In 1927, Fox News Service filmed Benito Mussolini telling immigrants to ‘make America great’

 

by Philip Bump, The Washington Post
You can trace the name Fox in the news industry back through various corporate iterations until you get to the Fox News Service, part of Fox Film, which merged with Twentieth Century Pictures in 1935 to form 20th Century Fox. Fox News Service was in the newsreel business, as Fox News today is in the televised news business. And in 1927, it had a problem.

«The Fox News Service,» Donald Crafton wrote in his book «The Talkies,» «was far behind the leader, Pathé. [Company Vice President Winfield] Sheehan saw immediately that adding sound» — itself a new technology — «would give his company’s product a singular advantage, since the only other studio with sound capabilities, Warners, had no newsreel.» He dispatched camera and sound crews around the world to film newsworthy events. «Fox News officials,» Crafton wrote, «saw that a transformation in the newsreel was about to take place.» The company created a new tagline: «Fox Movietone News: It speaks for itself.»

Fox News wasn’t the only group to recognize the value of the combination of sight and sound. Benito Mussolini, the Fascist prime minister of Italy, at one point reportedly said that were he to broadcasting his speeches «in twenty cities in Italy once a week» he would «need no other power.» When he was approached about filming a statement for the newsreel, he agreed.

Fox promoted the upcoming statement in advertisements in the New York Times in September 1927, with the debut of the speech coming to New York City’s Times Square theater later that month.

It’s important to note the broader context for the moment. In the year 1900, according to data from Pew Research, the five nations from which the most foreign-born American residents had originated were Germany, Ireland, Canada, Sweden and the U.K. By 1910, Italy had snuck onto that list, with 1.3 million Italy-born people living in the U.S. By 1920, the figure jumped to 1.6 million. And by 1930, Italy was the no. 1 nation of origin for foreign-born populations, with 1.8 million Italian-born people living in America. The most common place of origin for non-natives in Connecticut, New Jersey, Pennsylvania, West Virginia and New York was now Italy. In Brooklyn, 8 percent of the population in 1930 had been born in Italy.

As the number of Italians coming to America increased, so did tensions with those already here. In 1920, The Washington Post editorialized for new constraints on immigration from Southern Europe, saying that «the alien scum from the cesspools and sewers of the Old World has polluted the clear spring of American democracy.»
This was the era during which the prime minister of Italy appeared in one of the first sight-and-sound newsreels in history, screening just before the F. W. Marnau film, «Sunrise.»

Mussolini’s accent was heavy, and it’s hard to pick out everything he said. But the thrust was that he was offering praise for the United States and for the Italian immigrants that were helping to build it. He praised the citizens of Italy who were working to make America great:

«I am very glad to be able to express my friendly feelings toward the American nation. Friendship with which Italy looks at millions of citizens who, from Alaska to Florida, from the Pacific to the Atlantic, live in the United States, Italy is deeply rooted in our hearts. This feeling created by mutual interests so contributed to preparation of an even brighter era in the lives of both nations.

«I greet with wonderful energy the American people and I see and recognize among you the salt of your land, as well as ours, my fellow citizens who are working to make America great.

«I salute the great American people. I salute the Italians of America who unite in a single love of two nations.»

The reviewer from the Times who attended, Mordaunt Hall, raved over the program.
«It was distinctly impressive to look upon the physigonomy of Henry P. Fletcher, the United States Ambassador to Italy, and hear him present, while standing on Italian soil, Benito Mussolini,» Hall wrote. «It was also wonderful to hear and see the Duce come from a building and reply to the introduction.»

Eighteen years later, Benito Mussolini was dead, killed by Italian partisans near the end of World War II, his body dumped in the middle of a public square in Milan where Italians mutilated the corpse. He’d set aside his friendly feelings toward the American nation, abandoned the prospect of a brighter era, to join with Adolf Hitler in trying to re-shape world history.

And, as you know, he failed.

Cuando los de abajo se odian

La lógica del racismo

El dinero de un blanco vale lo mismo que el dinero de un negro, el de un traficante de drogas vale lo mismo que el de una viuda que se prostituye para criar a sus hijos. Sólo esa lógica podría probar que el capital es amoral y no se le podría atribuir la promoción de, por ejemplo, el racismo. ¿Por qué, entonces, las sociedades capitalistas más avanzadas han sido, a lo largo de los siglos, brutalmente racistas?

Desde mucho antes de la fundación de Estados Unidos, los colonos ingleses en América del Norte administraban las relaciones sexuales entre los negros esclavos. Por lo general, no les convenía una esclava embarazada como hoy no le conviene a las empresas la misma ocurrencia entre sus empleadas mujeres. Cuandolos esclavos tenían hijos, con frecuencia eran separados de sus familias. Las emociones humanas nunca fueron productivas hasta la Era de la propaganda y el consumo en el siglo XX.

Para la gente de bien de la época (los propietarios, gente con responsabilidades, las únicas que luego podrán votar y ser elegidas) la promiscuidad de la gente bruta era un pecado inaceptable: los nativos americanos no estaban obsesionados con la virginidad femenina y el sexo no sólo era un acontecimiento frecuente entre losnegros sino también entre los negros y los blancos pobres, entre los blancos y los negros y los indígenas que recibían a los fugados del otro lado de los Apalaches. Entre los pobres de la época y entre parte de la clase media, el racismo no era un principio fundamental ni era todavía una recomendación patriótica de Dios.

Para solucionar el problema se establecieron leyes prohibiendo el matrimonio y hasta el ocasional contacto interracial entre los pobres. Pero como las leyes nunca son suficientes, se implementaron políticas que terminaron por reforzar una cultura que, con el tiempo, se convirtió en parte de “la naturaleza humana”.

A principios del siglo XVIII, los gobernantes de las colonias promovieron el odio entre los colores (las diferencias más superficiales pero más visibles) para evitar que el descontento del abuso de clases uniera a blancos pobres, negros esclavos e indios despojados en una revuelta mayor a las que se habían producido con anterioridad, exitosamente abortadas por la fuerza de las armas. En 1758, el gobernador de Carolina del Sur, James Glen, reconoció (o más bien se vanaglorió) que siempre había sido una de sus políticas “crear en los indios una fuerte aversión hacia los negros” («It has always been the policy of this government to create an aversion in them [Indians] to Negroes«). Una de esas formas fue enviando milicias de esclavos para combatir a los indios. Algunos negros desertaron y se refugiaron en entre los indios, se casaron y tuvieron hijos. Pero los astutos gobernantes encontraron la forma de amenazar o corromper a algunos indios ofreciéndoles beneficios a cambio de la entrega de los fugados. Como en América latina, la corrupción fue por siglos una expresión del poder desequilibrado: los poderosos se corrompían por ambición y los despojados se corrompían por necesidad. Esa dinámica persiste hoy atrapada en la simplificación estratégica del lenguaje que pone, en una eterna relación de simbiosis a abusadores y a abusados bajo una misma etiqueta: corruptos.

El sexo entre una blanca y un negro era un pecado mayor (por la misma razón y dinámica entre lo deseado y lo prohibido, entre el poder que domina y se rompe simbólicamente para renovarse, actualmente es un negocio de la pornografía). Cuando un blanco tenía un hijo con una negra, el castigo consistía en enviar al vástago híbrido con el resto de los negros, de forma que la pureza blanca siempre se mantuvo en grados deseables, razón por la cual actualmente cualquier estudio genético revela que los negros estadounidenses tienen una gran proporción de genes europeos, en algunos casos un treinta o cuarenta por ciento, mientras que losblancos prácticamente no muestran trazas de genes africanos. Menos comunes fueron casos como el de loshijos que Thomas Jefferson tuvo con su joven esclava, una mulata de nombre Sally (“tres cuartas partes europea”, hija de otra escava con John Wayles, el suegro de Jefferson), que recibieron la libertad siendo cada uno “siete de ocho partes blancos”. Conceptos similares de fracciones humanas habían sido recogidos por la constitución, cuando se reconoció que un negro valía tres quintos de un blanco en términos electorales; aunque, obviamente, no votaban, más esclavos conferían más poder democrático a sus amos por la lógica de la propiedad privada.

Un siglo antes de que Estados Unidos lograra la independencia, en muchas colonias los indios y losnegros superaban en número a los blancos, por lo cual los gobernantes debieron aprobar leyes para controlar esta peligrosa desproporción. Inglaterra no sólo enviaba sus reos a Australia sino a América también, los cuales en muchos casos participaron en revueltas junto con los negros y con la misma frecuencia fueron indultados por el color de su piel. Algunos se convirtieron en supervisores de esclavos, cuando se les exigió a las plantaciones tener al menos un blanco por cada seis trabajadores negros para evitar más desórdenes que amenazaran la paz y el progreso de aquella sociedad tan próspera.  

En las colonias del sur, los blancos representaban un quinto de la población y entre ellos la mayoría eran pobres o esclavos que la pobreza en Europa había obligado a venderse por cinco o nueve años, aunque la mayoría no alcanzaban a pagar por su libertad porque morían enfermos o se suicidaban antes. El actual presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama es descendientes de esclavos, no por su padre negro (que conoció a la madre de Obama cuando en Estados Unidos la unión interracial era ilegal en la mayoría de losestados y se consideraba cosa de comunistas), sino por parte de su madre blanca. Obama es considerado el primer presidente negro de este país, consecuente con una historia de siglos, a pesar que a juzgar por sus familias es tan blanco como negro.

Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que estamos hechos de siglos de historia, nos guste o no, lo sepamos o no. Pero siempre es mejor saberlo. Como es tradición, desde las guerras religiosas de la Edad Media hasta las guerras del último siglo, los pueblos viven las pasiones y otros muchos menos viven losbeneficios. Como en el fútbol, pero menos divertido y mucho más trágico.

El dinero es una abstracción sin moral, pero deja de ser neutral apenas representa al poder de turno. El odio tiene sus beneficios económicos, porque es un instrumento infalible de una de las necesidades básicas del poder: la división de otro, la fragmentación. El poder sabe que en una democracia decente será dividido y dividido, razón por la cual, para evitar su propia división, se encarga a su vez de dividir, de deshumanizar.

Cuando los problemas provocados por las brutales desigualdades sociales (hoy en Estados Unidos 0,2 por ciento de la población posee lo mismo que el 90 por ciento) se llevan a todos sus extremos, nada mejor como ocultarlas y fortalecerlas recurriendo al racismo, una vieja y siempre latente tradición. Cuando los de debajo se pelean por un pedazo de pan, los de arriba festejan con caviar y se prearan para sus caritativas donaciones.

Cada tanto esta lógica se expresa en todas sus formas en personajes caricaturescos como Donald Trump.