Ernesto Sabato

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Chau, maestro… hace muchos dias, semanas, que estaba pensando en esa unica palabra y recordaba, constantemente, este epitafio que vos mismo pusiste en tu ultima novela:

“Ernesto Sábato

Quiso ser enterrado en esta tierra

Con una sola palabra en su tumba:

PAZ”

 de Abaddon, el Exterminador (1974)
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Washington Benavides

Larbanois (standing left), along with Edward D...

Washington Benavides y Eduardo Darnauchans entre otros

Reflexiones con motivo del nuevo libro de Washington Benavides.

El frasco azul y otros frascos, Washington Benavides; poemario, 40 páginas, Ediciones Abrelabios

Cuando yo era niño, Washington Benavides y Circe Maia eran dos sinónimos de poeta. Si mal no recuerdo, mi hermano, que es carpintero, le arregló algunas veces la guitarra a su sobrino, Carlos. Para mí, solo ese acto era una forma de participar en algo que estaba más allá de los estrechos límites de la realidad material. Mi padre, también carpintero, hombre práctico y sin mucho oído para la música, compraba sus cassettes porque, decía, los cantores también comen. Washington y Carlos dieron a su tierra “El país de la cina cinas” y otros himnos que no necesitan ninguna consagración oficial.

Con el tiempo, entre las estrellas y el barro político de la dictadura militar, ese grupo de escritores y artistas que integraban Tomás de Mattos, Eduardo Larbanois, el genio inclasificable de Eduardo Darnauchans (alumno de Washington, un poco Onetti, un poco Leonard Cohen) y Héctor Numa Moraes, entre otros, realizaron una mezcla exótica y obviamente imposible: unieron el canto y la cultura popular al arte de culto.

Así, en una especie de pueblo de provincia que era y es Tacuarembó, Uruguay (no por su tamaño sino por su aislación geográfica y por la particularidad de estar rodeada de estancias y de una fuerte cultura ganadera y conservadora que no puede verse al espejo sin montar en cólera), surgió una generación de intelectuales que no despreciaron la alegría ni le temieron al vértigo de emociones más oscuras y profundas.

Todo parece tan lejano. No por el tiempo. No porque esos artistas hayan dejado de producir. No porque la seriedad o el vigor de los grandes haya declinado, sino por el culto a la frivolidad y a la intrascendencia que caracteriza nuestra época y a veces se ensaña especialmente con las provincias culturales más débiles que siempre copian los defectos ajenos, que es otra forma de conservar los defectos propios.

Lamentablemente, el Rio de la Plata, la región geográfica y espiritual que hizo nacer uno de los géneros populares con mayor vigor espiritual y riqueza intelectual, el tango, y no fue avaro con el mundo dando escritores como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti y Eduardo Galeano, se ha especializado en el arte de la frivolidad y la intrascendencia. Lo que demuestra otra de las características rioplatense: la creación y la autodestrucción.

Pero la tontería y la frivolidad si bien aturden, tampoco sobreviven a sus promotores. La ventaja de los grandes artistas como Washington Benavidez es que se pueden morir y seguir trabajando.

La historia demuestra, de forma abrumadora, que los pueblos no sólo se equivocan, sino que sus consensos han gozado, casi por norma, de buenos equívocos e inconmensurables supersticiones. Pero la historia también demuestra que el juicio del tiempo es implacable y muchas veces inapelable.  A este juicio sobreviven los grandes; o los grandes se definen por este juicio.

No sé si poetas como Benavides lo saben; no sé si le importan. Si sé que le importará a las generaciones que sobrevivan a esta catástrofe, ruidosa pero imperceptible, dentro de la cual vivimos.

Entonces, los sobrevivientes deberán recurrir a las obras de los grandes artistas para recuperar su propia condición humana, para explorar toda esa existencia que está más allá de los estrechos límites individuales. Esas vidas ajenas de las cuales estamos hechos todos y que es la condición de cada ser humano que ha sido elevado, en alguna medida, por encima de su condición de ser animal, por encima de su condición de simple pieza de una gran máquina de picar carne.

Jorge Majfud

La Republica (Uruguay)

Milenio (Mexico)

Jean-Paul Sarte

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Jacksonville, Neptuno beach and Jean-Paul Sarte. Una vieja relectura de un maestro. Cuando joven lo leía en español. No recordaba el texto, recordaba la novela: la técnica narrativa, la experimentación que revela su concepción existencialista, el tema de fondo. Es decir, todo lo demás, todo lo que está más allá de la palabra en sí. Al final Sartre tenía razón contr Derrida. Esto ya lo he analizado en El eterno retorno de Quetzalcoátl (2008).

Estas fotos son solo un (pre)texto para insistir sobre otro punto:

¿Para qué sirve la literatura? (II)

¿Para qué sirve la literatura? (I)

What good is literature? (II) (English)

À quoi sert la littérature ? (French)

¿Para qué sirve la literatura? (II)

Cada tanto algún político, algún burócrata, algún inteligente inversor resuelve estrangular las humanidades con algún recorte en la educación, en algún ministerio de cultura o simplemente descargando toda la fuerza del mercado sobre las atareadas fábricas de sensibilidades prefabricadas.

Mucho más sinceros son los sepultureros que nos miran a los ojos y, con amargura o simple resentimiento, nos arrojan en la cara sus convicciones como si fueran una sola pregunta: ¿para qué sirve la literatura?

Unos esgrimen este tipo de instrumentos no como duda filosófica sino como una pala mecánica que lentamente ensancha una tumba llena de cadáveres vivos.

Los sepultureros son viejos conocidos. Viven o hacen que viven pero siempre están aferrados al trono de turno. Arriba o abajo van repitiendo con voces de muertos supersticiones utilitarias sobre el progreso y la necesidad.

Responder sobre la inutilidad de la literatura depende de lo que entendamos por utilidad, no por literatura. ¿Es útil el epitafio, la lápida labrada, el maquillaje, el sexo con amor, la despedida, el llanto, la risa, el café? ¿Es útil el fútbol, los programas de televisión, las fotografías que se trafican las redes sociales, las carreras de caballos, el whisky, los diamantes, las treinta monedas de Judas y el arrepentimiento?

Son muy pocos los que se preguntan seriamente para qué sirve el fútbol o la codicia de Madoff. No son pocos (o no han tenido suficiente tiempo) los que preguntan o sentencian ¿para qué sirve la literatura? El futbol es, en el mejor de los casos, inocente. No pocas veces ha sido cómplice de titiriteros y sepultureros.

La literatura, cuando no ha sido cómplice del titiritero, ha sido literatura. Sus detractores no se refieren al respetable negocio de los best sellers de emociones prefabricadas. Nunca nadie ha preguntado con tanta insistencia ¿para qué sirve un buen negocio? A los detractores de la literatura, en el fondo, no les preocupa ese tipo de literatura. Les preocupa otra cosa. Les preocupa la literatura.

Los mejores atletas olímpicos han demostrado hasta dónde puede llegar el cuerpo humano. Los corredores de Formula Uno también, aunque valiéndose de algunos artificios. Lo mismo los astronautas que pisaron la Luna, la pala que construye y destruye. Los grandes escritores a lo largo de la historia han demostrado hasta dónde puede llegar la experiencia humana, la verdaderamente importante, la experiencia emocional; el vértigo de las ideas y la múltiple profundidad de las emociones.

Para los sepultureros sólo la pala es útil. Para los vivos muertos, también.

Para los demás que no han olvidado su condición de seres humanos y se atreven a ir más allá de los estrechos límites de su propia experiencia, para los condenados que deambulan por las fosas comunes pero han recuperado la pasión y la dignidad de los seres humanos, para ellos, es la literatura.

Jorge Majfud

La Republica (Uruguay)

Milenio (Mexico)

El diario (Bolivia)

Mario Vargas Llosa en Argentina

Original from the then "Secretaría de Pre...

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Vargas a la carga

Página/12

 Por Luis Bruschtein

Antes de los ‘80 se decía que los liberales en política eran intervencionistas en economía. Y al revés. Los liberales en economía eran autoritarios en política. Autoritarios quiere decir que en realidad fragoteaban todo el tiempo para dar golpes militares. Viene a cuento porque el discurso liberal épico del escritor Vargas Llosa pareciera desconocerlo. Los liberales argentinos fueron golpistas desde el ’30 en adelante. Se dieron casos ridículos porque un buen militar tiene que ser nacionalista. Pero cada vez que un militar “nacionalista” dio un golpe, puso a un ministro de Economía liberal. Los golpes militares tuvieron siempre un discurso anticorrupción y supuestamente nacionalista con fragor de botas y banderas, pero fueron liberales en economía.

Se decía que un liberal en economía tenía que ser irremediablemente autoritario en política porque las medidas económicas de libre mercado son esencialmente antipopulares, y se pensaba que solamente podían ser aplicables con represión y mano dura. Eso no estaba en discusión y así sucedía.

Por el contrario, se decía que un liberal en política era intervencionista en la economía –o sea, lo contrario al libre mercado– porque las fuerzas del mercado no son democráticas, ya que siguen otras reglas, como la ley del más fuerte –el que más tiene, más gana y tiene más capacidad para sobrevivir y eliminar al más débil– que es lo opuesto a la democracia, donde todos los votos tienen el mismo valor. El libre mercado no es democrático porque favorece al más fuerte. Entonces, para ser democrático en economía, había que intervenir a través del Estado para equilibrar fuerzas y derechos.

El liberalismo original, el de los textos clásicos que plantearon igualdad ante la ley y de oportunidades, surgió en oposición a las monarquías y de allí se construyó el costado épico de su discurso. Pero, ya en el siglo XX, la herramienta política del liberalismo económico no fueron los votos sino los golpes militares. El liberalismo que llega a la modernidad no es el de los carbonarios sino el de los países centrales y el de los grandes capitales, o sea el discurso de los poderosos, que en nuestros países se verificó en invasiones y dictaduras. Ningún golpe de Estado se hizo en nombre de las dictaduras. Por el contrario, se hicieron “para defender la libertad y la democracia”. Los dictadores se presentaban siempre como demócratas. Además no es casual que los que defienden a los militares de la dictadura en la Argentina sean, sobre todo, los sectores liberales. Cuanto más liberales en el discurso, más los defienden y muchos de ellos son amigos y tienen relaciones personales con los viejos represores. José Alfredo Martínez de Hoz no era populista. Por el contrario, era muy representativo del capital concentrado que se expresaba en términos de “defensa de la democracia”, e ideológicamente se definía como un gran liberal.

Queda demostrado que, por lo menos en la Argentina moderna, ese liberalismo no fue democrático. En todo caso fueron más democráticos los acusados de populistas, como Yrigoyen y Perón, porque ampliaron derechos ciudadanos, aunque para ello debieron afectar intereses económicos.

En la excelente entrevista que le hicieron Martín Granovsky y Silvina Friera, publicada ayer por Página/12, el escritor peruano se ataja y afirma que los que apoyaron dictaduras no son verdaderamente liberales, y que no tiene por qué hacerse cargo de lo que hicieron otras personas que se dicen liberales, aun cuando hayan sido referentes ideológicos suyos, como Milton Friedman o Friedrik von Hayek, que respaldaron calurosamente a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y formaron parte de la Sociedad Mont Pelerin que trajo a Vargas Llosa a la Argentina.

La pasión y energía que invirtió –según relata en esa entrevista– en desentrañar las contradicciones del discurso revolucionario que lo había seducido en los ’60, contrasta con el desinterés y hasta la pereza intelectual que muestra el escritor frente a esas contradicciones del discurso liberal en los países de América latina.

Desinterés y pereza, más que ceguera o ingenuidad, porque en cada reunión a la que asiste en la región está acompañado por dirigentes y personajes que son empresarios o asesores de grandes empresas devenidos en políticos, más que políticos con trayectorias que sobresalgan por sus desempeños democráticos y pensamientos profundos. Aquí en la Argentina, su principal anfitrión fue Mauricio Macri, un hombre que repite que prefiere la mano dura antes que la negociación o que estigmatiza los inmigrantes de los países vecinos.

Vargas Llosa afirmó que el populismo y la izquierda ganaron una batalla al conseguir que el término “liberal” sea tomado como una mala palabra. En realidad, la izquierda y el supuesto populismo no estaban para dar ninguna batalla en los años ’90. Fueron los mismos liberales los que lograron ese desmérito.

En los años ’80, con el comienzo de la globalización, los gobiernos militares ya no ofrecían seguridad jurídica para la desbordante liquidez mundial. A partir de allí, no hubo más golpes. Cuando estos supuestos liberales dejaron de buscarlos o apoyarlos, se acabaron los golpes en América latina. O si los hubo, fracasaron. Las nuevas herramientas para llevar adelante esas políticas económicas fueron la presión mediática, los golpes de mercado y, por supuesto, las poderosas consecuencias de un nuevo ordenamiento mundial con hegemonía unilateral norteamericana. En el caso de la Argentina, esas presiones doblegaron a los partidos tradicionales desde la segunda mitad del gobierno de Alfonsín, más los dos gobiernos de Carlos Menem y el gobierno de la Alianza. Fueron más de 15 años de neoliberalismo que culminaron con la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza.

Pero la ola fue tan fuerte que, de la misma manera que en los años ’70 se habían reproducido como una plaga las dictaduras en la región, entre los ’80 y los ’90 se extendieron las experiencias neoliberales y en todos los países con los mismos resultados desastrosos. Pensadores populares que habían participado en el desarrollo de la Teoría de la Dependencia como el brasileño Fernando Henrique Cardoso se convirtieron al neoliberalismo y, en su caso, fue el presidente que aplicó esas teorías en Brasil. El peronismo en la Argentina, que había sido el gran muro de contención contra esas medidas, se dio vuelta con el menemismo y se convirtió en su herramienta política. Algunos gobiernos se cuidaron un poco más, Brasil no privatizó su petrolera estatal y en Chile tampoco lo hicieron con la empresa del cobre. En la Argentina, el menemismo vendió hasta la vajilla de la abuelita. En todos hubo una reacción en contra. En la Argentina, donde esas políticas habían sido salvajes, la crisis fue más profunda y la reacción popular, más violenta. Se equivoca Vargas Llosa: la izquierda o el supuesto populismo no tuvieron ningún mérito en la campaña por convertir al liberalismo en mala palabra. Fue todo obra de los mismos liberales, algunos de los cuales lo acompañan ahora cuando viene a darles charlas magistrales.

No existe liberal de izquierda, ni liberal progresista, y cuando hablan equívocamente de progreso o de cambio, siempre son cambios regresivos que favorecen al más fuerte. Cualquier desviación del libre mercado es considerada “colectivista”. Ni hablar de la distribución de la riqueza. En suma: para ser liberal hay que ser rico o, por lo menos, no hay que ser pobre. Esta expresión de un liberalismo donde prima lo que ellos llaman libertades económicas sobre los factores sociales, y donde el valor supremo es el de la propiedad, es más bien el neoliberalismo, una versión parcial y más cruda de los viejos ideales de los revolucionarios antimonárquicos que en su idealismo ponían por delante la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades. Esta segunda parte del discurso de los viejos liberales no está muy considerada por quienes en la actualidad se asumen como sus discípulos, porque la única forma de que haya igualdad de oportunidades es a través de un Estado que regule los procesos económicos preservando una dinámica democrática.

Resulta simpático advertir que antes a los marxistas se les decía “materialistas” porque afirmaban que lo económico determinaba por sí sólo lo social y cultural. A los viejos liberales se les llamaba “idealistas” porque decían que las ideas determinaban todo lo demás. Pero estos nuevos liberales ya no son idealistas sino marxistas al revés: lo que prima es la economía, pero a favor de los poderosos.

Philip Roth

A Philip Roth Reader

Image via Wikipedia

Es el último novelista vivo de una luminosa generación de escritores estadounidenses. Philip Roth tuvo como amigos y maestros a autores como Bernard Malamud y Saul Bellow, y junto a otros contemporáneos suyos como Thomas Pynchon, John Updike y Normal Mailer abrieron una nueva senda en busca de la gran novela norteamericana. En esta entrevista, en su casa de Nueva York, Roth habla de su último libro, Némesis, de lo que significa para él la escritura y la literatura, de la culpa y del paso del tiempo

ANDREA AGUILAR 23/04/2011

Su fama, no solo literaria, le precede. Desde que en 1959 publicó Adiós Columbus, la polémica y el éxito han marcado la carrera de Philip Roth (Newark, 1933) como la de ningún otro escritor. La impúdica e hilarante diatriba de su personaje Alexander Portnoy con su psiquiatra, a finales de los años sesenta, fue el pistoletazo que le colocó a ojos de la crítica a la altura de Styron o de su coetáneo Updike. Roth, admirador y amigo de Malamud y Bellow, inauguraba una nueva senda en la novela americana.

“El paso del tiempo deja espacio para la cavilación y llega una generación de escritores que puede capturar el hecho”

“A menudo es doloroso releerte, ves lo que no conseguiste y el lenguaje que usaste puede resultar un poco embarazoso”

Con El lamento de Portnoy también puso en pie de guerra a un grupo de rabinos que le acusaron de antisemita. Las feministas del momento no se quedaron atrás y le señalaron como un flagrante misógino. Los títulos que publicó en la siguiente década azuzaron los furibundos ataques. De la mano de Zuckerman, en nueve de sus novelas, tensó la frontera entre realidad y ficción. Su divorcio de la actriz británica Claire Bloom, y las nada elogiosas memorias que ella publicó poco después, alimentaron los cotilleos. Pero Roth no se arredró. Plantó cara a las sucesivas batallas con genio, a golpe de novela, probando una y otra vez que “la literatura no es un concurso de belleza en el plano moral”. En la farsa, la sátira o la tragedia, el escritor se ha declarado enemigo de lo simple, de la dicotomía entre blanco y negro, y trabaja como pocos la gama de grises que tiñen la conciencia.

A diferencia de John Updike, el prolífico cronista de la clase media americana y exquisito crítico, Roth, el chico malo sin pelos en la lengua, satírico, irreverente, crudo, sexual y rabiosamente judío ha concentrado toda su energía en la ficción. El acoso y las peleas públicas nunca le empujaron a la misteriosa reclusión del vanguardista Thomas Pynchon. El héroe de Newark construyó su leyenda con la apabullante fuerza de sus libros, demostrando que no tenía ningún camino prohibido, que su ficción podía crecer y abarcarlo todo. En su obra ha explorado la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial o el macartismo, ha buceado e investigado con ahínco. “Su chorro de creatividad es casi shakespeareano”, declaraba a finales de los noventa el crítico Harold Bloom. “Están DeLillo, Pynchon, Cormac McCarthy, pero en términos de diseño total y de inventiva y de originalidad, creo que Philip es lo que está más cerca de lo mejor”.

Treinta y tres títulos después de su debut, el autor de Pastoral americana o La mancha humana, es el único novelista vivo cuyo trabajo está siendo publicado por Library of America, un proyecto similar a La Pléiade que reúne la obra completa de los mejores escritores estadounidenses (quitar en ediciones anotadas). Además, Roth cuenta en su haber con una impresionante lista de galardones -en la que solo falta el Nobel- y millones de lectores en todo el mundo. A los más jóvenes les cuesta entender la controversia que despertaron sus primeras obras. Quizá haber forzado el estereotipo de inmigrante judío de segunda generación hasta derribar ese muro sea una de las mayores victorias de este escritor. Con Némesis, su último libro, cierra el ciclo de cuatro novelas cortas que arrancó con Elegía y regresa al escenario de su infancia, en el Newark de la década de los cuarenta durante la epidemia de polio.

El escritor se retiró al campo en Connecticut hace más de diez años, pero pasa los inviernos en la ciudad. Al oeste de Central Park, en el Upper West Side, se encuentra su apartamento neoyorquino. Un gran ventanal con una impresionante vista al sur domina un luminoso y amplio salón de suelos de madera clara y exento de librerías. A la derecha, un flexo ilumina el escritorio de cristal. Falta el ordenador, una pieza clave para Roth desde los noventa, que vino a sustituir una sólida máquina de escribir -“como un cañón, grande, negra, inamovible”-. Antes tuvo una Olivetti portátil -“maravillosa, podías empujarla por la mesa, escribir y empujar”- y, por insistencia de sus amigos, dejó el papel y la tinta y se pasó a la pantalla y el teclado -“lo mejor que le ha pasado a mi escritura”-, algo que le permite reescribir mientras avanza. El oficio de escritor para Roth tiene algo de combate físico. Trabaja cada día, todo el día y, durante muchos años, lo hacía siempre de pie. Ahora, solo la mitad del tiempo. “Empecé porque tenía problemas de espalda. Me encanta no estar metido en el hoyo. Si te atascas puedes caminar y quitártelo de encima”.

El sofá se encuentra en el otro extremo del salón. Roth, alto y delgado, camina sin zapatos por la casa. Viste un pantalón de pana y jersey de lana gruesa beis. Mientras habla, sentado en una butaca de cuero negro, juega con las gafas que le cuelgan del cuello y clava la mirada. Agudo y ágil conversador, intercala bromas y carcajadas, pero evalúa sin piedad a su interlocutor y no duda en recordar aquel tiempo en que no se mostraba tan cortés en las entrevistas -“me levantaba, me marchaba de un portazo, si me preguntaban si hacía lo mismo que mis protagonistas les gritaba que sí, exactamente, ¡al pie de la letra!”-. Esta tarde se muestra más sereno. Habla con admiración de la correspondencia de Bellow recientemente publicada y asegura que lo suyo, sin embargo, nunca fueron las cartas, ni los diarios: le cuesta encontrar el tono y siempre está tentado de reescribir, quitar -como todo lo demás-. Aunque hay un ejemplar de The Paris Review bajo su asiento, dice que no ha leído nada nuevo en ficción desde hace tiempo, ni Jonathan Franzen, ni Foster Wallace -“la última gran novela que leí fue Submundo de DeLillo”-.

PREGUNTA. En Némesis habla del miedo, un asunto central en Estados Unidos después del 11-S.

RESPUESTA. La polio atacó América en la primera mitad del siglo XX y las advertencias paternas sobre la enfermedad fueron el coro de fondo de mi infancia. Cuando se descubrió la vacuna en 1955, ya me había licenciado en la universidad. No necesitaba el 11-S para escribir este libro.

P. ¿Es la literatura una buena brújula para entender el presente desde el que se escribe?

R. ¿Pienso que la ficción refleja el momento en que ha sido escrito sin importar en qué época esté situada la acción del libro? No. Yo quería describir 1944 en Newark. Leí mucho y me entrevisté con un par de tipos de mi edad que tuvieron la polio. Cuando trabajo pongo mucho cuidado en recrear con fidelidad una época. Si el presente en el que escribo también queda reflejado no es un algo deliberado.

P. ¿Opina lo mismo como lector?

R. Si es sutil, a lo mejor, con el paso del tiempo puedes ver que algunas cuestiones históricas determinaron que los escritores estuvieran interesados en ciertos temas.

P. ¿Cómo ha afectado el 11-S a la literatura norteamericana?

R. Algunos escritores lo han usado en sus libros. Pero, en general, la literatura no funciona así. Yo tardé 65 años en hablar de la polio y ese es más o menos el margen. El paso del tiempo deja espacio para la cavilación y llega una generación de escritores que pueden capturar el hecho, que no suele ser la misma que estaba en su madurez cuando ocurrió. ¿Cree algo de lo que digo?

P. En algunos de sus libros parece que hubiera una advertencia: cuidado con la bondad.

R. Sí, una buena frase. El teatro de Sabbath es el reverso: abraza la maldad.

P. Harold Bloom considera que ese es su mejor libro.

R. Es bueno. Estoy a punto de releerlo y yo nunca releo mis novelas.

P. ¿Por qué no?

R. A menudo es doloroso, ves lo que no conseguiste hacer y el lenguaje que usaste puede resultar un poco embarazoso. Uno no siempre está en buenos términos con sus libros del pasado.

P. ¿Por qué lo está releyendo?

R. Alguien me lo sugirió, mientras yo estaba criticando algo de mi obra. El impulso detrás de Sabbath fue fuerte y nuevo. El nivel de invención es muy alto. Cuando lo publiqué lo odiaron.

P. En un ensayo sobre Bellow habla de su transformación revolucionaria con Auggie March. ¿Piensa en su propia obra en estos términos?

R. Bueno, El lamento de Portnoy fue algo totalmente distinto de mi obra anterior. Vine a Nueva York en 1963 y daba clases en Princeton. Conocí a un grupo de tipos, todos judíos y un poco mayores que yo. Nos reuníamos y teníamos unas juergas hilarantes, enlazando un tema detrás de otro con historias extravagantes. Después de dos o tres años pensé que por qué no escribía eso, y decidí llevar a la página el comedor del restaurante. Aquello fue el comienzo de una explosión que duró unos doce años. Intenté empujar el elemento cómico tan lejos como pudiera.

P. ¿Para defenderse?

R. No, era una ofensiva en todos los sentidos. La idea era “si no te gusta el tipo que escribió Portnoy, vas a odiar al que escribió esto”. Me liberé de mi decorosa educación literaria. El siguiente gran cambio llegó con La contravida, a mediados de los ochenta, un nuevo acto de apertura. Me sentía expansivo cuando escribía y las palabras llegaron.

P. ¿Qué se propuso hacer en esta serie de

Némesis?

R. En los noventa Bellow estaba escribiendo novelas cortas. Recuerdo que le pregunté cómo lo hacía y él, como siempre, se rió. En aquel momento en mis libros yo buscaba ampliar y seguir incluyendo cosas que nada impedía que metiera. Pensé, ¿puedo recortar todo y escribir a pequeña escala? ¿Cómo destilo y comprimo?

P. Y llegaron estas cuatro novelas.

R. No sabía que serían cuatro. Empecé con Elegía. Quería contar la vida de un hombre a partir de sus enfermedades. Me divirtió especialmente imaginar ese discurso acusatorio y furioso de la mujer contra el adúltero. Fue divertido asumir ese papel, porque no he tenido muchas oportunidades.

P. Después vino

Indignación.

R. Quise escribir sobre lo que era ir a una universidad en el tiempo en que yo fui, a principios de los cincuenta. Esos campus convencionales eran sofocantes y detrás de esa asfixia estaba la maldita guerra y la represión sexual. Todo era tan reprimido que ni siquiera sabíamos lo reprimidos que estábamos.

P. Le ha dedicado bastante atención a la explosión de aquello.

R. Si el bang de 1963, 1964, 1965… Yo estaba en la treintena y ver aquello fue vertiginoso, daba mareo. Fue increíble.

P. ¿Ha habido una regresión desde entonces?

R. No. Lo que pasó en los años sesenta fue tímido y templado si lo comparamos con cómo viven ahora los jóvenes. Aquello fue la primera salida de la cárcel sexual y fue emocionante.

P. El nuevo libro transcurre durante un verano muy caluroso en Newark, como

Adiós Colombus su primera historia publicada.

R. Aquello lo escribió un chico que no había oído hablar de la muerte. El escritor deNémesis sí ha oído de ella.

P. El doctor, uno de los personajes, advierte al protagonista de lo que debilita un sentido erróneo de responsabilidad.

R. Bucky se siente responsable de cosas que no le corresponden. Y este sentimiento de responsabilidad es insaciable.

P. ¿Asumir la responsabilidad es una forma de eludir el caos y el azar, de crear la ilusión de control del destino?

R. Exactamente, y la polio es un ejemplo perfecto: es caos y azar, aunque él se sienta responsable. La culpa da sentido a muchas cosas.

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Growth tends to slow when GDP per head reaches a certain threshold. China is getting close

BRIC wall

Apr 14th 2011 | from the print edition

THE economic crisis may have been debilitating for the rich world but for emerging markets it has been closer to a triumph. In 2010 China overtook a limping Japan as the world’s second-largest economy. It looks sets to catch America within a decade or two. India and Brazil are growing rapidly. The past few years have reinforced the suspicion of many that the story of the century will be the inexorable rise of emerging economies. If projections of future growth look rosy for emerging markets, however, history counsels caution. The post-war period is rich in examples of blistering catch-up growth. But at some point growth starts to disappoint. Gaining ground on the leaders is far easier than overtaking them.

Rapid growth is initially easy because the leader has already trodden a clear path. Developing countries can borrow existing technologies from countries that have already become rich. Advanced economies may be stuck with obsolete infrastructure; laggards can skip right to the shiniest and best. Labour productivity soars as poor economies shift workers from agriculture to a growing manufacturing sector. And rapid income growth among young workers boosts savings and fuels investment.

But the more an emerging economy resembles the leaders, the harder it is to sustain the pace. As the stock of borrowable ideas runs low, the developing economy must begin innovating for itself. The supply of cheap agricultural labour dries up and a rising number of workers take jobs in the service sector, where productivity improvements are more difficult to achieve. The moment of convergence with the leaders, which once seemed within easy reach, retreats into the future. Growth rates may slow, as they did in the case of western Europe and the Asian tigers, or they may falter, as in Latin America in the 1990s.

The world’s reliance on emerging markets as engines of growth lends urgency to the question of just when this “middle-income trap” is sprung. In a new paper* Barry Eichengreen of the University of California, Berkeley, Donghyun Park of the Asian Development Bank and Kwanho Shin of Korea University examine the economic record since 1957 in an attempt to identify potential warning-signs. The authors focus on countries whose GDP per head on a purchasing-power-parity (PPP) basis grew by more than 3.5% a year for seven years, and then suffered a sharp slowdown in which growth dipped by two percentage points or more. They ignore slowdowns that occur when GDP per head is still below $10,000 on a PPP basis, limiting the sample to countries enjoying sustained catch-up growth. What emerges is an estimate of a critical threshold: on average, growth slowdowns occur when per-head GDP reaches around $16,740 at PPP. The average growth rate then drops from 5.6% a year to 2.1%.

This estimate passes the smell test of history (see chart). In the 1970s growth rates in western Europe and Japan cooled off at approximately the $16,740 threshold. Singapore’s early-1980s slowdown matches the model, as does the experience of South Korea and Taiwan in the late 1990s. As these examples indicate, a deceleration need not precipitate disaster. Growth often continues and may accelerate again; the authors identify a number of cases in which a slowdown proceeds in steps. Japan’s initial boom lost steam in the early 1970s, but its economy continued to grow faster than other rich nations until its 1990s blow-up.

In the right circumstances the good times may be prolonged, allowing an economy to reach a higher income level before the inevitable slowdown. When America passed the threshold it was the world leader and was able to keep growing rapidly so long as its own innovative prowess allowed. Britain’s experience indicates economic liberalisation or a fortunate turn of the business cycle may also prevent the threshold from binding at once.

Openness to trade appears to be a potent stimulant: the authors attribute the outperformance of Hong Kong and Singapore to this effect. Lifting consumption to just over 60% of GDP is useful, as is a low and stable rate of inflation. Neither financial openness nor changes of political regime seem to matter much, but a large ratio of workers to dependents reduces the odds of a slowdown. An undervalued exchange rate, on the other hand, appears to contribute to a higher probability of a slowdown. The reason for this is not clear but the authors suggest that undervaluation could lead countries to neglect their innovative capacity, or may contribute to imbalances that choke off a boom.

Middle Kingdom, middle income

The authors are careful to say that there is no iron law of slowdowns. Even so, their analysis is unlikely to cheer the leadership in Beijing. China’s torrid growth puts it on course to hit the $16,740 GDP-per-head threshold by 2015, well ahead of the likes of Brazil and India. Given the Chinese economy’s long list of risk factors—including an older population, low levels of consumption and a substantially undervalued currency—the authors suggest that the odds of a slowdown are over 70%.

It is hazardous to extend any analysis to a country as unique as China. The authors acknowledge that rapid development could shift inland, where millions of workers have yet to move into manufacturing, while the coastal cities nurture an ability to innovate. The IMF forecasts real GDP growth rates above 9% through to 2016; a slowdown to 7-8% does not sound that scary. But past experience indicates that slowdowns are frequently accompanied by crises. In East Asia in the late 1990s it became clear that investments which made sense at growth rates of 7%, say, did not at expansion rates of 5%. Political systems may prove similarly vulnerable: it has been many years since China has to deal with an annual growth rate below 7%. Structural reforms can help to cushion the effects of a slowdown. It would be wise for China to pursue such reforms during fat years rather than the leaner ones that will, eventually, come.

* “When Fast Growing Economies Slow Down: International Evidence and Implications for China”. NBER working paper, March 2011

Boom vs Doom: is Nouriel Roubini right on China?

April 21, 2011 7:00 am by Jamil Anderlini

It probably comes as no surprise that Nouriel Roubini – also known as Dr Doom – is bearish on China and its current growth model. Based on “two trips” to China recently the good doctor has come up with a devastating prognosis.

So is the man famous for predicting the downfall of the US housing market and subsequent global credit crisis about to notch up a second nostradamus award?

Here’s a taste of his views on China, as first published on Project Syndicate:

“China is rife with overinvestment in physical capital, infrastructure and property. To a visitor, this is evident in sleek but empty airports and bullet trains (which will reduce the need for the 45 planned airports), highways to nowhere, thousands of colossal new central and provincial government buildings, ghost towns and brand-new aluminium smelters kept closed to prevent global prices from plunging.”

“Eventually, most likely after 2013, China will suffer a hard landing. All historical episodes of excessive investment – including East Asia in the 1990s – have ended with a financial crisis and/or a long period of slow growth.”

Mr Roubini is a brave soul to put a date on the great China collapse. Many have tried and failed miserably to do the same thing over the last two decades. He cleverly leaves the exact timing open and if you rephrased his comments they would actually say he thinks China will not suffer a hard landing in the next two years.

Some people counter his grim analysis by pointing out China has been over-building and over-investing for well over a decade and every time it looks like there is too much investment or infrastructure, growth catches up and spare capacity disappears. There are a lot of people in China after all.

Others might also argue that the poor quality of much of the construction also means that within a decade or two all the old infrastructure will have to be torn down and rebuilt.

But Mr Roubini may well be right and makes a convincing argument that China’s addiction to over-investment will eventually cause massive waste and much slower growth down the road.

“No country can be productive enough to reinvest half of GDP in new capital stock without eventually facing immense overcapacity and a staggering non-performing loan problem.”

“Continuing down the investment-led growth path will exacerbate the visible glut of capacity in manufacturing, property and infrastructure, and thus will intensify the coming economic slowdown once further fixed-investment growth becomes impossible. Until the change of political leadership in 2012-13, China’s policymakers may be able to maintain high growth rates, but at a very high foreseeable cost.”

His assessment of the government’s latest five-year plan (2011-2015) is equally gloomy.

He points out, correctly, that the latest five-year plan looks remarkably similar to the last one, with its rhetoric on rebalancing the economy and increasing the share of consumption in GDP, both goals where the government failed miserably.

Mr Roubini is also right when he says the plan’s details reveal continued reliance on investment, especially public housing to boost growth.

His prescription is a mix of reforms including: faster currency appreciation, substantial fiscal transfers to households, taxation and/or privatisation of state-owned enterprises, liberalisation of the household registration, or hukou, system, and an easing of financial repression.

The Mandarins in Beijing are certainly aware of and probably agree with many of the points Mr Roubini is making, but because of the difficulties in implementing any of these reforms they are unlikely to pay much attention to his advice.

Related reading:
China’s Bad Growth Bet, Nouriel Roubini on Project Syndicate
Why Roubini is wrong on China, Shaun Rein on CNBC.com
China: booming with a frown, beyondbrics
Copper imports: tea leaves for reading China’s growth?, beyondbrics
China: the end of cheap, Foxconn edition, beyondbrics

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Genocidio armeno, 96 anni fa. Si incrina il silenzio anche in Turchia

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 Marco Tosatt

Il 24 aprile del 1915 a Costantinopoli cominciava il genocidio armeno. Parlamentari, giornalisti e altri esponenti della comunità armena venivano arrestati o uccisi. Il “triumvirato” – Talaat, Djemal e Enver – si preparava a mettere in atto quello che sarebbe stato il primo genocidio del secolo, il modello esemplare degli altri genocidi che si sarebbero succeduti in forme diverse nel corso del sanguinoso XX secolo.

Il 24 aprile del 1915 a Costantinopoli cominciava il genocidio armeno. Parlamentari, giornalisti e altri esponenti della comunità armena venivano arrestati o uccisi. Il “triumvirato” – Talaat, Djemal e Enver – si preparava a mettere in atto quello che sarebbe stato il primo genocidio del secolo, il modello esemplare degli altri genocidi che si sarebbero succeduti in forme diverse nel corso del sanguinoso XX secolo. Il governo turco da sempre e ancora oggi conduce una politica negazionista totale. Ma da anni storici e uomini di pensiero turchi hanno riconosciuto che sterminio è stato, e che si può parlare di genocidio.
Fra l’altro, il termine stesso genocidio è stato coniato dallo studioso polacco Lemkin proprio in riferimento a questo evento storico.
Da due anni a questa parte però, a dispetto della violenta repressione su questo tema (chi parla di genocidio può essere perseguito penalmente in Turchia; o perdere la vita, come è accaduto a Hrant Dink) in alcune città turche si svolgono cerimonie per ricordare, come scrivono prudentemente i giornali turchi, “gli armeni che hanno perso le loro vite nel ‘dislocamento’ che ebbe luogo nel 1915, nei giorni finali dell’Impero ottomano”.
Le cerimonie di quest’anno si svolgeranno a Istanbul, a piazza Takis,, a Ankara, Izimir, Dyarbakir e Bodrum. Le vittime saranno ricordate in silenzio, con garofani candele. Durante le cerimonie suonerà il ‘duduk’ uno strumento musicale armeno, mentre saranno letti i nomi delle vittime. Le cerimonie sono organizzate da “Say Stop to Racism and Nationalism” (Dur de!).
Uno degli organizzatori ha dichiarato che ciò che accade nel 1915 è “una ferita che tutti condividiamo. Dobbiamo confrontarci con la realtà che ci è stata nascosta per un secolo dall’ideologia ufficiale”. E che continua a essere nascosta dal governo, si può aggiungere. Molti armeni l’anno scorso hanno partecipato alle cerimonie, con la Bibbia in mano, pregando e piangendo per i loro cari. Lo scrittore turco Kemal Yalcin, in un discorso rivolto ai partecipanti, armeni, assiri e turchi, ha detto che ci sarebbero oggi “quindici milioni di turchi non musulmani, se non ci fosse stato il genocidio”.
La notizia viene dal sito Atilim. “La storia non perdonerà mai i crimini contro l’umanità. Che il nostro dolore divenga la base per la pace e la giustizia. Come scrittore turco chiedo scusa agli armeni e agli assiri. Mi auguro che il ponte Silk, al confine fra Armenia Turchia, il ponte storico di Ani, sia rinnovato e diventi il simbolo della fratellanza fra le nazioni armena e turca”. Lo scrittore Kemal Yalcin, che risiede in Germania, ha scritto un libro sui sopravvissuti del Genocidio armeno, che sono stati obbligati a definirsi curdi.

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Intolérance en France : « Notre langue est meilleure parce qu’elle est comprise »

Photographie de Carla Bruni nu pour le magazin...

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Nuestro idioma es mejor porque se entiende (Spanish)

Intolérance en France : 
« Notre langue est meilleure parce qu’elle est comprise »

Ou la pauvre « sans raison » sarkoziste

par Jorge Majfud

En France on continue et on approfondit la discussion et le rejet de l’usage du hijab et de la burka chez les musulmanes. Ceux qui proposent de légiférer pour interdire l’usage de ce type de toilette exotique et de peu de valeur esthétique pour nous, vont depuis les hommes politiques traditionnels de l’extrême droite européenne à une nouvelle gauche allergique, comme c’est le cas du maire communiste de Vénissieux.

Les arguments ne sont pas si variés. Presque toujours ils insistent sur les droits des femmes et, surtout, sur la « défense de nos valeurs » occidentales. Le président français lui même, Nicolas Sarkozy, a dit que « la burka n’est pas bienvenue sur le territoire de la République Française ». Par conséquent, l’état français a refusé la citoyenneté à une femme marocaine par ce qu’elle utilise un voile. Faiza Silmi est une immigrante mariée avec un citoyen français et mère de deux enfants français.

Pour le nombril du monde, les femmes habillées d’Occident sont plus libres que les femmes trop habillées du Moyen-Orient et plus libres que les femmes trop nues d’Afrique. L’axiome mathématique de transitivité ne s’applique pas. Si la femme est blanche et prend le soleil nue au bord de la Seine, elle est une femme libérée. Si elle est noire et fait de même au bord d’un ruisseau sans nom, c’est une femme opprimée. C’est l’anachronique axiome de que « notre langue est meilleure parce elle se comprend ». Ce qui en matière de vêtements équivaut à dire que les robotiques mannequins qui défilent sur les podiums sont le summum de la libération et du bon goût.

Probablement les pays africains, comme d’habitude, suivent l’exemple de l’Europe avant-gardiste et vont commencer à légiférer plus strictement sur les coutumes étrangères dans leurs pays. Ainsi, les Françaises et les Etasuniennes qui exercent leur droit humain de résider partout dans le monde devront se dépouiller de leursoutien-gorge et de toute toilette qui empêche de voir leurs seins, comme c’est la coutume et les valeurs de beaucoup de tribus africaines avec qui j’ai vécu.

Toutes les sociétés ont des lois qui règlent la pudeur selon leurs propres coutumes. Le problème réside dans le degré d’imposition. Encore plus, si au nom de la liberté d’une société ouverte, s’impose l’uniformité en niant une vraie différence, en prenant aux uns le droit dont jouissent les autres.

Si nous allons interdire le voile chez une femme, qui de plus fait partie de sa propre culture : pourquoi ne pas interdire les kimonos japonais, chapeaux texans, les lèvres peintes, les piercings, les tatouages avec croix et têtes de mort de toute espèce ? Pourquoi ne pas interdire la toilette que les religieuses catholiques utilisent et qui peut bien être considérée comme un symbole de l’oppression féminine ? Aucune religieuse ne peut sortir de son état d’obéissance pour devenir prêtre, évêque ou Pape, ce qui pour la loi de l’état séculier est une discrimination ouverte sexuelle. L’église Catholique, comme toute autre secte ou religion, a un droit à organiser son institution comme il lui paraît, mais comme nos sociétés ne sont pas des théocraties, aucune religion ne peut imposer ses règles au reste de la société ni avoir de privilèges sur une autre. La raison pour laquelle nous ne pouvons interdire à aucune religieuse l’usage de son habit, bien qu’il nous rappelle le tchador persan.

Couvrir le visage porte t-il atteinte à la sécurité ? Alors interdisons les lunettes noires, les perruques et les tatouages, les casques de motocyclettes, les masques médicaux. Interdisons les visages découverts, qui ne révèlent pas qu’en réalité ce monsieur si élégant pense voler une banque ou trahir la moitié du peuple.

Il n’arrive pas à monsieur Sarkozy de penser qu’imposer à une femme d’enlever le voile peut équivaloir en public à la même violence morale dont sa propre épouse souffrirait en étant obligée d’enlever son soutien-gorge pour recevoir le président du Mozambique.

Dans quelques régions de quelques pays islamiques — non dans la majorité, où les femmes étrangères se promènent avec des shorts plus en sécurité que dans un quartier de Philadelphie ou de San Pablo — le nijab est obligatoire comme pour nous utiliser un pantalon. Comme individu je peux dire que cela me paraît l’un des pires vêtements et comme humaniste je peux le repousser quand il s’agit d’une imposition contre la volonté explicite de celui qui l’utilise. Mais je ne peux pas légiférer contre un droit étranger au nom de mes propres coutumes. En supprime-t-on mes droits et ma liberté si ma voisine s’est mariée avec une autre femme ou si elle sort dans la rue couverte des pieds à la tête ou qu’elle se teint les cheveux en vert ? Si au nom de la morale, des valeurs de la liberté et du droit je vais promulguer des lois qui obligent ma voisine à s’habiller comme mon épouse ou si je vais lui refuser des droits civils dont je jouis, c’est moi le malade, pas elle.

Cette intolérance est commune dans nos sociétés qui ont promu les Droits de l’homme, mais qui ont aussi inventé les plus cruels instruments de torture contre des sorcières, des hommes de science ou des dissidents ; qui ont produit des camps d’extermination et qui n’ont pas eu de limites dans leur obsession prosélyte et colonialiste, toujours au nom de la bonne morale et du salut de la civilisation.

Mais les paradoxes sont une constante naturelle dans l’histoire. L’ancienne tradition islamique de relative tolérance envers le travail intellectuel, la diversité culturelle et religieuse, avec les siècles passant s’est convertie, dans beaucoup de pays, en une culture fermée, machiste et relativement intolérante. Les États-Unis, qui naissent comme une révolution laïque, des lumières et progressiste, sont devenus au cours du temps, un empire conservateur et malade d’une idéologie messianique. La France, le berceau des Lumières, des révolutions politiques et sociales, dans les derniers temps commence à montrer tous les traits d’une société fermée et intolérante.

La peur de l’autre fait que nous ressemblons à l’autre qui nous craint. Les sociétés espagnoles ou castillanes ont lutté pendant des siècles contre les autres Espagnols, les Maures et les Juifs. Dans le dernier millénaire et avant les vagues migratoires du XXe siècle, il n’y avait pas en Europe de société plus d’islamisée ni avec un sentiment plus anti islamique que celle d’Espagne.

Dans presque tous les cas, ces changements ont résulté de l’interaction d’un ennemi supposé politique, idéologique ou religieux. Un ennemi souvent convenable. A notre époque c’est l’immigration des peuples noirs, une espèce de modeste restitution culturelle aux empires abrasifs blancs du passé.

Mais il en ressort que maintenant une partie importante de cette société, comme celle des États-Unis et celles d’autres pays dits développés, nous dit et applique que « nos valeurs » résident dans la suppression des principes d’égalité, de liberté, de diversité et de tolérance pour maintenir une apparence occidentale dans la façon d’habiller des femmes. Avec cela, nous démontrons seulement que chaque fois nous ressemblons plus aux sociétés fermées que nous critiquons chez certains pays islamiques. Juste quand sont mises à l’épreuve nos valeurs sur la tolérance réelle à la diversité, on définit que ces valeurs sont une menace pour nos valeurs.

Le dilemme, s’il y a un, n’est pas l’Orient contre l’Occident mais l’humanisme progressiste contre le sectarisme conservateur, la société ouverte contre la société fermée.

Les valeurs de l’Occident comme celles de l’Orient sont admirables et méprisables. Cela fait partie d’une mentalité médiévale de tracer une ligne qui divise — « ou vous êtes avec nous ou vous êtes contre nous » — et oublier que chaque civilisation, chaque culture est le résultat de centaines et des milliers d’années de collaboration mutuelle. Considérons toute discipline, comme les mathématiques, la philosophie, la médecine ou la religion, pour comprendre que chacun de nous est le résultat de cette diversité infinie que les postmodernes n’ont pas inventé.

Rien de bon ne peut naître de la schizophrénie d’une société fermée. La menace principale sur « nos valeurs » est nous mêmes. Si nous critiquons quelques coutumes, quelques sociétés parce qu’elles sont fermées, cela n’a pas de sens défendre l’ouverture avec une serrure, défendre nos valeurs avec leurs valeurs, chercher à conserver « notre façon d’être » en copiant le pire d’eux.

Alors, si nous allons interdire de mauvaises coutumes : pourquoi ne commençons-nous pas par interdire les guerres et les invasions qui rien qu’au siècle dernier ont été une spécialité de « nos gouvernements » en défense de « nos valeurs » et qui ont laissé des pays détruits, des peuples et des cultures ravagés et des millions et millions et millions d’opprimés et massacrés ?

© Jorge Majfud

* Jorge Majfud. Ecrivain uruguayen et professeur de littérature latinoaméricaine dans l’Université de Jacksonville, aux Etats-Unis.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

Una definción de la guerra

Nicaragua is known as the land of lakes and vo...

Nicaragua

Hoy vi un documental de RTVE sobre Nicaragua. Erik Flakoll, el gringo de apodo Daniel Alegría, que participó en la revolución sandinista a principios de los ochenta, “sandinista pero no orteguista”, como se define, definió la guerra de una forma difícil de mejorar:

“La guerra la hacen jóvenes que no se conocen, no se odian y se matan. Y las dirigen viejos gordos que sí se conocen, sí se odian pero no se matan”.

Lo único que se podría corregir o discutir es sobre el sobrepeso de quienes dirigen las guerras. Lo demás no tiene forma de ser refutado sin hipocresía.

JM

What good is literature? (II)

Julio Cortázar

Image by Nney via Flickr

¿Para qué sirve la literatura? (II) (Spanish)

À quoi sert la littérature ? (French)

What good is literature? (II)

Every so often a politician, a bureaucrat or a smart investor decides to strangulate the humanities with a cut in education, some culture ministry or simply downloading the full force of the market over the busy factories of prefabricated sensitivities.

Much more sincere are the gravediggers who look at our eyes, and with bitterness or simple resentment, throw in our faces their convictions as if they were a single question: What good is literature?

Some wield this kind of philosophical question, not as an analytical instrument but as a mechanical shovel, to slowly widen a tomb full of living corpses.

The gravediggers are old acquaintances. They live or pretend to live, but they are always clinging to the throne of time. Up or down there they go repeating with voices of the dead utilitarian superstitions about needs and progress.

To respond about the uselessness of literature depends on what you comprehend to be useful and not on the literature itself. How useful is the epitaph, the tombstone carved, a reconciliation, sex with love, farewell, tears, laughter, coffee? How useful is football, television programs, photographs that are traded on social networks, racing horses, whiskey, diamonds, thirty pieces of Judas and the repentance?

There are very few who seriously wonder what good is football or the greed of Madoff. There are but a few people (or have not had enough time) that question or wonder, “What good is literature?” Soccer and football are at best, naïve. They have frequently been accomplices of puppeteers and gravediggers.

Literature, if it has not been an accomplice of puppeteers, has just been literature. Its critics do not refer to the respectable business of bestsellers or of prefabricated emotions. No one has ever asked so insistently, “what good is good business?” Critics of literature, deep down, are not concerned with this type of literature. They are concerned with something else. They worry about literature.

The best Olympic athletes have shown us how much the human body may withstand. Formula One racers as well, although borrowing some tricks. The same as the astronauts who put their first steps on the moon, the shovel that builds also destroys.

The same way, the great writers throughout history have shown how far and deep the human experience, (what really matters, what really exist) the vertigo of the highest and deepest ideas and emotions, can go.

For gravediggers only the shovel is useful. For the living dead too.

For others who have not forgotten their status as human beings who dare to go beyond the narrow confines of his own primitive individual experience, for condemned who roam the mass graves but have regained the passion and dignity of human beings, for them it is literature. ∎

Obama’s Young Mother Abroad

Ann Dunham with her husband Lolo Soetoro and c...

Image via Wikipedia

Stanley Ann Dunham at Borobudur in Indonesia, in the early 1970s.

By JANNY SCOTT
Published: April 20, 2011

The photograph showed the son, but my eye gravitated toward the mother. That first glimpse was surprising — the stout, pale-skinned woman in sturdy sandals, standing squarely a half-step ahead of the lithe, darker-skinned figure to her left. His elas­tic-band body bespoke discipline, even asceticism. Her form was well padded, territory ceded long ago to the pleasures of appetite and the forces of anatomical destiny. He had the studied casualness of a catalog model, in khakis, at home in the viewfinder. She met the camera head-on, dressed in hand-loomed textile dyed indigo, a silver earring half-hidden in the cascading curtain of her dark hair. She carried her chin a few degrees higher than most. His right hand rested on her shoulder, lightly. The photograph, taken on a Manhattan rooftop in August 1987 and e-mailed to me 20 years later, was a revelation and a puzzle. The man was Barack Obama at 26, the community organizer from Chicago on a visit to New York. The woman was Stanley Ann Dunham, his mother. It was impossible not to be struck by the similarities, and the dissimilarities, between them. It was impossible not to question the stereotype to which she had been expediently reduced: the white woman from Kansas.

The president’s mother has served as any of a number of useful oversimplifications. In the capsule version of Obama’s life story, she is the white mother from Kansas coupled alliteratively to the black father from Kenya. She is corn-fed, white-bread, whatever Kenya is not. In “Dreams From My Father,” the memoir that helped power Obama’s political ascent, she is the shy, small-town girl who falls head over heels for the brilliant, charismatic African who steals the show. In the next chapter, she is the naïve idealist, the innocent abroad. In Obama’s presidential campaign, she was the struggling single mother, the food-stamp recipient, the victim of a health care system gone awry, pleading with her insurance company for cover­age as her life slipped away. And in the fevered imaginings of supermarket tabloids and the Internet, she is the atheist, the Marx­ist, the flower child, the mother who abandoned her son or duped the newspapers of Hawaii into printing a birth announcement for her Kenyan-born baby, on the off chance that he might want to be president someday.

La solución a la central de Chernóbil se queda congelada por falta de fondos

El dinero reunido no alcanza para construir el sarcófago de protección que evitaría fugas

El accidente en la central nuclear de Fukushima no ha supuesto un empuje para terminar de arreglar el desastre causado en Chernóbil. El presupuesto para construir una estructura de protección y un almacen de residuos nucleares se queda corto. La suma prometida para finalizar los dos proyectos era de 740 millones de euros, pero los 40 países reunidos en una conferencia internacional este lunes en Kiev solo han conseguido reunir 550 millones.

Los dos proyectos datan de los años noventa y están gestionados por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). El primer proyecto consiste en una estructura en forma de arco que cubrirá el deteriorado sarcófago de protección edificado apresuradamente en torno al cuarto bloque de la central (el que sufrió el accidente).

El segundo proyecto es un almacen destinado a los residuos nucleares que fueron generados por la central antes de que esta fuera definitivamente clausurada en 2000. Las obras de este almacén fueron iniciadas por la empresa francesa Framatom pero se abandonaron por defectos técnicos sin concluir en 2005.

El coste conjunto de ambos proyectos es de 1.755 millones de euros. El BERD espera cubrir la diferencia entre la cantidad necesaria y los fondos recogidos en Kiev con las aportaciones no anunciadas aún y fondos propios del banco.

La conferencia de donantes de Kiev coincide con el 25 aniversario del accidente de Chernóbil y es la tercera en su género después de las conferencias de Nueva York (1997) y Berlín (2000). Las instalaciones pendientes en Chernóbil deberían haberse acabado en 2008, pero han requerido “más tiempo y dinero de lo que originalmente contemplábamos”, según el ex director de la Organización Internacional de Energía Atómica, Hans Blix. El plazo de las obras se ha prolongado hasta 2015.

De la suma recogida en Kiev, la UE pone 110 millones de euros; EEUU, 87 millones de euros; Francia,47 millones de euros; Rusia, 45 millones de euros y Alemania,42,4 millones de euros. “España no ha tomado aún la decisión” de “participar o no participar” con una nueva contribución, según dijo el Secretario de Estado de Energía, Fabricio Hernández. Hasta ahora el gobierno español ha contribuido a los fondos de Chernóbil con 5,1 millones de euros de ayuda directa, además de la proporción correspondiente en las contribuciones de la UE. En Kiev ha habido anuncios de contribuciones “para todos los bolsillos”, dijo Hernández. “En breve”, dijo, el Gobierno español dará “una respuesta a Ucrania sobre si hay una aportación o no, y en el caso de que la haya, de qué cuantía”.

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La ONU presentó el Mapa del Hambre 2011

Se basa en datos del Programa Mundial de Alimentos, iniciativa financiada por donaciones voluntarias. Haití, República Dominicana y Bolivia registran los índices más altos de desnutrición en América Latina

La investigación establece seis categorías para clasificar la desnutrición mundial. Por colores, el celeste representa a las naciones con un 5% -o menos- de  población desnutrida. En esta categoría aparecen, entre otros, los países europeos, Rusia, los Estados Unidos, Japón y Canadá; pero también se ubican países latinoamericanos como México, Costa Rica, Chile, Uruguay y Argentina. Con menos del 5% de su población desnutrida, además, se registran algunos países africanos y árabescomo Marruecos Argelia, Libia, Egipto, Siria, Arabia Saudita y el persa Irán. Del África subsahariana sólo aparecen Sudáfrica y Gabón.

El hambre, para las naciones en desarrollo, representa un costo de más 450 mil millones de dólares al año. En este punto es donde entra en acción el PMA: “Durante las emergencias llevamos alimentos a donde más se necesite para salvar las vidas de las víctimas de desastres naturales, de las guerras o conflictos civiles. Una vez que las emergencias han pasado, usamos los alimentos para ayudar a las comunidades a reconstruir sus vidas destrozadas”.

Según detalla el PMA en su sitio web, una de cada seis personas en el mundo no tiene alimentos suficientes para estar saludable y llevar una vida activa. “El hambre y la desnutrición son consideradas a nivel mundial el principal riesgo a la salud, más que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas”.

La mayoría de los países latinoamericanos están calificados en las primeras tres categorías de este mapa.  El caso más preocupante es el de Haití que registra una desnutrición “muy alta”, mayor al 35 por ciento.  República Dominicana y Bolivia, tienen una tasa  “moderadamente alta”, entre un 20 y un 34 por ciento.  

 

Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Paraguay entraron en la categoría “moderadamente baja”, con niveles de desnutrición de entre el 10 y el 19 por ciento. Y finalmente Brasil, aparece pintada en amarillo con una tasa de entre el 5 y el 9 por ciento.

El PMA detalla que entre las principales causas del hambre están los desastres naturales, los conflictos, la pobreza, la falta de infraestructura agrícola y la sobre-explotación del medioambiente. Recientemente, el número de personas con hambre se incrementó debido a las crisis financieras y económicas.

 

El programa de Naciones Unidas, además explica que existe otro tipo de hambre, el oculto “producto de la deficiencia de micronutrientes y hace a las personas más susceptibles a las enfermedades infecciosas, perjudica el desarrollo físico y mental, reduce la productividad laboral y aumenta el riesgo de una sufrir una muerte prematura”.

Los cinco objetivos estratégicos del PMA son: Salvar vidas y proteger los medios de subsistencia en emergencias. Prevenir el hambre aguda e invertir en medidas de preparación para casos de catástrofe y de mitigación de sus efectos. Reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia después de un conflicto o una catástrofe o en situaciones de transición. Reducir el hambre crónica y la desnutrición. Fortalecer la capacidad de los países para reducir el hambre.

Esta iniciativa se financia con aportes voluntariosEn su sitio online se especifica que con sólo 25 centavos de dólar se garantiza “una taza de alimentos que contengan todos los nutrientes necesarios para un día”. El eslogan es “llena la taza”, con un dólar aportado, se llenan cuatro.

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Rep. Davenport Depicts President Obama as a Chimpanzee – Terra

Rep. Davenport Depicts President Obama as a Chimpanzee – Terra.

Californian Republican has apologized for an email that she sent to “friends and acquaintances” of President Barak Obama’s face imposed as a chimp.

Tea Party activist, Marilyn Davenport, who represents the 72nd Assembly District in Orange County, sent a picture via email of three chimps; two being the parents and the third being the president as a child, with the tagline “Now you know why no birth certificate.”

Scott Baugh, the chairman of the Republican Party of Orange County released a statement saying he plans to investigate the incident.

Baugh also calls for Davenport resignation saying the email was “highly inappropriate¿it’s a despicable message, it drips with racism and I think she should step down from the committee.”

Upon hearing what Baugh had to say – Davenport says that she has no plans to resign.

Vargas Llosa apoya a Humala?

Ollanta Humala

Image via Wikipedia

Gana Perú saluda apoyo de Vargas Llosa; pero rechaza a Kuczynski

14-abr-2011 Victor Hugo Sandoval Pinto

Humala dice que Vargas Llosa es su amigo – wikimedia
Humala agradeció el apoyo del novelista; pero él y sus partidarios desdeñan el pacto por el Perú propuesto por el líder de Alianza por el Gran Cambio.

Ollanta Humala lanzó elogios al Nobel de Literatura. No era para menos. El novelista Vargas Llosa venía de mostrarle con reticencias su apoyo. Horas antes uno de los asesores del exmilitar se negó a aceptar el Pacto por el Perú de Pedro Pablo Kuczynski y le llamó perdedor ante las cámaras. ¿Es Gana Perú una mejor opción que el Fujimorismo?

Humalismo y Fujimorismo insisten con sus marcos de diálogo

En una entrevista a través de RPP noticias, el exmilitar radical usó los términos “consenso”, “coincidencias”, “marco de diálogo” en busca de aliados para la segunda vuelta. Es el mismo estilo de la candidata fujimorista; pero no consigue hasta el momento ponerse de acuerdo en ninguno de los seis puntos del Pacto por el Perú que exigió Pedro Pablo Kuczynski.

A Humala no le gusta la economía de mercado de PPK

Interrogado sobre sus puntos de vista respecto al Pacto mínimo por el Perú, redactado por PPK, líder de centro derecha, respondió con dudas que no conocía su existencia. Sin embargo El Comercio, el diario de mayor circulación, había difundido esta noticia en primera plana desde la mañana.

Pese a sus buenas intenciones, Humala no consigue coincidir con PPK, economista que el Fujimorismo desea enlistar en sus filas. Sería un error para su candidatura si los votos de Kuczysnki, un 19%, fueron a derivar en Fuerza 2011.

El exmilitar hizo hincapié en que él respetaba una economía nacional de mercado, y no solamente una economía de mercado, que era uno de los seis puntos claves del líder de Alianza por el Gran Cambio.

Vargas Llosa y Humalismo son amigos

Sus reticencias con PPK se disolvieron cuando le tocó abordar el tema de MVLl. Yo veo una ventana abierta para poder dialogar. Somos amigos, lo conozco y lo estimo. Creo que es uno de los peruanos que le da más brillo al Perú y saludo su opinión” fueron sus elogios en busca de la reconciliación y dijo que él no había entrado a esta contienda electoral para insultar.

Con esto habría hecho alusión a que el novelista le comparó de igual a igual con la ultraderecha de Keiko Fujimori. En 2009 dijo de ambos: “Son el sida y el cáncer”

Humala en favor de reformar la Constitución. PPK en contra

“No hay marcha adelante ni marcha atrás en la reforma de la Constitución” fueron sus declaraciones ante la insistencia del periodista.

Si PPK fue claro en su mantenimiento de la Constitución de 1993, Humala rehúsa serlo. En su campaña electoral, dijo que era necesario cambiarla o regresar a la de 1979. En esta segunda fase, ni ha negado ni se ha puesto en contra. Otro punto de divergencia con PPK.

Para el exmilitar golpista, los temas importantes del plan de gobierno son las políticas distributivas y sobre todo que él, Ollanta Humala, es el continuismo de la democracia. Rosa María Palacios no parece estar de acuerdo.

Humalistas rehúsan hablar de economía y la reforma de la Constitución

Siguiendo la estrategia de Humala, Carlos Tapia, en una entrevista en América Televisión con la periodista Rosa María Palacios, se negó a tocar el tema económico y la reforma de la Constitución. Eso, según él, se resolvería en un pacto no existente y que estaba lejos de los seis puntos de Pedro Pablo Kuczynski.

Gana Perú y su desprecio por Pedro Pablo Kuczynski

Cuando se pidió que respondiera cómo evaluaba el acuerdo de PPK, el simpatizante de Gana Perú arremetió con ironía y desdeñó a Kuczysnki tildándole de “perdedor”.

“¡¿Quién es Kuczynski?! Él ha perdido las elecciones. ¿Cuándo los perdedores presentan las agendas de unidad de los ganadores?”, sentenció seguro de su triunfo. Era el partido ultraizquierdista quien debía poner los puntos sobre las íes y convocar a los demás partidarios para hallar coincidencias, y no los “perdedores” quienes pusieran condiciones al partido ganador.

¿Humala respetaría libertad de prensa?

La entrevista terminó en un clima de confrontación. Carlos Tapia calificó de fujimorista a Rosa María Palacios y le pidió que siguiera el ejemplo de Vargas Llosa. La periodista evitó hablar sobre el escritor; pero perdió el control y acusó a los humalistas de que harían del país una dictadura: “Ud. prohíbe que yo haga preguntas sobre su plan de gobierno. Libertad de prensa va a haber en el Perú, aunque ustedes ganen”. Es la confrontación de una sociedad polarizada. La ultraizquierda de Humala y la ultraderecha de Keiko Fujimori en segunda vuelta. Lástima para ellos que la Libertad de prensa y la Constitución les corten las alas.

Cultura popular II: “Yo” de Ricky Martin es el libro más vendido en Venezuela

“Yo” de Ricky Martin es el libro más vendido de la semana en Venezuela

15.04.2011 09:04 AM Como todos los viernes, se da a conocer la lista de las ediciones preferidas por los lectores. En el país destacan también Mario Vargas Llosa y Mathías Malzieu

Redacción Web/ AP

El intérprete lanzó su libro después de haber confesado su homosexualidadEl intérprete lanzó su libro después de haber confesado su homosexualidadFoto: Archivo

Caracas.- Como todos los viernes las agencias internacionales informan sobre los libros más vendidos en algunos países de Latinoamérica. En Venezuela “Yo” del cantante Ricky Martín encabeza la lista de las ediciones preferidas por los aficionados a la lectura.

El listado continúa con “Tres cuentos de Poe en B/N” de Besse X, “Monster High” de Lisa Harrison, “La caída de los gigantes” de Ken Follet y “La alargada sobra del amor” de Mathías Malzieu.

El grupo lo completan los libros “Fahrenheit 451 de Ray Bradbury” (T. Hamilton), “El sueño del celta” (Mario Vargas Llosa), “Dragun” (R. Riera), “Cuánta tierra necesita un hombre” (- Leon Tolstoi y M.A. Diez) y “Conflicto” (L.J (II) Smith).

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