Narraturas de la historia

Narraturas de la historia

 

El respeto por una cultura milenaria

 

25 de junio de 2008. USA Today. Según una nota en la página 5A, el Scotland Yard se encontraba por entonces ocupado con un nuevo misterio, el caso del alcalde de Londres y una cajita de cigarros.

La policía británica había informado que estaban examinando detalladamente una cajita de cigarros en propiedad del alcalde de Londres, Boris Johnson, para determinar si dicho artefacto había sido producto de un saqueo o no. Según mister Johnson, la cajita pertenecía a un delegado del depuesto dictador, Saddam Hussein.

Johnson, un político conservador —aclara el redactor de la nota—, periodista y ex conductor de un programa de televisión que fuera elegido como alcalde de la ciudad el mes anterior, había tomado la cajita en el año 2003 de la casa bombardeada de Tariq Aziz. El mismo Johnson, en una columna para el Tuesday’s Daily Telegraph, reconoció que había tomado la cajita pocos días después de que Bagdad cayera bajo las fuerzas militares norteamericanas. La nota, con un estilo periodístico propio de las agencias noticiosas que por las dudas de paso explican que la Tierra es redonda como una naranja y lo hacen al menos al iniciar, al medio y al final, menciona otras tantas veces que Johnson, que por entonces trabajaba como periodista, se tropezó con la cajita polvorienta y la tomó, aunque al ser cuestionado reconoció: “las circunstancias en las cuales obtuve ese objeto eran moralmente tan ambiguas [so morally ambiguous] que no pude pensar que eso podía ser considerado un robo”.

Tiempo después Johnson recibió una carta de los abogados del procesado Aziz, quien le rogaba a Johnson que considere el encuentro de la cajita como un regalo. Lo que recuerda la costumbre egipcia de regalar obeliscos, esculturas y otras artesanías a los imperios amigos, costumbre que fuera copiada más tarde por hindúes, aztecas, incas y diversos pueblos de la periferia.

Por supuesto, el alcalde declaró que esta investigación sobre el valor cultural y la legalidad del proceso de apropiación del pequeño objeto era una pérdida de tiempo. Pero la Policía Metropolitana confirmó que iba a seguir investigando el caso de la cajita de cigarros porque “se cree que puede ser considerada como una pieza del patrimonio cultural iraquí [is believed to be a piece of Iraqi cultural property]”, razón por la cual podría retenerla durante el proceso de investigación.

Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña han sido acusados de destruir piezas y sitios arqueológicos que habían sobrevivido miles de años a las invasiones bárbaras de turno. Aparte de los arqueólogos, también algunos juristas han acusado a estos mismos gobiernos de no respetar las leyes internacionales y, otros más radicales, han ido más lejos asegurando que dicha ocupación violenta había sido orquestada en base a propaganda y mentiras, según reconoció un mes antes el ex portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan. Sin embargo, la nota antes referida sobre la investigación de la cajita demuestra con hechos y no meramente con palabras el compromiso de un país civilizado por la defensa de la ley, la moral y el patrimonio cultural de la humanidad, aún cuando para ello deba juzgar a una alta autoridad, como es el caso de un alcalde.

 

 

¿Por quién marcan los relojes?

 

26 de junio de 2008. The New York Times. Jack Dreschner, un lector neoyorquino del New York Times, en la página A22 se refiere al declarado éxito del presidente Bush en su estrategia militar de reducir la violencia de la insurgencia iraquí, a pesar de todas las opiniones discrepantes, incluida la de muchos de sus generales. Por alguna razón el lector Jack Dreschner razona sobre una curiosa metáfora: “también un reloj descompuesto da la hora correcta dos veces al día”.

Más adelante, en la página C4, una nota discute las ventajas y desventajas de perforar en las plataformas costeras de Estados Unidos para la explotación de nuevas reservas de petróleo. Perforar esas áreas está prohibido por ley desde los años ’80, aunque se asume que allí hay tantas reservas de petróleo como en codiciadas regiones de Medio Oriente. La razón radica no sólo en la conciencia ecológica de los consumidores norteamericanos sino en la posibilidad de que los horizontes perfectos de playas como las de Florida o California pudieran verse afeadas con torres metálicas y alguna que otra pérdida oleaginosa.

Días atrás el presidente G. W. Bush hizo público su pedido para levantar las prohibiciones perforacionistas, en vista de que el precio del petróleo había traspasado la marca de 140 dólares el barril. Los conservadores en el gobierno, frecuentemente acusados de vínculos generacionales con las grandes compañías petroleras, son acérrimos defensores de la derogación de las leyes que prohíben una mayor explotación petrolera y culpan a la izquierda del Congreso por ser —ecológicamente hablando— demasiado conservadora.

Según el artículo titulado “Expansion of Offshore Drilling”, para saber qué naturaleza hay debajo de las costas del Este de Estados Unidos, el gobierno está inspeccionando mapas geológicos de Marruecos, ya que, como se cree —según el artículo—, África del norte y Norteamérica estuvieron unidos hace más de 100 millones de años. Esta lógica forma parte del milagro teológico de los mismos conservadores que niegan cualquier posible evolución de las especies o de los continentes y atribuyen al Universo la edad de algo así como cinco mil años. O al menos era así cuando un barril de petróleo costaba 20 dólares.

Tal vez la metáfora del reloj descompuesto, sugerida por el neoyorquino Jack Dreschner, no sea del todo justa. Hay otra más probable referida por Cabrera Infante en 1974, otra verdad que no necesita ser históricamente cierta: El general preguntó la hora y un adecán se acercó rápido a musitar: “la que usted quiera, señor presidente”.

 

 

Jorge Majfud

Lincoln University, junio 2008

 

 

 

Narraturas da história

 

 

O respeito por uma cultura milenar

 

25 de junho de 2008. USA Today. Segundo uma nota na página 5A, a Scotland Yard encontrava-se, então, envolvida com um novo mistério, o caso do prefeito de Londres e uma cigarreira.

A polícia britânica informou que estava examinando detalhadamente uma cigarreira na propriedade do prefeito de Londres, Boris Johnson, para determinar se o referido objeto havia sido produto de um saque ou não. De acordo com Mr. Johnson, a caixinha pertencera a um representante do deposto ditador, Saddam Hussein.

Johnson, um político conservador – esclarece o redator da nota –, jornalista e ex-apresentador de um programa de televisão, eleito prefeito da cidade no mês anterior, apossara-se dela no ano de 2003, na casa bombardeada de Tareq Aziz*. O próprio Johnson, em uma coluna para Tuesday’s Daily Telegraph, reconheceu que havia obtido o objeto poucos dias depois da queda de Bagdá sob as forças militares norte-americanas.

A nota, com estilo jornalístico típico das agências noticiosas que, por via das dúvidas, explicam, de passagem, que a Terra é redonda como uma laranja, e o fazem, pelo menos, no início, no meio e no final, menciona outras tantas vezes que Johnson, que na época trabalhava como jornalista, tropeçou na empoeirada cigarreira e pegou-a, embora ao ser questionado reconhecesse: “As circunstâncias nas quais obtive esse objeto eram moralmente tão ambíguas [so morally ambiguous] que não pensei que isso poderia ser considerado um roubo”.

Tempos depois, Johnson recebeu uma carta dos advogados do processado Aziz, que pediam a Johnson que considerasse o achado da cigarreira como um presente. O que faz lembrar o costume egípcio de presentear obeliscos, esculturas e outras peças de artesanato aos impérios amigos, hábito que foi copiado mais tarde por hindus, astecas, incas e diversos povos da periferia.

O prefeito declarou, entretanto, que essa investigação sobre o valor cultural e a legalidade do processo de apropriação do pequeno objeto era uma perda de tempo. Mas a Polícia Metropolitana confirmou que seguiria investigando o caso da cigarreira porque “acredita-se que pode ser considerada como uma peça do patrimônio cultural iraquiano” [it is believed to be a piece of Iraqi cultural property], razão pela qual poderia apreendê-la durante o curso da investigação.

Os governos dos Estados Unidos e da Grã-Bretanha foram acusados de destruir peças e sítios arqueológicos que sobreviveram, por milhares de anos, às invasões bárbaras de turno. Além dos arqueólogos, também alguns juristas acusaram esses mesmos governos de não respeitar as leis internacionais, e outros mais radicais foram mais longe ainda, assegurando que dita ocupação violenta fora orquestrada em base à propaganda e mentiras, conforme reconheceu um mês antes o ex-porta-voz da Casa Branca, Scott McClellan. A referida nota sobre a investigação da caixinha, demonstra, no entanto, com fatos e não meramente com palavras, o compromisso de um país civilizado na defesa da lei, da moral e do patrimônio cultural da humanidade, mesmo que, para isso, deva julgar uma alta autoridade, como é o caso de um prefeito.

 

 

Por quem trabalham os relógios?

 

26 de junho de 2008. The New York Times. Jack Dreschner, um leitor novaiorquino do New York Times, na página A22, refere-se ao declarado êxito do presidente Bush em sua estratégia militar de reduzir a violência da insurgência iraquiana, apesar de todas as opiniões discrepantes, incluídas as de muitos de seus generais. Por algum motivo, o leitor Jack Dreschner raciocina sobre uma curiosa metáfora: “Até um relógio estragado dá a hora certa duas vezes ao dia”.

Mais adiante, na página C4, uma nota discute as vantagens e desvantagens de perfurar, nas plataformas costeiras dos Estados Unidos, para a exploração de novas reservas de petróleo. Perfurar essas áreas é proibido por lei desde os anos 1980, embora se assuma que ali haja tantas reservas de petróleo como nas cobiçadas regiões do Oriente Médio. A razão está não só na consciência ecológica dos consumidores norte-americanos, mas na possibilidade de que os horizontes perfeitos de praias como as da Flórida ou da Califórnia pudessem ser enfeiadas com torres metálicas e um e outro vazamento de óleo.

Há dias, o presidente G. W. Bush divulgou seu pedido de suspensão das proibições às perfurações, visto que o preço do petróleo ultrapassara a marca de 140 dólares o barril. Os conservadores no governo, freqüentemente acusados de vínculos umbilicais com as grandes companhias petrolíferas, são duros defensores da derrogação das leis que impedem uma maior exploração petrolífera, e culpam a esquerda do Congresso por ser – ecologicamente falando – demasiado conservadora.

Segundo o artigo intitulado “Expansion of Offshore Drilling”, para saber que tipo de natureza existe sob as costas do Leste dos Estados Unidos, o governo está inspecionando mapas geológicos de Marrocos, já que, como se acredita – de acordo com o artigo –, o norte da África e a América do Norte estiveram unidos há mais de 100 milhões de anos. Esta lógica faz parte do milagre teológico dos próprios conservadores, que negam qualquer possível evolução das espécies ou dos continentes, e atribuem ao Universo a idade de cerca de cinco mil anos. Ou ao menos era assim, quando um barril de petróleo custava 20 dólares.

Talvez a metáfora do relógio estragado, sugerida pelo novaiorquino Jack Dreschner, não seja de todo justa. Há outra mais provável, citada por Cabrera Infante em 1974, verdade que não necessita ser historicamente correta: o general perguntou a hora e um ajudante-de-ordens aproximou-se rapidamente a sussurrar: “A que desejar, senhor presidente”.

 

 

 

Por  Jorge Majfud

Traduzido por  Omar L. de Barros Filho

 

* NdT: Tarek Azis, ex-vice-primeiro-ministro de Saddan Hussein, na função de ministro das Relações Exteriores e, depois, porta-voz do governo iraquiano. Seu julgamento está actualmente a decorrer em Bagdá.

 

 

 

 

De cómo se derrumba un imperio

 

 

El mismo día que Cristóbal Colón partió del puerto de Palos, el 3 de agosto de 1492, vencía el plazo para que los judíos de España abandonaran su país, España. En la mente del almirante habían al menos dos poderosos objetivos, dos verdades irrefutables: las riquezas materiales de Asia y la religión perfecta de Europa. Con el primero pensaba financiar la reconquista de Jerusalén; con lo segundo debía legitimar el despojo. La palabra “oro” desbordó de su pluma como el divino y sangriento metal desbordó de las barcas de los conquistadores que le siguieron. Ese mismo año, el 2 de enero de 1492, había caído Granada, el último bastión árabe en la península. 1492 también fue el año de la publicación de la primar gramática castellana (la primera europea en lengua “vulgar”). Según su autor, Antonio de Nebrija, la lengua era la “compañera del imperio”. Inmediatamente, la nueva potencia continuó la Reconquista con la Conquista, al otro lado del Atlántico, con los mismos métodos y las mismas convicciones, confirmando la vocación globalizadora de todo imperio. En el centro del poder debía haber una lengua, una religión y una raza. El futuro nacionalismo español se construía así en base a la limpieza de la memoria. Es cierto que ocho siglos atrás judíos y visigodos arrianos habían llamado y luego ayudado a los musulmanes para que reemplazaran a Roderico y los demás reyes visigodos que habían pugnado por la misma purificación. Pero ésta no era la razón principal del desprecio, porque no era la memoria lo que importaba sino el olvido. Los reyes católicos y los sucesivos reyes divinos terminaron (o quisieron terminar) con la otra España, la España mestiza, multicultural, la España donde se hablaban varias lenguas y se practicaban varios cultos y se mezclaban varias razas. La España que había sido el centro de la cultura, de las artes y de las ciencias, en una Europa sumergida en el atraso, en violentas supersticiones y en el provincianismo de la Edad Media. Progresivamente la península fue cerrando sus fronteras a los diferentes. Moros y judíos debieron abandonar su país y emigrar a Barbaria (África) o al resto de Europa, donde se integraron a las naciones periféricas que surgían con nuevas inquietudes sociales, económicas e intelectuales. (1) Dentro de fronteras quedaron algunos hijos ilegítimos, esclavos africanos que casi no se mencionan en la historia más conocida pero que eran necesarios para las indignas tareas domésticas. La nueva y exitosa España se encerró en un movimiento conservador (si se me permite el oximoron). El estado y la religión se unieron estratégicamente para el mejor control de su pueblo en un proceso esquizofrénico de depuración. Algunos disidentes como Bartolomé de las Casas debieron enfrentarse en juicio público ante aquellos que, como Ginés de Sepúlveda, argumentaban que el imperio tenía derecho a intervenir y a dominar el nuevo continente porque estaba escrito en la Biblia (Proverbios 11:29) que “el necio será siervo del sabio de corazón”. Los otros, los sometidos lo son por su “torpeza de entendimiento y costumbres inhumanas y bárbaras”. El discurso del famoso e influyente teólogo, sensato como todo discurso oficial, proclamaba: “[los nativos] son las gentes bárbaras e inhumanas, ajenas a la vida civil y a las costumbres pacíficas, y será siempre justo y conforme al derecho natural que tales gentes se sometan al imperio de príncipe y naciones más cultas y humanas, para que merced a sus virtudes y a la prudencia de sus leyes, depongan la barbarie y se reduzcan a vida más humana y al culto de la virtud”. Y en otro momento: “[se debe] someter con las armas, si por otro camino no es posible, a aquellos que por condición natural deben obedecer a otros y rehusar su imperio”. Por entonces no se recurría a las palabras “democracia” y “libertad” porque hasta el siglo XIX permanecieron en España como atributos del caos humanista, de la anarquía y del demonio. Pero cada poder imperial en cada momento de la historia juega el mismo juego con distintas cartas. Algunas, como se ve, no tan distintas.

A pesar de una primera reacción compasiva del rey Carlos V y de las Leyes Nuevas que prohibían la esclavitud de los nativos americanos (los africanos no entraban como sujetos de derecho), el imperio, a través de sus encomenderos, continuó esclavizando y exterminando estos pueblos “ajenos a la vida pacífica” en nombre de la salvación y la humanización. Para acabar con los horribles rituales aztecas que cada tanto sacrificaban una víctima inocente a sus dioses paganos, el imperio torturó, violó y asesinó en masa, en nombre de la ley y del Dios único, verdadero. Según Fray de las Casas, uno de los métodos de persuasión era extender a los salvajes sobre una parrilla y asarlos vivos. Pero no sólo la tortura —física y moral— y los trabajos forzados desolaron tierras que alguna vez estuvieron habitadas por millares de personas; también se emplearon armas de destrucción masiva, más concretamente armas biológicas. La gripe y la viruela diezmaron poblaciones enteras de forma involuntaria unas veces y mediante un preciso cálculo otras. Como habían descubierto los ingleses al norte, el envío de regalos contaminados unas veces, como ropas de enfermos, o el lanzamiento de cadáveres pestilentes tenía efectos más devastadores que la artillería pesada.

Ahora, ¿quién derrotó a uno de los más grandes imperios de la historia, como lo fue el español? España. Mientras una mentalidad conservadora, que cruzaba todas las clases sociales, se aferraba a la creencia de su destino divino, de “brazo armado de Dios” (según Menéndez Pelayo), el imperio se hundía en su propio pasado. Su sociedad se fracturaba y la brecha que separaba a ricos de pobres aumentaba al mismo tiempo que el imperio se aseguraba los recursos minerales que le permitían funcionar. Los pobres aumentaron en número y los ricos aumentaron en riquezas que acumulaban en nombre de Dios y de la patria. El imperio debía financiar las guerras que mantenía más allá de sus fronteras y el déficit fiscal crecía hasta hacerse un monstruo difícil de dominar. Los recortes de impuestos beneficiaron principalmente a las clases altas, al extremo de que muchas veces ni siquiera estaban obligados a pagarlos o estaban eximidos de ir a prisión por sus deudas y desfalcos. El estado quebró varias veces. Tampoco la inagotable fuente de recursos minerales que procedía de sus colonias, beneficiarias de la iluminación del Evangelio, era suficiente: el gobierno gastaba más de lo que recibía de estas tierras intervenidas, por lo que debía recurrir a los bancos italianos.

De esta forma, cuando muchos países de América (la hoy llamada América Latina) se independizaron, ya no quedaba del imperio más que su terrible fama. Fray Servando Teresa de Mier escribía en 1820 que si México no se había independizado aún era por ignorancia de la gente, que no alcanzaba a entender que el imperio español ya no era un imperio, sino el rincón más pobre de Europa. Un nuevo imperio se consolidaba, el británico. Como los anteriores y como los que vendrán, la extensión de su idioma y el predominio de su cultura será entonces un factor común. Otros serán la publicidad: Inglaterra enseguida echó mano a las crónicas de Fray de las Casas para difamar al viejo imperio en nombre de una moral superior. Moral que no impidió crímenes y violaciones del mismo género. Pero claro, lo que valen son las buenas intenciones: el bien, la paz, la libertad, el progreso —y Dios, cuya omnipresencia se demuestra con Su presencia en todos los discursos.

El racismo, la discriminación, el cierre de fronteras, el mecianismo religioso, las guerras por la paz, los grandes déficits fiscales para financiarlas, el conservadurismo radical perdieron al imperio. Pero todos estos pecados se resumen en uno: la soberbia, porque es ésta la que le impide a una potencia mundial poder ver todos los pecados anteriores. O se los permite ver, pero como si fueran grandes virtudes.

 

 

Jorge Majfud

The University of Georgia, febrero 2006

 

 

(1)    Comúnmente se dice que el Renacimiento comenzó con la caída de Constantinopla y la emigración de los intelectuales griegos a Italia, pero poco o nada se dice de la emigración de capitales y de conocimientos que fueron forzados a abandonar España.