi… talvez você não tenha acompanhado meu raciocínio, eu não me sinto perdido.

— Puras abstrações. Poderia me dar um exemplo concreto disso que chama imperialismo?

— Vejamos dois. Primeiro, Argentina teria de construir umas cem bases militares em cada continente. Inclusive umas duas ou três em Miami e outras tantas em Oregon. Segundo, o peso argentino deveria ser a divisa global dominante. Percebe que cada vez que os países latino-americanos se veem com problemas econômicos, imprimem ou desvalorizam sua moeda?

— Repúblicas bananeiras.

— Sim, Há umas tantas. Porém, Europa e Estados Unidos não fizeram nada muito diferente. Para sair da crise de 2008, o FED inundou o mundo com um tsunami de dólares. Entre 40 e 50 bilhões desses papeizinhos verdes invadiram o mercado a cada mês, durante muitos anos. Sim, já sei, não é só imprimir. Por isso chamam de “expansão quantitativa”, “compra de bônus”. Houve alguma explosão inflacionária por causa desse “bananismo” monetário? Claro que não. Isso ocorre nos países periféricos. Não no país que possui a divisa global. O desastre é repartido (com o perdão da palavra) globalmente. Sempre me pergunto o que acontece com as poupanças de um humilde trabalhador ou um pequeno empresário, seja na Índia, na Argentina ou na Califórnia, quando o FED imprime mais papel moeda. Não há, por acaso, uma transferência dos valores dessas poupanças para os novos papeizinhos verdes que vão para as mãos de outras pessoas, começando por aqueles que o imprimem? Se não, de onde procede o valor desses novos papeizinhos verdes, uma vez que sequer estão lastreados em ouro?

— Isso, pergunte a um economista.

— Seria melhor. Não obstante, seja qual for a resposta, é evidente que não é tão fácil copiar para ficar parecido. Sempre sobram alguns detalhes, não é?

O homem grisalho suspirou, cansado. Acho que já era umas quatro da madrugada. Levantou-se, comentou algo sobre o Barcelona, Messi, Suárez, de desejou boa viajem, e foi embora arrastando sua mala.

 

*Jorge Majfud é escritor uruguaio-estadunidense, autor de Crisis e outras novelas. Original da Alainet.

 

Documentos desclasificados

Cuando descubrimos tantos miles de documentos desclasificados que prueban la implicancia de las agencias de inteligencia de las potencias mundiales en crímenes contra la humanidad materializados muchos años atrás (​ahora, cuando la verdad deja de ser peligrosa o ya no importa, cuando las distracciones banales son más poderosas que la conciencia moral) nuestra confianza en el poder de la investigación se consolida. Por allí aparece un nombre, una frase, un párrafo tachado con tinta negra, pero confiamos que el documento existe y algún día será ofrecido al público con toda la crudeza del original. Pocas cosas tan concluyentes como las confesiones de parte (las víctimas no son un testimonio confiable) y pocas tan convincentes como el orden lógico de los eventos históricos. Aunque el mundo nunca fue algo justo, al menos, asumimos, la verdad aguarda en algún rincón oscuro para ser revelada.

Entonces, ese optimismo mínimo no nos deja ver que, si un gobierno pudo conspirar para destruir otro gobierno, para levantar falsas banderas por todas partes, para crear seudo enemigos contra sus enemigos reales, para llevar a los países a masacres, a golpes de Estado, a guerras civiles que cobraron la vida de miles y de cientos de miles de personas y encima culpar a alguien más por la tragedia, ¿cómo podrían tener la decencia de conservar todos los documentos que los implican, para que los investigadores del futuro logren probar que los siempre buenos de este mundo eran criminales más hipócritas de lo que cualquier cínico hubiese podido imaginar? ¿De dónde provendrá semejante ingenuidad, sino de las mayores organizaciones criminales del mundo que, por lógica, llevan otros nombres?

Si el Demonio gobernase el mundo, ¿lo llamaríamos Demonio o Nuestro Ángel de la Guarda?

 

JM, mayo 2018