La crisis de los refugiados

Por Noam Chosmsky

Traducción de Jorge Majfud

 

 En algunos países existe una verdadera crisis de refugiados. En Líbano, por ejemplo, donde al menos un cuarto de la población consiste en refugiados de Siria, han recibido esta ola de gente desesperada después de  otra que les había llegado desde  Palestina y desde Irak. Otros países de la región, pobres y golpeados por los conflictos, también han debido dar refugio a inmensas cantidades de personas. Entre ellos Jordania y la misma Siria, antes de que se hundiese en un suicidio colectivo.

Sin embargo, los países que han sobrevivido a la crisis de los refugiados no son aquellos que han tenido alguna responsabilidad en la creación de la crisis. El actual fenómeno de los refugiados es, en gran medida, consecuencia de las acciones de los países ricos y poderosos, esos mismos que ahora llorisquean por el terrible peso que les producen unas pocas víctimas de la miseria, a los que fácilmente podrían echar una mano abriéndole las puertas.

La conocida invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña produjo el desplazamiento de cuatro millones de seres humanos, de los cuales la mitad huyeron a los países vecinos. Los iraquíes continúan huyendo de su propio país, un país que ahora es uno de los más miserables sobre la Tierra después de una década de sanciones criminales seguidas de la masacre de los ricos y poderosos que devastaron y arruinaron el país y, por si fuese poco, iniciaron un conflicto sectario que ahora está destrozando el país y la región en mil pedazos.

No hay necesidad de volver a revisar el conocido rol que jugó Europa en África, que es de donde provienen las otras olas de refugiados, los que ahora deben pasar por el embudo creado por los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estaos Unidos sobre Libia, acciones que no solo destruyeron el país sino que además lo dejó en las manos de milicias que ahora se combaten unas a otras.

Tampoco es necesario volver a recordar el historial de Estados Unidos en América Central, el que produjo terroríficas cámaras de exterminación de las cuales la gente ha intentado escapar desesperada, uniéndose ahora también a las victimas mexicanas del Tratado de Libre Comercio que virtualmente destruyó la agricultura en ese país, haciéndola inviable en una abierta competencia con la producción de los conglomerados agrícolas estadounidenses, fuertemente subsidiados por el gobierno federal.

La reacción de uno de los ricos y poderosos, Estados Unidos, es presionar a México para mantener alejadas de su frontera a sus propias víctimas, enviándolas de regreso sin misericordia, en aquellos casos en que la víctimas logran evadir los controles. La reacción del otro rico y poderoso, la Unión Europea, consiste en chantajear y presionar a Turquía para que mantenga a los sobrevivientes lejos de su fronteras y arree como ganado aquellos que logren escapar del horror hacia campamentos donde son tratados con brutalidad.

Entre los ciudadanos hay honrosas excepciones. Sin embargo, la reacción de los gobiernos es una desgracia inmoral, aun dejando de lado sus responsabilidades en la creación de las circunstancias que han llevado a toda esa gente a huir de sus tierras para salvar sus vidas.

Toda esta vergüenza no es algo nuevo. Basta con considerar solo el caso de Estados Unidos, el país más poderoso y privilegiado de la tierra, rodeado de ventajas incomparables. A lo largo de su historia les dio la bienvenida a los refugiados europeos para que se asentaran en sus tierras, aquellas tierras que antes habían sido tomadas con brutalidad, eliminando a las naciones nativas que antes las ocupaban. Todo eso cambió con la ley de inmigración de 1924, diseñada para excluir a judíos e italianos. No es necesario entrar en detalles. Aún después de la guerra, se les negó la entrada a aquellos sobrevivientes que todavía permanecían en campos de concentración. Ahora los gitanos están siendo expulsados de Francia hacia condiciones desesperantes en la Europa del Este, es decir, están expulsando a los descendientes de las víctimas del holocausto, si es que a alguien le importa.

La vergüenza persiste y no tiene límites. Sin duda, el tiempo para ponerle un punto final a todo eso ha llegado, sin el cual no podremos nunca alcanzar un mínimo de decencia y de civilización.

Abril 2016

 

 

 

El peligro de la diversidad

Publicado: 11/05/2016 07:10 CEST Actualizado: 11/05/2016 11:47 CEST
PAT
 
 
 

El dos veces candidato presidencial por el Partido Republicano, Pat Buchanan, ha expresado su apoyo al actual candidato Donald Trump. Aunque con estilos y suertes diferentes, ambos comparten ideas e ideales en materia de inmigración y política exterior. Ambos, razonablemente, se han manifestado en contra de la guerra en Iraq y los tratados de libre mercado. Las alternancias en el poder tienen esa ventaja; un mismo partido, y a veces un pueblo entero, puede borrar con el codo lo que escribió con la mano. Irak no los diferencia demasiado del socialista Bernie Sanders. Ambos conservadores, como los presidentes de este país en el siglo XIX, son proteccionistas en materia económica, lo cual es una novedad ente los neoconservadores, campeones del libre mercado, que de cualquier forma nunca fue libre como bien lo saben las corporaciones que se reparten el mundo en nombre de la libertad y la libre competencia.

Lo interesante es que este proteccionismo no es económico sino racial.

En 2006, Buchanan publicó el libro State of Emergency: The Third World Invasion and Conquest of America (Estado de emergencia: la invasión del Tercer mundo y la conquista de Estados Unidos) donde, básicamente, criticaba la inmigración ilegal. Como se puede sospechar, la legalidad es una recurrente excusa que cubre otras motivaciones más profundas. En una entrevista a NPR, la excelente Radio Pública de Estados Unidos, el 5 de mayo de 2016, Buchanan se expresó de una forma más espontánea, por no decir psicoanalítica.

La periodista le recordó algunos conceptos de su libro, en el cual afirmaba que “si no tomamos control de nuestras fronteras, para el año 2050 los estadounidenses descendientes de europeos serán una minoría en la nación que nuestros ancestros crearon y construyeron”. Está claro que en esta confesión, la ilegalidad (aquello de “no estamos contra la inmigración; estamos contra la inmigración ilegal”) no es lo que más preocupa. La inmigración ilegal está normalmente compuesta de hombres y mujeres de piel oscura, marginados en sus propios países latinoamericanos, por indios o por pobres, despreciados y explotados aquí por los empresarios que no encuentran ciudadanos dispuestos a trabajar, y despreciados y expulsados de allá, de sus propios países de origen, a los que luego agradecen con millonarias remeses que envían para ayudar a sus familias y que, indirectamente, terminan en las manos de los mismos señores de siempre, los creadores de empleo. Sólo México recibe más dinero por remesas que envían los pobres que por el petróleo que administran los ricos, y es el principal ingreso de divisas en países como Honduras.

El país unido de verdad del que habla Buchanam vivía bajo un régimen de apartheid, nunca nombrado como tal. Ni los negros ni los hispanos de piel oscura, ni los judíos ni los italianos ni ningún no-asimilado podía siquiera usar servicios reservados para los blancos asimilados.

 
 

Según Pat Buchanan, para darse cuenta del problema basta con ver lo que está pasando en Europa y en todo el mundo: hay conflictos terribles por culpa de las diferencias étnicas y de identidad, de lo cual, se deduce, deberíamos renunciar al mayor logro de la era moderna (y de otros períodos más antiguos), cuando se dejó de demonizar la diversidad y la igualdad en la diferencia, para convertirnos en lo que Fernando e Isabel lograron en España en 1492: la unidad de un país, no por la integración de lo diverso, sino por la eliminación del otro: un país con una lengua única, una raza única, una religión única en la sociedad más diversa de la Europa de entonces. En 1492, los reyes católicos expulsaron a los judíos y a los moros, tanhispanos (o españoles, si forzamos la historia para adaptarla a la percepción el presente) como cualquier cristiano. Luego, los convertidos fueron expulsados de nuevo, ya que para una mentalidad purista (fascista, en términos modernos), apenas se limpian las diferencias mayores, las menores, los tonos se convierten en diferencias fundamentales, y así, como en muchas otras partes del mundo de hoy, uno no alcanza a distinguir a uno del otro y ellos se matan por sus diferencias.

¿Que en la Europa hoy en día hay conflictos por culpa de las diferencias raciales? Claro, porque en la Europa de ayer no se mataban por diferencias religiosas, como en la Matanza de San Bartolomé, donde en pocos días, cristianos masacraron a varios miles de cristianos por diferencias de interpretación sobre el bien y la verdad. Porque en Europa, los nazis no advirtieron el mismo problema a tiempo y, para evitar la violencia, procedieron a eliminar la horrible y corrupta diversidad. Claro, porque en Estados Unidos nunca hubo discrepancias ni con los negros ni los indios ni con los mexicanos, porque se los expulsó de sus tierras a punta de fusil. Una vez, en un edificio público, encontré la historia de Estados Unidos narrada con pequeñas estatuas blancas. En una, un indio se enfrentaba a un temible oso, y más abajo, una leyenda aclaraba: “Los mayores peligros que los indios debían enfrentar por entonces”.

Más adelante, Pat Buchanan, con esa voz de Donald Trump, siempre cargada de una elocuencia que enamora a los conservadores más pobres, confiesa su ideal de inmigrante para una nación virtuosa, lo que recuerda a Domingo Sarmiento en la Argentina del siglo XIX y a varios gobiernos de Estados Unidos y de Europa durante… bueno, durante casi toda su historia:

“Este país tuvo un éxito enorme con la inmigración que llegó desde 1890 hasta 1920. Por entonces, llegaba mucha gente de la Europa del Este y de la Europa del Sur. Esa gente venía y se asimilaba, se americanizaba, aprendía inglés, y así fue como creamos un país unido de verdad; el 97 por ciento hablaba inglés en 1960”.

 
 

El país unido de verdad vivía bajo un régimen de apartheid, nunca nombrado como tal. Ni los negros ni los hispanos de piel oscura, ni los judíos ni los italianos ni ningún no-asimilado podía siquiera usar servicios reservados para los blancos asimilados. Es decir, blancos ex discriminados, como los italianos, los judíos o los irlandeses que aprendieron cómo se hace teniendo la piel blanca. El enorme éxito no incluye la discriminación, ni el KKK, ni la Gran Depresión de los años 30 durante la cual fueron expulsados medio millón de mexicanos, la mayoría de ellos ciudadanos legales de este país.

El imparable cambio demográfico, como un tsunami, les pasará por encima tarde o temprano. ¿Cómo ganar elecciones teniendo a las minorías, que ya son la mayoría, en su contra?

 
 

Durante el idílico periodo mencionado por Buchanan, llegaron irlandeses, horribles mujeres y hombres de pelos rojos. No hace mucho, Noam Chomsky me comentaba en Boston que allí, en una de las ciudades más civilizadas de la época, había carteles en los restaurantes prohibiendo la entrada a perros e irlandeses. El mismo Chomsky recordaba que en 1924 se había aprobado una ley para filtrar la inmigración de italianos y judíos, ya que se prefería a los europeos del este y, no por casualidad, muy pocos judíos fueron admitidos como refugiados mientras eran masacrados en Europa. Nunca hubo ni hay animosidad alguna contra inmigrantes de Europa del Este, como la esposa de Donald Trump, que demuestra que los inmigrantes hacen trabajos que los americanos no quieren hacer. De ahí la simpatía de Trump por líderes como Putin y su odio por los híbridos de piel oscura resumido en los mexicanos.

En pocas palabras: no somos racistas ni estamos contra la inmigración legal, pero una América blanca es lo que debemos preservar.

Buchanan observa, con pesar, que hoy en día en California, en la mitad de los hogares se habla una lengua que no es inglés. La periodista pregunta qué tiene de malo la diversidad lingüística y Buchanan responde: “Aquel que crea que un país se puede sostener sin una unidad étnica y lingüística es profundamente ingenuo, y mi misión no es hacer feliz a la gente, sino decir la verdad”. Luego, con amargura de viejo y elocuencia infantil, concluye: “Se trata del país en el que crecí; era un buen país”.

El país en el que Pat Buchanan y su generación creció era asolado por el macartismo, el antisemitismo, por los últimos coletazos de los nazis estadounidenses manifestándose en marchas a favor de Hitler, por una brutal segregación racial donde hasta el matrimonio interracial estaba prohibido por ley y la secta del Ku Klux Klan actuaba impune, donde los japoneses eran recluidos en campos de concentración por el solo hecho de tener cara de japoneses y un largo etcétera.

El lado positivo: estas son las típicas reacciones de la retirada: a lo más que podrían aspirar es a ganar el Gobierno en 2016, cosa por demás improbable (la única batalla decisiva estará en Florida). Pero aún en caso que lo lograran, estarían confirmando el hundimiento del Partido Republicano, una secta, a esta altura, que no quiere ver la realidad de este país. El imparable cambio demográfico, como un tsunami, les pasará por encima tarde o temprano. ¿Cómo ganar elecciones teniendo a las minorías, que ya son la mayoría, en su contra?

El gran Thomas Jefferson tampoco escapó al racismo de su época, pero en 1789 tuvo uno de sus varios momentos de lucidez: la Tierra le pertenece a los vivos, no a los muertos.

 

El himno de la realidad brasilera en 2016

 

 

A Banda

Chico Buarque

https://www.youtube.com/watch?time_continue=127&v=OBDfWikT34M

Estava à toa na vida

O meu amor me chamou

Pra ver a banda passar

Cantando coisas de amor

A minha gente sofrida

Despediu-se da dor

Pra ver a banda passar

Cantando coisas de amor

O homem sério que contava dinheiro parou

O faroleiro que contava vantagem parou

A namorada que contava as estrelas

Parou para ver, ouvir e dar passagem

A moça triste que vivia calada sorriu

A rosa triste que vivia fechada se abriu

E a meninada toda se assanhou

Pra ver a banda passar

Cantando coisas de amor

Estava à toa na vida

O meu amor me chamou

Pra ver a banda passar

Cantando coisas de amor

A minha gente sofrida

Despediu-se da dor

Pra ver a banda passar

Cantando coisas de amor

O velho fraco se esqueceu do cansaço e pensou

Que ainda era moço pra sair no terraço e dançou

A moça feia debruçou na janela

Pensando que a banda tocava pra ela

A marcha alegre se espalhou na avenida e insistiu

A lua cheia que vivia escondida surgiu

Minha cidade toda se enfeitou

Pra ver a banda passar cantando coisas de amor

Mas para meu desencanto

O que era doce acabou

Tudo tomou seu lugar

Depois que a banda passou

E cada qual no seu canto

Em cada canto uma dor

Depois da banda passar

Cantando coisas de amor

Depois da banda passar

Cantando coisas de amor

The sexy, happy apes we might have been

 

Story highlights

  • Carl Safina: 2 million years ago, evolution gave world a Mother’s Day gift, but humans didn’t get it
  • Chimps (male-dominated, aggressive, and genetically similar to humans) and bonobos (female-dominated, friendly, sexy) diverged
  • Safina: I’d like to think humans have capacity to retrieve bonobo’s happy, peaceful vibe
 

Carl Safina is the Endowed Professor for Nature and Humanity at Stony Brook University, where he co-chairs the Alan Alda Center for Communicating Science and runs the not-for-profit Safina Center. His books include Beyond Words; What Animals Think and Feel. The opinions expressed in this commentary are solely those of the author.

(CNN)Something like 2 million years ago, evolution gave the world a Mother’s Day gift that’s still sitting there wrapped in a bow. The problem is that it was delivered to the wrong address; we humans didn’t get it.

The gift has to do with the human family tree, whose ancient trunk and long branches have given rise to many species of ape, many of them long vanished and some, like chimpanzees and gorillas, still with us.

Carl Safina

 
The pivotal evolutionary moment we’re concerned with today happened in Africa, when the Congo River formed, thoroughly separating one population of proto-chimpanzees on its south bank. Those to the north became the modern chimps, Pan troglodytes, those to the south became Pan paniscus, bonobos.
And while they look so similar that they weren’t recognized as different species until the 1920s, a lot changed. Chimpanzees (whose DNA is nearly identical to humans) are often nasty and competitive. Bonobos are famously friendly and sexy with one another. This striking difference has to do with the status claimed by females.
Chimpanzee groups are male-dominated. Chimp dominance is about monopolizing fertile females. While they’re dominant, dominant males father a disproportionate number of young. That’s the main driver of male competitiveness and aggression. Chimps are jealous, ambitious, sometimes violent even within their group. Male chimps form coalitions to topple dominant males, then share power and privileges.

Are bonobos our closest relative?

Are bonobos our closest relative? 06:25
Contrast bonobos, and here’s the thing: the dominant individual is always a female. Female coalitions preserve bonobo peace by keeping males socially submissive. Female authority thoroughly dampens male aggression.
No one knows what selective forces caused two nearly identical apes to develop aggressive male dominance for chimpanzees and peaceful female dominance for bonobos, but to the extent that one can envy a species of ape, I envy bonobos; evolution somehow gave them a gift I wish we’d gotten.
The consequences for how the apes experience life provides a question for us, both silly and profound: which ape would we rather be? After all, we, the strangest of all apes, can consider our choices, right?
Chimpanzees approaching adulthood become less playful, intolerant of sharing. Adult bonobos continue to play with each other the way juvenile chimpanzees play with each other. Bonobos are like chimps who never quite grow up.
Chimpanzee between-group encounters are always tense. They can at times be warlike. Males caught without their own group’s support face the strong possibility of lethal violence. Males sometimes kill other groups’ babies. (This can sound uncomfortably familiar; as the neurobiologist Lori Marino recently remarked to me, “If you imagine chimpanzees with guns, you realize that’s us!”)

Our love for drinking: It's from the chimps

Our love for drinking: It’s from the chimps 01:06
Contrast bonobos again. When meeting other groups, bonobos often just backtrack into their own territories. And sometimes bonobo groups mingle, flirt, and frolic, using a chance meeting as an opportunity for grooming and horsing around. And if the mood is right they may indulge in a polite — though, by chimpanzee standards, wildly promiscuous — orgy.
Bonobos famously indulge in copious copulatory play, often settling disputes with various nonreproductive sexual configurations. Their sexiness greatly dissipates tensions, facilitating friendly relations within and between groups, food sharing, and cooperation.
In experiments where chimpanzees could not overcome their aggression in order to cooperate in pulling ropes to access a food-filled box, bonobos in the same setup played, foreplayed, and happily shared the treats. Compared to their warmongering, covetous, calculating chimp cousins, bonobos play nice.
Females bonobos call their own shots, choosing whom they wish to mate with and when. And they’re not very choosy. Females often initiate sex, and unlike chimps and other mammals, bonobos prefer the belly-to-belly, eyes-to-eyes position.
Female chimpanzees mate only during estrus (that is, when they’re in “heat”); female bonobos seem never to glance at their watch. Bonobos seem fully liberated. I call them trisexual; they’ll try anything with anybody, anytime they please.

Conservationist saves endangered apes

Conservationist saves endangered apes 08:15
Caring means sharing, and males in bonobo groups sire equivalent numbers of young. And unlike the politically motivated male coalitions of chimpanzees, a bonobo male’s closest lifelong bond is with his mother.
Compared with chimpanzees, bonobo brains have more gray matter in regions involved in perceiving others’ distress. Bonobos have a larger nerve pathway for controlling aggressive impulses. That’s just who they are. It limits stress, dissipates tension, and reduces anxiety to levels that open up room for sex and play and nonviolent living.
The primate expert Richard Wrangham says bonobos seem like “chimpanzees with a threefold path to peace.” He enumerates, “They have reduced the level of violence in relations between the sexes, in relations among males, and in relations between communities.”
Takeshi Furuichi, the only person who has studied both free-living chimps and bonobos, observes, “With bonobos everything is peaceful. When I see bonobos, they seem to be enjoying their lives.”
They have their mothers to thank. I like to think we have it in us to ape their gift. It wouldn’t hurt.

Don Quijote

 

Don Quijote y la locura como dislocación histórica

Publicado: 21/04/2016 07:26 CEST Actualizado: 21/04/2016 07:26 CEST

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Aquí en Estados Unidos, una de las figuras fundadoras, Thomas Jefferson, leyó elQuijote en castellano durante un viaje que realizó en barco a través del Atlántico, y nunca dejó de recomendarlo en su idioma original, el cual consideraba fundamental para el futuro de su incipiente nación. El mismo día que la actual Constitución de Estados Unidos fue aprobada, George Washington se compró la traducción inglesa, y no son pocos los especialistas que consideran esta poco conocida anécdota como reveladora de los intereses del primer presidente.

No menos importante fue este libro en la gran historia latinoamericana. Es una paradoja sólo aparente: Cervantes cambia las armas por las letras al mismo tiempo que su mayor creación, Don Quijote, cambia las letras por las armas. Diferentes admiradores de Cervantes y de Don Quijote, como Roque Dalton o Ernesto Che Guevara recorrerán el mismo camino dialéctico.

En un nivel menos político, Cervantes desarticula todos los entendidos sobre ficción y realidad, y realiza un más que saludable ejercicio de cuestionamiento.

La declarada locura de Don Quijote consiste en una fractura temporal, es decir, en una dislocación diacrónica. La superposición de un paradigma pasado sobre otro paradigma en curso. La diferencia entre el idealismo de Don Quijote y el realismo de Sancho (y de toda la novela) consiste en que el primero es un realismo anacrónico y el segundo un idealismo en curso. El mismo tipo de realismo podemos verlo en El lazarillo de Tormes, pero el idealismo del Quijote es más propio de El Abencerraje. El seco realismo que parece inaugurarse como género en esta novela es la intersección del humanismo y la sociedad religiosa de entonces. El Quijote comparte el nuevo humanismo de su creador y el antiguo idealismo de la caballería. Su mundo está construido a partir de las novelas de caballería, es decir, a partir de lo que llamamos “ficciones” (“irrealidades”), pero ese mundo también es un mundo que reclama la historia con el título de realidad: los caballeros andantes existieron, los códigos de honor del que habla el alucinado Don Quijote existieron, etc. Real, razonable es aquello regido por un código social impuesto por una costumbre -para don Quijote tanto como para los demás-.

La dislocación ocurre cuando uno de los personajes reconoce y sigue códigos de lectura de la realidad que no son compartidos por el resto de la sociedad. Por otra parte, Don Quijote concibe el paradigma involutivo de Hesíodo, mientras su autor profesa la simpatía por un humanismo que, en muchos aspectos, se reveló comoevolutivo.

Pero en tiempos del Quijote –y, sobre todo en tiempos de Cervantes– la realidad y laverdad eran celosamente cuidados en su pureza: no sólo a través del dogma religioso, sino también a través del rechazo a la diversidad racial, cultural y religiosa. Diversidad y conflicto que están expresados en la misma idea de atribuir la versión original delQuijote a un árabe, a un texto prohibido, a una mentalidad diferente, herética. No obstante, el demonio también forma parte de la misma realidad que la divinidad: es su contracara, pero no su dislocación. El autor árabe del Quijote no está loco, sino que comparte el paradigma de la sociedad española. Lo comparte desde la clandestinidad. Don Quijote, en cambio, es parte de la cultura dominante –la cristiana– pero ha fracturado el locus histórico. La fractura, la disociación, el no-reconocimiento del paradigma en curso es el signo de la locura. Ya no puede ser un personaje demoníaco porque no pertenece a la otra cultura, al demonio, a la contracara de un mismo sistema. Por el contrario, pertenece (o convive) a una sociedad y a una cultura pero no la reconoce, no puede verla. Don Quijote ha dislocado el tiempo histórico. El loco es aquel que se sale de los límites paradigmáticos de su tiempo: el que vive en el pasado o el que vive en el futuro.

Cervantes, hace uso permanente de la inversión como forma de cuestionamiento y, por lo tanto, de fractura. Esta inversión, esta dislocación del discurso y del mensaje se hace patente, además, ya no sólo en las visiones ambiguas y contradictorias de los dos personajes principales, sino en su misma estrategia de escritura.

Así como don Quijote vive en el pasado, Cervantes vive en el futuro. Su burla, a través de su personaje, es una crítica a la cordura del presente usando una hipérbole del pasado.
Cuando don Quijote confunde los molinos de viento con gigantes y las ventas con castillos, está divorciando la representación con el referente. En esto se basa la afirmación de que Don Quijote Quijote está loco. No obstante, sólo tenemos un texto y no los molinos de viento. La afirmación anterior se debe a que, como lectores, ponemos fe en el narrador o en Sancho Panza. Pero, ¿cómo hubiese sido la historia de Don Quijote narrada en primera persona por él mismo? Ese fue, básicamente, el revolucionario ejercicio de la literatura y el arte del siglo XX: la locura (la realidad) desde el punto de vista ya no relativo sino absoluto del yo.

La segunda distinción es dada en el momento en que Don Quijote y los demás huéspedes de la venta discuten sobre el ser de la “yelmobacía”. Diferente al caso de los molinos-gigantes, aquí se elimina el referente y la verdad pasa a sustentarse en el lenguaje mismo (tópico central de la filosofía del siglo XX) y no en el supuesto objeto. Cuando Don Quijote es derrotado por los gigantes, advierte un cambio de apariencias, producto de la magia de Frestón, en molinos.

Desde el inicio, esta disconcordancia se da en los diferentes puntos de vista de don Quijote y Sancho Panza: donde uno veía gigantes, el otro veía molinos de viento. No obstante, en la “yelmobacía” (¿esto es un yelmo o una bacía?), todos ven el mismo objeto o, al menos, la discusión no se centra en la definición incompatible de dos imágenes diferentes. La discusión pasa del objeto al lenguaje y, a través de éste, a la historia pasada del objeto: es (fue) el yelmo de Mambrino o la bacía de un barbero. Si bien, aparentemente, esta última es la opinión más general, todos cambian sus definiciones para hacerla coincidir con la alucinación de don Quijote hasta que larealidad comienza a ponerse entre comillas. Desde entonces, este término ya no podrá sacudirse estas incómodas marquitas que lo cuestionan sin descanso. Lo que para don Quijote es un yelmo, para los otros (y para nosotros) es una bacía, y ninguno está en lo cierto ni en el error.

El mismo autor, Cervantes, hace uso permanente de la inversión como forma de cuestionamiento y, por lo tanto, de fractura. No sólo la parodia es una forma de invertir el sentido o la valoración de las cosas: allí donde dice “blanco” quiere decir “negro”, etc. Pero no con el sentido dramático de la interpretación teológica, sino con el humor del absurdo. Esta inversión, esta dislocación del discurso y del mensaje se hace patente, además, ya no sólo en las visiones ambiguas y contradictorias de los dos personajes principales, sino en su misma estrategia de escritura.

En el prólogo, Cervantes declara que “sólo quisiera dártela [la novela] monada y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elegios que al principio de los libros suelen ponerse”. No obstante, todo esto lo está diciendo en un prólogo que pretende no escribir. Por si fuese poco, seguidamente hace todo lo contrario a lo que declaró pretendía evitar: incluye sonetos, epigramas al principio, como “suelen ponerse”. La inversión, la fractura se acentúa con el tono burlesco de cada soneto y de cada epigrama. Y algo semejante hará al final de la primera parte cuando incluya, a modo de los libros de caballería, los epitafios de varios de sus personajes.

Cervantes reniega en su prólogo de las citas “eruditas” (en latín) y, en la misma burla, las cita repetidas veces. Cuando en el prólogo habla con “un amigo”, éste le aconseja la “erudición” que, según el pseudolamento del autor, le faltaba. El amigo le aconseja cómo hacerlo, que es una forma de decir cómo lo hacen los otros: “si nombráis algún gigante en vuestro libro, hacedle que sea el gigante Golías, y con sólo esto que os costará casi nada, tenéis una grande anotación…”

Ahora, este desquiciado (o fuera de quicio, de lugar) puede pertenecer a un pasado (don Quijote) o a un futuro (el humanismo) que choca con una estructura social y mental que no los reconoce. El humanismo erasmista de Cervantes fue observado, por primera vez, por Menéndez Pelayo, hace cien años. Desde entonces críticos como Américo Castro han sostenido la misma tesis al tiempo que otros procuraron negarla desde la posición opuesta: desde la perspectiva religiosa. Es el caso más reciente de Salvador Muñoz Iglesias. En Lo religioso en el Quijote, publicado en 1989. Este autor colecciona una gran cantidad de citas del Quijote sobre los Evangelios y las declaraciones del propio don Quijote favoreciendo a la Iglesia Católica como pruebas de la religiosidad de Cervantes.

En el caso de Platón, se asume que existe una verdad, aquella que puede ver el desencadenado. Diferente, el Quijoteparecería estar negando esta vedad al no proponer una posibilidad de descubrir si las visiones de la cueva de Montecinos son reales o no, independientemente de la autoridad y del consenso de aquellos que lo afirman o lo niegan.

El mismo Erasmo compartiría, según Antonio Villanova (Erasmo y Cervantes. Barcelona: Editorial Lumen, 1989), las características de don Quijote: “De manera persistente, a todo lo largo de la obra [El elogio de la locura] mantiene Erasmo una actitud ambigua de ironía escéptica y de exaltado idealismo”. Y más adelante: “Aun cuando Erasmo señala la doble faz de la locura de los hombres, oscilante en el límite impreciso entre lo sublime y lo ridículo, es lo cierto que cifra en la locura los más altos ideales de la vida humana”.

Antonio Vilanova remarca la observación del mismo Erasmo, según el cual aquel que logró escapar de la cueva en el mito de Platón, regresa considerando locos a los que sólo creen en las sombras (apariencias), mientras es considerado por loco por aquellos que lo oyen hablar de las formas (existencias) que vio afuera, más allá. El autor entiende que don Quijote ha invertido el paralelo con la cueva de Platón ya que no sale de ella sino que entra: “En efecto, a diferencia de lo que sucede en la cueva de Platón, donde uno de los que están encerrados dentro de ella consigue salir fuera para ver las cosas como son, Cervantes ha hecho que sea Don Quijote el loco espiritual que desdeña la realidad que lo rodea, quien penetre en el interior de la cueva”. Proceso este –el descenso a los infiernos– que resulta un arquetipo mitológico en una larga colección de narraciones, según Joseph Campbel.

No obstante, Vilanova no se detiene en la significación epistemológica de esta comparación y deriva en observaciones éticas del humanismo del siglo XV y del mismo don Quijote: “La felicidad humana [para Erasmo] no reside en las cosas mismas, sino en la opinión que de ella nos formamos […] La tesis erasmiana, basada en la postura relativista y escéptica, según la cual la felicidad humana sólo es posible gracias a la ilusión y el engaño que producen en nosotros las falsas apariencias de las cosas”.

Pero ¿podemos, los individuos que vemos las sombras, llegar a conocer la verdad? Sin duda, Platón respondería afirmativamente. Si bien es cierto que su maestro, Sócrates, afirmaría su incapacidad humana para alcanzar la verdad tanto como el conocimiento, parece claro que su mayéutica proto científica asumía la posibilidad de alcanzarla. En oposición a Sócrates y a Platón podemos encontrar a los sofistas, quien no sólo enseñaron, escépticos, por dinero, la relatividad de la moral, sino que se atrevieron a una afirmación que luego será la base del humanismo: el hombre es la medida de todas las cosas.

En el caso de Platón, se asume que existe una verdad, aquella que puede ver el desencadenado. Diferente, el Quijote parecería estar negando esta vedad al no proponer una posibilidad de descubrir si las visiones de la cueva de Montecinos son reales o no, independientemente de la autoridad y del consenso de aquellos que lo afirman o lo niegan, tal como era opinión de los sofistas que fueron criticados por la tradición socrática. Devuelto este problema epistemológico a la metáfora de la caverna de Platón, también podríamos decir que el desencadenado que ve los cuerpos que proyectan las sombras está viendo sombras de otra categoría: ilusiones. Son aquellos cuerpos que ve don Quijote en su descenso a la caverna.

Lo más valioso del cuestionamiento cervantino no radica en un aparente relativismo radical sino en su valor epistemológico y, sobre todo moral: la desarticulación de las verdades arbitrarias. Es mejor quedarse sin una respuesta contundente que vivir consumiendo una ficción como verdad incuestionable.