Brasileiros são os capitalistas mais otimistas do globo

Brasil: Image via Wikipedia

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por Humberto Siúves

Brasileiros são os capitalistas mais otimistas do globo

Somos o povo mais entusiasmado com o capitalismo no mundo. Quando questionados quanto à aceitação do livre mercado como forma de funcionamento da economia 43% dos brasileiros acreditam acaloradamente no capitalismo como a opção da vez e, de ombro a ombro com a China, 67% dos pesquisados brasileiros não vêem outra melhor opção (perdendo somente para a Alemanha no ranking apresentado). Índia vem em sétimo emparelhada com os EUA e Canadá, já Rússia não obteve posição relevante entre os 25 países pesquisados. O resultado desta enquete certamente reflete a presente situação e a perspectiva econômica dos entrevistados e não uma posição teórica sobre o mercado, ou seja, se está funcionando pra mim certamente é a melhor opção – meu interesse próprio como o norte das minhas opiniões, decisões e ações. Bom, opiniões que confirmam de forma redundante a ode ao interesse próprio do pai da criança do liberalismo econômico: um grande viva a Adam Smith e ao NOSSO self- interest!

[Fonte: O Globo]

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Los fusilados del franquismo

59 fusilados sin nombre enterrados por los barrenderos del pueblo

Los arqueólogos exhuman en Burgos una fosa de la Guerra Civil en la que podría haber decenas de ferroviarios y un franciscano asesinado por rojo

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 11/07/2011

Una intensa semana de trabajo escarbando en la tierra ha desenterrado en el paraje conocido como La Legua, en Gumiel de Izán (Burgos), una cordillera de cuerpos de más de 30 metros de largo, la extensión de una fosa donde quedaron al aire, 75 años después de haber sido enterrados, 59 esqueletos sin nombre.

“Mi abuelo seguía vivo y les pidió agua. Le mearon en la cara y le remataron”

El forense Francisco Etxeberria, coordinador de la exhumación, cuenta que las víctimas fueron arrojadas y amontonadas en esta zanja en seis tandas. A algunas las mataron allí mismo. “Hemos encontrado vainas de fusil y balas rotas junto a los huesos rotos sobre los que impactaron. La mayoría de los cráneos tienen agujeros de proyectil…”. A los asesinos no les dio tiempo a matar a todos los que querían, porque esta fosa estaba preparada para albergar aún más cuerpos. Los últimos 10 metros de zanja están cavados, pero vacíos. “Habían hecho sitio libre para más”, añade el forense.

“Es una fosa muy preparada”, explica el investigador José Ignacio Casado, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Los cuerpos estaban cubiertos con cal. Los enterraban los barrenderos de Aranda de Duero, según nos ha contado gente del pueblo, después de robarles lo que llevaran de valor. Algunos vecinos recuerdan verles pasar con prendas de los desaparecidos”.

Pese a todo, entre los huesos han aparecido algunos objetos convertidos hoy en valiosísimas pistas para identificar a sus dueños. Como las canicas halladas al lado de los restos de dos muchachos de 18 años; el corsé ortopédico que Fernando Lorente confía en que sea el de su abuelo, Fernando Macario Martínez, maquinista en la estación de Aranda de Duero. “Había participado en algunas manifestaciones de UGT y al estallar el golpe militar huyó al monte. Le dijeron que podía volver y lo hizo. Le detuvieron enseguida”. No fue una muerte rápida. “Parece ser que mi abuelo no fue bien fusilado. Al día siguiente de dispararles, los asesinos volvieron al sitio donde los habían tirado y mi abuelo, que seguía vivo, les pidió agua. Le mearon en la cara y después le remataron. Esto lo sé porque, por lo visto, los asesinos fueron luego pavoneándose por el pueblo de la hazaña”.

Junto a los huesos también ha aparecido un crucifijo de 10 centímetros, de los que se colgaban al cuello, que hace pensar a Casado que el esqueleto que tiene al lado pertenece al franciscano Emiliano María Revilla, detenido por un grupo de falangistas el 29 de julio de 1936 en su pueblo burgalés, Revilla Vallejera, por ser considerado “un cura rojo que denunciaba el hambre y la miseria de los campesinos”. El padre Revilla fue llevado hasta la prisión central de Burgos. Salió de ella con otras 13 personas en una saca el 4 de septiembre de ese año. En 1950 le dieron oficialmente por muerto.

De momento, todo, salvo la aplastante evidencia de esos 59 esqueletos agujereados por las balas, es una hipótesis. Queda por delante un largo trabajo en los laboratorios de la Universidad del País Vasco y la Autónoma de Madrid. También para los investigadores José Ignacio Casado y José María Rojas, que han de buscar a los familiares de estos esqueletos sin nombre y averiguar si esta es, en efecto, la famosa “fosa de los ferroviarios” que llevan años buscando.

“Solo el 18 de agosto de 1936 se dice que fueron asesinados 60 ferroviarios afiliados en su mayoría a los sindicatos UGT y CNT”, explica Casado. “En Aranda de Duero”, añade Rojas, “siempre se había hablado de una fosa donde podrían estar enterradas alrededor de 50 personas, casi todos ferroviarios. Esta coincide por el número y porque el corsé puede pertenecer a uno de ellos. Si no es esta, es probable que la construcción de la autovía en los años ochenta se llevara esos cuerpos por delante”.

Un hombre llamado Domingo, que fue concejal y más tarde juez de paz de Gumiel de Izán, señaló este lugar donde han sido desenterrados 59 cuerpos. La fosa ha aparecido a apenas 300 metros de otra en la que Etxeberria y su equipo desenterraron en 2003 a otras 85 víctimas. Según Casado, “solo en la franja conocida como la Ribera del Duero burgalesa fueron asesinadas en el verano de 1936 cerca de 700 personas”.

[fuente: El Pais de Madrid]

Osama and the Dangers of Tunnel Vision

Tunnel Vision

Tunnel Vision

Osama y los peligros de la perspectiva cónica (Spanish)

Osama and the Dangers of Tunnel Vision

Without meaning to do so, in 1690 the famous Mexican poet Sor Juana Inés de la Cruz demonstrated, with her life and death, that a person can be terribly censured by means of the publication of her own texts. Something similar could be said for the censorship of the media. It isn’t necessary to silence someone in order to censure her. Nobody prohibits a fan from yelling in a stadium filled with people, but neither is anyone, or hardly anyone, going to listen to her. If she had something important to say or yell out, it would be the same or practically the same situation as for someone who has been gagged in a silent room. 

Something similar happens with regard to the importance of every global event. In this century, it is almost impossible to have a twentieth-century-styled dictatorship, let’s say an absolute dictatorship led by some general in some banana republic or a great country like the United States or the Soviet Union where there were different ideas about freedom of expression; in one, the State owned the truth and the news; in the other, the millionaires and the operators of the great media chains were the owners of almost all freedom of expression. 

With the arrival and practical installation of the Digital Age, those models of censorship also became obsolete, but censorship itself did not. Individuals demanded and in many cases obtained a certain level of participation in the discussion of the important topics of the day.  Except that now they seem like that soccer fan who yells out in the middle of a roar-filled stadium. Her voice and her virtual words are lost in oceans of other voices and other words. From time to time, almost always because of some kind of relevant frivolity such as the ability to lick your own elbow or owing to the unique distinction of writing the worst song in the world or coming up with the best conspiracy theory (impossible to either prove or disprove), some people get a sudden and fleeting taste of the fifteen minutes of fame that Andy Warhol used to talk about. I have always suspected that conspiracy theories are created and promoted by those who are supposedly implicated by them. As one of my characters in the novel Memorias de un desaparecido (Memoirs of a Missing Person, 1996) says, “There is no better strategy against a true rumor than to invent yet another false one that claims to confirm it.”

But of course, this theory about a “conspiracy factory” nonetheless still belongs to the same genre of conspiracy theories. The mechanism and the deception are based upon a premise: Among every one thousand conspiracy theories, one is, or must be, true.

Once theory X has entered the public discourse, it cannot be suppressed. The best thing to do is to make it disappear in a sea of superficially similar absurdities.

For now, let’s put aside the matter of whether or not there is a group, government or agency responsible for manipulating perspectives worldwide (which is the same thing as manipulating reality itself). We’ll assume that our common reality is a collective creation that we all participate in, like a macro-culture, like a civilization or like a supernatural system that tends to receive different names, some of them quite shopworn.

Instead, we can concentrate on the facts. For example, one fact is that, just like at any other period in history, “we are the good guys and they are the bad guys,” which justifies our brutal course of action or explains why we are victims of the system in question.

But if we return to the specific matter of censorship (one of the main instruments of any dominant power), we will see that in our time a possible form of it, highly and devastatingly effective, has remained: the promotion of “what’s important.”

One quick and recent example is the death or assassination of Osama bin Laden. I must admit that, like other writers, I did not decline to respond to radio interviews broadcast from several countries and even in various languages. In every case, this was more as a gesture of goodwill than as an expression of personal conviction. However, this time I refrained from writing on the topic.

In my modest opinion, it appears that once more the mechanism of contemporary censorship has been employed — the excess of discussion, and the passion with which differing sides dispute the truth regarding a topic, have robbed us of the ability to concentrate on other topics. Above all, these factors keep us from appreciating how much more important certain topics are than others. It’s as if someone or something decided what is important and what is not, like someone or something deciding what style or what color of clothing must be worn during a particular season.

For example, there was no means of communication by which journalists, readers and interested persons of all types, skin colors and nationalities might, over a period of weeks, passionately debate the legitimacy of bin Laden’s execution. Of course, everything can and should be taken into account. But even though this kind of debate is legitimate, it becomes tragic on a global scale when we observe that the focus of attention has determined and defined what is important. However, does it matter whether or not a harmful character (fictitious or real) such as bin Laden was properly or improperly executed, when the undeniable facts are not even mentioned: the murder of children and other innocent persons as customary collateral damages?   

In the case of bin Laden’s execution, at least this time the United States proceeded in truly surgical fashion, as has been falsely proclaimed on other occasions. The lives of the children who dwelt in the house were obviously safeguarded beyond the moment of what was for them a traumatic experience. Beyond the fact that this option was necessarily strategic rather than humanitarian, let us not forget that only a few years or months ago, the standard decision was to bomb the objective without concern for “collateral damages,” that is, without attaching any importance to the presence of innocent persons, quite often children. This tragedy has been so common throughout contemporary history that the affected authorities have done little more than demand better explanations for ever more horrible atrocities before tossing them into the dustbin of our collective forgetfulness.

To avoid taking this topic too far, it would be enough to mention the recent NATO bombing of Libyan dictator (or whatever you want to call him) Muammar Qaddafi. As a consequence of this bombing, the “objective” did not die. The so-called surgical operation killed — assassinated — several people, among them Qaddafi’s son and three of his grandchildren. But whether or not you can believe it, these children had names and ages: Saif, 2 years;Carthage, 3 years; Mastura, 4 months. Even worse, they are not the exception — they are the rule. 

Who remembers their names? Who cares?

There are no relativisms in this: a child is an innocent being regardless of circumstances, identity, religion, ideology or any action committed by her parents. A child is always — always — innocent, and is such without any qualifiers, no matter how much they may cause us, their parents, to lose patience with them time and time again.

If the police forces of any of our civilized countries were to toss a bomb into the house of the worst murderer or worst rapist of all, and by doing so kill three children, there would surely be a popular outcry in that country. If the government had given the order for such a procedure, it would surely fall in less than twenty-four hours and the persons responsible would be brought before meticulous courts of law.

But since the same thing was done to children belonging to supposedly barbarous, savage and backwards peoples, then the action is simply converted into “collateral damage,” and those who carried it out are valued as responsible and valiant leaders who defend civilization, freedom, and most definitely the lives of the innocent.   

And in order to keep this discussion from taking priority over all other discussions, somebody or something decides that what is really important is to have a discussion about the manner in which an individual was executed, or the legitimacy of his execution — an individual whose actions, it is supposed, had sufficiently merited the way he met his end.

Jorge Majfud

May 11, 2011

JacksonvilleUniversity

Translated by Dr. Joe Goldstein

Washington University Political Review (USA)

La imaginación de la historia

Basic Algebra Review

Basic Algebra Review

La imaginación de la historia

El inicio del siglo XXI se parece mucho al final del siglo XI. Por entonces, Europa, la periferia del desarrollo mundial, inició un lento y sistemático ataque militar y religioso al centro del imperio del momento, el imperio árabe o musulmán. Cuando hoy Occidente mira hacia el siglo XI, casi por norma olvida o no puede sacudirse la percepción en la que hemos vivido siempre: el mundo occidental como centro de la cultura, la civilización y el desarrollo económico, y la periferia africana y asiática como el mundo bárbaro y fanatizado por el proselitismo religioso.

La verdad es estrictamente la contraria. Durante la Edad Media y hasta comienzos del Renacimiento, Roma y las principales ciudades europeas, con excepción de la deliberadamente olvidada Córdoba en España, eran lo que hoy son, comparativamente, Damasco o Bagdad. Incluso menos, porque por entonces Londres y Paris eran ciudades más bien caóticas, de apenas quince mil habitantes una y cuarenta mil la otra, desarticuladas y más bien sucias. Incluso Tenochtitlán (México) era una urbe más grande, más desarrollada y mejor planificada que las principales capitales de Europa. Sólo la multicultural y vibrante Córdoba, uno de los principales centros de la civilización del mundo, tenía más de medio millón de habitantes en el siglo XI y unos siglos después de las sucesivas limpiezas étnicas había sido reducida a unas pocas decenas de miles.

Cuando la España de Fernando e Isabel y sus sucesores termina de expulsar a los judíos y moros de la península (Hispania, Spania o Al Ándalus), las ciudades y capitales vencedoras lucían bastante primitivas en comparación a Córdoba o a la Alhambra. La imaginación histórica (no muy diferente a la imaginación narrativa) tiende a identificar aquellas urbes vencedoras con las más contemporáneas Madrid, Sevilla o Londres, no en las imágenes urbanas actuales sino en los mapas dibujados por dicotomías como centro-periferia, civilización-barbarie, ciencia-mitología, razón-fuerza, tolerancia-fanatismo, etc.

Por supuesto que la triste yihad, aunque es una palabra árabe, tampoco fue un invento árabe. Las matanzas por mandato de algún dios colérico o lleno de amor y misericordia son milenarias; las usaron los mahometanos que expandieron el imperio y sirvió para promover y justificar las brutales Cruzadas cristianas contra los pueblos surorientales y contra el centro político, religioso y cultural de la época. Los “cara pálidas”, rubios de ojos claros eran el equivalente a lo que, siglos después y vistos desde un centro desplazado hacia occidente, serían los morenos de ojos negros: los bárbaros. De hecho la palabra bárbaro había surgido siglos antes, cuando el centro de la civilización era Grecia y Egipto: un bárbaro era un salvaje rubio, casi siempre germánico, violento, carente de cultura civilizada y con un idioma “balbuceante”, caótico. Al menos esa era la percepción desde el centro.

En el siglo XI estos bárbaros europeos que se dirigieron a África y Oriente en milicias desorganizadas primero y luego con ejércitos mejor financiados, se encontraban a una gran distancia cultural del centro: eran fanáticos religiosos que tenían sueños de guerras santas y esperaban en compensación el Paraíso. Analfabetos casi por unanimidad, desconocían la tolerancia, la diversidad de filosofía, la razón dialéctica y mucho más las ciencias. En el centro, en las principales urbes del imperio islámico, las New York y las Paris de entonces, las ciencias eran disciplinas comunes. Aunque hubo un esfuerzo de siglos por disimularlo, la memoria persiste, inadvertida, hasta en las palabras que usamos hoy, como algebra, algoritmo (del matemático persa Al-Juarismi, base de la informática moderna) astronomía, almanaque, nadir, zenit, química, alcohol, jarabe, albóndiga, alquiler, albañil, almacén, ojalá, almohada, alcalde, almirante, guitarra, ajedrez, aduana, ahorro, cheque, hasta los mismos números arábigos, etc. Seguramente ninguno sin una historia atrás que incluye a otros pueblos y culturas más antiguos.

Pero la ignorancia de que no sólo las religiones y la filosofía modernas se asientan en antiguas culturas de países hoy periféricos sino también la ciencia moderna, llevó a la prestigiosa periodista italiana, Oriana Fallaci, a afirmar: “Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Mahoma. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el teléfono, la televisión… Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrás de la otra cultura, ¿qué hay?” (2002). Esta es una idea común y extendida. Lo que demuestra, una vez más, que la historia se hace de memoria pero sobre todo de fatales olvidos.

Será gracias al inglés Adelardo de Bath y Roger Bacon que traficaron las nuevas ideas de África y Medio Oriente, que Europa comenzó a considerar que la razón y el empirismo, no la autoridad, podían ser instrumentos de la verdad. Lo más importante: instrumentos democráticos, ya que no eran propiedad que se heredaba como se heredaba la nobleza de sangre y la nobleza moral.

Pero la interpretación y representación de la historia está plagada de intereses, no sólo de los poderes dominantes de cada momento. En su momento, el imperio islámico se encargó de mostrar una imagen convenientemente negativa de los cristianos, como los imperios anglosajones emergentes hicieron con la leyenda negra española, parte real y parte exagerada. La representación histórica también está plagada de intereses conscientes e inconscientes de cada individuo. Algunos tienen una tendencia irremediable en acusar al otro y defender lo propio. Otros, tenemos una tendencia, igualmente irremediable, de poner el dedo en la llaga: en el Norte señalamos sus propios defectos; en el Sur somos críticos con aquello mismo que defendemos en el Norte. En Occidente señalamos los crímenes de Occidente; en Oriente le señalamos la basura que promueve el orgullo chauvinista de Oriente.

Claro que siempre es posible que lleguemos a un punto en que el diálogo es imposible. No se puede dialogar con convencidos chauvinistas, ultranacionalistas y disimulados racistas. Es más fácil dialogar con un orangután y llegar a un acuerdo. En estos casos es la fuerza la que resuelve el conflicto a favor de la justicia o de la injusticia. Porque la fuerza es ciega, no la justicia. Pero antes de llegar a este triste extremo siempre hay que buscar una alternativa. En términos personales siempre queda la opción del alejamiento y la serena indiferencia. Sobre todo para aquellos que no queremos ni podemos hacer uso de la fuerza.

La imaginación histórica es la segunda mayor fortaleza del chauvinismo. La primera, sigue siendo “el brazo armado de Dios” —no Dios, espero.

Jorge Majfud

Julio 2011

majfud.org

Jacksonville University

Milenio (Mexico)

La Republica (Uruguay)

Los dibujos de Franz Kafka

Con todos ustedes, el dibujante Franz Kafka

Por:Winston Manrique Sabogal04/07/2011

“Mis dibujos no son imágenes, sino una escritura privada”, Franz Kafka.

 Kafka01_Pensador

El pensador(Puedes ver aquí una fotogalería de algunos de los dibujos de Kafka)

Con las palabras-epígrafe de Franz Kafka (1883-1924) que abren este post-retrospectiva sobre sus dibujos, el escritor checo deja claro como veía, concebía y definía sus ilustraciones y su vertiente artística; aquella que lo acompañó desde niño, y por siempre, pero que dejó a un lado en beneficio de la literatura. Dibujos dispersos, algunos más o menos conocidos, pero que nunca habían sido reunidos y vistos uno tras otro, hasta ahora que se publica el libro Franz Kafka. Dibujos, editado en España por Sexto Piso, lo cual permite una apreciación más completa de uno de los autores fundmentales del siglo XX. En Babelia, a través de su blog Papeles perdidos y EL PAÍS.com, ofrecemos un avance en primicia de esta novedad literaria, que llega hoy a las librerías. Una obra que brinda una doble lectura, cada dibujo tiene el texto original que lo acompañaba, es decir donde kafka lo dibujó, o algún pasaje de su obra literaria o personal en el que encaja. El conjunto ilumina aún más el universo del gran autor checo. Más misterio, más enigma, más arte. Una especie de retrospectiva artística de 40 ilustraciones del creador de obras como La metamorfosis El proceso, uno de cuyos pasajes encaja en el siguiente dibujo titulado Dos que esperan:

 Kafka38_Dosqueesperan
El interés y la pasión de Kafka por el dibujo, y el arte en general, fue tal que con 24 años aún no sabía a qué quería dedicarse al crear imágenes como la que abre esta pieza titulada El pensador, y que al igual que sus escritos se prestan a varias interpretaciones, podríamos verla como un autorretrato. Otro registro de su trazo es el deibugo que sigue a continuación, Tres corredores:

Kafka9_3corredores
Aunque en muchos casos se desconoce la técnica empleada, pluma de tinta o lápiz, se trata de un Kafka señalado como expresionista por su amigo y artista Fritz Feigl, o como un escrupuloso realista, según su amigo y albacea literario Max Brod, que siempre quiso publicar algo como este libro y no pudo, y al que debemos muchas de las obras de Kafka pese a su negativa de que vieran la luz. Incluso, el escritor ha sido emparentado con Kandinsky, o relacionado con otros artistas abstractos y algunos más por hacer ilustraciones como esta  Mujer serpiente:

Kafka21_MujerserpienteLo cierto es que Brod siempre creyó en el valor artístico de ese kafka al que le encantaba el arte japonés, fantaseaba con obras de Ingres y le fascinaban artistas como Van Gogh. Además la vinculación de Kafka con el mundo artístico lo llevó a que dos artistas lo invitaran, infructuosamente, a posar como modelo desnudo. Kafka tuvo clases de dibujo en la escuela elemental pero fue en la universidad cuando descubrió el gusto por esta expresión. Sobre todo en los últimos años de la carrera de Derecho (1903-1905) cuando el aburrimiento lo llevaba a garabatear “acertijos” o “pintarrajos”, como los llamaba él, en el margen de sus cuadernos. Esta época es la central de este libro-exposición; aunque también hay  dibujos hechos en postales, cartas, cuadernos o blocs de notas y cuadernos a rayas.

“Observe el lector que no sólo la prosa de Kafka, sino también sus dibujos reciben las mas diversas interpretaciones”, dice el texto de presentación de este libro editado por Sexto Piso.

Kafka era muy crítico con sus dibujos y, según Gustav Janouch, en 1922, dos años antes de su muerte, se refirió a ellos en los siguientes términos: “No son dibujos para mostrar a nadie. Tan solo son jeroglíficos muy personales y, por tanto, ilegibles. (…) Mis figuras carecen de las proporciones espaciales adecuadas. No tienen un verdadero horizonte”… “Los dibujos son rastros de una pasión antigua, anclada muy hondo”.

También se recuerda su mirada más entusiasta y profunda de concepción del arte: “La pasión está en mí. Desearía ser capaz de dibujar. Quiero ver y aferrar lo visto. Esa es mi pasión”.

O su mirada y anhelo de creador: “Intento cercar lo visto de una manera totalmente propia”.

Kafka07_Esgrima
O su mirada más literaria y existencialista cuando se refiere a la serie de hombrecillos (7 dibujos conocidos como “las marionetas negras de hilos invisibles”), la cual se señala como variaciones de la inicial de su apellido, la K: “Vienen de la oscuridad para desvanecerse en la oscuridad”.

O su mirada más filosófica, más platónica: “Todas las cosas del mundo humano son imágenes que han despertado a la vida”.

Son cuarenta dibujos de Franz Kafka, cuarenta piezas con espejos reflectantes en los textos que los acompañan que crean un álbum de doble lectura de uno de los escritores fundamentales del siglo XX. El resultado no es comparable al de su creación literaria, pero es valioso conocer el resultado de un secreto en un hombre como él. El libro se cierra con la ficha-biografía de cada uno de los dibujos y su posible técnica, fecha y aparición. Todo ello gracias a que, como habría dicho el propio Kafka: “Y pese a la mejor de las voluntades… ha de ser la pluma quien, en mi mano, siga por el mal camino”.

 PD. Este sábado 9 de julio, Babelia publicará más dibujos de Kafka acompañados por un artículo de Max, ilustrador y autor de cómic y novela gráfica.

[fuente: El Pais de Madrid]

4.500 negativos para pensar en aquella España

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Robert Capa en la Guerra Civil

El documental ‘La maleta mexicana’ enlaza el hallazgo del trabajo de Robert Capa con la recuperación de la historia

por TONI GARCÍA – Barcelona – 03/07/2011

Trisha Ziff ya advierte a su interlocutor desde el principio de que no tiene ninguna intención de andarse por las ramas. La directora, que ahora vive en México, desde donde atiende a EL PAÍS vía telefónica, acaba de firmar La maleta mexicana, un intenso documental sobre el hallazgo de tres cajas con 4.500 negativos de imágenes tomadas por los fotógrafos Robert Capa, David Chim Seymour y Gerda Taro en plena Guerra Civil española. Uno pensaría que la historia es en sí misma lo suficientemente explícita como para acaparar un proyecto cinematográfico, pero Ziff, de 55 años, no es de la misma opinión: “Uno de mis tíos luchó en la Brigada Lincoln y yo misma pertenecí al Partido Comunista Británico cuando tenía 15 o 16 años, edad a la que somos muy impresionables. En mi juventud lo que pasaba en España nos intrigaba muchísimo, así que puedo decir que siempre he tenido una relación muy clara con el conflicto militar que se desarrolló allí. De eso es lo que quería hablar y no de los negativos”.

Ziff: “Quería hacer preguntas sobre el pasado, no una pieza sobre Capa”

La directora, experta en fotografía contemporánea, no fue solo un testigo de excepción en la recuperación de este material, extraviado durante más de setenta años, sino que pactó las condiciones para su devolución: “Yo no encontré la maleta mexicana, simplemente la recuperé. Durante 12 años se supo dónde estaba este material pero por razones que no logro comprender no se había procedido a su recuperación. En 2007 fui a Nueva York para hablar de un proyecto con el Centro Nacional de Fotografía y allí me pidieron ayuda porque sabían quién tenía el material en México y querían traerlo de vuelta. Un viejo amigo mío, el escritor Juan Villoro, me acompañó en este viaje, me ayudó y en cinco meses conseguimos un acuerdo con la persona que lo guardaba. Era una simple cuestión de ir a por ello”.

Ziff tiene un discurso militante, articulado en torno al hecho de que la objetividad no existe y al mismo tiempo consciente de que por ese motivo la percepción de su trabajo podría quedar lastrada. “No creo que mi documental vaya a ser muy popular en España; de hecho creo que algunos de mis coproductores no estaban muy satisfechos con la idea de no centrar este documental en la figura de Capa, como si fuera una biografía suya. La cuestión es que he vivido durante muchos años en Irlanda del Norte, y he visto la guerra. No quería hacer un documental de fotografía porque lo que me interesaba era el contexto. Recuerdo que al principio del proceso fílmico un amigo de Barcelona me acompañó a Nueva York. En el avión me habló de la Ley de Memoria Histórica y de Baltasar Garzón. Cuando empecé con La maleta mexicana fue al mismo tiempo que en España la gente empezaba a cavar para buscar a sus seres queridos. No quería hacer una pieza sobre la etapa española de Capa. Quería generar preguntas sobre el pasado”.

Naturalmente, la aventura repasa la historia de Capa y sus colegas de correrías en la Guerra Civil, donde el húngaro se convirtió en el fotorreportero de leyenda: “Hay que tener claro que Robert Capa, David Seymour y Gerda Taro eran antifascistas. Los tres eran judíos y venían de países

[Hungría, Polonia y Alemania, respectivamente] de donde habían tenido que exiliarse. Entendían que lo que estaba pasando en España era muy importante y fueron allí a una misión, con cámaras en lugar de armas. Por eso La maleta mexicana es un compromiso político, y habla también de aquellos que quieren neutralizar el poder de aquellas fotografías y colocarlas en un contexto artístico. Capa, Seymour y Taro hacían propaganda, prepararon imágenes, las escenificaron. Pero en ese momento a ellos no les importaba todo eso, no les importaba la neutralidad del fotorreportero. Eso vendría después”.

“¿La neutralidad del director? Eso es una chorrada: cuando diriges un documental estás exponiendo tu punto de vista”, dice la realizadora cuando se la inquiere por el núcleo de su pieza, centrada en el trabajo de los arqueólogos que indagan en las fosas comunes abiertas por toda la geografía española. “Me interesaba mucho conocer a esas personas y esa ha sido mi gran recompensa. Toda esta gente que trabaja tratando de saber qué ha sido de los suyos, de desenterrar la memoria, me ha cambiado como persona: ese ha sido mi premio”.

La maleta mexicana podrá verse en su estreno mundial la semana que viene en el Festival de Cine de Karlovy Vary (República Checa) sin su directora, que alega compromisos previos. Ziff adelanta que podrán verse dos versiones de su trabajo: la primera, la cinematográfica, aparecerá en las salas españolas en noviembre, y la segunda, televisiva, llegará aún sin fecha prevista y con un plus añadido: “Para esa versión, de 55 minutos, hemos pedido a Baltasar Garzón que pusiera su voz en la introducción. ¿Miedo de las reacciones? No, yo no quería hacer un documental abierto a todo el mundo. Como ya he dicho, eso de la neutralidad es una auténtica chorrada”.

[fuente: El Pais de Madrid]

Uruguay propone compensar a Paraguay por la guerra de la Triple Alianza.

MINISTROS DE CULTURA. ARGENTINA APOYO LA INICIATIVA Y BRASIL LA RECHAZO

A fines del siglo XIX, más de un millón de paraguayos murieron en una guerra regional. En el marco del Mercosur, Uruguay propuso reconocer esa “herida histórica”. Brasil se negó a hacerlo.

César Barrios

Guerra entre vecinos. Miles de paraguayos muertos y un país destruido. Guerra entre vecinos. Miles de paraguayos muertos y un país destruido.

Brasil se opuso a que, dentro del Mercosur, prosperara una iniciativa uruguaya mediante la cual se pretende saldar la deuda moral que Argentina, Uruguay y el país norteño tienen con Paraguay por la Guerra de la Triple Alianza, desarrollada entre 1864 y 1870.

En un encuentro desarrollado en Paraguay semanas atrás y previo a la 32º reunión de ministros de Cultura del Mercosur, el representante uruguayo en el encuentro, propuso en nombre del gobierno uruguayo “saldar la deuda moral respecto de la herida histórica que significó la Guerra de la Triple Alianza para la plena y efectiva integración cultural”. Quien hizo el planteo fue el director de Cultura del MEC, Hugo Achugar, que en diálogo con LA REPÚBLICA sostuvo que de esta manera se pensaba saldar con lo que el presidente Mujica considera una “deuda histórica y moral”.

Si bien el tema fue analizado en la reunión, no se tomó posición y se llevó al encuentro de los ministros de Cultura que se realizaría días después. Debido a complicaciones por la ceniza volcánica, el ministro uruguayo Ricardo Ehrlich no pudo concurrir al encuentro y la defensa de la posición uruguaya la llevó adelante el embajador Juan Enrique Fischer.

Argentina se mostró de acuerdo con saldar la deuda moral, pero Brasil se opuso. Su representante dijo que el ámbito no era el adecuado para tratar el tema, y que la guerra de la Triple Alianza era para su pais “una cuestión de Estado”.

El senador Sergio Abreu, durante la segunda presidencia de Lula Da Silva hizo gestiones para que se devolviera el cañón que es trofeo de guerra. Abreu por descendencia tiene vínculos tanto con la sangre brasileña como con la paraguaya. Según relató había visto ese trofeo de guerra en una visita a Río de Janeiro y consideró que era momento para hermanar a los países que están dentro del tratado de integración regional.

[fuente>>]

The Age of Barbaria

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Bronze coin of Pontius Pilate

La Era de Barbaria (Spanish)

The Age of Barbaria

Annual trips back to the year 33 began in the Age of Barbaria. That year was selected because, according to surveys, Christ’s crucifixion drew the attention of most Westerners, and this social sector was important for economic reasons since trips to the past weren’t organized, much less financed, by the government of any country (as had once happened with the first trips into space) but by a private company. The financial group that made the marvel of traveling through time possible was called Axa. Acting at the request of the High Chief of Technology, who suggested infinite profits through “tourism services,” Axa transported groups of thirty people each to the year 33 in order to witness the death of the Nazarene, much as the tourist commoners did long ago when at each equinox they would gather at the foot of the pyramid of Chitchen-Itzá to witness the formation of the serpent from the shadows cast down by the pyramid upon itself.

The greatest inconvenience encountered by Axa was the limited number of tourists who were able to attend the event at one time, thus hampering the millions in profit expected by the investors. For this reason the group maximum was gradually raised to forty-five, at the risk of attracting the attention of the ancient residents of Jerusalem. That figure has been maintained at the request of one of the company’s principal stockholders, who argued, reasonably, that the conservation of that historic deed in its original state was the basis for the trips, and that if each group produced alterations to the facts, it could result in an abandonment of general interest in carrying out this kind of travel.

Over time it has been proven that each historical alteration of the facts, no matter how small, is nearly impossible to repair. Such damage occurs whenever one of the travelers fails to respect the rules and attempts to take away some memento of the place. The most well-known was the case of Adam Parker who, with incredible dexterity, was able to cut out a triangular piece of the Nazarene’s red tunic, probably at the moment the latter collapsed from fatigue. The theft did not signify any change in the holy scriptures, but it served to make Parker rich and famous, since the tiny piece of canvas came to be worth a fortune, and more than a few of the travelers who have since taken on the trouble and expense of going back thousands of years have done so to see where the Nazarene is missing “Parker’s Triangle.”

A few have posed objections to this kind of travel, which, they insist, will end up destroying history in ways beyond our notice. In effect, it has: for each change introduced on any given day, infinite changes are derived from it, century after century, gradually diluting or multiplying its effects. In order to notice a minimal change in the year 33 it would be useless to turn to the holy scriptures, because all of the editions, equally, would reflect the blow and completely forget the original facts. There might be a possibility of tracing each change by projecting other trips to years just prior to the Age of Barbaria, but nobody would be interested in such a project and there would be no way of financing it.

The discussion about whether history should remain as it is or can be legitimately modified also no longer matters. But the latter is, in any case, dangerous, since it is impossible to foresee the resulting changes that would be produced by any particular alteration. We know that any change might not be catastrophic for the human species, but could potentially be catastrophic for individuals: we might not be the ones who are alive now, but someone else instead.

The most radical religious groups find themselves on opposing sides. Barbaria’s information services have recently discovered that a group of Evangelicals belonging to the True Church of God in Sao Pablo, will make a trip to the year 33. Thanks to the charity of its faithful, the group has managed to gather together the sum of several million charged by Axa per ticket. What no one has yet been able to confirm are the group’s intentions. It’s been said they will blow up Golgotha and set fire to Jerusalem at the moment of the Crucifixion, so that we thus arrive at the greatly anticipated End Times. All of history would disappear; the whole world, including the Jews, would recognize their error and would turn to Christianity in the year 33. The entire world would live in the Kingdom of God, just as described in the Gospels.

Others dispute this as conspiracy theory, or they question how the travelers could witness the Crucifixion without trying to prevent it. The theological answer is obvious, which is why those least interested in preventing the martyrdom of the Messiah are his own followers. But for the rest, who are the majority, Axa has decreed its own ethical rules: “In the same manner in which we do not prevent the death of the slave between the claws of a lion when we travel to Africa, neither must we prevent the apparent injustices that are committed with the Nazarene. Our moral duty is to conserve nature and history as they are.” The crucifixion is the common heritage of humanity, but, above all, its rights have been acquired totally by Axa.

In fact, the changes will be increasingly inevitable. After six years of trips to the year 33, one can see, at the foot of the cross, bottle caps and magic marker graffiti on the main beam, some of which pray: “I have faith in my lord,” and others just limit themselves to the name of who was there, along with the date of departure, so that future generations of travelers will remember them. Of course, the company also began to yield in the face of pressure from dissatisfied clients, leading to a radical improvement in services. For example, Barbaria just sent a technical representative to the year 26 to request the production of five thousand cubic meters of asphalt and to negotiate with Pontius Pilate the construction of a more comfortable corridor for the Via Dolorosa, which will make less tiresome the travelers’ route and, besides, would be a gesture of compassion for the Nazarene, who more than once broke his feet on stones that he failed to see in his path. It has been calculated that the improvement won’t mean changes in the holy scriptures, since there is no special concern demonstrated there for the urbanism of the city.

With these measures, Axa hopes to shelter itself from the storm of complaints it has received due to alleged inadequacies in service, having to confront recently very costly lawsuits brought by clients who have spent a fortune and have returned unsatisfied. The cause of these complaints is not always the intense heat of Jerusalem, or the congestion in which the city is entrapped on the day of the Crucifixion. Above all the cause is the unsatisfied expectations of the travelers. The company defends itself by saying that the holy scriptures weren’t written under its quality control, but instead are only historical documents and, therefore, are exaggerated. There where the Nazarene really dies, instead of a deep and horrifying night, the sky is barely darkened by an excessive concentration of clouds, and nothing more. The Catholics have declared that this fact, like all those referenced in the Gospels, should be understood in its symbolic meaning and not merely descriptively. But most people were satisfied neither by Axa’s response nor by that of Pope John XXV, who came out in defense of the multinational corporation, thanks to which people can now be closer to God.

Translated by Bruce Campbell

The Humanist (USA)