El estado de vigilancia en los países libres

Por Noam Chomsky 

En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria routers, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formulanros algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

Traducción Jorge Majfud

 

Próxima aparición del último libro de Chomsky en español (Ediciones B). Octubre 2016.

Entrevista: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

Jorge Majfud: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

 

Por María Fernanda Orjuela Albarracín

Periodista colombiana

Universidad Externado de Colombia

 

En un reciente contacto telefónico, el escritor autor de La reina de América, La narración de lo invisibleCrisis entre otros libros, analiza las elecciones norteamericanas, la posibilidad del ascenso del candidato republicano Donald Trump y el panorama político actual de los Estados Unidos. Para Majfud, los populismos de derecha en Europa y Estados Unidos, como la catástrofe climática, son la reacción irracional y la consecuencia lógica de una globalización que se les ha ido de las manos a los globalizadores y sus financistas.

 

  1. ¿Qué está pasando con la política en Estados Unidos?

Jorge Majfud: Está llegando a un punto natural de crisis. En todo el mundo hay una crisis de representación. Veinte años atrás decíamos que pronto los parlamentos se iban a convertir en lo que hoy son las monarquías en Europa, instituciones más bien simbólicas y representativas. Por entonces asumíamos que la democracia directa de la Sociedad Desobediente (basada en las nuevas tecnologías de comunicación) iba a impulsar esta deslegitimación, esta crisis de representación. Lamentablemente esta crisis está llegando sin que el viejo sistema sea reemplazado por el nuevo, lo que significa que una reacción conservadora ante la indecisión histórica también es posible. Una reacción y no una gradual revolución, por el momento.

En Estados Unidos el bipartidismo ha probado ser uno de los sistemas más reaccionarios y conservadores de las elites privilegiadas. No sólo porque los billonarios tienen más influencia que millones de ciudadanos desmovilizados, sino porque en estas elecciones se da el aparentemente insólito caso de que nadie quiere los candidatos que se están disputando la presidencia, y si algunos todavía los quieren es porque se ha producido el efecto “mentalidad de futbol”, donde los individuos toman partido y luego solo piensan en ganar sin importar las razones. Ambos, Clinton y Trump, son altamente impopulares entre los votantes. Es como si el sistema los hubiese llevado a un callejón sin salida y nadie quiere advertirlo.

  1. ¿Qué pasaría si Donald Trump ganara las elecciones? 

JM: En lugar de un mediocre y continuista gobierno de Clinton tendríamos un pésimo gobierno de Trump. Trump es una de las personas más ignorantes que he conocido, y no estoy hablando de ignorancia ya sobre lo más básico de la historia de Estados Unidos sino una profunda ignorancia del presente mismo. Ni siquiera es un “súper exitoso hombre de negocios”, como presume, sino un ególatra patológico con una fijación racial que representa a muchos otros blancos pobres en su frustración.

Por un lado representa lo que sus seguidores no son, es decir un hombre rico, y por el otro lo que es, es decir, un ignorante con mucho odio para destilar. Los colonizadores del mundo, Europa y Estados Unidos, se sienten invadidos.

 

  1. Habla usted de una persona ignorante, ¿Cómo un personaje como estos, llega a posicionarse como candidato?

 

JM: Los sabios nunca han abundado en la alta política. Lo del rey Salomón es apenas una anécdota ingeniosa y hoy, con otro nombre, sería tachado de mujeriego politeísta. Algunos se sorprenden que el campeón olímpico de natación Ryan Lochte tenga la inteligencia de un pez, cuando un nadador puede ser un genio pero no es esa, precisamente, la condición por la cual logran acumular tantas medallas de oro. Lo mismo un político. Si echamos una mirada a la historia, veremos que los políticos sabios son más bien una especie rara y en extinción. A veces basta con ciertas habilidades de manipulación y con estar en el momento y en el lugar adecuado. Este es el momento cuando millones de estadounidenses, en su mayoría pertenecientes a la clase trabajadora blanca, que antes representaban la clase dominante, se ven relegados por una gran diversidad de colores, de etnias, de culturas, de géneros que comienzan a superarlos en educación o en logros económicos y sociales. El índice de suicidio y alcoholismo entre los trabajadores blancos se ha disparado, cuando en otros grupos ha disminuido. Ocho años de un presidente no blanco del todo y cuarenta años de un claro traspaso de prosperidad del 99 por ciento al uno por ciento más rico, completan un sentimiento de frustración que no se alcanza a racionalizar. Esto explica que un millonario que nunca conoció la necesidad y la pobreza se presente como el candidato de la clase trabajadora y logre el apoyo de este grupo. Eso explica que hasta los evangélicos radicales apoyen incondicionalmente a un ex demócrata más inclinado al dinero, a los casinos y a las mujeres que a la oración y a la iglesia. Eso explica por qué si Trump dice algún disparate sin pruebas y sin sustento en dato alguno no tiene la menor importancia para sus seguidores.

 

  1. ¿Qué se viene para Estados Unidos en términos políticos?  

JM: Aunque ahora están empatados en las encuestas, lo más probable es que gane Hillary Clinton. Antes de que Obama ganara las primeras elecciones en 2008 decíamos que no sólo iba a ganar esa sino que iba a ser reelegido en 2012. Ahora parece claro que Hilary Clinton ganará estas elecciones y perderá la próxima.

Pero la mayor novedad estará en la crisis existencial del Partido republicano. Lo mejor que le puede pasar a los conservadores republicanos (que son los responsables de haber creado este circo anti intelectual) preferirán que gane Hillary Clinton. Un triunfo de Trump será el fin del Partido Republicano como lo conocemos, el triunfo de la ideología de los negocios como paradigma de la vida humana. Los fanáticos religiosos se tendrían que mudar a otro partido, tal vez un tercer partido o rebelarse contra su propio partido republicano. Un triunfo de Trump complicaría esta “Reconquista ideológica”. Trump es tan racista como el que más en la extrema derecha, pero su falta de fanatismo religioso lo hace irreconocible para la extrema derecha.

Un triunfo de Hillary Clinton sería lo mejor que le pueda pasar a la extrema derecha republicana, una especie de continuidad de la política estadounidense en los últimas décadas y la posibilidad de echarle la culpa de todos los males al partido enemigo. Eso los ayudaría mucho para volver a ganar las elecciones parlamentarias del 2018 y la presidencia después.

Es decir, la mejor opción de la extrema derecha republicana es perder las elecciones de este año pero retener la mayoría parlamentaria. Con la cámara de senadores y la de representantes dominadas por los republicanos, el juego de obstrucción a cualquier propuesta del gobierno continuará por otros cuatro años.  Por ejemplo, desde la muerte del juez Scaglia la Corte suprema ha quedado vacante y los republicanos se niegan a considerar cualquier propuesta de Obama por considerarla demasiado liberal (de izquierda). Si pierden la presidencia pero retienen el senado, podrían decidir a cuál nuevo juez confirman o rechazan. Lo mismo con otras leyes, como el Obamacare, etc.

  1. ¿Sigue siendo Estados Unidos un país de leyes?

JM: Siempre se habla de la cultura de la corrupción en América Latina y es algo real. Pero muchas veces el contraejemplo son los Estados Unidos. Tradicionalmente la clase media no ha sido tan corrupta, pero existe mucha corrupción, no tanto entre los administradores públicos sino en las empresas privadas. Las mayores debacles económicas y sociales fueron provocadas por grandes desfalcos y manipulaciones de compañías como Enron o diferentes bancos. No son monedas; son billones de dólares. Recientemente en el banco Wells Fargo se descubrió que sus empleados les creaban cuentas falsas a sus clientes. En total inventaron casi dos millones de cuentas fantasmas para cobrar comisiones ¿Qué más grave que eso? Pero pronto se echará al olvido y aparte de alguna multa millonaria pocos o ninguno ira a la cárcel.

Esa es una “corrupción ilegal”, Hay otro tipo de corrupción que podríamos llamar “corrupción legal”, casi tan grave como inventar una guerra como la de Irak por la que un millón de personas pagaron con su vida y sus responsables están disfrutando de la caza o de la pintura en Texas, en Londres y en Madrid. En la corrupción legal, la misma ley ha sido previamente acomodada para servir los intereses de los lobbies más poderosos, lo cual no es una opinión sino que ha sido probado cuantitativamente en varias investigaciones. ¿Para qué violar la ley si precisamente lo que el interés sectario necesita es que se haga efectiva, para su beneficio y en perjuicio del resto de la población? Esto no se llama corrupción ni provoca la caída de ningún presidente sino lo contrario: se aplaude con una candidez que emociona hasta las lágrimas. 

 

 

Lettre ouverte à Donald Trump

Spanish, English

Par Jorge Majfud

Traduit par Hortense Djomeda

Monsieur Trump:

Quand vous avez présenté votre candidature pour le Parti Républicain au milieu de l’année passée, avec l’intuition propre à un entrepreneur prospère, vous saviez déjà quel produit vendre. Vous avec eu le grand mérite de transformer la politique (qui depuis la génération fondatrice n’ a pas connu beaucoup d’intellectuels) en une parfaite campagne de marketing commercial dont le slogan principal n’a pas été non plus très sophistiqué. Les mexicains qui arrivent sont des violeurs, des criminels, des envahisseurs.

Rien de neuf et rien de plus loin de la réalité. Vous vous rendrez compte que, dans les prisons de ce pays, les migrants, légaux ou illégaux, sont minoritaires, repésentants un quart des détenus par rapport à la population carcérale américaine. Au cas où vous ne le comprenez pas, selon les statistiques, les épaules mouillées ont quatre ou cinq fois moins de possiblité de comettre un crime que vos charmants enfants, monsieur Trump. Là où l’immigration prédomine, les préjugés et le racisme augmentent et la criminalité chute.

Voyez vous, monsieur Donald, bien avant que vos grands-parents n’arrivent d’Allemagne et ne réussissent dans le business de l’hôtellerie et des maisons closes à New York, bien avant que votre mère n’arrive d’Ecosse, les mexicains  avaient déjà leurs familles ici et avaient déjà baptisé les Etats de l’Ouest, les rivières, les vallées, les montagnes et les villes. L’architecture californienne et le cowboy texan, symboles de l’américain authentique ne sont rien d’autre que le résultat de l’hybridité, comme partout, entre la nouvelle culture anglosaxonne et la culture mexicaine si longtemps établie. Vous imaginez vous l’un des pères fondateurs se retrouvant nez à nez avec un cowboy sur son chemin?

Quand votre mère est arrivée dans ce pays dans les années 30, un demi-million de mexicains-américains furent expulsés. Ils étaient majoritairement des citoyens américains mais la malchance fit que la frustration nationale due à la Grande Dépression, qu’ils n’avaient pas inventée, trouva qu’ils avaient des têtes d’étrangers.

L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence ; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Ces gens ont des têtes d’étrangers et de violeurs (et vous n’êtes pas le premier à le savoir) depuis que les Etats-Unis prirent possession (disons-le ainsi pour n’offenser personne) de la moitié du territoire mexicain au milieu du 19ème siècle. Et, comme ces gens qui y vivaient déjà ne cessaient de parler une langue barbare comme l’espagnol et refusaient de changer leur couleur de peau, ils furent poursuivis, expulsés ou assassinés tout simplement, accusés d’être des bandits, des violeurs et des étrangers envahisseurs. Le vrai Zorro était brun et ne luttait pas contre le despotisme mexicain (contrairement à ce que Johnston McCulley a écrit pour pouvoir vendre son histoire à Hollywood), mais plutôt contre les anglosaxons envahisseurs qui avaient pris leurs terres. Il était brun et rebelle comme Jésus, bien que dans les peintures sacrées vous voyez le Nazaréen toujours blond, les yeux bleus et plutôt soumis. Le pouvoir hégémonique de l’ époque qui l’a crucifié avait des raisons politiques évidentes pour le faire. Et il a continué à le  crucifier quand, trois siècles plus tard, les chrétiens cessèrent d’être des migrants illégaux poursuivis qui se cachaient dans les catacombes et se transformèrent en persécuteurs officiels du pouvoir en place.

Heureusement, les migrants européens comme votre père et votre épouse actuelle, n’avaient pas des têtes d’étrangers. Bien sûr que si votre mère était arrivée quarante ans plus tôt, peut-être qu’on l’aurait confondue avec des irlandais. Ces derniers avaient l’air d’envahisseurs. En plus ils étaient catholiques, avaient les cheveux comme les vôtres, cuivrés ou jaunâtres, quelque chose qui ne plaisait pas aux blancs assimilés, c’est-à-dire des blancs qui avaient été une fois discriminés à cause de leur accent polonais, russe ou italien. Mais, heureusement, les migrants apprennent vite.

Bien sûr que c’est ce que vous ainsi que d’autres exigez : les migrants doivent s’assimiler à « cette culture ». Quelle culture? Dans une société réellement ouverte et démocratique, nul ne devrait oublier qui il est pour être accepté, raison pour laquelle, à mon avis, la vertu devrait être l’intégration et non l’assimilation. L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Monsieur Trump, la créativité des hommes et femmes de ce pays est admirable, bien qu’on exagère son importance tout en oubliant ses aspects négatifs.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui en Amérique Latine promurent la démocratie, bien au contraire. Beaucoup d’entreprises americaines prospères ont promu des coups d’Etat sanglants et ont soutenu une longue liste de dictatures.

Ce furent des hommes d’affaires qui, comme Henry Ford, firent des contributions intéressantes à l’industrie, mais on oublie que, comme beaucoup d’autres hommes d’affaires, Ford fut un antisémite qui collabora avec Hitler. Alors même que l’on refusait l’asile aux juifs persécutés en Allemagne, de la même façon qu’aujourd’hui on le refuse aux musulmans pour la même raison, ALCOA et Texaco collaboraient avec les régimes fascistes de l’époque.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui ont développé les nouvelles technologies et les sciences, mais plutôt les inventeurs amateurs ou des professionnels salariés qui, depuis la fondation de ce pays jusqu’à l’invention d’Internet, en passant par Einstein et l’arrivée de l’homme sur la Lune. Sans parler des bases de la science, fondées par ces arabes horribles et primitifs il y a des siècles, depuis les chiffres que nous utilisons jusqu’à l’algèbre, les algorytmes, ainsi que beaucoup d’autres sciences et philosophies qui de nos jours font partie de l’Occident, en passant par les européens depuis le 17ème siècle. Bien sûr que parmi eux il n’y a aucun homme d’affaires.

Ce ne furent pas des hommes d’affaires qui ont obtenu, par leur action de résistance et de lutte populaire, presque tous les progrès en droits civils que ce pays connait aujourd’hui, alors qu’à leur époque ils étaient diabolisés, considérés comme des agitateurs dangereux et antiméricains.

Monsieur Trump, je sais que vous ne le savez pas, raison pour laquelle je vous le dit: un pays n’est pas une entreprise. En tant qu’entrepreneur, vous pouvez embaucher ou licencier autant d’employés que vous voulez pour la simple raison qu’avant il y a eu un Etat qui a donné une éducation à ces personnes et qu’il y aura un Etat qui les prendra en charge quand ils seront licenciés, avec des aides sociales ou avec la police, dans le pire des cas. Un homme d’affaires n’est obligé de résoudre aucun de ces aspects externes, il ne s’ocupe que de son propre succès, qu’il confond après aux mérites de toute une nation et les vend de cette manière là, parce que c’est ce qu’un homme d’affaires sait faire le mieux : vendre. N’importe quoi.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Vous vous vantez toujours d’être immensément riche. Je vous admire pour votre courage. Mais si nous prenons en considération ce que vous avez fait avec ce que vous avez reçu de vos parents et de vos grands-parents, on peut dire que presque n’importe quel homme d’affaires, n’importe quel travailleur de ce pays qui a demarré avec presque rien, et dans beaucoup de cas avec d’énormes dettes, dues au finacement de ses études, a plus de succès que vous.

Le turc Hamdi Ulukaya était un migrant pauvre quand il créa il y a quelques années la marque de yaourts Chobani, dont la valeur aujourd’hui est estimée à deux milliards de dollars. Sans aucun doute, quelque chose de très probable dans un pays comme celui-ci. Mais, cet homme d’affaires créatif, a eu la décence de reconnaitre que tout le mérite ne lui revient pas, que cela n’aurait pas été possible sans un pays ouvert ni sans ses employés. Il y a de cela quelques jours, il a fait don de dix pour cent de ses actions à ses employés.

Au Mexique, il y a des exemples similaires au vôtre. Même meilleurs. Le plus connu est Carlos Slim, un fils de Libanais qui, profitant des crisis économiques d’alors, comme n’importe quel homme qui a de l’argent, s’est fait une fortune qui aujourd’hui est dix fois supérieure à la vôtre, monsieur Trump.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Athènes, considérée comme la première démocratie au monde, s’enorgueillissait de recevoir des étrangers; ce ne fut pas sa faiblesse, ni politique, ni morale. Il y avait des esclaves à Athènes, comme il y en eu dans votre pays pendant deux siècles et d’une certaine manière il y en a encore: les travailleurs sans-papiers. Athènes avait ses démagogues: Anytos par exemple, était un homme d’affaires prospère qui a convaincu de façon très démocratique le reste de la société pour qu’elle condamne à mort la tête pensante de l’époque, Socrate car il posait trop de questions, il croyait très peu aux dieux d’Athènes, car il corrompait la jeunesse avec des questionnements.

Bien sûr qu’aujourd’hui presque personne ne se souvient d’Anytos et il en sera de même pour vous sauf si vous doublez la mise et vous devenez une des figures qui, en Europe, passèrent dans l’histoire du 19ème siècle à cause de leur nationalisme exacerbé et leur haine envers tout ce semblait étranger même sans l’être. Vous trouverez toujours des partisans car cela aussi fait partie du jeu démocratique et, pour l’instant nous n’en avons pas d’autre système  meilleur.

 

An Open Letter to Donald Trump

Not rapists: just abused*

EnglishFrench

An Open Letter to Donald Trump

 

Mr. President Trump:

Throughout the centuries, long before your mother arrived from Scotland, long before your grandparents arrived from Germany and had a lot of success in the hotel and brothel business in New York, the Mexicans had their families here and they had already named all of the Western states, rivers, valleys, mountains, and cities. The Californian architecture and the Texan cowboy, symbols of the “authentic American” are nothing more than the result of the hybridity—like everything else—of the new Anglo-Saxon culture with the long since established Mexican one. Can you imagine one of the founding fathers coming face-to-face with a cowboy?

When your mother arrived to this country in the 1930s, half a million Mexicans were deported. The majority of them were American citizens but they were very unlucky when the frustration nationwide, because of the Great Depression, got them speaking Chicano. They were blamed for the Depression since their faces looked as foreign as they could be.

Your idea that the Mexicans that come here are rapists, criminals, and invaders it’s nothing new and it couldn’t be farther from the truth. In this country’s prisons, you will find that immigrants—both legal and illegal—are underrepresented. Immigrants in American prisons make up only one-fourth of what would be the total percentage of the immigrant population in the United States.  In case you still don’t understand: the statistics say that “wetbacks” are four or five times less likely to commit a crime than your own beautiful children are, Mr. Trump. Where immigration dominates, the crime rate drops and prejudice and racism increase.

These people were seen as foreigners and rapists (you aren’t the first person to know this) since the United States took possession (it’s best to say it this way so we don’t offend anyone) of half the Mexican territory in the middle of the 19th century. And as those people that were already there didn’t stop speaking such an uncivilized language such as Spanish and refused to change their skin color, were persecuted, deported or simply murdered, accused of being bandits, rapists, and foreign invaders. The real Zorro was dark skinned and didn’t fight against any Mexican despotism (as Johnston McCully depicted the story in order to be able to sell it to Hollywood) but instead he fought against the Anglo-Saxon invaders who took his land. Dark skinned and rebellious like Jesus, even though you see this Nazarene man always depicted as blonde haired with blue eyes and rather docile in the holy paintings. The hegemonic powers of that age that crucified him had obvious political reasons for doing so. And they continued crucifying him three centuries later when the Christians stopped being illegal immigrants and were persecuted so much that they hid in the catacombs. Eventually, they became the official persecutors when they took power.

Fortunately, Mr. Donald, the European immigrants, like your parents and wife, didn’t look like foreigners. Of course, if your mother had arrived forty years before, then maybe she would have been confused with an Irishwoman. Those people certainly did look like invaders. Besides being Catholics, they had hair just like yours, red and curly, something that offended the local white people, and by white people I mean those that, at one time, had been discriminated against by their Polish, Russian or Italian accents. But fortunately, immigrants learn quickly. As González Prada wrote more than a century ago, when an individual rises above the level of his social group he usually becomes its worst enemy.

This is what you and many other people demand, of course: that the immigrants should assimilate to this culture, instead of just integrate into it. But, which culture is that exactly?

In a truly open and democratic society, no one ought to forget who is to be accepted or, as I understand it, the virtuous thing to do must involve integration and not assimilation. Assimilation is violence. In many societies, it’s a requirement, especially in all of the societies where fascism survives in one way or another. 

Mr. President, the creativity that you see among the businessmen and women in this country is admirable even though its importance is exaggerated and many negative aspects are forgotten: It wasn’t businessmen who promoted democracy in Latin American but rather, they did just the opposite. Various successful American businesses promoted bloody Coups d’état and supported a long list of bloody dictators.

It was businessmen like Henry Ford, who made interesting contributions to the industry, but it’s often forgotten that, like many other businessmen, Ford was an Anti-Semitist who collaborated with Hitler. While the US denied refuge to persecuted Jews in Germany—as they now deny it to Muslims today for almost the same reasons—Alcoa and Texaco worked together with the fascist regimes of that time period.

It wasn’t businessmen who developed new technology and science but amateur inventors or salaried professors instead; from the foundation of this country to the invention of the Internet, continuing with Einstein and finally, the arrival of the first man on the moon. Not to mention, the basis of the sciences—which were shaped by those horrible and uncivilized Arabs centuries before—from the numbers that we use to Algebra to algorithms and many other sciences and philosophies that are part of Western civilization today, continuing with the Europeans in the 17th century. None of these men were businessmen, of course.

It wasn’t businessmen who achieved, through resistance and popular activism, almost all the progress with the civil rights that are now known today in this country, when at the time they were demonized as dangerous revolutionists and anti-Americans.

Mr. President Trump, I know you have been all your life too busy making money, so you don’t know this simple evidence: a country is not a business, it’s not a company. As an employer, you can hire and fire as many employees as you wish, for the simple reason that there was a State that gave an education to those people before and there will be a State later on that will be responsible for them when they are fired, with social welfare services —or with the police, as a worst case scenario.

An employer doesn’t know how to resolve any of these externalities. He’s only concerned about his own success that he will later confuse it with the success of the whole country and sell it in that same way because that is what a businessman does best: selling. Call it what you want.

You always boast about being immensely rich. I admire you for your bravery. But, if we consider what you have done starting with what you received from your parents and grandparents—money aside—it could be said that almost any businessman, any worker in this country that has started from nothing—and in many cases incurring enormous amounts of debt from his educational costs—is much more successful than you.

The Turk Hamdi Ulukaya was a poor immigrant when he founded the yogurt company Chobani a few years ago, which is now valued at two billion dollars. That type of story is very common in a country as great as this one, without a doubt. But this creative businessman had the decency to recognize that he didn’t do all of this by himself. That it would have been impossible without his employees and having been in as free of a country as this one. And actually, recently, he donated 10 percent of the company’s stocks to his employees.

In Mexico, there are similar examples to yours. But better ones. The most well-known example is Carlos Slim, the son of Lebanese immigrants, who took advantage of the economic crisis at the time—as any man with money would—now has eleven times your fortune.

Mr. President Trump, democracy has its own Achilles tendons. It’s not the critics, as any fascist society normally considers them—it’s the demagogues. The ones that beat their nationalistic breast in order to abuse the power of their own nations.

Twenty-five centuries ago, the first democratic example, Athens, took pride in welcoming foreigners; this wasn’t her weakness—nor political or moral. Athens had slaves just like your country had for a couple of democratic centuries, and in a way it continued this disgrace with undocumented workers. Athens had its demagogues too: for example, Anytus, a successful businessman who convinced the rest of society, very democratically, so that they would put the thinking mind of their age to death. Socrates’ downfall was questioning everything too much, for believing too little in the gods of Athens and for ruining its youth with doubts.

Of course, almost no one remembers Anytus today and the same thing will happen to you. At least you can double your bet and turn into one of the figures just like we’ve seen in European history of the 20th century with your exacerbated nationalism and your hatred for those people who looked like foreigners without even being so. You will always find followers—because that is also part of the political game—and right now, we don’t have a better system.

 

Jorge Majfud

http://www.huffingtonpost.com/entry/57dc39fee4b0d5920b5b2aac?timestamp=1474051083758