Notas al margen de la autopista

Thomas Mann with Albert Einstein in Princeton,...

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Bitacora (La Republica)

Notas al margen de la autopista


Desde hace unos años tengo por costumbre no leer escritos o comentarios anónimos. Cierta vez, en el foro digital de un importante diario, pegué de forma anónima un texto sobre algunas virtudes del socialismo. No se trataba de un texto especialmente brillante, pero me interesó el experimento.
Una lluvia de respuestas y comentarios insultaron al autor del texto. Abundaban calificaciones como “retardado mental”, “analfaveto”, “idiota” y “pobre frustrado”.
El texto era de un señor llamado Albert Einstein, aquel humilde doctor en física que vivía ahí en frente, en la calle Mercer 112, entre los tupidos bosques de Princeton University.
Las malas lenguas dicen que no era buen esposo, pero nunca nadie confirmó algún tipo de retardo mental, de idiotismo o de frustración personal. Excepto los retardados mentales que a principios del siglo XX demostraron que la teoría de la relatividad era falsa porque se le había ocurrido a un judío.
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El recurrente y sistemático compromiso en las redes sociales son los compromisos menos comprometidos de la historia. Hacer un clic perezoso para mostrar nuestro apoyo o nuestra condena hacia una causa sirve más de alimento a nuestros egos que a la causa. En el mejor de los casos sirve para un lavado clorhídrico de conciencia, para mostrar a los demás y demostrarnos a nosotros mismos todo lo bueno y políticamente correcto que somos o podemos ser.
Pero sin sacrificio no hay compromiso y por eso la sociedad virtual es incapaz de cualquier compromiso más allá del esnobismo, del voyeurismo y, ante todo, de ese narcisismo vacío como una cáscara de huevo llena de emociones prefabricadas que caben en el microscópico jeroglífico de dos puntos y un paréntesis.
Tal vez lo único real de una sociedad virtual es su propia frustración cuando, amparada en el anonimato, afloran las emociones reprimidas en sus formas más autenticas.
En las sociedades virtuales las virtudes son simbólicas, como los individuos, como su democracia y su libertad.
La insistencia sobre la libertad y la autenticidad, el valor prefabricado de ser-uno-mismo del nuevo individuo se parece a la publicidad de un auto pequeño que insiste sobre las virtudes de su gran espacio interior.
Y pese a tanto desencanto, todavía creo que alguna vez el juguete se convertirá en herramienta de acción y liberación.
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Una buen aparte de la generación de la televisión se acostumbró a la propaganda fragmentada. Una buena parte de la generación de la era digital ya no puede vivir sin la microfisura, sin un permanente coitus interruptus.
El habitante de estos luminosos cementerios no puede bucear una hora en un mismo concepto, no puede leer doscientas páginas o cincuenta mil palabras, no puede retener conceptos abstractos. No se siente cómodo si no interrumpe lo que está haciendo con algún clic, algún update.
Sin embargo, el hombre microfragmentado posee un ego de hierro. Famoso por diez segundos, genio por tres palabras y un clic, su dialéctica es el insulto anónimo y los argumentos desarticulados en unos pocos párrafos. Porque solo su ego es más grande que su infinita pereza.
Me incluyo entre las dos generaciones; comparto, sufro y cada día lucho contra esos males que son los míos también. Porque la red luminosa es como un gran agujero negro que chupa todo lo que anda a su alrededor. La naturaleza sustituta comienza chupando el cerebro, luego el cuerpo y finalmente chupa al orgulloso individuo que ha dejado de ser un individuo.
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Los conservadores más reaccionarios siempre estigmatiza todo lo intelectual y a todo intelectual que cuestione su concepto de realidad. Uno de sus placeres principales consiste en pensar y declarar sobre la inferioridad intelectual de los intelectuales. En muchos países suelen encabezar la lista de los diez idiotas más idiotas.
A los reaccionarios que confunden la realidad con lo que ven y lo que ven con lo que piensan que ven los obsesiona la necesidad de poseer una idea realista del universo, casi tan realista como la perspectiva que tienen los caballos y las vacas en el campo.
Como si el concepto de realidad de estos reaccionarios fuese la realidad misma y no una ilusión petrificada que en cerebros calcinados adquiere aspecto de una realidad incuestionable. Incuestionables como la planicie de la Tierra, las inmensas tortugas que sostenían el mundo, las brujas que producían mal tiempo y por lo cual en la vieja Europa se solían torturar hasta la muerte o simplemente quemarlas en la hoguera en nombre de la verdad y en defensa de la realidad.
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Los arengadores radiales, portavoces e incitadores de la derecha norteamericana, se burlan del tono y del estilo de voz de Bill Clinton y de Noam Chomsky. Se ríen y se burlan con el tono y el estilo de voz de los pastores protestantes en plena faena.
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Hace por lo menos diez mil años los mercados eran el centro de la vida de los pueblos. Allí se juntaban los colores y los olores de la experiencia humana, las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, la duda y la certeza.
Hace por lo menos diez mil años las artes y las religiones, las ciencias y las ideas, los idiomas y las historias se traficaban con las alfombras y los dátiles, las pieles y las perlas, la sal y el azúcar, los cuchillos y los espejos.
Ahora los mercados son historia silenciosa o ruidoso recurso de los turistas. Algo queda de lo que fue. Aunque sea una sombra colorida, un rumor bullicioso.
Ahora los mercados bursátiles son el centro donde van a morir las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, los idiomas y las historias, la experiencia humana y su memoria, la duda y la certeza.
Ahora los pueblos, si se pueden llamar pueblos, ahora los individuos, si se pueden llamar individuos, están ligados, enlazados a sus conexiones.
Ahora las redes sociales son los nuevos cementerios de la sociedad.
Sí, de vez en cuando es bueno visitar los cementerios, recordar familiares que ya no están, amigos que ya no son o no son lo que fueron.
Lo triste es quedarse a vivir allí en el cementerio, sin la experiencia humana, sin la vida de carne y hueso de las antiguas ciudades.
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La historia, los pueblos, las masas, la propaganda masiva ha glorificado la guerra, ha honrado a sus soldados, ha venerado a sus héroes, ha premiado a sus administradores, ha agradecido a sus inventores, ha disculpado, ha protegido, ha perdonado a los promotores de crímenes en masa cuando no han tenido éxito ni han sido derrotados del todo, ha endiosado el pragmatismo de los estadistas que tuvieron éxito en perpetuar los peores crímenes contra la humanidad en nombre de alguna causa noble como Dios, la patria, la libertad o el derecho a la defensa propia luego que los enemigos se atrevieron a ejercer su derecho a la defensa propia.
Pero habrá que decirlo de forma más directa y objetiva. La guerra es una perfecta mierda. Y perdón por la palabra. La mierda no se merece semejante comparación. La mierda abona los huertos y las praderas y así produce y reproduce la vida. La guerra, en cambio, solo produce y reproduce muerte y más muerte.
Jorge Majfud, PhD
Mayo 2010
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Hacia una hermenéutica de la historia latinoamericana

Vista parcial del Templo de Quetzalcoatl

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Hacia una hermenéutica de la historia latinoamericana

En abril de 2010 un reconocido filósofo español convocó a una reunión cerrada en una universidad de Nueva York para discutir una posible reforma del hispanismo. En el amplio penthouse de la biblioteca principal nos reunimos en un círculo una decena de profesores de diversos estados invitados especialmente para la ocasión. En cada oportunidad se la nombró como “mesa redonda”. Estaban las sillas, la forma circular y la idea de un debate equitativo sobre el rancio espíritu conservador de la tradición hispanista que había impuesto un corpus arbitrario de textos consagrados. Todos coincidimos en el rechazo a gran parte de esa tradición, sobre todo a los valores impuestos por la cultura hegemónica que había surgido después del siglo XV, en detrimento de una modernidad ilustrada más rica y más diversa que le había precedido. Uno de los panelistas insistió en la necesidad de definir “lo que era” la ilustración y no lo que “no había sido”.

En la referida mesa redonda faltaba la mesa redonda. El ejemplo ilustraba mi posición expuesta en el libro Evolución y revolución de los signos. En la sala de discusión faltaba la mesa, pero el elemento ausente estructuraba el espacio y la idea. La fuerza del ausente era tal que aún presente en el mismo nombre, “la mesa redonda”, pasaba perfectamente inadvertido ante los ojos de una decena de especialistas en cultura y lenguaje.

Entiendo que de la misma forma los elementos ausentes pueden y suelen estructurar, inducir y controlar prácticas y pensamientos a un grado que se subestima a favor de una supuesta conciencia histórica, colectiva o individual. En el libro antes referido —acabado como tesis doctoral hace varios años y en prensa en el 2010— el elemento invisible como clave de búsqueda es el elemento reprimido por la conquista y las sucesivas colonizaciones territoriales y, sobre todo, morales y culturales. Es decir, ese océano casi desconocido del mundo equívocamente llamado “pre-hispánico”, que tradicionalmente se refiere a una cultura indígena que terminó con la llegada de los europeos al continente de los pájaros. Por ejemplo, ¿por qué se ha estudiado hasta el hastío las lecturas de Sor Juana Inés de la Cruz, sus influencias provenientes del Siglo de Oro español, y no se ha estudiado las relaciones de la niña Juana Inés con sus criadas indias? ¿Cómo explicar el feminismo de la monja rebelde recurriendo al misoginismo de los escritores españoles del siglo XVI y XVII? Incluida a la misma Santa Teresa, defensora de la sumisión femenina al poder masculino citada por la misma Sor Juana, más por conveniencia política que por convicción ideológica. ¿Por qué desestimar que la llamada cultura machista de México no era tal o era mucho menos machista y misógina que la Europa de la Edad Media y del Renacimiento?

Sin embargo, el espíritu amerindio sobrevivió, no a pesar de la violencia sino, quizás, por la violencia misma de una forma muchas veces subterránea, camuflada y travestida pero fortalecida, más allá del reconocimiento artesanal y de una tradición pintoresca, fácil de consumir por el turismo y la mentalidad museística y voyerista contemporánea. Una historia que en cierta medida fue la historia de los cristianos primitivos hasta la crisis mayor de su oficialización en el siglo IV, por razones imperiales, y la historia de moros y judíos conversos en el sur de España a partir del siglo XVI.

Una de las hipótesis que he manejado en el libro anterior considera que un elemento siempre presente en la cultura y la militancia del siglo XX procede de los primeros tiempos de esa región que hoy se conoce imprecisamente como América Latina; ni todo ni tanto de l’intellectuel engagé representado por Zola o Sartre. Esta actitud, esta práctica y concepción del compromiso y la militancia del intelectual latinoamericano hunde sus raíces en la conciencia traumática de la Conquista en el siglo XVI y los siglos de brutal colonización que le siguieron.

La experiencia de la violencia y de la ilegitimidad de todo orden social está presente desde las primeras crónicas de los conquistadores y se acentúa a medida que los nativos, criollos e indígenas se abocan a la tarea de autonarración y de reflexión sobre su identidad. Pero también hay una cosmogonía que no es europea.

Como si no se tratase solo de un producto de la Conquista sino de un rasgo peninsular, la atribución de queja e insatisfacción del pensamiento popular latinoamericano se puede rastrear sin dificultades desde los Diarios de Colón hasta las crónicas de los conquistadores. Queja e insatisfacción por las magras recompensas obtenidas del saqueo, según la injusta distribución que administraba la autoridad en Europa. Queja e insatisfacción por el saqueo y la corrupción de los mandos medios, nunca del rey.

Igual, del lado de los nativos americanos la queja y la desconfianza al poder será una tradición justificada por una permanente violencia física, moral y estructural que a su vez será contestada periódicamente con la violencia de la rebelión, de la revuelta y, en casos más excepcionales, articulados por el pensamiento moderno o ilustrado, de la revolución.

Esta represión por la fuerza de la violencia militar y eclesiástica, por la fuerza de la ideología de la esclavitud, del racismo y del clasismo de sociedades estamentales, se prolongó por más de tres siglos, más allá de las revoluciones o revueltas que dieron las independencias políticas a las nuevas repúblicas a principios del siglo XIX.

Las sociedades amerindias continuaron siendo fundamentalmente agrícolas, conservaron y adaptaron sus idiomas, sus mitos, sus prácticas de producción y reproducción y sus formas particulares de sentir y de pensar no europeos hasta bien entrado el siglo XX y, en muchos casos, hasta hoy en día. Pero también debieron adoptar, de forma ortopédica, una ideología y un corpus de valores hegemónicos que servían a su propia explotación, desde elaboradas teorías sobre la inferioridad racial de los colonizados hasta una sensibilidad estética que moldeó la percepción de la superioridad blanco-europea pasando por un corpus diverso de disquisiciones teológicas producidas en la metrópoli y de aleccionadores sermones de pueblo. Parte de esta ideología procuraba, precisamente, la desvalorización de aquello que lo distinguía del colonizador o de la posterior clase criolla dirigente.

Esa clase minoritaria que fundó las repúblicas de papel lo hizo basada en la cultura ilustrada de Europa mientras una población mayoritaria en vastas regiones de Perú, México y de las republicas centroamericanas hasta el siglo XX ni siquiera hablaban el español como primera lengua ni estaban enteradas del Siglo de las Luces, de la Libertad del Mercado o de la Dictadura del Proletariado más allá de las consecuencias bélicas en las que debían participar. Razón por la cual las democracias liberales por mucho tiempo y a lo largo de muchos pueblos apenas significó la legitimación de estados autoritarios al servicio de minorías dirigentes.

Es decir, aunque un estado presente de la sociedad y una forma de pensar no están rígidamente determinados por el pasado, como pueden estarlo las órbitas de los planetas, el presente tampoco es indiferente a su influencia. Cada paradigma, por radical que sea, es el resultado de una larga historia al mismo tiempo que sus individuos ejercemos parte de esa libertad a la que aspiran todas las liberaciones propuestas por la tradición humanista. Querámoslo o no, siempre partimos de una base preestablecida sobre la cual pensamos y sentimos. No inventamos ningún lenguaje; apenas nos valemos de él para conservarlo o para cambiarlo pero no podemos actuar libremente fuera de él, fuera de los parámetros mentales en los que vinimos al mundo. Apenas si podemos ver por el ojo de la cerradura en un intento de reflexión y autoanálisis.

Por si fuesen pocas limitaciones, uno de los mayores obstáculos en las academias radica en considerar una disciplina como un feudo limitado que promueve el estudio de todo lo que caiga dentro de los límites semánticos previamente establecidos por una tradición y se niega o rechaza a lidiar con todo lo que caiga o proceda más allá de sus muros. Esta concepción de las disciplinas académicas se agravó, especialmente en el campo literario, con el auge de las corrientes posmodernas —Barthes, Derrida, Lyotard— que consideraron a un texto como un cuerpo muerto, autorreferencial, un juego lingüístico o de signos sin trascendencia epistemológica ni existencial. Básicamente significa que si uno vuelve a su casa y la encuentra hecha cenizas, no debe relacionar las cenizas con un posible incendio y menos éste con las amenazas incendiarias del vecino, ya que las cenizas son lo que son y no hay nada detrás del fenómeno.

Ya desde el humanismo renacentista el autor dejó de ser la autoridad, Dios, para ser un medio de la razón y de la historia y, en última instancia, una opinión más sobre su propio texto, junto con la del lector. En el siglo XX simplemente se lo desautorizó hasta proclamar su muerte, ya que representaba —al menos algo representaba algo— un estorbo a la libertad del lector. Una vez muerto el autor, parte fundamental del contexto, sólo quedaba negar el contexto metaliterario primero —la realidad— y el mismo contexto literario después. Hasta llegar a la idea cadavérica de que un texto no tiene ningún referente y si lo tiene, es un simple esclavo de la idea.

El juego lingüístico y autoreferencial de un texto fue simultáneo a la lógica del consumo de símbolos y bienes del capitalismo americano y de la misma tecnología digital más tarde, donde la realidad no virtual y la lógica deductiva ha sido reemplazada por la dinámica de las inducciones que surgen de una segunda naturaleza construida por el programador en forma de reglas de juego, de convenciones, desde las operaciones de software hasta las mismas operaciones matemáticas de una planilla Excel. Ya no se trata de comprender una naturaleza unitaria sino las reglas fraccionadas de un juego dado. Comprender un sistema X no significa comprender un sistema Z porque al tratarse de un lenguaje (chino y bantú), de un juego (fútbol y beisbol), ambos sistemas pueden ser semejantes o incompatibles. La idea sobre el universo unitario donde “una piedra que cae y la Luna que no cae son un mismo fenómeno” ya no se aplica al mundo virtual, que es el nuevo mundo humano.

Por el contrario, no creo que una disciplina académica sea o deba ser un rodeo cerrado de especialistas, un juego o un idioma único, sino un punto de encuentro de todas las especialidades que le son ajenas. Un espacio de cruce, de choques y múltiples derivaciones. No un espacio cerrado, estático, autorreferencial. Por otra parte, también creo necesaria la rehabilitación de todo lo metaliterario como fuente principal de lo literario y lo literario como un espacio de cruce de la realidad múltiple. Esto significa una reivindicación del autor, del contexto y, sobre todo, del referente de cada texto, sea escrito, oral o visual, como el elemento que da origen y sentido final al texto.

De la misma forma, la historia en general y la historia latinoamericana en particular no debe ser vista simplemente como el resultado de lo que se desprende de los textos escritos con pretensiones de documentos. La historia latinoamericana es la historia de una tradición ilustrada sin ilustración. Es decir, basada en el uso y abuso del texto como reflejo único de la realidad que no reflejaba la realidad sino que la ocultaba, que continuaba reprimiendo la libertad y la diversidad humana en beneficio de la autoridad europea.

Por lo tanto, el estudio textual debe hacerse con un rigor hermenéutico y una forma de facilitar esta labor consiste en partir de hipótesis. Una hipótesis o clave de lectura fundamental es la irrelevancia cuando no la ausencia del componente indígena en toda la cultura, el pensamiento, la mentalidad y el “modus operandi” del continente.

De la misma forma que un idioma no se cambia en unas pocas generaciones, tampoco se cambia una forma de sentir y de pensar. Aún cuando un idioma se impone, como el español en América o el inglés en India, los pueblos multitudinarios siempre conservarán más o menos ideas y sobre todo valores, acciones y creencias que proceden de sus milenarias raíces históricas, siempre travestidas por una modernidad que ante todo es visible y casi por regla general es lo más superficial de una civilización. Para completar la paradoja y el ocultamiento de estas raíces, la misma cultura contemporánea reproduce en el área visual de su consumo lo más superficial de la cultura vernácula, como esas artesanías indígenas que se venden en Perú o en México y que son fabricadas en serie en China.

No deja de ser una paradoja que la historia siempre ha estudiado y representado la historia de la humanidad como una sucesión de hechos, casi siempre militares, casi siempre superficiales ara la historia profunda de los pueblos. Así también la historia del pensamiento se ha representado a sí misma como una sucesión de ideas que cambian, se transmiten o reaparecen cada tanto, casi siempre si no siempre, a través del hilo conductor de sus autores y lectores. Casi siempre influenciando pueblos enteros. Casi nunca a través de las subterráneas potencias de los pueblos, de las civilizaciones con sus formas de hacer y de sentir que definen o condicionan una idea, una corriente de pensamiento.

Igual las tecnologías: se considera que la imprenta en el siglo XV, la máquina a vapor del siglo XIX o Internet en el siglo XX provocaron revoluciones en las formas de sentir y de pensar de las sociedades pero no se considera por qué dichos inventos aparecieron en determinado momento y no antes cuando fueron posibles. Y si no fueron posibles por un estado x de la tecnología del momento, por qué la humanidad o un grupo representante de esa humanidad en determinado momento se obsesionó con dar una solución a un problema del que no dependía la sobrevivencia inmediata de la humanidad.

A partir de estas claves hermenéuticas de lecturas pueden releerse los textos que inventaron nuestras repúblicas y nuestras realidades, nuestros sueños y nuestros crímenes, desde el ensayo hasta la poesía y la ficción, desde Domingo Sarmiento hasta José Martí. En esta relectura deberemos tener como marco la idea de una ausencia —el texto no escrito— que, de una forma o de otra, se explicará y se revelará en la misma violencia suave de los textos escritos, como las iglesias construidas sobre los templos indígenas. Así los documentos históricos se evidencian aún más en su carácter literario, ficticio, como creadores de una realidad más real que la realidad. Como he sugerido anteriormente, es posible sospechar, sino descubrir, las huellas de Quetzalcóatl, Viracocha, de los mitos y de antiguas formas en los mismos escritos de los escritores comprometidos del siglo XX, desde Roque Dalton y Ernesto Guevara hasta Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano.

Jorge Majfud

Jacksonville University

Enero 2010

Estado de contradicción

Estado de contradicción


El país industrializado con mayores problemas raciales contra los negros es el país que primero puso a un negro en la Presidencia y a toda una familia de negros en la Casa Blanca.

El país que, como pocos, ha discriminado a los negros a lo largo de su historia, es el país donde no se puede pronunciar la palabra negro sin riesgo de ofender a los negros.

El país donde los derechos y las oportunidades laborales de las mujeres han alcanzado niveles históricos, es el país que nunca ha tenido una presidenta o vicepresidenta mujer.

El país que inventó las ciudades de rascacielos define su estilo de vida por sus casas rodeadas de árboles y extensas sábanas de césped, mientras que los descendientes de los africanos que habitaban las calientes selvas de África ahora se concentran en los centros más urbanos de las frías ciudades de los rascacielos.

El país cuya cultura afro, como el blues o el rap, se distingue por su tristeza o por su rebeldía intrascendente, procede de las culturas africanas que en África y en el Caribe se distinguen por su alegría. El dolor distintivo de esta cultura y la violencia que no libera, como la religión, la lengua, la ideología y todo lo que no se refiera a la biología de los negros norteamericanos procede de Europa. Razón por la cual los afroamericanos deberían llamarse euroamericanos, si no considerásemos algo tan superficial como el color de la piel.

El país que tiene una de las ciudades con más problemas de violencia por armas de fuego se llama Filadelfia, que significa amor fraternal.

El país donde sus patriotas más conservadores han impuesto la idea de que su país es fundamentalmente cristiano y conservador fue fundado por un puñado de políticos y filósofos ilustrados, anarquistas, revolucionarios y por lo menos laicos, seculares o agnósticos.

El primer país del mundo que se funda en base al secularismo, a la separación del Estado y la religión, es el país de Occidente donde la religión es más omnipresente y decisiva en la sociedad, en la política y en el gobierno.

El país donde con más rigor se cumple la ley, donde la autoridad se respeta más, donde los ciudadanos comunes son más respetuosos de las reglas, las normas y los derechos ajenos es uno de los países que con más frecuencia y con mayor gravedad ha violado las leyes internacionales.

En el país donde más odian tener algún tipo de gobierno que se meta en la vida privada de los ciudadanos es el país donde primero se puso en práctica el espionaje panóptico en la vida privada de sus ciudadanos y donde los ciudadanos más reclaman del gobierno un control estricto de las personas sospechosas, que vienen a ser todas aquellas que están de acuerdo con tener algún tipo de gobierno.

En los estados más industrializados del país más industrializado del mundo viven los Amish, quienes andan en algunas autopistas con sus carritos tirados por caballos. Todo para no contaminarse de las contradicciones del mundo industrializado.

El país que tiene al intelectual vivo más citado del mundo y sólo menos citado que Marx entre los muertos, Noam Chomsky, es sistemáticamente criticado por su intelectual más reconocido y citado en el mundo.

El país que suele arrasar con los premios Nobel, el país que monopoliza los rankings de las mejores universidades del mundo, el país que más ha contribuido con inventos, descubrimientos y teorías madres en más de un siglo, es el país que tiene la población más ignorante en geografía, historia, matemáticas, filosofía, física y todo lo que tenga que ver con algún conocimiento sofisticado.

El país que tiene más medallas olímpicas de la historia, que más ha acumulado récords en los juegos de invierno y de verano, es el país donde la gente más anda y menos camina, es el país con los mayores problemas de obesidad en el mundo.

Es también el país donde los pobres sufren de obesidad y los ricos y educados parecen hambrientos.

Es el país donde una hamburguesa con papas fritas y Coca-Cola cuesta 5,99 dólares y sin Coca-Cola cuesta 6,35.

Es el país cuyos estados más liberales, los del noreste, son estados católicos y cuyos estados más conservadores, los del sur, son estados protestantes.

Es el país donde sus religiosos más conservadores y que más profesan la religión del amor de Cristo y la otra mejilla por la no violencia, son aquellos que con más vehemencia defienden el derecho a portar armas, tienen clubes de caza, poderosas asociaciones de rifles, son los únicos en justificar las bombas de Hiroshima y Nagasaki y los primeros en promover intervenciones militares en otras partes del mundo que no han entendido en qué consiste el amor.

Es el país con la mayor influencia política del mundo y cuyos habitantes y votantes menos se interesn por la política secular.

El país que más ha intervenido en los gobiernos ajenos en el último siglo, es donde sus habitantes más ignoran conceptos básicos de historia y geografía, sea del mundo o de su propio país; es el país donde (quizás no sea casualidad) ni siquiera existe una materia llamada geografía en sus escuelas secundarias.

El país por el cual el mundo entero celebra con el feriado más universal el día de los trabajadores, no celebra ni recuerda ese día sino un día más abstracto e impersonal, el día del trabajo, otro día, para no mencionar a los innombrables.

El país que es venerado por su cultura del trabajo, no celebra a sus trabajadores, pero recuerda dos veces al año a los soldados caídos en las guerras. Porque las guerras y la destrucción son más importantes que el trabajo y la construcción para defender la libertad. La libertad de la gente que no necesita trabajar.

Es el país que ha globalizado la contradicción radical del narcisismo voyerista, principal característica de la generación virtual.

Es el país que ha logrado reemplazar la política y la ideología por la economía, lo que significa un radical triunfo político e ideológico a escala mundial.

Ese país es, también, el país más criticado del mundo, por propios y por ajenos, y es, al mismo tiempo, el país más imitado. Sobre todo, por los países emergentes, según la definición de sumergidos desarrollada por el país emergido.

Abril 2010.

Títeres, titiriteros y liberaciones de closets

Lady GaGa concert

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Puppets, Puppet Masters, and Closet Liberations

Títeres, titiriteros y liberaciones de closets


El 5 de abril de 2010, una encuesta de la mundialmente influyente revista Time reveló que para sus lectores Stefani Joanne Angelina Germanotta, conocida como Lady Gaga, era la persona más influyente del mundo. Según el periodista Robert Paul Reyes, sin duda la cantante captura perfectamente el espíritu de los tiempos (“she perfectly captures the spirit of the times”).

El 21 de abril de 2010 el banco de inversiones Goldman Sachs reportó con tono triunfal una ganancia neta de más de 3.000 millones de dólares en el último trimestre.

El 22 de abril, en un discurso en Cooper Union, cerca de Wall Street y con el propósito de convencer al público sobre sus propuestas regulatorias del sistema financiero, el presidente Barack Obama quiso defenderse de los emergentes grupos de la extrema derecha que lo acusan de marxista, asegurando que él todavía cree en el poder positivo del mercado. No obstante, “un mercado libre no significa que cada uno pueda tomar todo lo que quiera de la forma que sea”. Apelando a su discurso populista, según los seguidores de Sara Palin, Obama acusó que “algunos en Wall Street olvidaron que detrás de cada dólar invertido en la bolsa hay una familia que intenta comprar una casa, pagar sus estudios, abrir un comercio o ahorrar para un retiro”.

El viernes 23 de abril, un informe de la Comisión de Valores del senado de Estados Unidos emitido por el ABC TV denunció que durante la gran crisis financiera de Estados Unidos que dejó sin trabajo a más de ocho millones de personas en 2008, varios inspectores que debían controlar Wall Street invertían sus horas laborales en descargar y mirar pornografía. Uno de ellos llegó al record de invertir ocho horas en esta actividad. Si bien sólo una minoría de los empleados se dedicaba la pornografía en sus horas de trabajo, más de una docena de ellos eran altos funcionarios con cargos de responsabilidad.

Mientras tanto, en ciudad Gótica, según reveló una comisión del Senado norteamericano, los gerentes del mega banco de inversión Goldman Sachs apostaban al derrumbe del sector inmobiliario que dejó a miles de familias sin su propiedad.

Según la agencia Reuters, el New York Times y cada uno de los diarios de mayor circulación en Estados Unidos, algunos responsables de Goldman Sachs Group vieron la posibilidad de hacer un buen dinero en medio de la crisis crediticia y poco antes del derrumbe de las hipotecas.

“Parece que vamos a ganar bastante dinero”, escribió en un correo electrónico Donald Mullen, uno de los ejecutivos de Goldman. Otro, Lloyd Blankfein, ante las acusaciones de fraude emitidas por el propio gobierno y en un hostil contexto reformista del presidente Obama, aseguró que la compañía había perdido dinero durante la crisis. En setiembre de 2008 la empresa recibió 25.000 millones de dólares de los contribuyentes en forma de bailout o rescate financiero.

Según el senador demócrata Carl Levin, los correos descubiertos demuestran que, en realidad, Goldman ganó mucho dinero apostando contra el mercado hipotecario” (“These e-mails show that, in fact, Goldman made a lot of money by betting against the mortgage market“. Fox News). En noviembre de 2007, según el jefe financiero de Goldman Suchs David A. Viniar, habían ganado más de 50 millones de dólares en un solo día apostando a que las acciones vinculadas a hipotecas se hundirían. Según el Washington Post, el juego de Goldman consistió en convencer a la gente para invertir en el mercado inmobiliario al mismo tiempo que ellos mismos apostaban en dirección contraria.

En cualquier caso la herramienta principal consiste en la promoción del deseo y el castigo del placer. Para esto el orden y la cultura hegemónica se sirven de sus banqueros y sus religiones, de sus artistas y de prostitutos, de sus discursos de heroicas y ejemplificartes liberaciones de closets y de tocadores.

De aquí la importancia de la cultura populista y de la inocencia del mercado del sexo, de la pornografía que convenientemente se llama arte, y de las “expresiones personales de autenticidad” que proclaman no tener nada que ver con la política.

Salvo en la mente de perversos críticos radicales.

Quizás los lectores de Time tengan razón. En una sociedad gaga, en un orden planetario dominado por la superficialidad y el narcisismo intrascendente, tal vez un personaje irrelevante como Lady Gaga sea, de verdad, una de las personas más influyente del mundo.

Jorge Majfud

Ilustrados y salvajes en América Latina

Ángel Rama

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Ilustrados y salvajes en América Latina

Ángel Rama nos recordó algo que es básico en cualquier antropología: las represiones son componentes obligados en cualquier cultura (Transculturación). En el caso latinoamericano, por razones históricas, éste factor ha sido fundamental y quizás definitorio.

La Conquista, con su violencia bélica y su violencia moral asentada en el complejo de superioridad de la cultura europea se perpetuó en el rechazo público y sistemático de la clase criolla dominante en las nuevas repúblicas del siglo XIX hacia todo lo amerindio. En literatura, el romanticismo que sirvió como forma de legitimación intelectual del nuevo proceso de consolidación de las nuevas repúblicas con su desesperada búsqueda de identidades definidas, fue otro trasplante de la cultura ilustrada de Europa. Desde el romanticismo de la primera mitad del siglo XIX en el Río de la Plata hasta el de la segunda mitad en la región andina, se trató de una nueva superposición cultural, más que una transculturación o, menos, una recuperación de la cultura vernácula, popular. Ángel Rama recuerda que, “sea cual fuere la valoración que se asigne a la obra de Ricardo Palma, cuya rehabilitación fue abierta por el propio Mariátegui haciendo de él un intérprete del demos limeño, no hay duda de que en 1872, la ‘tradición peruana’ es una solución estética epigonal que todavía se abastece de la literatura española romántica cuando no de los maestros del Siglo de Oro”.

Una y otra vez estamos ante el divorcio y la represión de una de las partes sobre la otra: la “ciudad letrada”, la clase alta y su cultura ilustrada, sobre la mayoritaria sociedad oral de una cultura popular que no podía estar muerta sino ignorada o despreciada por aquella.

No será hasta mediado del siglo XX que este signo se revertirá. Las culturas y las razas antes despreciadas se volverán centro de reivindicación. Hernán Cortés, Domingo F. Sarmiento y el indigenismo del siglo XX podrían considerarse representantes de esos tres momentos. El mismo Ángel Rama define cuatro apariciones del indio como tema en la literatura latinoamericana: (1) en la literatura misionera de la Conquista; (2) en la literatura crítica de la burguesía mercantil del período revolucionario; (3) en el romanticismo como lamentación por su destrucción; y (4) “en pleno siglo XX, bajo la forma de una demanda que presentaba un nuevo sector social, procedente de los bajos estratos de la clase media, blanca o mestiza. Inútil subrayar que en ninguna de esas oportunidades habló el indio, sino que hablaron en su nombre”.

Tampoco el público consumidor de esta literatura fue el pueblo iletrado, lo cual no sólo establece una barrera que separaba un estamento cultural del otro, sino que, por otra parte, debió “preservar” por largos siglos las características y valores de la forma más radical posible. La literatura, aún cuando tenía al indio como tema de reivindicación, era un producto de consumo de las clases ilustradas. Esto había pasado, según Rama, con el Memorial de Las Casas, Siripo de Albarden, Tabaré de Zorrilla de San Martín y Huasipungo de Jorge Icaza. Pero el hecho de que el estamento ilustrado ignorase doblemente (como productor y como consumidor) al estamento popular, no significaba que estuviese muerto.

El mismo Mariátegui creía que lo único que sobrevivía del Tawantinsuyu era el indio como cuerpo biológico, ya que la civilización había perecido.

Por otro lado, como síntoma y fenómeno nuevo del siglo XX, la reivindicación junto con el ascenso de las clases pertenecientes al estamento no ilustrado, encontró formulaciones que al invertir los valores dominantes se encontraron en un extremo igualmente inverosímil de interpretación. Según Rama, las nuevas reinterpretaciones del pasado incluía la imposición de “un nuevo mito que quedó definido en el título de un libro famoso, El imperio socialista de los incas, pero que fue un lugar común del pensamiento político socialista, que vio en la supervivencia del ‘ayllu’ la llave para conectar las estructuras económicas arcaicas con las más modernas en un abrir y cerrar de ojos transitando milenios”.

Podemos pensar que el mismo proceso del humanismo europeo —que revalorizó la cultura popular en Europa y reivindicó la universalidad del individuo como igual y libre aunque deformado por las sociedades verticales compuestas por castas o estamentos y regidas por el prestigio de la autoridad— provocó en la América Latina del siglo XX una reacción contra las clases dominantes, visualizada principalmente por la ideología contestataria del socialismo.

El liberalismo del siglo XIX se continuó “naturalmente” en un pensamiento más radical que luego fue identificado con su contrario: el marxismo. Esta nueva filosofía europea, aunque de una formulación compleja y sólo accesible en su plenitud a los nuevos intelectuales, se acercó a las masas no-letradas del continente y de allí recibió la influencia de una tradición que nunca había muerto sino sólo se había transformado bajo las sombras eternas que proyectaba la cultura ilustrada, principalmente europeísta. Así, al mismo tiempo que los intelectuales se acercaban a un grupo (las emergentes clases bajas) y rechazaban otro (las tradicionales clases oligárquicas), también la cultura popular, oral e iconolástica, disputó a la antigua cultura ilustrada el prestigio del libro. El intelectual se popularizó y el pueblo se intelectualizó.

Así se llega a un fenómeno aparentemente contradictorio en América Latina: los intelectuales comprometidos, casi siempre escritores de izquierda, articularon un discurso racional, el marxismo, al tiempo que se sumergían en un paradigma que lo contradecía: la reivindicación de un mundo mítico, de un regreso al origen antes que un progreso hegeliano de la misma; de un movimiento circular, propio de los mitos, antes que la irreversible linealidad judeocristiana; de la sabiduría de la naturaleza antes que la veneración moderna de la industria; de la emoción antes que de la racionalidad; de la estética y la espiritualización del Cosmos antes que la deshumanización cuantificadora que hoy ya no sufrimos como máquinas productoras sino como máquinas consumidoras.

Jorge Majfud

2009

Armas y letras

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Armas y letras

Quizás América Latina sea la región del mundo donde de forma más recurrente se dio la doble condición de hombres de armas y de letras, tópico de la España de Cervantes.

Incluso el mítico cacique rebelde, Tupac Amaru II, decapitado después del tormento de un descuartizamiento fallido por parte de cuatro caballos, era un indio con una doble educación. Sabía español, había leído al Inca Gracilaso de la Vega y compartía sus lecturas con el grupo cercano de sus seguidores rebeldes (Fox, 16), lo que recuerda a Ernesto Che Guevara leyendo a Neruda, escribiendo diarios, ensayos y poesía o ensañando francés a sus mal armados guerrilleros. Muchos de los intelectuales aquí considerados han derivado de las letras a la militancia, desde Sandino hasta Rodolfo Walsh, pasando por Ernesto Guevara, Francisco Urondo y Roque Dalton. Dalton confiesa haber derivado a la militancia desde la poesía. Guevara, el médico, tenía a la escritura como una profesión sagrada y así lo reconoce, por ejemplo, en una carta enviada a Ernesto Sábato luego del triunfo de la Revolución cubana. Su padre, Ernesto Guevara Lynch, reconoció que Ernesto leyó desde niño El Quijote pero “los poemas de Neruda le causaron una especial admiración. Esta referencia hispánica al Quijote se repite muchas veces. En su primer viaje, Granados y Guevara sobre su moto reproducen la imagen errante de Quijote y Sancho panza. Muchos años después, cuando parte a su última aventura revolucionaria, le escribe a sus padres reconociendo que “otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”. (Epistolario, 29). Pero este paralelo válido debe entenderse por una cultura dominante que retiene la imagen del Hidalgo de la Mancha antes que la vaga y casi inexistente imagen de una serpiente emplumada. Si bien don Quijote es un justiciero solitario, es el antihéroe, ridículo del que no se esperan lectores convencidos en la validez de sus hazañas, más allá de la aventura literaria, sino todo lo contrario: es el ejemplo de los ridículo, no del hombre-dios arribando a una tierra para imponer el orden justo que devuelva la armonía al Cosmos. El mismo viaje que realizan Guevara y Granados lo hicieron dos siglos antes Concolorcorvo y don Alonso, otra imagen del héroe quijotezco.

No tanto el Neruda de los 20 Poemas de Amor, sino el Neruda vibrante y audaz del Canto General y lasResidencias” (Gonzáles, 70). El mismo Guevara fue autor de algunos poemas que dio a conocer. En sus discursos públicos, como en el que dio en la ONU se puede apreciar el ritmo poético de Neruda y se sabe que en medio de sus campañas de guerrillero llevaba libros del chileno. Quienes no dieron este paso radical de compromiso, lo sustituyeron por la militancia política, como Mario Benedetti o le cantaron a esta dualidad común: “a la luz de una fogata Sandino leyendo El Quijote” (Cardenal, Canto, 47). Cardenal insistirá luego con la misma idea: “Sandino no tenía cara de soldado, / Sino de poeta convertido en soldado por necesidad” (Cardenal, Antología, 13). Más tarde, en “Netzahualcoyotl”, el poeta católico les canta a los dioses americanos y revela ese origen ancestral, mito del poeta justiciero. “El Rey dice: ‘y / soy un cantor…’ / El Rey-poeta, el Rey-filósofo (antes Rey-guerrillero) / cambió su nombre ‘León-Fuerte’ por ‘Coyote-Hambriento”. […] “derrocó tiranos y juntas militares” (Antología, 180). Más adelante poetiza el paso de “un Estadista-poeta, cuando había democracia en Texcoco”, caminando

bajo los aguacates; va con Moctezuma I y otros poetas […]

Oh Moctezuma

solo entre las pinturas de tus libros

perdurará la ciudad de Tenotchitlán

el poder decir unas palabras verdaderas

en medio de las cosas que perecen. (181)

Cien años antes de Don Quijote, el conquistador y aventurero Hernán Cortés se embriagaba de literatura en la Universidad de Salamanca, donde no fue un buen estudiante. Como el justiciero reparador de La Mancha, Cortés leyó novelas de caballería y fabulosos relatos del descubrimiento de América. No lo llamaba la justicia ni el compromiso, sino la aventura y la ambición. Conquistó una civilización infinitamente superior a sus fuerzas y se convirtió en uno de los best-sellers literarios de la Europa de su época.

Esta antigua condición del hombre de “armas y letras” que se reproduce en América Latina, en casi todos los casos las letras precede a las armas o al compromiso. Pero el escritor comprometido contemporáneo está definitivamente marcado por el humanismo prometeico —libertad, igualdad, progresión— y el paradigma prehispánico: sacrificio y recreación de la humanidad.

Jorge Majfud

Jacksonville University

Por derecho divino

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Por derecho divino

A principios de marzo de 2010, en medio de la visita a Israel del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, el gobierno israelí anunció nuevos planes de construcción en los territorios ocupados de Palestina en Jerusalén este.

El anuncio, que no fue el primero ni el último, provocó la reacción de Estados Unidos. El 13 de marzo la secretaria de estado, Hillary Clinton, calificó el anuncio expansionista como un insulto.

En respuesta, Hagai Ben-Artzi, el cuñado del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, reaccionó en defensa propia, declarando desde la radio del ejército que el presidente estadounidense era “antisemita, anti-israelí y anti-judío” y le pidió a su suegro que diga “no” a las interferencias estadounidenses. Sobre todo las injerencias del doctor Obama, a quien “no sólo no le gusta el primer ministro, sino que tampoco le gusta la gente de Israel”.

El Primer Ministro Netanyahu rectificó los dichos de su cuñado en un comunicado oficial: “Tengo una profunda gratitud por el compromiso del presidente Obama con la seguridad de Israel, el cual ha expresado muchas veces”.

Sin embargo, Ben-Artzi se vio obligado a hacer lo mismo, aunque extraoficialmente, afirmando que él sí “conoce las opiniones sobre Obama” de su cuñado, el Primer Ministro, pero no puede divulgar lo que “dice en conversaciones privadas”.

Días después de lo que las agencias noticiosas calificaron como la peor crisis en décadas entre Estados Unidos e Israel, el Primer Ministro israelí viajó a Estados Unidos para entrevistarse con el presidente Obama. En medio de esta entrevista sin cámaras ni grabadores extraoficiales, la noticia de un nuevo plan de construcción en otra área en disputa en Jerusalén sorprendió al presidente norteamericano y al mismo ministro israelí.

El presidente se molestó con la noticia del plan y el ministro se molestó con la noticia. Acusó a la izquierda israelí de haberla filtrado y de no poner los intereses de Israel ante cualquier cosa.

Poco más tarde, el 22 de marzo, en un discurso ante uno de los lobbies más poderosos del mundo, el Comité de Asuntos israelí-estadounidense, el Primer Ministro Netanyahu fue muy claro: “La paz no se puede imponer desde afuera. Solo es posible a través de negociaciones directas en las cuales creamos un ambiente de confianza mutua” (“Peace cannot be imposed from the outside. It can only come through direct negotiations in which we develop mutual trust.”)

Lo que demuestra que el problema palestino es un asunto interno de Israel.

Según los autores de The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (2007), los profesores John Mearsheimer (University of Chicago) y Stephen Walt (Harvard University), el Comité de Asuntos israelí-estadounidense es uno de los lobbies de mayor poder en Washington. “El lobby no desea un debate abierto porque éste podría llevar al pueblo americano a cuestionar el nivel de apoyo que le ofrece [al gobierno de Israel]. Consecuentemente, las organizaciones pro-israelíes trabajan duro para influir en las instituciones que se encargan de dar forma a la opinión pública […]. La mayor dificultad que ha encontrado el lobby ha sido al tratar de sofocar el debate en los campus universitarios […] Lo que más preocupa son los esfuerzos que han hecho los grupos judíos para presionar al Congreso para que establezca mecanismos de monitoreo sobre los dichos de los profesores”. [1]

John Mearsheimer y Stephen Walt concluyen que, “ninguna discusión sobre este lobby estaría completa sin un análisis de una de sus principales armas: la acusación de antisemitismo”.[2]

Claro que es posible que este estudio haya sido escrito por la influencia del antisemitismo.

El gobierno de Israel ejerce el legítimo derecho a su autodefensa, especialmente contra aquellos palestinos que en sus discursos niegan la existencia de Israel. Uno de los mecanismos de esta autodefensa consiste en aceptar en los discursos la existencia de Palestina y negarla de hecho en la práctica.

Sin duda Israel un día permitirá que el pueblo palestino tenga su propio país, su propio Estado, su propia ley. Pero eso será, quizás, cuando el Estado de Israel no se sienta amenazado.

En su discurso Americano, el Primer Ministro Netanyahu expresó que “de la misma forma que los palestinos esperan que Israel reconozca un Estado palestino, nosotros esperamos que los palestinos reconozcan un Estado judío” (“just as the Palestinians expect Israel to recognize a Palestinian state, we expect the Palestinians to recognize the Jewish state.”)

Todo lo que demuestra que el correcto uso del lenguaje es más importante que cualquier incorrección práctica, como lo es la colonización por la fuerza para crear un ambiente de confianza, o la suspensión de derechos humanos de pueblos que son hostiles a las buenas intenciones de los primeros ministros.

También es posible que estos últimos sean argumentos de fanáticos violentos, de jóvenes palestinos que arrojan piedras, de viudas terroristas que ponen bombas, de milicias armadas que tiran cohetes contra campesinos israelíes amenazando la existencia del Estado israelí y que desde enero de 2009 ya han matado a un campesino tailandés.

Y lo que es peor y menos conveniente que las piedras, tal vez estos sean argumentos de intelectuales, muchos de ellos judíos, que están influenciados por las malas ideologías y de vez en cuando se atreven a criticar las acciones del gobierno de Israel, que es la expresión de la opinión de su pueblo en primera instancia y de la voluntad de Dios en última.

La única verdad es que, como ha dicho el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, el pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años. Los indicios o evidencias arqueológicas que afirman una edad anterior a este poblado no son tenidos en cuenta, no solo porque no proceden de las escrituras sagradas sino porque además el relato científico no se refiere a una ciudad sagrada sino a un asentamiento cananeo.

Algunos cambios se han hecho desde entonces, como en México D.F. luego que Dios entregó Tenochtitlán a Hernán Cortes y al catolicismo.

Algunos templos no existen más en Jerusalén. Otros se han construido en su lugar o encima. También se han agregado algunas viviendas, algunas torres, se han asfaltado algunas calles, se han agregado algunos semáforos. En fin, se han hecho algunos arreglos en los últimos dos mil años en que Palestina y Jerusalén estuvieron ilegalmente en manos de persas, griegos, romanos y árabes.

Claro que estos últimos pueblos no cuentan. Lo que cuenta es quien estuvo primero. Exceptuando aquellos infieles cananeos que habitaban Palestina antes que el pueblo de Moisés arribara y tomara posesión por mandato divino.

En su discurso ante el Comité israelita, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu informó: “Mi primer nombre es Benjamin. Este nombre tiene mil años de antigüedad. Benjamin se llamaba el hijo de Jacob. Uno de los hermanos de Benjamin se llamaba Shimon, el que viene a ser el mismo nombre de mi buen amigo, Shimon Peres, el Presidente de Israel. Hace aproximadamente cuatro mil años Benjamin, Shimon y sus diez hermanos recorrieron esas colinas de Jerusalén. El pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años y ahora lo está construyendo de nuevo”.[3](traducción del autor)

Todo lo cual, tal vez, está en concordancia con el Antiguo Testamento:

“Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra”. (Números, 21:34, 35)

Después fue America.

Jorge Majfud

Marzo 2010.

Panama America (Panama)


[1] The Lobby doesn’t want an open debate, of course, because that might lead Americans to question the level of support they provide. Accordingly, pro-Israel organisations work hard to influence the institutions that do most to shape popular opinion. […] Where the Lobby has had the most difficulty is in stifling debate on university campuses. […] Perhaps the most disturbing aspect of all this is the efforts Jewish groups have made to push Congress into establishing mechanisms to monitor what professors say.”

[2] “No discussion of the Lobby would be complete without an examination of one of its most powerful weapons: the charge of anti-semitism.”

[3] “My first name, Benjamin, dates back 1,000 years earlier to Benjamin, the son of Jacob. One of Benjamin’s brothers was named Shimon, which also happens to be the first name of my good friend, Shimon Peres, the President of Israel. Nearly 4,000 years ago, Benjamin, Shimon and their ten brothers roamed the hills of Judea. The Jewish people were building Jerusalem 3,000 year ago and the Jewish people are building Jerusalem today”.


[1] The Lobby doesn’t want an open debate, of course, because that might lead Americans to question the level of support they provide. Accordingly, pro-Israel organisations work hard to influence the institutions that do most to shape popular opinion. […] Where the Lobby has had the most difficulty is in stifling debate on university campuses. […] Perhaps the most disturbing aspect of all this is the efforts Jewish groups have made to push Congress into establishing mechanisms to monitor what professors say.”

[2] “No discussion of the Lobby would be complete without an examination of one of its most powerful weapons: the charge of anti-semitism.”

[3] “My first name, Benjamin, dates back 1,000 years earlier to Benjamin, the son of Jacob. One of Benjamin’s brothers was named Shimon, which also happens to be the first name of my good friend, Shimon Peres, the President of Israel. Nearly 4,000 years ago, Benjamin, Shimon and their ten brothers roamed the hills of Judea. The Jewish people were building Jerusalem 3,000 year ago and the Jewish people are building Jerusalem today”.

Carta a un lector

Off the northern coast of Mozambique lies the ...

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Carta a un lector

Amigo Ángel,

Gracias por sus palabras. Usted sabe, en esto de conjeturar frente al océano infinito, turbulento o engañosamente en calma, hay mucho riesgo. La mayoría de las veces erramos. Nos cuesta mucho ver con claridad el pasado que, dicen, está hacia atrás; y mucho más nos cuesta ver el futuro que está delante. Y así vamos tropezando en la oscuridad, apenas guiados por una experiencia sobre el camino, nunca suficiente, a veces engañosa, a veces un obstáculo más para prever, para cambiar de rumbo a tiempo, para inventar caminos nuevos.

En lo que de verdad importa somos como niños que recién se han despertado y refriegan sus ojos para ver sin comprender que esa noche blanca es el sol que cae sobre el rio.

De lo único que podemos estar seguros es que si algún progreso es posible en la historia de esta pobre y soberbia especie animal, no podría ser sin la crítica abierta, sin prueba y error, sin conjeturas, sin tropezones.

En ciencias un prejuicio se llama hipótesis y es uno de los instrumentos para llegar a una verdad. En política y en moral un prejuicio es el instrumento principal que los más fuertes usan para confundir la verdad con sus propios intereses.

Comprendo cuando me dices que no es posible pensar cuando uno está angustiado tratando de sobrevivir. Sí, vivir y comprender no es la misma cosa. Pero sin vivir el dolor y la alegría no se puede comprender, o llegar a comprender, un solo grano de arena de todo este mar turbulento.

Claro, para pensar con alguna calma, sin las pasiones que nos aturden el entendimiento, también es importante pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad, al menos de forma relativa. No obstante el confort también anestesia. Lo demuestran muchos ciudadanos de Estados Unidos y de Europa, al menos hasta no hace mucho. Sin ir más lejos, lo demuestra la larga historia de las clases altas latinoamericanas, con raras excepciones como la de Manuel González Prada, por nombrar solo uno.

Pero para vivir plenamente hay que tomar el riesgo. Más cuando se vive en un tiempo tan interesante. En nuestro caso, estamos hechos en esa lucha y, al menos mientras tengamos el espíritu joven, no podemos (en realidad es siempre “no queremos”) renunciar a ella por compleja que sea.

Hoy venía a mi oficina por la autopista, formando parte de ese río feroz que atraviesa Filadelfia a las seis de la mañana, pensando que debía llegar a las X hora porque le había prometido una entrevista a una radio de Uruguay, y pensaba todo lo complejo que es este mundo al que respondemos. Y entonces recordé por qué años atrás decidí abandonar, después de muchos meses, las tranquilas aldeas de Mozambique, las playas más hermosas del planeta, las islas más en calma de la historia, esa alegría de los africanos pobres que carecen los afroamericanos ricos…

Y supe claramente por qué. Por eso, precisamente, porque eran tierras demasiado tranquilas para alguien que había nacido y se había criado entre la lucha dialéctica de tirios y troyanos, visitando las cárceles de la dictadura en Uruguay, pasando mensajes de esperanza a los presos que apenas se sostenían con la verdad o con las ilusiones de sus ideologías, con la fortaleza incontestable de sus convicciones morales. Mensajes clandestinos que para aquel niño, que algún familiar había elegido por su memoria, eran poemas. Poemas que, sabía, no eran inocentes, simple juegos de palabras. Aquel niño sabía que las palabras del poema eran cruciales para la esperanza, para la resistencia existencial, para la vida de muchos de aquellos condenados por la soberbia militar de la época.

Las costas del norte de Mozambique, el fin del mundo, como las llamaban los blancos, las aldeas que, de no ser por las minas personales que se sospechaban a lo largo de los caminos casi no recordaban la reciente guerra civil, eran demasiada tranquilidad para alguien que había crecido también en medio de dos fuegos cruzados entre revolucionarios y militares, entre los discursos oficiales en mi escuela, en mi liceo, y la realidad que los contradecía.

Y todo eso había sido tan triste en mi patria (es decir, en mi niñez) y, sin embargo, o por eso mismo, ya no podía ser otro e irme a una isla en el mar Índico a vivir en esa supuesta paz, en esa sencilla belleza.

Uno no se puede cambiar de cultura como se cambia de ropa, no importa a dónde vaya. Uno no deja en la casa de sus padres sus sueños y sus obsesiones por el mero hecho de viajar o de vivir del otro lado del mundo.

Ni siquiera cuando al regresar a mi país me volvieron a llamar de Alemania para continuar los supuestos planes de desarrollo, aprobados por los europeos, en aquellas aldeas. Ni siquiera acepté volver con los privilegios de vivir como un europeo con aire acondicionado en medio de la jungla o frente a las transparentes playas de Cabo Delgado donde cada mañana salen los pescadores con sus coros que se reflejan en el mar con increíble potencia.

Quizás sea por eso que cada semana entro en batalla dialéctica, sin que con ello gane nada material aparte de unos cuantos insultos y algunas otras palabras de apoyo como las suyas.

Me he prometido mil veces abandonar todo eso. Seguramente algún día lo haré. Pero mil veces los hechos, en algún rincón del mundo, me imponen, o no resisto a dedicarle toda la pasión de la que puedo ser capaz para comprenderlos, para denunciarlos, para sentirlos. El olvido no se impone. La indiferencia no es voluntaria.

Al final del día yo sé que mi elección, mi trabajo, como el de muchos, aunque a veces reciba el aliento y hasta el elogio de algún lector como vos, no es para nada heroico. Puede ser comprometido, riesgoso muchas veces, desalentador, pero para nada heroico.

Los verdaderos héroes son todos anónimos, en el mejor sentido de la palabra.

Disculpa el desorden de mi respuesta,

Jorge.

Jorge Majfud

Marzo 2009

La liberación postergada

Neptuno alegórico, by Sor Juana Inés de la Cru...

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La liberación postergada

Con escasas excepciones, los ejércitos latinoamericanos han sido siempre el brazo derecho de la oligarquía criolla. Por lo general y con heroicas excepciones, cada soldado, por humilde que fuese, siempre tuvo un único discurso ideológico, basado en conceptos como “orden”, “patria” y “honor”, que le permitió una acción rápida e irreflexiva, llegando a matar en “cumplimiento del deber”. Su tarea no era la de pensar, claro; ese sería un grave defecto en un militar de bajo rango, según el sistema al cual debe someterse y defender incondicionalmente. En un militar de alto rango el pensamiento esta permitido, aunque limitado sólo a aspectos técnicos; nunca —o rara vez— filosóficos. Pese a todo, sus acciones siempre estuvieron justificadas en la salvación de la “verdadera moral” (es el lugar donde se “hacen hombres”), al mejor estilo de la vieja Inquisición. Esto es lógico: todos sabemos que una respuesta que no acepta cuestionamientos —por la razón lógica o por las armas— es siempre la verdad.

Se comprende, entonces, por qué la tradición de los ejércitos latinoamericanos, como el de la Iglesia Católica —por lo menos hasta finales del siglo XX—, ha sido conservar los privilegios de una clase criolla acomodada, en usufructo de una ideología transparente. Aquí quisiera aclarar que, para mí, toda ideología dominante es “transparente” (nos rodea de forma invisible), mientras que cualquier otra ideología que se le oponga tendrá el carácter inevitable de “visibilidad”, con lo cual son definidas, peyorativamente, como “ideologías”, como si la ideología principal no lo fuera, como si formara parte de la naturaleza, del aire. Por otro lado, las ideologías dominantes suelen operar a través de falsos “pares de opuestos”. En nuestra historia más reciente, esos pares fueron orden/desorden, patriota/vendepatria y luego pacificación/memoria, etc. Una vez establecido arbitrariamente la dicotomía, se busca identificar al oprimido con el segundo término: el negativo (Jacques Derrida).

La clase dominante, junto con la Iglesia tradicionalista dictaron el discurso ideológico legitimador, la moral del terrateniente latinoamericano. Por ello Phillip Berryman llamó a las dictaduras latinoamericanas “fascismo dependiente” ()

Cualquiera que haya salido del continente latinoamericano puede observar cuáles son las tres instituciones que caracterizan el paisaje social e histórico de América Latina: el Estado, la Iglesia y el Ejercito. Ésta es una característica de las sociedades latinoamericanas que la diferencian de otras regiones del mundo, como pueden serlo Europa y Estados Unidos. Bien, se podrá decir que el poder del ejército norteamericano es un elemento de primer orden político e ideológico. Sin embargo, la manifestación de este poder ha sido, después de la Guerra Civil del siglo XIX, hacia fuera —característica que la hace más coherente con la propia concepción histórica de ejercito—, mientras que en el caso latinoamericano tradicionalmente su acción represiva ha apuntado hacia dentro, no en beneficio de un país —como siempre se pretendió con el conocido eslogan “salvaguardia de la patria”— sino en beneficio de una clase: la clase dominante.

La historia latinoamericana está llena de estos ejemplos. El delito del sacerdote Romero en El Salvador fue repetir que “ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios: no matarás” Por esta prédica “peligrosa” fue asesinado por el ejército mientras decía una misa. Quienes lo mataron lo hicieron bajo la convicción de “salvar a la patria del marxismo”, aunque ninguno de ellos tenía una vaga idea de quién había sido Marx (más allá de que se llamaba Groucho y fumaba habanos, como el Che Guevara). Ninguno de sus asesinos sabía si el “curita revoltoso” era, de hecho, marxista o no. ¿Pero eso qué importa? ¿Cuándo importó —sinceramente— la razón, el diálogo, la reflexión? ¿Para qué pensar si eso es peligroso? ¿Para qué cuestionar? A Cristo y a Sócrates los condenaron a muerte por esa mala costumbre de “remover” las sólidas verdades donde se asienta el “honor” de una sociedad. Y por ello todas las universidades de América Latina —y de más allá— están llenas de idiotas que se dedican a investigar y a pensar. Subversivos, en una palabra. Rehenes del marxismo, de los terroristas y de Sor Juana Inés de la Cruz, sin duda, la peor de todas.

Sin embargo, la pureza no ha sido posible a través de la “limpieza”. Así como todos somos freudianos en alguna medida, lo mismo podíamos decir sobre el marxismo: ¿qué corriente feminista, por ejemplo, podría decir que sus reivindicaciones no tienen un origen marxista? Por supuesto que podemos encontrar feministas que vivieron antes del siglo XIX. Sor Juana, por ejemplo. Murió silenciada por la Santa Iglesia en 1695 (vieja costumbre de la santidad: pecar y cien años después pedir perdón). Pero eso es una lectura que podemos hacer desde nuestro tiempo, hacia atrás. Si quisiéramos, también podríamos interpretar que Cleopatra era feminista, y entonces no existía eso que llamamos “feminismo”. La diferencia es que el pensamiento marxista hizo consciente un cúmulo de conceptos y análisis que hoy es moneda común hasta en la derecha más reaccionaria, por lo menos como discurso. Prácticamente no existe aquel, por más antimarxista que sea, que no haya defendido algún principio de origen marxista, ya sea político, económico, metodológico o filosófico. Sólo que su ignorancia lo salva y lo purifica.

Ahora, veámoslo desde una perspectiva histórica y política. Creo que no se puede entender la resistencia latinoamericana, en su gran mayoría “izquierdista” a través de la historia, por una simple influencia cubana o soviética. Para ello, debemos considerar el insoportable peso de la clase oligárquica en América Latina desde el nacimiento como naciones “independientes”, apoyada siempre por las grandes instituciones verticales de la Iglesia Católica tradicional y el ejército. Las grandes diferencias sociales que ostentó de forma obscena la familia Latinoamericana es otro elemento de tensión que explican la “reacción” de las clases desposeídas.

Nuestro país, gracias a Dios, ha sido históricamente el país más laico de las Américas. Pero su relativo laicismo nunca fue la norma en el continente. La estrecha relación del Estado y la Iglesia en América Latina es una herencia de la vieja España que, con agresividad —y confundiendo, como era costumbre en sus tratados de caballería, la cruz con la espada—, luchó contra moros y judíos y trasladó la batalla mesiánica al nuevo continente. Su estructura de dominación, rígida y vertical, encontró en los nuevos ejércitos los sustitutos de las antiguas caballerías del renacimiento que se vanagloriaban de cortar mil cabezas en los campos de batallas para imponer la “sagrada fe católica”.

Este proceso no fue el mismo en Norteamérica, donde una visión más liberal de la sociedad y del individuo la independizaron de las rígidas estructuras españolas. No sólo la Reforma fue una desestructuración del poder central (al tiempo que puso el acento en el valor del individuo) sino que además los colonos de los nuevos Estados Unidos fueron capaces de una independencia más real que la que obtuvimos en América Latina que sustituyó —como dice José Luis Gómez-Martínez— la autoridad española por la oligarquía criolla. Ésta oligarquía, caudillista y dirigente, nunca fue consciente de que la liberación económica de las clases sumergidas resultaría en un beneficio general. O tal vez sí fue consciente… Por lo tanto, nunca hubo una verdadera independencia para el resto de la población. Razón por la cual siempre estamos hablando de “liberación”, como si en el inconsciente colectivo estuviese presionando, de forma permanente, el trauma de “no haber sido”.

Aún hoy, en América Latina, se da la norma que las instituciones de enseñanza católicas (ya sean de educación básica como universitaria) se caracterizan por servir a las clases más ricas —futuras elites de dirigentes—, en vez de ocuparse de las clases más pobres, como parece sugerir el Evangelio. Lo cual es una larga tradición que se acepta sin mayores cuestionamientos.

Sin embargo, y procediendo de una historia diferente, la potencia económica y militar del siglo XX, Estados Unidos, cuando intervino en América Latina lo hizo para contrarrestar la insurgencia de las clases pobres, de las clases obreras que se identificaban con el discurso de la izquierda, ya que no podían hacerlo con sus tradicionales opresores —la oligarquía, la iglesia y el ejército—. Esta intervención, según Berryman, “combinaba la ayuda para el desarrollo con un aumento de los ejércitos y de la policía para enfrentar el desafío de la insurgencia”

Claro, el escenario nacional e internacional ha cambiado. También cambiará el escenario político. Sin embargo, las estructuras culturales, económicas y sociales son prácticamente mismas. Un cambio político podrá impulsar grandes cambios personales y simbólicos, pero prácticamente ninguno en lo que se refiere a la estructura opresiva. Para ello serían necesarios tres pasos indispensables:

1)    Toma de conciencia;

2)    Toma de acción;

3)  Toma del poder.

Conciencia del individuo y de la sociedad en su conjunto sobre su opresión y sobre su propia potencialidad deconstructora y creativa. Acción en tal sentido, individual y colectiva, con el objetivo de alcanzar el poder necesario para una verdadera liberación. Finalmente, me refiero al poder civil, aquel que resulte de una unión consciente y comprometida (desobediente) de cada individuo, del verdadero ciudadano del mundo, aquel que ha logrado la liberación a través de la desobediencia moral.

Sólo así se romperá el perverso ciclo que lleva al recambio y a la renovación de actores y de colores en la misma historia de opresión de siempre.

© Jorge Majfud

Athens, abril de 2004

Los números no mienten

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Los números no mienten

“No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”.

Ernesto Che Guevara, sobre el Hombre Nuevo.

Amistad

Bill Rodriguez tiene 1457 amigos en Facebook y 299 en Twitter. Luz Graham tiene 1208 amigos en Facebook y 188 en Twitter. Bill Rodríguez es 82,9 por ciento mejor amigo que Luz en Facebook y 62,8 por ciento mejor amigo en Twitter. En promedio, Bill es 72,9 por ciento mejor amigo que Luz. Sin embargo, Luz ha logrado un incremento mensual del 8,5 por ciento mientras que Bill sólo ha alcanzado una tasa de crecimiento del índice de amistad del 6,3, lo que significa que en un tiempo no muy lejano Luz será mejor amiga que Bill. Luz calcula que para el año 2022 será la segunda persona más seguida de Usuahia mientras que Bill descenderá del puesto 3 al puesto 16 de la lista de personas más seguidas de Ciudad Juarez.

Plenitud sexual

Irma Salas Aberta, 42, se divorció de Edelmo Sanchez, 47, en 2008. Entre el 2001 y el 2005, el promedio de relaciones sexuales contabilizadas dentro del matrimonio alcanzaron una mínima de 3 actos mensuales en noviembre de 2006 y una máxima de 9 eventos en abril de 2007. En 2009 Irma volvió a contraer matrimonio con Pablo Tortorola, 24, desocupado, hincha de Colo Colo, con el cual alcanzó un promedio de 35 relaciones sexuales al mes considerado el período febrero-diciembre de 2009. De esas 35 ocurrencias se verificaron 22 orgasmos probables y 8 fingidos. En el mismo período de 2004 Irma había logrado una ocurrencia máxima de 12 actos sexuales y 3 orgasmos comprobados por lo cual se verifica que durante los primeros 11 meses del año 2009 Irma fue 36,4 por ciento más satisfecha en términos cuantitativos y 7,3 veces más satisfecha en términos cualitativos, si consideramos la calidad de los orgasmos sobre la cantidad de todas las ocurrencias coitales.

En enero de 2010 Irma y Pablo concurrieron a un profesional para realizar terapia de pareja. Ambos están dispuestos a mejorar su relación incrementando la tasa de eventos coitales en un 40 por ciento. Estudios demuestran que hacer el amor1,75 veces al día mejora la comunicación y la calidad orgásmica en términos mensuales.

Liberación

José Ramón de la Piedra, casado con Francisca Ruiz, logró disminuir de 11 eventos extramaritales a sólo 4 durante el término 2008-2009. En el mismo período, Anastasia Flores alcanzó la cifra de 6 eventos extramaritales, 3 más que el mismo lapso de tiempo del período anterior. Las cifras indican que José Ramón alcanzó su objetivo de ser 2,75 veces menos machista mientras que Anastasia Flores mejoró su nivel de liberación femenina en un asombroso 50 por ciento. No obstante, como en dos ocurrencias participaron José Ramón y Anastasia Flores de forma simultánea, en el Motel 8 de la calle 19 de Miami los días 25 y 30 de agosto de 2009, se discute en qué porcentaje las dos ocurrencias extramaritales de José disminuyen el índice de liberación de Anastasia y aumentan el machismo de José, por lo cual los porcentajes podrían variar en una segunda revisión.

La más grande del mundo

Aunque el cuarto trimestre de 2009 ha sido uno de los peores trimestres de la economía china, de cualquier forma su PIB se ha agrandado un 6,8 por ciento. Por el contrario, Estados Unidos ha logrado un 5,7 por ciento de crecimiento y la Unión Europea un 0,1 por ciento en el mismo periodo. Las cifras demuestran que hasta en su peor momento considerado el periodo 2001-2009, el comunismo chino ha mantenido una ventaja de crecimiento relativo de más del 2 por ciento sobre el mayor país capitalista y más del 6 por ciento sobre los países social demócratas. No obstante, las virtudes del comunismo chino, valorado en 4 trillones, todavía no alcanzan un tercio de las virtudes totales del capitalismo americano. Se calcula que en el año 2028 se demostrará que el capitalismo comunista de China tenía razón, cuando la suya sea más grande que la de Estados Unidos.

El único problema será el dramático envejecimiento de la población china, por lo cual no sabemos si podrá usarla con el mismo vigor que la usaba cuando la tenía más pequeña o si cometerá el mismo error del imperio americano de andar presumiendo por todas partes.

Comunicación

Con LingaNet puedes hablar con tus amigos 435 minutos a la semana. Después de los primeros 375 minutos, LingaNet te ofrece 100 minutos más a mitad de precio, para que puedas estar comunicado con la gente que te necesita. Por si fuese poco, si aún necesitas más, LingaNet te regala un móvil totalmente gratis cada vez que traspasas el límite de 600 minutos semanales, para que puedas seguir ejerciendo tu derecho de estar comunicado, con lo cual ahorras un 29 por ciento al mes cada vez que usas tu LingaMovil. Entonces, ¿por qué conformarse con menos si puedes tener más?

El Hombre Nuevo

En Brasil, la fortuna de Eike Fuhrken Batista ha alcanzado la cifra record de 7,5 billones de dólares. Aunque por encima de Batista todavía hay otros 60 billonarios, como el mexicano Carlos Salim con 35 billones y Bill Gates al tope de la lista con 40 billones, el increíble ascenso de Batista y de otros millonarios en la lista de los hombres más ricos del mundo demuestra el éxito de la izquierda de Ignacio Lula da Silva. “De aquí a quince o diez años, este país deberá ser la cuarta, la tercera o, si no tuviéramos suerte, podemos ser la quinta economía”, dijo Lula.

Todo lo que demuestra que el fundador del izquierdista Partido de los Trabajadores tenía razón, aunque para tenerla tuvo que cambiar de idea.

Realismo socialista

En 2006 Ignacio Lula da Silva, presidente de Brasil y antiguo sindicalista marxista dijo, ante el grupo de empresarios más importantes del país: “Las cosas evolucionan de acuerdo con la cantidad de cabellos blancos y la responsabilidad que uno tiene. Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe estar con problemas”.

Un poco tarde, en 2010 el presidente electo de Uruguay, ante un gigantesco banquete de gigantescos empresarios capitalistas, con el mismo tono desafiante que le hablaba a la clase proletaria, exclamó apasionado: “Señores empresarios: les estamos pidiendo que apuesten al Uruguay y jueguen con el Uruguay. No podemos generar riquezas con decisiones legislativas, la riqueza es hija del circuito del trabajo”. Según el ex guerrillero tupamaro y mayor exponente de la combativa izquierda nacional, era hora de “cambiar un desastre histórico”, por lo cual garantizó ante los realistas que “no se va a expropiar ni se doblarán los lomos con impuestos”.

Antes, pedirles a los inversionistas que jueguen con un país no era tan bien visto y doblar el lomo se refería al trabajo de los campesinos, obreros y estudiantes.

Los aplausos fueron fuertes y unánimes. Hay que ver cómo cambian los inversionistas ante el realismo socialista.

Al día siguiente los diarios de la región estuvieron de acuerdo en que Mujica había encandilado a la clase empresarial.

Estoy de acuerdo. Mujica es un hombre sabio, pragmático. Otra prueba que conviene seguir los pasos de los hombres exitosos.

Pero creerles, jamás.

Desesperanza

Alguna vez admiramos tanto a los tres, a Lula, a Obama, a Mujica. Pero el tamaño de toda decepción es el tamaño de toda esperanza arrojada sobre un líder que no ha muerto. No es culpa de ellos; como siempre, la culpa es nuestra. La culpa es de los que admiran, de los que albergan excesivas esperanzas en algo distinto a Dios o a la razón humana.

Jorge Majfud

Febrero 2010

La moral de los perros

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Image by State Library of New South Wales collection via Flickr

La moral de los perros

El arzobispo Antonio Chedraui se ha hecho célebre en los mass media de México por su posición contra los matrimonios del mismo sexo. En diferentes sermones, discursos y entrevistas ha repetido que no pretende meterse en la vida privada de nadie. Su objetivo, como el de tantos otros, es la defensa de la familia. No aclara a cuál familia o a la familia de quién se está refiriendo, lo que demuestra que la simplificación no es un método exclusivo de los políticos. Por lo pronto podemos inferir que no se trata de defender la familia de Luis y Mario ni la de María y Luisa sino la familia de José María y María José.

El arzobispo y sus seguidores respetan a aquellos que se han desviado del camino. Según ellos, gays y lesbianas pueden practicar sus placeres en la intimidad sin que la Iglesia y los guardianes de la buena moral intenten impedírselo. Finalmente, tienen permiso oficial.

Pero éste no es realmente el punto central. Ni en tiempos de la más cruda inquisición, los guardianes de la moral tenían esta facultad de impedir una relación sexual. Por el contrario, muchos de ellos fueron reconocidos practicantes del sexo ilícito. De vez en cuando encarcelaban o quemaban vivo a algún pecador hereje, pero estos detalles, que servían para controlar la sociedad valiéndose del terrorismo y la tortura, no impidieron nunca el amor equivocado.

El punto en discusión radica en si nosotros, los heterosexuales, vamos a seguir disfrutando de todos los derechos civiles mientras se los negamos por ley a los homosexuales. Si realmente no nos queremos meter en sus vidas privadas, ¿por qué les negamos derechos humanos según sus prácticas sexuales? Incluso, se los negamos aunque de hecho una pareja gay o lesbiana vivan juntos y nunca tengan relaciones sexuales. ¿Acaso no existe el amor sin sexo, ese amor platónico que tanto recomienda el Papa? Según la Iglesia y quienes se oponen a los matrimonios del mismo sexo, no.  Lo niegan con sus mismos actos. ¿Acaso no hay matrimonios heterosexuales que nunca o casi nunca tienen relaciones sexuales? Sí, de otra forma los psicólogos no tendrían tanto trabajo. No practican el sexo pero de cualquier forma son reconocidos por las leyes que los protegen.

Es decir, la oposición al matrimonio del mismo sexo no busca impedir la práctica pecaminosa, porque de hecho no puede. Lo único que procura y de hecho ha logrado siempre es prevenir que algunos seres humanos tengan los mismos derechos civiles que gozan los demás. Esto no es otra cosa que más del castigo divino que los religiosos han pretendido administrar durante siglos. No están dispuestos a perder ese privilegio de ser los policías de Dios. Su método es simple y efectivo: confundir la tradición con la naturaleza.

Ahora, ¿cómo definimos qué es normal y qué no?

El arzobispo Antonio Chedraui tiene la respuesta. El 19 de enero de 2010 porMilenio Televisón dictó cátedra. “Lo anormal no puede ser normal”. Por si no había sido claro y contundente, lo repitió dos veces. La periodista de Milenio —donde publicamos cada domingo desde hace años nuestras perplejidades—, con la modestia propia de un fiel que está ante un santo, le agradeció la claridad.

Motivado, el arzobispo volvió a la carga con uno de sus argumentos preferidos. “¿Usted vio alguna vez un animal, un perro teniendo relaciones sexuales con otro perro del mismo sexo?” dijo, poco antes de que se escuchara un ladrido.

El arzobispo giró su cabeza para ver al pobre animalito, ese fiel amigo recluido entre las altas murallas de su patio privado. Ladró una vez más. El animalito lo debía considerar un dios, por lo que el ladrido debía ser una plegaria.

En realidad el arzobispo no es Dios, sino su vocero en la tierra.

“¿Vio alguna vez un perro teniendo relaciones sexuales con otro perro del mismo sexo?”, insistió.

Entonces pensé que quizás en el Cono Sur los animales son más promiscuos o pervertidos que en México. En mis vacaciones en la granja de mi abuelo muchas veces observé alguna que otra vaca montando otras vacas, algún que otro perrito besando o lamiendo el pene de otro perro, razón por la cual recibió un terrible palazo de mi parte.

Lo que sí no he visto nunca, en ninguna parte del mundo, fue a ningún animalito de Dios practicando el celibato por voluntad propia.

Claro que quizás no puedo hablar con propiedad porque todavía no conozco la Antártida ni el país de los recientemente desaparecidos bo de las islas Andaman.

Claro que los animales no son seres humanos y no podemos comparar. Los humanos son superiores porque practican el celibato, la castración, la persecución de brujas y todo tipo de anormales, siempre en nombre de la buena moral. Cuando no en nombre de Dios.

Jorge Majfud

6 de febrero de 2010

Milenio , II (Mexico)

La Gaceta Mercantil (Argentina)

 

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La ideología de un vaso de agua

Messages from Haiti

Image by B.S. Wise via Flickr

La ideología de un vaso de agua

Desde la muerte de las ideologías supimos que no había ninguna posibilidad para la muerte de las ideologías. Para que una cultura, un pueblo o un individuo carezcan de algún tipo de ideología antes es necesario privarle de la capacidad de sostener alguna idea. Mínimo de dos, ya que un par de ideas ya conforman el embrión de un sistema de ideas, es decir, una ideología. El único método conocido para privar a alguien de alguna idea es la lobotomía o la más tradicional decapitación. Para privarnos al resto de pensamiento no es necesario este tipo de intervenciones quirúrgicas. Basta con la propaganda.

La sola idea de la muerte de las ideologías es una ideología, quizás la menos sofisticada de todas y por lo mismo una de las más populares.

Sin embargo, si bien nadie carece de una ideología, todavía es posible que haya momentos en que la vida humana no esté medida, limitada o impulsada por esta ineludible trampa intelectual.

Una semana después del terremoto de Haití la desesperación, la violencia y el caos hacían casi imposible la ayuda internacional. Haití ha vivido en los últimos tiempos de la caridad internacional —la mayor parte de su PIB eran donaciones—, y quienes han vivido y trabajado allí saben lo difícil que era ya antes de la catástrofe. Cuando insistí en algunas radios y diarios que  no era el momento de perder el tiempo con discusiones ideológicas, no me refería a que algún país o algún político no estuviesen aprovechándose del momento para ejercitar su deporte favorito. Todo lo contrario. Sea de izquierda o de derecha, sea el imperio o los autoproclamados antiimperialistas, muchos sacaron de forma directa o indirecta partido de la desgracia ajena.  Pocos líderes mundiales están libres de culpa en esto, no obstante no pocos arrojaron la primera piedra.

El pedido de suspender la discusión ideológica ante una de las catástrofes naturales más graves de la historia humana asumía que sí hay momentos en que es posible moverse según otros impulsos aparte de la acción y la reacción ideológica.

¿Qué le importa a alguien que está sepultado entre los escombros si la mano que lo rescata es de la cruz Roja, un soldado de la ONU o un marine del imperio? Lo único que puede importarle es que esa mano llegue de una vez.

Pero como en la teología medieval y en las telenovelas latinoamericanas, solo hay ángeles o demonios, buenos o malos. Los buenos nunca pueden hacer algo mal; los malos nunca son capaces de algo bueno. A excepción de Michael Jackson, si alguien es negro no puede ser blanco. Esta percepción, que no llega a ser una ideología, ha sido desde siempre el principal arma de los mejores políticos y de los peores religiosos: simplificadores profesionales que demonizan cualquier problematización, cualquier posibilidad de que los malos puedan hacer algo bueno o que los buenos sean capaces de algún pecado.

Mientras discutimos si Estados Unidos provocó el terremoto en  Haití o si su presencia es ayuda o invasión, las victimas y los inocentes siguen muriendo, algunos aplastados esperando una grúa que lo saque debajo de una pared o alguien le alcance un vaso de agua.

Todos tenemos una ideología, toda institución, todo gobierno la tiene. Pero quizás no siempre, quizás no todo es ideología.

Esa mano, ese vaso de agua, por ejemplo.

Ahora lo urgente es lo importante. Ya tendremos tiempo de discutir todo lo demás. Miles no tendrán la misma suerte.

Jorge Majfud

24 de enero de 2010

Los demonios de Haití

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Image via Wikipedia

The Devils in Haiti

Los demonios de Haití

Después del gran terremoto de Haití aparecieron varias teorías sobre sus causas. Según el cónsul de Haití en Brasil, George Samuel Antoine, la culpa había sido de la macumba y de la raza: “O africano em si tem maldição. Todo lugar que tem africano tá foda [jodido]”.

El influyente tele-evangelista Pat Robertson afirmó que la desgracia se debía a que el pueblo haitiano tenía un pacto con el diablo (“a pact with the devil”). Un pacto secreto. Tal vez tan secreto que, a excepción de Pat Robertson, ni Dios se enteró. De lo contrario seguramente el amor infinito del Creador hubiese evitado que miles de niños inocentes muriesen por este complot cósmico. O lo sabía y lo permitió, no por debilidad sino por Su conocida política de no intervención.

Otra teoría muy difundida y acreditada por miles de editores, blogueros y presidentes como Hugo Chávez afirma que el terremoto que borró del mapa la capital del país y mató a más de cien mil personas fue causado por Estados Unidos para desestabilizar el régimen de Irán. Lo que de paso demuestra el poderío tecnológico de Estados Unidos, capaz de mover las placas tectónicas que sostienen mares y países enteros.

Aunque secular, la teoría tiene mucho de la tradición teológica según la cual Dios suele arrasar pueblos enteros para evitar que el verdulero de la esquina engañe a su mujer.

Otros presidentes y columnistas afirman que la ayuda norteamericana en realidad se trata de una invasión, para saquear las riquezas de Haití y para lograr una posición estratégica en el Caribe, cerca de Cuba. Otra prueba de que los servicios de inteligencia norteamericanos andan distraídos, ya que todos saben que Haití es el país más pobre del hemisferio y que más cerca de Cuba está Guantánamo, por lo cual es posible que pronto Estados Unidos invada Guantánamo también.

Habría que pensar si este tipo de teorías antinorteamericanas no son producto de alguna perversa agencia norteamericana. Porque no hay mejor forma de desacreditar cualquier crítica antiimperialista que las estupideces del género antiamericano.

A este ritmo, pronto llegará el día en que pocos creerán que Truman fue el presidente que ordenó arrojar dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Acción que, gracias al sacrificio heroico de decenas de miles de niños inocentes, probablemente se haya evitado la muerte de decenas de miles de niños inocentes.

* * *

Mientras cada grupo ideológico saca partido dialéctico del terremoto de Haití, miles de niños continúan agonizando y muriendo sin remedio.

Mientras tanto, todas nuestras mejores palabras van a morir allí donde muere un niño.

Todos nuestros mejores pensamientos van a morir allí donde un niño deja de llorar por el hambre, el dolor y toda la injusticia que no comprende.

Todas nuestras mejores ideas y nuestros mejores discursos se convierten en un puñado de tierra estéril allí donde una madre pone flores en la pequeña tumba.

Por si acaso alguna de nuestras palabras de horror y de indignación evitase la muerte de un solo niño en el mundo, merecería vivir. Es decir, casi ninguna. O ninguna.

Si nuestras palabras acompañasen nuestros actos, como la alegría acompaña la sonrisa de un niño, como la riqueza de un país acompaña el valor de su moneda, acaso sí tendrían algún valor, acaso sí serían algo más que cobardes símbolos, vacíos discursos, bonitas flores que van a perfumar la cama del indignado perezoso.

Y con todo, acaso las palabras todavía valen cuando mueven. Acaso sólo le damos valor y sentido cuando movemos y nos movemos por ellas. Palabras que conmueven y no mueven de poco sirven.

Comencemos por dar algo. Para aquellos niños, un vaso de agua vale más que mil palabras.

* * *

Jorge Majfud

22 de enero de 2010

The Devils in Haiti

After Haiti’s great earthquake, several theories appeared about the causes.  According to Haiti’s consul in Brazil, George Samuel Antoine, the fault lay withmacumba, or African spiritism, and the race:  “The African himself is damned.  Every place where there are Africans is screwed.” [“O africano em si tem maldição. Todo lugar que tem africano tá foda.”]

The influential televangelist Pat Robertson asserted that the misfortune was owed to the fact that the Haitian people had a pact with the devil.  A secret pact.  Perhaps so secret that, with the exception of Pat Robertson, not even God knew about it.  Otherwise the infinite love of the Creator would certainly have averted the deaths of thousands of innocent children as a result of this cosmic plot.  Or he knew about it and allowed it to happen, not out of weakness but due to his well-known policy of non-intervention.

Another theory, widely held and distributed by thousands of editors, bloggers, and presidents like Hugo Chávez states that the earthquake that wiped the country’s capital off the map and killed more than a hundred thousand people was caused by the United States in order to destabilize the regime in Iran.  Which demonstrates the tremendous technological power of the United States, capable moving the tectonic plates which sustain the oceans and entire countries.

Although secular, the theory retains a lot of the theological tradition according to which God is in the habit of laying waste to entire peoples in order to keep the corner grocer from being unfaithful to his wife.

Other presidents and columnists claim that U.S. aid in reality constitutes an invasion, in order to pillage Haiti’s wealth and achieve a strategic position in the Caribbean, close to Cuba.  Further evidence that U.S. intelligence agencies are not paying attention, since everyone knows that Haiti is the poorest country in the hemisphere and that Guantánamo is closer to Cuba, so it’s possible that the United States will therefore invade Guantánamo as well.

Or one might have to wonder whether this kind of anti-U.S. theory is not itself the product of some perverse U.S. agency.  Because there is no better way of discrediting any anti-imperialist critique than with anti-American stupidities.

At this rate, the day will soon arrive when few will believe that Truman was the president who ordered that two nuclear bombs be dropped over Hiroshima and Nagasaki.  An action which, thanks to the heroic sacrifice of tens of thousands of innocent children, probably avoided the death of tens of thousands of innocent children.

* * *

While every ideological group makes the argumentative most of Haiti’s earthquake, thousands of children continue to suffer and die hopelessly.

But all of our best words are going to die there where a child dies.

All of our best thoughts are going to die there where a child’s tears are stopped by hunger, pain and injustice he does not understand.

All of our best ideas and our best speeches become a handful of sterile soil there where a mother places flowers on a small grave.

If any one of our words of horror and of indignation was capable of averting the death of a single child in the world, it would deserve to live.  Which is to say, there is no such word.

If our words were to accompany our acts the way joy accompanies a child’s smile, the way a country’s wealth accompanies the value of its currency, perhaps then our words would have some value.

Our words would then be something more than cowardly symbols, empty speeches, pretty flowers that serve to perfume the bed of the lazy indignant.

And despite everything, perhaps words still matter when they mobilize.  We give them value and meaning when we are moved to act by them.

There, words that move emotionally and do not mobilize are useless.

Let’s start by giving something.  For those children, a glass of water is worth more than a thousand words.

Jorge Majfud

Translated by Bruce Campbell

Dr. Bruce Campbell teaches Hispanic Studies at the College of St. Benedict and St. John’s University in Minnesota, and is the author of Mexican Murals in Times of Crisis (University of Arizona, 2003) and the forthcoming ¡Viva la historieta! Mexican Comics, NAFTA, and the Politics of Globalization (University Press of Mississippi).

The Pandemic of Consumerism

The Pandemic of ConsumerismSPECIAL CLIMATE CHANGE ISSUE "To Protect Succeeding Generations"

Periods of global warming are not in and of themselves a human invention. But humans have invented ways of turning a natural cycle into an abnormality whose severity can exceed the tragedy of one atomic bomb or even of several atomic bombs. However, we cannot see the explosion because we live in it, because it seems to be an evident freak of nature to which we must all resign ourselves.

The world’s governments are too busy trying to save humanity from the “great crisis” —the economic crisis— by stimulating the same consumption that is leading us to unmitigated disaster. If the level of global destruction has not yet reached the dreaded status of full-blown catastrophe, it is only because consumerism has not yet reached its supposedly desired levels.

In this collective delusion, development is confused with consumerism, wastefulness with success, and growth with fattening. The pandemic is considered a sign of good health. Its “success” has been so overwhelming that there is no ideology or political system in the world that is not bent upon reproducing and multiplying it.

New technologies could help to reduce carbon dioxide emissions, but it is unlikely that this would be sufficient in a world that is just at the beginning of its capacity to consume, to squander, and to destroy. Trying to reduce environmental pollution without reducing consumerism is like combatting drug trafficking without reducing the drug addiction.

Wasteful and irrational consumerism has no limits; it has not prevented the death of millions of children from hunger, but it has endangered the existence of the entire biosphere. If “successful” consumerism is not replaced by the forgotten values of austerity, soon we will choose between war and misery, hunger and epidemics.

It is in hands of governments and in hands of each of us either to organize the salvation or accelerate the destruction of our own world. The Climate Change Conference in Copenhagen is a new opportunity to prevent the greatest calamity humanity has ever faced. Let us not have another opportunity missed, because we certainly do not have all the time in the world.

Jorge Majfud

August 2009

Lincoln University

UN Chronicle >>

UN Chronicle Review. Special Climate Change Issue.

Honduras y Uruguay: tan diferentes, tanto iguales

Nuestra memoria no olvida!, nuestra dignidad n...

El realismo mágico latinoamericano


Honduras y Uruguay: tan diferentes, tanto iguales

El realismo mágico, como cualquiera sabe, fue una marca de fábrica de la literatura latinoamericana de los años ‘60. Muchos críticos señalan que fue un producto de las editoriales internacionales. Quizás producto también del poderoso mercado de lectores europeos y norteamericanos ávidos de exotismos matizados con dictadorcillos vestidos de guayaberas. Así habrían redescubierto al Juan Rulfo de los ‘50 y al cubano Alejo Carpentier de los ‘40.

Entiendo que el realismo mágico está explícito en el principal género del realismo —la crónica—, como en Crónica del Perú (1553) de Pedro Cieza de León y en el resto de la locura del colonizador y el martirio del colonizado. Pero tampoco se acaba con los imitadores de García Márquez en los años ‘80 ni se limita a la literatura tradicional. La ficción, la literatura son espacios de encuentro de una realidad que la sobrepasa y la alimenta. En gran medida nuestro pueblo latinoamericano está hecho en el mito, en el mejor de los casos, y en la irracionalidad mágica, en el peor. Las dictaduras militares dieron pruebas de ello hasta el hastío.

Hoy el realismo mágico es tan ubicuo en la realidad latinoamericana que no sólo se confunde con la realidad sino que ni siquiera se lo ve como mágico.

Para prueba dos ejemplos en las antípodas de América latina: Honduras y Uruguay. En el país centroamericano se escribió una constitución que niega los cambios en la historia y es la base de un sistema democrático representativo que niega un referéndum serio para modificar su letra. Por el contrario, impone castigos a quienes se atrevan a semejante herejía. Los caciques y sacerdotes siempre son celosos en estos puntos que se refieren al status quo. Es decir, como una maldición bíblica, la letra que se pretende sagrada impone su dictadura sobre los humanos que debieron ser sus autores o correctores. Una constitución republicana que es el producto de la filosofía del humanismo y del iluminismo se convierte así en un texto irracional, sagrado como cualquier texto escrito por cualquier dios.

Por el otro lado, aparentemente Uruguay opta por lo contrario en el momento de organizar su sociedad. Con una democracia centenaria, interrumpida dos o tres veces por el autoritarismo feudal, más típico en otros países del continente, ha recurrido muchas veces en los últimos años al referéndum como ejercicio de una tímida democracia directa.

No obstante, en un par de veces, como aconteció en el último referéndum, pone a consulta popular precisamente aquello que no puede ser decidido por un grupo para ser impuesto a otro, por minúsculo que sea. El referéndum (2009) para derogar la Ley de Caducidad en su búsqueda de derribar la muralla legal que protege a los violadores contra el relamo de justicia de sus víctimas, en los últimos treinta años ha sido el único recurso de los débiles y el involuntario instrumento de legitimación de los violadores de los Derechos Humanos, de sus cómplices y del error histórico de medio pueblo deformado por la dialéctica de la dictadura y la estratégica indiferencia.

Ningún grupo puede imponer, por uno de esos momentos de delirio colectivo tan comunes en la historia, la violación de los derechos humanos de una sola persona. ¿Podría un referéndum permitir o imponer la violación sexual de una niña? Pensarán que exagero, pero una segunda consideración evidencia que no. Aunque menos gráfico, ¿podría un referéndum nacional negarle a un padre el derecho a ver al violador castigado por ese delito? No, nunca.

El ejemplo parece obvio porque no tiene implicaciones políticas. Pero ¿alguien diría que los crímenes que se cometieron —incluidos los crímenes sexuales— con la arrolladora impunidad del estado no son equiparables a la violación de una niña? Sí lo fueron. No en un caso, en muchos. Sin contar con el impacto que deja en un pueblo entero el terrorismo de Estado con sus múltiples tentáculos. Lo cual se prueba sólo con la existencia de referéndums exculpatorios de criminales en masa, los que reproducen la violencia a través de la impunidad de una minoría en complicidad con la cobardía o con el delirio colectivo.

El profesor Emilio Cafassi, en uno de sus recientes análisis sobre las elecciones uruguayas se pregunta cómo resolvieron los hijos los conflictos de los padres que participaron en la dictadura de los ‘60. Las mismas inquisiciones hice muchas veces en distintos países a algunos alemanes que fueron niños, hijos de correctos ciudadanos que apoyaron democráticamente y en masa el terror del nazismo. Siempre recibí balbuceos nerviosos, confusos en el mejor de los casos. Aludiendo al uso propagandístico del nombre “Pedro” del joven candidato del partido Colorado, Pedro Bordaberry, el hijo del dictador Juan María Bordaberry, Cafassi nos deja una de las más breves y agudas observaciones que se han realizado sobre las últimas elecciones: “Hoy la gran pregunta de los hijos es qué hicieron sus padres en ese período. Pedro, por ejemplo, la respondió en su campaña economizando apellido”.

En los dos casos, de Honduras y de Uruguay, el atentado es contra los Derechos Humanos conquistados a lo largo de la tradición del humanismo de los últimos siglos. Uno, negando la consulta popular para ejercer un derecho democrático a cambiar o a permanecer; el otro, usándola como forma de legitimar la violación de los derechos elementales de una minoría. En ambos casos se trata del triunfo de la irracionalidad, de la centenaria tradición del realismo mágico que en literatura ha producido tantas obras maestras y en la política tantos crímenes impunes.

Jorge Majfud

Lincoln University, noviembre 2009.

La Republica (Uruguay)

Túnez y Egipto

Túnez y Egipto

Parece que hay unanimidad en que el levantamiento de los pueblos árabes de Túnez y Egipto y ciertas revueltas o protestas en Yemen y Jordania han sido producto de las redes sociales. Al fin ha nacido una Nueva Era democrática gracias a las nuevas tecnologías y a la nueva cultura del compromiso social.

Por lo que se demuestra, al fin, que el Mayo francés del 68, las revoluciones cubana y rusa en el siglo XX, las revoluciones francesa y americana en el siglo XVIII, y todas las Revoluciones con mayúsculas a lo largo de la historia fueron posibles gracias a Twitter y Facebook.

JM