Why I Was Wrong About Liberal-Arts Majors

WSJ Small Business Expert David Kalt says his experience has proven a liberal arts education produces great programmers.ENLARGE

WSJ Small Business Expert David Kalt says his experience has proven a liberal arts education produces great programmers. PHOTO: ISTOCK PHOTO

David Kalt is the founder of Reverb.com, a marketplace for musical instruments and gear, and the owner of the Chicago Music Exchange, a vintage guitar store in Chicago. He also co-founded and was the former CEO of online broker optionsXpress.

As the demand for quality computer programmers and engineers increases, conventional wisdom assumes we need more students with computer-science and engineering degrees. Makes sense, right?

I’ve been preaching this exact message for the past 10 years as I’ve fought to recruit the best programmers. Recently, though, I’ve realized that my experience has proved something completely different.

Looking back at the tech teams that I’ve built at my companies, it’s evident that individuals with liberal arts degrees are by far the sharpest, best­-performing software developers and technology leaders. Often these modern techies have degrees in philosophy, history, and music – even political science, which was my degree.

How can this be?

It’s very simple. A well-­rounded liberal arts degree establishes a foundation of critical thinking. Critical thinkers can accomplish anything. Critical thinkers can master French, Ruby on Rails, Python or whatever future language comes their way. A critical thinker is a self­-learning machine that is not constrained by memorizing commands or syntax.

Writing code can be just as stimulating as playing guitar or learning chess. Therefore, like musicians, many of the best programmers are self-­taught. They don’t write their first line of code in a classroom. Instead, they learn Ruby on a laptop while at Starbucks, just for fun. Most liberal arts degrees encourage a well-rounded curriculum that can give students exposure to programming alongside the humanities. Philosophy, literature, art, history and language give students a thorough understanding of how people document the human experience. Technology is a part of our human experience, not a replacement to it.

While we’ve hired many computer-science majors that have been critical team members, It’s noncomputer science degree holders who can see the forest through the trees. For example, our chief operating officer is a brilliant, self-­taught engineer with a degree in philosophy from the University of Chicago. He has risen above the code to lead a team that is competitive globally. His determination and critical-thinking skills empower him to leverage the power of technology without getting bogged down by it. His background gives him the soft skills – the people skills – that make him stand out as someone who understands our customers and knows how to bring the staff along.

My point isn’t that we don’t need qualified, formally trained engineers with university degrees. Rather, I’m suggesting that if more tech hires held a philosophy or English degree with some programming on the side, we might in the end create better leaders in technology and life.

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Los ataques en Europa benefician a la derecha xenófoba

MADRID, 27 Jul. (OTR/PRESS) – Jorge Majfud, escritor uruguayo estadounidense, y autor de Crisis y otros libros, analiza en una entrevista concedida a OTR/Press la ola de violencia que se está viviendo en Europa

Leer mas: http://www.europapress.es/otr-press/cronicas/noticia-jorge-majfud-ataques-europa-benefician-derecha-xenofoba-20160727110810.html

 

 OTR: En la última semana hemos visto una serie de ataques en Europa, particularmente en Alemania. ¿Tenían razón los que querían prohibir la entrada de refugiados sirios?

JM: Bueno, creo que ese problema tiene varios aspectos centrales. Para empezar debemos recordar, aunque brevemente, que Occidente no ha sido inocente ni mucho menos neutral en el caos que vive hoy Oriente Medio. Desde la criminal última gran invasión a Irak en el 2003, la que ha dejado cientos de miles de muertos y millones de desplazados, hasta la más reciente borrachera desestabilizadora en África del Norte y en Siria. Que Assad sea un dictador, cruel como todos, no significa que los policías del mundo sigan perpetuando sus manipulaciones como lo han venido haciendo desde hace al menos un par de siglos en esa región, creando países y protectorados, poniendo dictadores y luego invadiendo países para salvarlos de esos mismos dictadores –algo muy parecido a la historia de América Latina durante todo el siglo XX. Las potencias occidentales también destruyeron alguna que otra democracia en Oriente Medio durante el siglo pasado e instauraron o apoyaron sus “dictaduras amigas”, todo lo cual generó resentimientos y reacciones de grupos que encontraron en el fanatismo religioso la mejor forma de expresar sus frustraciones, de una forma más o menos organizada y con apoyo de una tradición que deformaron a su antojo, como cualquier fanático religioso de cualquier religión, siempre matando en nombre de una moral y de una historia hecha a su gusto. Al-Qaeda y el Estado Islámico son, aunque indirectamente, creaciones de Occidente.

 

 OTR: ¿Los ola de refugiados en Europa sería consecuencia de las intervenciones que comenzaron con la guerra de Irak?

JM: Ciertamente, si hablamos del actual drama de los refugiados, aparte de los inmigrantes turcos y africanos que ya existían de las décadas anteriores y que, mal o bien, se han integrado a sus nuevas sociedades, a pesar de las grandes diferencias culturales, económicas, legales y de educación. Pero por entonces ya había comenzado el odio de los grupos conservadores contra esa gente, lo cual es un patrón histórico. La mayoría de los desplazados de los últimos años han sido acogidos por países como Jordania o Líbano (un pequeño país con escasos recursos y con una población de cuatro millones que debió hacerse cargo de más de un millón de sirios refugiados), por aquellos que tenían poca o ninguna responsabilidad en todo este drama. La acogida por parte de los países responsables de esta tragedia, los países occidentales y sus aliados ricos como Arabia Saudí, además de Rusia, apenas han dado refugio a una minúscula parte de toda esa gente desplazada que huyen de la destrucción de sus propios países bajo millonarias bombas, de la persecución de grupos terroristas, del hambre y de la muerte segura. Alemania ha sido el país europeo que más refugiados ha recibido, aunque nada en comparación a otros países mucho más pobres.

 OTR: Y junto con Francia han sido los más golpeados por actos de terrorismo recientemente…

JM: Claro. Pero veamos que tanto en Estados Unidos como en Europa las víctimas de terrorismo, vistos desde un punto de vista cuantitativo, son infinitesimales en comparación a las víctimas que produjeron en otros países las irresponsables y ambiciosas intervenciones militares, bombardeos y acosos económicos frecuentes. En Estados unidos, las víctimas de terrorismo suman un dos o tres por ciento de las víctimas de otros tiroteos masivos que no alcanzan las primeras planas de la gran prensa, de los creadores de opinión y paranoia colectiva. Por no hablar de las decenas de muertos cada año sólo por armas de fuego. Por otro lado debemos considerar varios otros problemas: en alguno de esos atentados en Europa nunca hubo una conexión con grupos terroristas como el ISIS, sino individuos desquiciados, pero la prensa no los presentó de esa forma. Basta con señalar el origen de los asesinos para involucrar a toda una comunidad de gente pacífica. Para ampliar la comprensión de este problema, recomiendo leer los artículos de Javier Couto.

 OTR: ¿Pero cómo se explica que algunos refugiados puedan atentar contra la sociedad que los recibió, como es el caso de Alemania?

JM: Otra vez: son una minoría que hasta ahora se cuentan con los dedos de la mano –y sobran dedos. Pero para comprender el fenómeno, creo que debemos observar algunos factores comunes. Por ejemplo, los dos últimos atentados contra policías en Estados Unidos. Si se mira con cuidado, se verá dos elementos comunes a otros atentados en Europa y en los mismos Estados Unidos perpetrados por individuos cuyos orígenes estaban en algún país de Medio Oriente, países hundidos en el conflicto que estamos discutiendo. Los asesinos de policías en Texas y Luisiana eran militares, veteranos de guerra estadounidenses de Irak y Afganistán; los dos, afroamericanos. No es raro: cada día más de veinte excombatientes se suicidan en este país y miles se abandonan en las calles y se convierten en indigentes.

 OTR: ¿Ha conocido personalmente a alguno de ellos?

JM: Sí, a varios. Algunos fueron mis alumnos en la universidad, tratando de volver a la vida normal con historias terribles. Mucho de ellos vuelven convencidos que hicieron lo correcto y muchos otros con una fuerte carga de resentimiento contra su país y hasta desafecto hacia sus propios padres, en muchos casos producto de una afección muy común, que es el Trastorno de Estrés Postraumático. Muchos viven con esa fuerte carga de frustración, resentimiento y violencia contenida, medicados y contenidos por psiquiatras para que no se agarren a las piñas en un bar o algo peor. ¿Alguien podría sorprenderse de que alguno de estos jóvenes en lugar de pegarse un tiro, como lo hace diariamente un gran número, un día decida apuntar hacia otro lado? Bueno, lo mismo podemos considerar en esa masa de refugiados: ¿alguien podría pensar que niños y jóvenes que vieron a sus padres y hermanos e hijos morir destrozados bajo las bombas civilizadoras o sobre las bombas de los fanáticos islamistas lleguen un día a Europa o a Estados Unidos y sin ningún tratamiento o consideración olviden todo lo vivido? ¿Quién habla del TEPT de las víctimas civiles? Lo mismo se debería considerar en el caso de los prisioneros injustamente detenidos y torturados en Guantánamo que un día, por un acuerdo político de buena voluntad, son “dejados en libertad” para que resuelvan sus vidas en países con otras culturas y otros idiomas, rodeados de sus propios fantasmas. Es por lo menos un milagro que ninguno de ellos haya cometido ningún delito violento todavía. ¿O es que sólo los blancos civilizados tienen problemas psicológicos que deben ser tratados como enfermedades y no como condición patológica de su propia raza o cultura?

 

 OTR: ¿A quiénes beneficia esta violencia que vemos en Europa?

JM: A la derecha xenófoba, sin dudas. Cada vez que ocurre una desgracia donde alguien con un apellido árabe es el responsable, las encuestas muestran un aumento de apoyo de la población a esos partidos. Cada vez que los diarios occidentales llenan sus portadas y las repiten por tres o cuatro días con un atentado que ha dejado tres o cien víctimas, los Donald Trump, los Marine Le Pen y los partidos nazis de Europa se frotan las manos y se golpean el pecho con sus “yo se los dije” en sus cuentas de Twitter o en sus enardecidos discursos. Pocos tienen en cuenta que todo el odio hacia los extranjeros y hacia sus propios connacionales con pieles más oscuras que las suyas se va reproduciendo y acumulando durante años en aquellos jóvenes que desde chicos aprenden a considerarse “los otros”, victimas silenciosas del peor de los bullings, tarde o temprano termina por reventar en alguna parte. De paso todo ese odio hacia los pobres, a los marginados culturales, a los excluidos por las retoricas nacionalistas, como en la Alemania de los años treinta, sirve para olvidar los problemas reales de injusticia social donde el 0,1 por ciento de un país superrico posee lo mismo que el 90 por ciento y los “fracasados”, hijos del demonio que llenan las cárceles y que, de paso significan un gran negocio en países como Estados Unidos. Todo el resto de la historia de las hazañas civilizatorias de las potencias occidentales, todo eso que nos ha llevado a estas desgracias o por lo menos han contribuido en mayor proporción, pues brillan por su ausencia. Sin embargo, como ya lo he dicho antes, un acto de terrorismo no se justifica con nada pero se explica con todo. Por otro lado, la respuesta se evalúa por sus resultados: si las bombas fuesen la solución, el mundo sería un mar de paz.

 OTR: ¿Entonces, cual es la solución?

JM: Depende de para quién.

 OTR: Con respecto a los atentados que vienen ocurriendo en Europa.

JM: Basado en lo que dijimos antes lo más inmediato será mantener por el momento el alto control policial y renunciar a las invasiones “preventivas”, que hasta ahora han sido “provocativas”. Junto con eso, la población debe estar alerta y consiente de sus propios pecados, como lo es hacerse responsable del niño, luego de la orgia de decisiones irresponsables y criminales en el plano internacional. En cuanto a los asuntos domésticos, al día a día, es necesario estar prevenidos de las consecuencias contaminantes de toda cultura del odio, que no es propiedad de los otros. Estar prevenidos de los políticos y los agitadores de turno, verdaderos buitres de la moral popular. Invertir en diversos programas, sociales y psicológicos para ayudar a aquellos refugiados que lo necesitan. Terminar con la secreta cultura del bullying internacional y el bullyng de barrio que golpea a los más débiles y en riesgo de marginación cultural y psicológica desde la primera infancia. Invertir más en cultura y menos en bombas, leer más libros y artículos con contenido y moverse menos por reacciones epidérmicas de los demagogos de turno.

In 1927, Fox News Service filmed Benito Mussolini telling immigrants to ‘make America great’

 

by Philip Bump, The Washington Post
You can trace the name Fox in the news industry back through various corporate iterations until you get to the Fox News Service, part of Fox Film, which merged with Twentieth Century Pictures in 1935 to form 20th Century Fox. Fox News Service was in the newsreel business, as Fox News today is in the televised news business. And in 1927, it had a problem.

“The Fox News Service,” Donald Crafton wrote in his book “The Talkies,” “was far behind the leader, Pathé. [Company Vice President Winfield] Sheehan saw immediately that adding sound” — itself a new technology — “would give his company’s product a singular advantage, since the only other studio with sound capabilities, Warners, had no newsreel.” He dispatched camera and sound crews around the world to film newsworthy events. “Fox News officials,” Crafton wrote, “saw that a transformation in the newsreel was about to take place.” The company created a new tagline: “Fox Movietone News: It speaks for itself.”

Fox News wasn’t the only group to recognize the value of the combination of sight and sound. Benito Mussolini, the Fascist prime minister of Italy, at one point reportedly said that were he to broadcasting his speeches “in twenty cities in Italy once a week” he would “need no other power.” When he was approached about filming a statement for the newsreel, he agreed.

Fox promoted the upcoming statement in advertisements in the New York Times in September 1927, with the debut of the speech coming to New York City’s Times Square theater later that month.

It’s important to note the broader context for the moment. In the year 1900, according to data from Pew Research, the five nations from which the most foreign-born American residents had originated were Germany, Ireland, Canada, Sweden and the U.K. By 1910, Italy had snuck onto that list, with 1.3 million Italy-born people living in the U.S. By 1920, the figure jumped to 1.6 million. And by 1930, Italy was the no. 1 nation of origin for foreign-born populations, with 1.8 million Italian-born people living in America. The most common place of origin for non-natives in Connecticut, New Jersey, Pennsylvania, West Virginia and New York was now Italy. In Brooklyn, 8 percent of the population in 1930 had been born in Italy.

As the number of Italians coming to America increased, so did tensions with those already here. In 1920, The Washington Post editorialized for new constraints on immigration from Southern Europe, saying that “the alien scum from the cesspools and sewers of the Old World has polluted the clear spring of American democracy.”
This was the era during which the prime minister of Italy appeared in one of the first sight-and-sound newsreels in history, screening just before the F. W. Marnau film, “Sunrise.”

Mussolini’s accent was heavy, and it’s hard to pick out everything he said. But the thrust was that he was offering praise for the United States and for the Italian immigrants that were helping to build it. He praised the citizens of Italy who were working to make America great:

“I am very glad to be able to express my friendly feelings toward the American nation. Friendship with which Italy looks at millions of citizens who, from Alaska to Florida, from the Pacific to the Atlantic, live in the United States, Italy is deeply rooted in our hearts. This feeling created by mutual interests so contributed to preparation of an even brighter era in the lives of both nations.

“I greet with wonderful energy the American people and I see and recognize among you the salt of your land, as well as ours, my fellow citizens who are working to make America great.

“I salute the great American people. I salute the Italians of America who unite in a single love of two nations.”

The reviewer from the Times who attended, Mordaunt Hall, raved over the program.
“It was distinctly impressive to look upon the physigonomy of Henry P. Fletcher, the United States Ambassador to Italy, and hear him present, while standing on Italian soil, Benito Mussolini,” Hall wrote. “It was also wonderful to hear and see the Duce come from a building and reply to the introduction.”

Eighteen years later, Benito Mussolini was dead, killed by Italian partisans near the end of World War II, his body dumped in the middle of a public square in Milan where Italians mutilated the corpse. He’d set aside his friendly feelings toward the American nation, abandoned the prospect of a brighter era, to join with Adolf Hitler in trying to re-shape world history.

And, as you know, he failed.

Cuando los de abajo se odian

La lógica del racismo

El dinero de un blanco vale lo mismo que el dinero de un negro, el de un traficante de drogas vale lo mismo que el de una viuda que se prostituye para criar a sus hijos. Sólo esa lógica podría probar que el capital es amoral y no se le podría atribuir la promoción de, por ejemplo, el racismo. ¿Por qué, entonces, las sociedades capitalistas más avanzadas han sido, a lo largo de los siglos, brutalmente racistas?

Desde mucho antes de la fundación de Estados Unidos, los colonos ingleses en América del Norte administraban las relaciones sexuales entre los negros esclavos. Por lo general, no les convenía una esclava embarazada como hoy no le conviene a las empresas la misma ocurrencia entre sus empleadas mujeres. Cuandolos esclavos tenían hijos, con frecuencia eran separados de sus familias. Las emociones humanas nunca fueron productivas hasta la Era de la propaganda y el consumo en el siglo XX.

Para la gente de bien de la época (los propietarios, gente con responsabilidades, las únicas que luego podrán votar y ser elegidas) la promiscuidad de la gente bruta era un pecado inaceptable: los nativos americanos no estaban obsesionados con la virginidad femenina y el sexo no sólo era un acontecimiento frecuente entre losnegros sino también entre los negros y los blancos pobres, entre los blancos y los negros y los indígenas que recibían a los fugados del otro lado de los Apalaches. Entre los pobres de la época y entre parte de la clase media, el racismo no era un principio fundamental ni era todavía una recomendación patriótica de Dios.

Para solucionar el problema se establecieron leyes prohibiendo el matrimonio y hasta el ocasional contacto interracial entre los pobres. Pero como las leyes nunca son suficientes, se implementaron políticas que terminaron por reforzar una cultura que, con el tiempo, se convirtió en parte de “la naturaleza humana”.

A principios del siglo XVIII, los gobernantes de las colonias promovieron el odio entre los colores (las diferencias más superficiales pero más visibles) para evitar que el descontento del abuso de clases uniera a blancos pobres, negros esclavos e indios despojados en una revuelta mayor a las que se habían producido con anterioridad, exitosamente abortadas por la fuerza de las armas. En 1758, el gobernador de Carolina del Sur, James Glen, reconoció (o más bien se vanaglorió) que siempre había sido una de sus políticas “crear en los indios una fuerte aversión hacia los negros” (“It has always been the policy of this government to create an aversion in them [Indians] to Negroes“). Una de esas formas fue enviando milicias de esclavos para combatir a los indios. Algunos negros desertaron y se refugiaron en entre los indios, se casaron y tuvieron hijos. Pero los astutos gobernantes encontraron la forma de amenazar o corromper a algunos indios ofreciéndoles beneficios a cambio de la entrega de los fugados. Como en América latina, la corrupción fue por siglos una expresión del poder desequilibrado: los poderosos se corrompían por ambición y los despojados se corrompían por necesidad. Esa dinámica persiste hoy atrapada en la simplificación estratégica del lenguaje que pone, en una eterna relación de simbiosis a abusadores y a abusados bajo una misma etiqueta: corruptos.

El sexo entre una blanca y un negro era un pecado mayor (por la misma razón y dinámica entre lo deseado y lo prohibido, entre el poder que domina y se rompe simbólicamente para renovarse, actualmente es un negocio de la pornografía). Cuando un blanco tenía un hijo con una negra, el castigo consistía en enviar al vástago híbrido con el resto de los negros, de forma que la pureza blanca siempre se mantuvo en grados deseables, razón por la cual actualmente cualquier estudio genético revela que los negros estadounidenses tienen una gran proporción de genes europeos, en algunos casos un treinta o cuarenta por ciento, mientras que losblancos prácticamente no muestran trazas de genes africanos. Menos comunes fueron casos como el de loshijos que Thomas Jefferson tuvo con su joven esclava, una mulata de nombre Sally (“tres cuartas partes europea”, hija de otra escava con John Wayles, el suegro de Jefferson), que recibieron la libertad siendo cada uno “siete de ocho partes blancos”. Conceptos similares de fracciones humanas habían sido recogidos por la constitución, cuando se reconoció que un negro valía tres quintos de un blanco en términos electorales; aunque, obviamente, no votaban, más esclavos conferían más poder democrático a sus amos por la lógica de la propiedad privada.

Un siglo antes de que Estados Unidos lograra la independencia, en muchas colonias los indios y losnegros superaban en número a los blancos, por lo cual los gobernantes debieron aprobar leyes para controlar esta peligrosa desproporción. Inglaterra no sólo enviaba sus reos a Australia sino a América también, los cuales en muchos casos participaron en revueltas junto con los negros y con la misma frecuencia fueron indultados por el color de su piel. Algunos se convirtieron en supervisores de esclavos, cuando se les exigió a las plantaciones tener al menos un blanco por cada seis trabajadores negros para evitar más desórdenes que amenazaran la paz y el progreso de aquella sociedad tan próspera.  

En las colonias del sur, los blancos representaban un quinto de la población y entre ellos la mayoría eran pobres o esclavos que la pobreza en Europa había obligado a venderse por cinco o nueve años, aunque la mayoría no alcanzaban a pagar por su libertad porque morían enfermos o se suicidaban antes. El actual presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama es descendientes de esclavos, no por su padre negro (que conoció a la madre de Obama cuando en Estados Unidos la unión interracial era ilegal en la mayoría de losestados y se consideraba cosa de comunistas), sino por parte de su madre blanca. Obama es considerado el primer presidente negro de este país, consecuente con una historia de siglos, a pesar que a juzgar por sus familias es tan blanco como negro.

Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que estamos hechos de siglos de historia, nos guste o no, lo sepamos o no. Pero siempre es mejor saberlo. Como es tradición, desde las guerras religiosas de la Edad Media hasta las guerras del último siglo, los pueblos viven las pasiones y otros muchos menos viven losbeneficios. Como en el fútbol, pero menos divertido y mucho más trágico.

El dinero es una abstracción sin moral, pero deja de ser neutral apenas representa al poder de turno. El odio tiene sus beneficios económicos, porque es un instrumento infalible de una de las necesidades básicas del poder: la división de otro, la fragmentación. El poder sabe que en una democracia decente será dividido y dividido, razón por la cual, para evitar su propia división, se encarga a su vez de dividir, de deshumanizar.

Cuando los problemas provocados por las brutales desigualdades sociales (hoy en Estados Unidos 0,2 por ciento de la población posee lo mismo que el 90 por ciento) se llevan a todos sus extremos, nada mejor como ocultarlas y fortalecerlas recurriendo al racismo, una vieja y siempre latente tradición. Cuando los de debajo se pelean por un pedazo de pan, los de arriba festejan con caviar y se prearan para sus caritativas donaciones.

Cada tanto esta lógica se expresa en todas sus formas en personajes caricaturescos como Donald Trump.

 

 

Buen artículo de Fernando Isabella sobre jubilaciones en Uruguay

Sobre los famosos 200 pesos

En estos días, tras el anuncio del gobierno respecto del adelanto de 200 pesos del aumento de las jubilaciones mínimas, ha habido una enorme reacción entre la gente, en las redes sociales, incluso entre los amigos. Entre las críticas hay distintos perfiles; los legítimamente indignados, los perezosos a los que no les interesa informarse sobre la realidad, pero que cuando se trata de cuestionar lo hacen con tanta virulencia como poco conocimiento y, por último, los hipócritas oportunistas (no todos de los partidos tradicionales). No pretendo diferenciar cuál es cuál; cada uno se ubicará. Pero lo que parece central es que este hecho, como cualquier otro en la vida social, sea analizado en el contexto en el que se produce, porque cada hecho es parte de una historia, y si nos quedamos en el hecho aislado, perdemos lo importante. Ningún hecho aislado cambia las condiciones de vida de los más humildes, y cuando el árbol no nos deja ver el bosque, estamos perdidos.

Algunos hechos:

  1. Parece evidente que la cifra manejada es tan baja que su aporte a la calidad de vida de los beneficiarios será mínima. Eso es un hecho. Sin embargo, dudo que alguien que cobra 8.765 pesos sienta que es lo mismo que nada y, en todo caso, deberían decirlo ellos y no los escribientes o los vivos en las redes, que seguro que ganan mucho más, pero que a muchos de ellos, si se les pide una contribución de 200 pesos, por ejemplo, mediante el aumento del IRPF, se indignan al extremo. Así, cuando se trata de una mejora, 200 pesos es nada, pero cuando se trata de impuestos (por tanto, cobrar menos) parece que los mismos 200 pesos se multiplican.
  2. Los 200 pesos no son ni el monto de las jubilaciones ni el aumento, sino un adelanto del aumento. El gobierno del Frente Amplio (FA) en 2007 decidió ir más allá de lo que obliga la Constitución y además de los aumentos que se dan cada enero, más los aumentos especiales que se fueron definiendo para las jubilaciones más bajas, decidió dar un adelanto del aumento a partir de julio, para dar otro empujoncito en las condiciones de vida de los jubilados de menores ingresos. El verdadero aumento será en enero, como todos los años, y si bien todavía no es posible decir de qué monto será, estará entre 10% y 12%, o sea entre 900 y 1.100 pesos para las jubilaciones más bajas, lo cual parece bastante más interesante, ¿no?
  3. Este año, dadas las condiciones económicas del país, el gobierno había decidido no dar ese adelanto, pero las organizaciones de jubilados insistieron en la necesidad de mantener el gesto del adelanto y el gobierno accedió. La reacción posterior es, al menos, llamativa.
  4. Las jubilaciones mínimas en Uruguay, aun siendo muy bajas, desde 2005 han tenido un aumento enorme. Es importante recordar, o saber, que en 2005 había jubilaciones de 300 pesos; ¡sí, 300 pesos! Recién en 2008 se logró establecer una jubilación mínima, que en su momento fue de 1 BPC, que eran ¡1.636 pesos! Desde entonces, además de la suba anual igual al aumento de salarios (que como todos sabemos también han sufrido aumentos históricos desde 2005), se han venido aplicando aumentos especiales a las jubilaciones más bajas; de forma que hemos llegado a los 8.965 pesos de ahora. De 300 a 8.965 pesos. No es tan poca cosa.
  5. Lo anterior no sólo pretende recordar una realidad insoslayable cuando se juzga a los gobiernos del FA como lo hacen, sin profundizar lo suficiente, Apegé (ver http://ladiaria.com.uy/AGWf) o Soledad Platero (http://ladiaria.com.uy/AGXN), por ejemplo, sino que busca hacer pensar que ese enorme aumento se logró en base a pequeños aumentos, año tras año. Y que cada uno de esos pequeños aumentos, si algún distraído (o algún vivo) lo toma aislado y lo juzga fuera de contexto, podría parecer “una tomadura de pelo”, “una vergüenza”; sin embargo, es la acumulación, lenta pero sin pausa, de esos aumentos lo que ha logrado esa enorme mejora. Y capaz que algún astuto puede agarrar cualquiera de esos aumentos y dividirlo entre 30, para ver el aumento diario, o incluso luego, ¿por qué no?, dividirlo entre 24, para ver el aumento por hora. Siempre es posible elegir una unidad de tiempo en la que el aumento resulte ridículo. Es tan fácil destruir.
  6. A estos aumentos se suman otros beneficios que los jubilados han venido recibiendo. El más importante: el Fonasa. Desde su creación en 2007, el Fonasa se ha seguido ampliando año tras año, y justo este mismo mes, han terminado de ingresar al Fonasa todos los jubilados. Claro, eso no salió en los informativos, los vivos no hicieron bromas en las redes, y los escribientes no le dedicaron una columna. Ese hecho, que socializa el derecho a la salud, implica el derecho a un tratamiento de cáncer, o una operación a corazón abierto, o una prótesis de cadera, entre tantas otras cosas. Es decir, es la diferencia entre la vida y la muerte, simplemente. ¿Cuánto vale eso?¿Entre cuánto habría que dividirlo para que parezca ridículo? Pero aunque “no tenga precio”, lo cierto es que sí tiene un enorme costo económico para el Estado, que se paga mes tras mes, año tras año, pero que casi nadie ve ni recuerda en estos momentos. Pero cada año el Estado transfiere al Fonasa más de 300 millones de dólares para asegurar el derecho a la salud. Claro, si no existiera el Fonasa capaz que se podía haber dado un aumentito mayor, para que la comparación con el precio del kilo de morrones diera mejor.
  7. Pero además, también desde que el FA gobierna, cada año se otorga una canasta de fin de año a los jubilados con bajos ingresos (no llega a ser un aguinaldo, pero es una ayuda) que el año pasado fue de 1.500 pesos; otro empujoncito. A eso se suma un hecho no menor como es la tablet del Plan Ibirapitá, que también ha sido bastante ridiculizado, con argumentos que no dejan de denotar la idea de que los viejos son estúpidos y no pueden aprender a usarla. Esas tablets tienen un sistema operativo especialmente diseñado que resulta muy sencillo de usar y permite, muy fácilmente, cosas como leer los diarios, escuchar música, leer libros (entre múltiples títulos para elegir; ni más ni menos que una biblioteca en sus manos) y otros beneficios como recordatorios de tomar los medicamentos, etcétera. Todas cosas que tal vez al lector le parecen insignificantes, pero que para alguien que gana 8.765 pesos y que además, muy frecuentemente, vive solo, pueden ser importantes.
  8. Un temita extra que debería considerarse es la cantidad de gente que cobra ese valor de jubilación. Son cerca de 120.000. Esto es importante, porque cada 1 peso de aumento le cuesta al Estado 120.000 por 12 meses. Y esa plata que resulte hay que sacarla de algún lado; o sea, alguien tiene que pagar más impuestos para financiarlo. Y esto viene al hecho, ya mencionado, de que los mismos que se burlan de este aumento se indignan si les aumentan los impuestos.
  9. Relacionado con lo anterior, podría surgir la expresión: “¡Qué horror! 120.000 personas que cobran esa miseria”. Sí, es verdad. Pero recordemos que en los gobiernos del FA se han flexibilizado enormemente las condiciones para acceder a la jubilación, de forma que decenas de miles de personas que hoy cobran eso habían llegado a edades avanzadas y, por no haber aportado durante los años exigidos, no se podían jubilar y estaban totalmente desamparadas. Así, gran parte de las personas que cobran ese monto no aportaron al sistema los años necesarios, y aun así se les otorgó la jubilación. Seguramente, muchas de ellas, quizá la mayoría, trabajaron esos años y muchos más, y no aportaron porque estaban en una situación de explotación tal que esa no era un opción. Pero también hay unos cuantos que en realidad decidieron no aportar, o hacerlo por el mínimo, cuando en realidad ganaban bastante más, así les quedaba un sueldo líquido mayor. Los sistemas solidarios, como el nuestro, no funcionan cuando la gente no es solidaria. Y además, hay muchos que, amparados por la ley, se jubilaron como patrones. Propietarios de pequeñas empresas, comerciantes que figuraban con un sueldo ficto para tener derecho y que hoy cobran ese monto, pero que en realidad tienen propiedades o ingresos de capital. Su situación es diferente, pero a la hora de recibir aumentos, suman como cualquiera.
  10. Estos datos se reflejan en el hecho de que la pobreza en personas mayores de 65 años es casi inexistente, cuando entre niños es de alrededor de 20%, lo cual debería interpelarnos sobre la centralidad que el tema de las jubilaciones tiene en la discusión pública frente a otros temas más urgentes. Eso señala además una fortalecida red de protección social que permite a gente con bajos ingresos tener otros apoyos que le permiten cubrir sus necesidades mínimas.
  11. Uruguay es un país que se encuentra en una situación de transición demográfica avanzada. Esto quiere decir que el nuestro, como todos los países con buenos niveles de vida, se está envejeciendo muy rápidamente. Y eso implica que, por cada jubilado, cada vez hay menos gente en el mercado de trabajo, aportando a la seguridad social, y que, por tanto, cada vez hay menos recursos que llegan al BPS, pero más erogaciones. Por eso el gobierno tiene que pasarle al BPS para compensar la diferencia, cada año, cerca de ¡2.000 millones de dólares! Esto les pasa a los países que avanzan económica y culturalmente, lo que permite a las mujeres decidir cuántos hijos quieren tener y a los adultos tener buena atención de salud y buen nivel de vida, lo que lleva a que vivan cada vez más años. Es algo muy bueno, pero que cuesta mucha plata. Entonces, el sistema de seguridad social no es ninguna “estafa”; al contrario, toda la sociedad contribuye mucho para que el sistema se sostenga y los jubilados sigan cobrando. Esto resulta de que un muy alto porcentaje de jubilados (y cada vez más) cobrarán mucho más de lo que aportaron al sistema a lo largo de su vida. Más que a “estafa”, me suena a milagro. Pero claro, los milagros no existen y la diferencia caerá, cada vez más, en los, cada vez relativamente menos, trabajadores activos. No, no es una estafa a los jubilados. Es un poquito más complejo, y hay que hacer el esfuerzo de entenderlo, porque si no, se corre el riesgo de decir cosas equivocadas que ayudan a destruir los logros y no a profundizarlos. No, mirando la foto entera, a mí no se me cae la cara de vergüenza; pero claro, siempre es más atractivo escribir una nota combativa que dedicarle un rato a tratar de entender los avances y las dificultades.
  12. Una última cosa. A fin de año publiqué una nota, breve, sobre la importancia del crecimiento económico para procesos de cambios profundos como el nuestro. Y lo hice porque ya se veía venir que la situación económica empeoraba rápidamente, y me parecía que en la izquierda no se valoraba el crecimiento en su justa dimensión. Entre las múltiples reacciones que hubo, muchas transmitían esa misma concepción errónea, que asimila crecimiento con profundización del capitalismo. Lamentablemente, la situación ha demostrado lo que muchos temíamos, y ahora que el crecimiento falta, nos damos cuenta de cuán importante era. Es que mientras la economía crecía, el Estado recaudaba más impuestos y eso permitía, a un gobierno con objetivos claros de redistribución, mejorar las jubilaciones y los recursos destinados a educación, políticas sociales, etcétera. Como siempre, valoramos las cosas cuando las perdemos… esperemos que sea por poco tiempo.

Toda esta lata viene a cuento de una profunda convicción que tengo y que, en estos días, me mortifica mucho. Creo que lo que no se sabe o no se recuerda sobre los logros obtenidos no se valora. Y lo que no se valora no se defiende, y lo que no se defiende se pierde. Y se han logrado muchas cosas, muchas más de lo que muchos compañeros son conscientes. Sólo voy a mencionar una, por su centralidad para el pensamiento de izquierda: la redistribución. Uruguay vivió en estos años la más profunda redistribución de ingresos de la que se tenga registro en la historia del país. Además, es la más profunda de entre todos los procesos de izquierda que ha vivido el continente en la última década y pico. Más profunda que la lograda por procesos con mucha más parafernalia y marketing izquierdista. Se mida como se mida; con el Gini, con la relación entre los ingresos más altos y los más bajos, con la relación entre lo que apropia el trabajo y lo que apropia el capital. Pero al no valorarlos, y seguramente no conocerlos, se dan expresiones que tienden a corroer el activo más valioso para un proyecto de cambios: la esperanza de la gente. Es que cuando la gente se convence de que todo es lo mismo, de que no vale la pena informarse, de que no vale la pena organizarse, entonces sí, está todo perdido. Ahí se da vía libre a la política del marketing, a la decisión en base a prebendas, o en base al jingle más pegadizo o al candidato más pintún. Y ahí, cuando la política es sólo espectáculo, muere la posibilidad del cambio. Y me temo que muchos, entre ellos algunos viejos compañeros, están, sin saberlo, trabajando fuertemente para eso. La crítica constante es un derecho sagrado y una necesidad para mejorar. Pero también implica responsabilidad sobre lo que se dice, no sea cosa que porque no nos gusta un árbol torcido, demos paso a la destrucción del bosque.