La guerra de los sordos II

 

La guerra de los sordos II

Gravure médiévale

Gravure médiévale (Photo credit: Wikipedia)

 

No se puede confiar en la inocencia ni en el valor democrático de las típicas campañas ideológicas que tienen escenario en las redes sociales. Quienes habitualmente invierten billones de dólares en el viejo y a veces irónico sistema representativo (pagando avisos en los mayores medios de información, presionando parlamentos y ayudando a elegir presidentes y senadores) bien pueden invertir algún que otro millón en lo que pudo ser la base de un sistema de democracia directa, como los foros sociales, los todavía inexistentes parlamentos virtuales y las estratégicas redes sociales. De hecho, sería ilógico y una muestra  inequívoca de incoherencia logística y moral si no lo hicieran. El concepto de “virus” en alguno de estos fenómenos inducidos es particularmente significativo. Este tipo de infecciones sociales creadas por estrategas profesionales es altamente efectivo porque preocupa menos que las antiguas pestes biológicas o que los más recientes virus informáticos: son “virus informativos”.

Mientras tanto, los habitantes de este mundo real y virtual nos sentimos muy libres e independientes reproduciendo esos slogans y micro pensamientos como si fuesen declaraciones de principios que duran lo que una burbuja en el aire. Al fin y al cabo dejar que otros piensen y hagan por uno es gratis y no cuesta mucho esfuerzo, ni intelectual ni físico. Pero como es sabido, en este mundo dominado por el beneficio y los intereses, cuando algo es gratis uno mismo es el producto.

Recientemente han circulado noticias o imágenes de alguna lapidación en África, las cuales son acompañaos con moralejas como “ahora atrévete a decirme que el Islam no es un cáncer”.

Desde hace años he publicado diferentes artículos denunciando estas barbaridades. Pero también es barbarie atribuir a una religión de mil millones de personas (hay que conocerse más) un crimen que practica una minoría de otros bárbaros. La Biblia (en Levítico, Números, Deuteronomio, etc.) impone el mismo castigo de muerte por lapidación por las mismas razones. El Talmud contiene prescripciones que quizás pocos aceptarían o practicarían de forma literal (de ahí la plétora de interpretaciones sobre esta o aquella línea). Afortunadamente las sociedades han evolucionado, a pesar de los más ortodoxos conservadores que presumen de la perfección divina de sus religiones y de sus morales ¾mientras envían a otros a lapidar o a ser lapidados, por otras razones y a mayor escala.

El humanismo y la tolerancia que conoció y propagó el imperio islámico en algunos momentos de su larga historia, en regiones como la España andaluza donde por periodos convivieron pacíficamente judíos, cristianos y musulmanes, hoy brilla por su ausencia en varios rincones del mundo islámico, razón por la cual para algunos una crítica o una burla a Jesús y, sobre todo a Mahoma vale más que la vida de cualquier persona. Esta idea y práctica está en flagrante contradicción con las mejores tradiciones islámicas, como lo es la protección del visitante sin importar su condición religiosa o ideológica; como lo son algunas prescripciones del mismo Mahoma: “la tinta del sabio es más valiosa que la sangre del mártir”; “instruirse es deber de todo musulmán y de toda musulmana”,  “busca la ciencia, aunque debas ir a la China para encontrarla”, “búscala, desde la cuna hasta la tumba”.

Por supuesto que el Corán no carece de líneas que están en conflicto con los valores humanistas más modernos. Pero tampoco la Biblia carece de prescripciones que nos llevarían a la cárcel si las practicáramos al pie de la letra. Tampoco el mismo humanismo se ha salvado de ser un instrumento legitimador de otras barbaridades a lo largo de la historia moderna.

El punto es que no hay que confundir un contexto histórico con la naturaleza de una religión o de un pueblo, sea numeroso o minoritario. Las guerras santas no fueron inventadas por el Islam sino por los papas católicos de la Edad Media. Durante siglos, el cristianismo promovió y practicó diversas formas de autoflagelaciones, de terrorismo de Estado y enalteció el martirio, de forma pasiva o activa. En un gran número, los civilizados alemanes de las décadas anteriores a la Segunda Guerra apoyaron el nazismo. Los japoneses se hicieron famosos por sus camicaces… Sin embargo nadie o muy pocos dirían que la quema de herejes o de disidentes está en la naturaleza de las religiones judeocristianas, o que el crimen racial es parte de la cultura alemana, o que el suicidio lo es de la cultura japonesa, como si no existiesen personas de otras culturas que se inmolan por una causa o se hacen el harakiri con otros instrumentos. 

En lo que se refiere a la película que blasfema contra Mahoma y la supuesta reacción de los ofendidos musulmanes que mataron al embajador norteamericano junto con otros funcionarios, no me voy a detener demasiado, ya que mi entendimiento del problema coincide con la mayoría de las opiniones que se han vertido sobre el tema: 1) la película, que ni siquiera es una película, ha sido una patraña de un profesional de la pornografía (lo cual ya se advierte en la mala calidad artística del micro video); 2) es parte de la ignorancia occidental y parte de la sed de cruzada de algunos pastores fanáticos que sólo pueden ver fanatismo en las ideas y en las acciones ajenas; 3) no es la posición religiosa del gobierno de Estados Unidos y mucho menos es la opinión de una mayoría de habitantes de este país; 4) algunos de los que defendemos la primer enmienda de la constitución de Estados Unidos nos encontramos en estos casos con ese borde ambiguo donde se superponen la libertad de expresión y la irresponsabilidad criminal de quienes incitan al odio; 5) la susceptibilidad musulmana ante estos actos no solo tiene una raíz religiosa sino que, sobre todo, tiene orígenes históricos, los que podríamos encontrar ya en el siglo XIX con una progresiva colonización y humillación de pueblos enteros por parte de las potencias occidentales. Etc. 

Uno de los promotores del video “La inocencia de los musulmanes” fue el famoso pastor Terry Jones (famoso por sus amenazas de quemar el Corán en público y por su ignorancia, no por el numero de sus seguidores), personaje que vive no muy lejos de mi casa. Su productor, un egipcio copto que vive en Estados Unidos desde 1969, refiriéndose a estos hechos manifestó en publico que “el Islam es un cáncer, y punto”.

Sinceramente, no creo que ninguna religión sea un cáncer, como afirman algunos con respecto a la religión de los otros. En general y sin discriminaciones, quizás sean sólo el opio de los pueblos, como lo sugirió alguien en el siglo XIX y como pareciera ir quedando demostrado cada día más.

Ni siquiera desde la época de los faraones, pasando por las cruzadas, las conquistas y reconquistas, todas las guerras nacionales, nacionalistas e internacionales, la ambición y las razones del poder económico y político estuvieron alguna vez ausentes en ningún conflicto religioso. La fe puede elevar a un individuo o a un pueblo entero, es decir, puede liberarlo de ciertas condiciones de opresión, material y espiritual. Pero de igual forma la fe puede, y de hecho ha servido para oprimir individuos y pueblos enteros, embriagando conciencias a fuerza de mecánicas repeticiones o calmando sus reivindicaciones ante la violencia social, económica y moral. Es decir, la fe también ha servido para oprimir a través de la reacción explosiva o a través del statu quo, de la paz de los cementerios que sobre todo conviene y beneficia a los sepultureros. Es decir, la “fe” ha sido desde siempre otro ideoléxico, una sola palabra que puede significar realidades diversas y hasta opuestas, pero que generalmente significa lo que el poder que la ha colonizado quiere que signifique. A partir de ahí, la palabra piensa por nosotros.

En mi modesta opinión, las religiones han sido la mejor excusa y legitimación para quienes se beneficiaban y se benefician de esas guerras; y el mejor anestésico moral e intelectual (de ahí la idea original de recurrir al opio como metáfora) para quienes siguen muriendo y matando con fanatismo en nombre de Dios, la Patria, la Libertad y Los Mejores Valores –que son siempre “Los Nuestros”

El cáncer radica en las ambiciones sin limites del poder económico y político del momento. Las religiones, que pueden ser un medio legítimo para la elevación espiritual de mucha gente, con más frecuencia que excepciones han sido perfectos instrumentos de opresión en masa, el opio que anestesia la conciencia y la moral, el anestésico que alivia y disimula los síntomas de la verdadera enfermedad terminal que, por alguna razón, nunca se ha podido atacar desde su raíz.

 

Jorge Majfud

Jacksonville University

majfud.org

 

 La Republica , II (Uruguay)

 Milenio , II , III (Mexico)

 

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Memoria, igualdad y democracia

Romney

Romney (Photo credit: Talk Radio News Service)

1. Igualdad y democracia

 

Las leyes medievales, como las recogidas y dictadas por los escribas de Alfonso el Sabio en el siglo XIII, afirmaban que todo lo prohibido y prescripto estaba basado en la voluntad de Dios y en las mejores tradiciones religiosas, cuyos siglos de permanencia probaban sus bondades. La tortura y la pena de muerte que se ensañaban con las mujeres, moros y judíos, pobres y vasallos, no eran aplicables a la nobleza. Obviamente, no se podía juzgar igual la nobleza de un noble con la vileza de un villano. Por eso, para defender su verdad y honor los caballeros, los “hijosdalgo”, podían lidiar a caballo mientras los hijos de nadie debían hacerlo de a pie. Por entonces, las leyes escritas se justificaban diciendo que ésta era la mejor forma de poner a salvo el honor de un noble, sin tener que exponerlo al terrible método de una investigación que podría perjudicarlo con las mentiras del vulgo. Todo según la voluntad de Dios, según sus intérpretes oficiales.

La historia ha traído algunos progresos, como el reconocimiento de todos los seres humano a ser considerados iguales por el derecho, lo que luego incluyó el igual derecho a ser diferentes. Aunque ahora el discurso de los arengadores conservadores intente secuestrar la autoría de estos logros, ninguno de ellos fue posible por las iglesias en el poder sino a pesar de ellas.

La igualdad fue un valor importante o incipiente entre los cristianos mientras fueron ilegales en el imperio romano, pero desapareció como por arte de magia tres siglos después de la primera crucifixión de Jesús, cuando el imperio los adoptó como la religión oficial.

Diecisiete siglos más tarde, cuando los “teólogos de la liberación”, mal o bien intentaron retomar aquel espíritu igualitario que favorecía a los pobres y marginados de este mundo, fueron literalmente asesinados poco después de ser etiquetados como “marxistas” o “curas rojos”.

 

 2. Memoria y democracia

 

Por tradición tendemos a confundir a la democracia con los sistemas que la sirven, como lo es el sistema electoral, el Estado de derecho, las voluntades de la mayoría, la protección de las minorías y de las libertades en general.

Estamos de acuerdo que es el menos malo de todos los sistemas. Pero todas las “democracias” sufren de sus propias deficiencias que distinguen la palabra y la idea con ostentosas comillas. Las comillas son su corona de espinas. La democrática Atenas se dejó convencer por los demagogos de Anito para ejecutar a Sócrates, uno de sus mejores ciudadanos y probablemente el griego mas universal de todos los siglos. En nuestro tiempo, por ejemplo, una de las mayores debilidades de la democracia es la memoria de la gente, intoxicada por las densas humaredas que emanan de la industria de la información. A su vez, esta debilidad de la democracia es la mayor fortaleza de los políticos, de los Anitos de nuestro tiempo.

Por ejemplo, en Estados Unidos se ha vuelto un lugar común culpar al Estado y a sus servicios sociales por la crisis económica. Obviamente olvidan que la crisis de 2008 fue creada por el sector privado, más específicamente por el sector financiero, por los bancos y por las mega compañías. Una vez instaurada una crisis sin precedentes desde la Gran Depresión de los años treinta, el Estado salió a salvar esos bancos y esas compañías, con relativo éxito. Esta operación no podía realizarse sin generar deuda publica. Ahora, como retribución de la mala memoria de la gente, se culpa al Estado por la deuda que tiene y como solución al déficit y a la ineficiencia estatal, se proponen nuevas reducciones de servicios y, por supuesto, nuevas privatizaciones.

Todo lo cual resulta a la larga muy lógico, desde una mentalidad maquiavélica: el sector de las grandes compañías y sectas privadas crean una deuda, son salvadas por el Estado, es decir por el pueblo, y luego, como solución al endeudamiento, proponen más privatizaciones. Y el pueblo, que se hizo cargo de financiar la salvación de las mismas sectas privadas que crearon la crisis, aplaude la solución con entusiasmo.

 

 

Jorge Majfud

Jacksonville University

majfud.org

La Republica (Uruguay)

La Republica II (Uruguay)

Milenio (Mexico)

Milenio II (Mexico)

Un dios de la tormenta

Tornado generic

Un dios de la tormenta

 

No deja de ser una curiosidad el hecho de que los conservadores religiosos pongan tantas expectativas en los fenómenos climáticos. Con excepción del calentamiento global, del cual son fuertes opositores. Cuando reconocen que existe un calentamiento global progresivo, se acuerdan de la naturaleza para culparla del fenómeno, dejando de lado alguna posible intervención humana o divina.

Todo lo demás es atribuible a Dios, según las necesidades del momento.

Ellos son los mismos moralistas que se niegan a que una mujer violada tome alguna píldora abortiva unos días después. La razón radica en que no se puede interrumpir una vida que Dios quiso. Que es estrictamente lo mismo que decir Dios quiso que algún criminal violara a esa mujer y a todas las demás mujeres inocentes que han sufrido ese tipo inigualable de violencia física y, sobre todo, moral.

No soy de los que creen que una mujer es dueña de lo que lleva en su vientre y puede hacer lo que quiera con él. Pero tampoco es la única responsable de engendrar una nueva vida. Una vez que concebimos un hijo se nos terminan algunas libertades. Yo no puedo elegir entre darle de comer a mi hijo ya nacido o echarme a descansar aunque esté agotado por una jornada de trabajo intenso.

No obstante, tampoco me convencen los argumentos de los ortodoxos que bellamente se denominan “pro vidas” (como si sus adversarios fuesen “pro muerte”) y no tienen empacho de justificar o apoyar, por acción o por omisión, tantas guerras santas en defensa de Dios, la patria y el honor, las que dejan cientos de miles de inocentes muertos sin nombre, muertos que no duelen.

El sexo ajeno y el clima regional los preocupa de manera especial. Los interpretes de un Dios invisible e inimaginable por su perfección, necesitan cosas visuales para entender Su voluntad. Cosas sinópticas como el calentamiento global, las estructuras sociales o los mecanismos con los que operan las ideologías, caen todas en un gran abismo negacionista.

Cada vez que hay una catástrofe climática, como un tornado o un huracán que deja decenas de muertos, los arengadores religiosos como Pat Robertson suelen atribuirlos a la voluntad de Dios . Excepto cuando los edificios destruidos son iglesias y cuando las victimas no son pecadores negros y pobres en su mayoría.

Daria la impresión de que el Creador del Universo, un ser Todopoderoso y Todobondadoso, se ha comportado últimamente como un dios de la tormenta, a imagen y semejante de algún dios azteca o de algún atrasado dios africano. El creador de la Humanidad y del Universo tiene poco control sobre la voluntad de algunos pecadores. Le resulta más fácil hacer temblar las placas tectónicas, destruyendo ciudades enteras, masacrando involucrados y descuidados por igual, que convencer a un humilde club de mala gente para que deje de bailar y consumir cerveza como animales.

Cuando en alguna ciudad se detectan algunos grupos o individuos haciendo uso ilícito del sexo o consumiendo algún producto de la lista prohibida, este dios manda un huracán o un terremoto y mata a los pecadores junto con algunos miles de niños y otros inocentes. Recurso que es periódicamente imitado por algunos fanáticos disfrazados de santos mártires y por los ejércitos mas poderosos del mundo que todo lo ven y todo lo pueden.

Se supone que la terrible muerte de un grupo de niños por causa de un tornado perdido debe ser bastante persuasivo para que los pecadores dejen de amarse de formas poco ortodoxas. Cuando el mismo tornado se desvía y pasa por encima de un grupo de elegidos, no se trata de ningún castigo divino sino de una prueba o de un premio del más allá.

Jorge Majfud

Jacksonville University

majfud.org

La Republica

Milenio (Mexico)

La ciudad de los muertos

Andy Warhol, Marilyn Diptych (1962)

de la novela Crisis (2012)

 

Viernes 6 de marzo. Dow Jones: 6.626

Colma, California. 6:15 PM

El señor Fernando Villa llegó esta tarde, como había prometido. Vino sólo; no quiso que la opinión de su esposa y de sus hijos fuera a precipitarlo en una mala decisión. Le marqué en el mapa donde estaban los Villa y los Fernández Soto y sin decir mucho se fue para allá con su chofer.

La esposa del señor Villa estuvo la semana pasada. Vino con sus lentes negros y su sonrisa tan bonita. Hizo unas preguntas raras, estuvo una hora dando vueltas en su auto y se fue. Se lamentaba que los muertos no podían mudar de residencia cuando el barrio se ponía feo. Quería saber si se podía y le dije que no, que me parecía que no se podía pero eso tenía que consultarlo con un abogado. O consultó o se olvidó, pero no volvió con la historia de mover a su familia del Camino Real, que más que Camino Real, decía, era una autopista como cualquier otra y llena de muertos desconocidos.

No se puede uno andar mudando finados, por algo estos barrios se llaman Eternal Home Cementery, porque son para siempre, le dije, muy respetuosamente. Pero ella me dijo que nada es para siempre y tal vez tenía razón, porque gran parte de la población de Colma vino desplazada por decreto de los cementerios de San Francisco, hace como un siglo, cuando la tierra se puso cara.

Y vaya a saber Dios si un día no se abre la gran falla que está aquí no más a la vuelta y todos estos huesitos terminan desparramados por el mar. En todo caso se joden los habitantes de Pacífica, me dice mi hijo, porque son los que están del otro lado de la falla. Pero yo no me fío que se vaya a hundir sólo la franja de la costa. Si viene el gran temblor vamos a saltar todos.

Mi hijo, que es economista, siempre se ríe de mis temores sobre la falla. Él tiene una visión diferente. Me dice que tal vez no sería tan trágico. Así como se hunden las tierras así también surgen por otro lado. Así que si perdemos Pacífica y una buena rebanada de la península, bien podríamos ganar alguna que otra isla, cuyo valor inmobiliario sería incalculable.

El señor Villa debe ser de la misma opinión. Debería presentarle a mi hijo que siempre soñó con trabajar en Google. Pasa que el señor Villa ahora está para otra cosa. Desde hace meses viene y da vueltas por Colma buscando el lugar ideal. Qué más ideal que estar con sus viejos, le digo a Eusebio, pero pasa que el señor Villa no le gusta el lugar, o no está seguro de la opción, porque siempre hay una mejor opción, y menos después que los Ayala construyeron ese horrible panteón para su hija Lucy con un ángel llorando encima del coffin. Es kitsch, dice. Les faltó pintarlo de dorado, dice. Además la chica aquella tenía unas costumbres que lo espantan al señor Villa. No sé, Eusebio tampoco sabe qué costumbres pero creo que tenía tatuajes hasta en lo que no se nombra y se rapaba para que se le vieran los tatuajes que tenía en la cabeza. Otra loquita de esas que andan por el downtown, pero por ahí no era mala del todo.

En Colma hicimos lo que pudimos por presentarle al señor Villa todas las opciones habidas y por haber y todavía no se decide. Su único consuelo, dice, es que como las opciones son inacabables, siempre va a tener la libertad de elegir algo mejor. El problema es que en ese proceso de elegir la muerte le puede tomar de sorpresa. No digo porque el señor Villa sea viejo, no. No debe pasar de los sesenta. Pasa que cuando uno cumple esa edad, lo digo por experiencia, uno empieza a pensar en la parca, como dice la canción del Serrat. Debe ser lo que le anda pasando al señor Villa y por eso anda buscando un lugar con buena vista.

Cuando supe que la tumba al lado del nicho de la Marilyn Monroe en Los Angeles había sido vendida en más de cuatro millones de dólares enseguida me dije, ese es el señor Villa. Los de Colma sabemos que la tumba de Marilyn es una de las más populares de su cementerio, por lo que tener un nombre y un lugar a su lado tiraría para arriba las ventas de cualquier empresa. El Westwood es chiquito al lado de Colma, una poquita nada, pero hay que reconocer que tiene su plantel de famosos. Además de la Monroe están Dean Martin, Truman Capote y Farrah Fawcett, el ángel que se mudó para allí hace poquito. Dicen que justo arriba de la Monroe, boca abajo, estaba un tal Richard Poncher con una lápida que decía “Al hombre que nos lo dio todo y más”. Pero su viuda decidió sacarlo de allí, no por celos sino porque necesitaba pagar un millón de dólares por la hipoteca de su casa de Beverly Hills. Lo puso a la venta por eBay en medio millón de dólares y zás, bingo. Pero luego resultó que el japonés que la compró se dio cuenta que no tenía el dinero suficiente y la viuda se lo ofreció a los ofertantes que no habían llegado a la desesperación del japonés.

Yo sé que el señor Villa y su esposa son pesos pesados en eBay. Él porque tiene acciones ahí y ella porque es adicta a las compras. Eso me lo dijo Eusebio. Pero al otro día vi llegar al señor Villa y me dije que no. Pero quién sabe, digo yo. Quién sabe si el señor Villa no compró ese nicho al lado de la Monroe y todavía sigue indeciso, buscando algo en Colma, que en realidad es el mejor lugar, a juzgar por el paisaje. Quién sabe si no estará buscando una segunda opción para luego vender la primera. Quién sabe si lo del nicho al lado de la Marilyn no fue más que una inversión.

Quién sabe si en realidad no se trata de un regalo del señor Villa para su esposa. O aquel encima de Marilyn o éste de Colma. Al fin y al cabo a la señora le gustan mucho las señoras. Como tiene tiempo siempre puede pensar en otras opciones. Y el señor Villa prefiere verla junto a otra mujer por toda la eternidad a soportar una aventura más con alguno de sus maestros de gimnasia.

 

Jorge Majfud

De la novela Crisis (2012)

Milenio (Mexico)

Milenio II (Mexico)